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Contra*luces

Hoy me he arrancado los ojos.
Los he cogido con mis propias manos y los he puesto frente a mí para que, como última imagen, retuviesen cada fotograma de mis espasmos. No. No los causados por el dolor físico que en este momento aún me invade, sino los causados por cada vez que me afirmabas de forma acusadora que  no quería ver la realidad. Creo que tenías razón y yo no lo aceptaba.

He tratado de verme tal y como tu me ves:

Desde el otro lado.Sin orillas.

Desde el tuyo.Frente a frente.

O desde la pesadilla

En la que habita mi mente.

Mis ojos  han dejado de formar parte de mí, y ahora presiento que me miran cual famélico crítico de revista del corazón; sí, esos a los que tanto hemos criticado incondicionalmente, pero en los que sin reparos nos hemos ido convirtiendo a nivel vulgar en nuestra particular reflexión sobre la vida misma…¡Que gran diferencia entre tu visión y la mía!.
Si , es cierto. Desde estas, mis oquedades, lo veo todo tan claro como la luz de aquel sol cegador que me abrió de cuajo los ojos, mientras miles de hormigas iban recorriendo mis brazos dando pequeños pero punzantes mordiscos queriendo que del dolor los cerrase, a la par que las hojas de los árboles aplaudían al unísono y un pájaro de chirriante canto picoteaba en mi sien instándome a mirar sin ver.
En carrera hacia no sé muy bien donde, esta mañana, he descubierto nuestro punto de encuentro. Si la luz no nos ciega, seguiremos en mundos tangencialmente opuestos, y no quiero que así sea.

Aquella solemne figura aparecida a contraluz de la nada sin necesitar palabras me lo confirmó.

Por eso, tras esta aparentemente absurda, aunque enriquecedora, experiencia, cuando entres por la puerta, cariño ( por todo lo que te quiero), voy a arrancarte los ojos.

No olvides que, habitualmente,  el ciego es el que mejor ve la realidad. Y no dudes , confía en mí. Desde nuestra oscuridad llegaremos a conocernos de verdad y alcanzaremos la luz.
Deseo que nunca puedas leer esto, pero si alguien, algún día, te lo lee, que perdone las faltas e incongruencias.

Recuerda…

HOY ME  HE ARRANCADO LOS OJOS… DESPUÉS, TE LOS ARRANQUÉ A TÍ.

LILITH MAAT VIII

REPRODUCIR  AUDIO:

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LILITH MAAT VIII

 

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            Ha tenido un bonito sueño. Bonito. Y húmedo. Se levanta de la cama sin prisa, excitada aún y disfrutando el momento. Escoge detenidamente su ropa interior y rebusca algo que pueda ser realmente especial. Siempre cuida mucho la lencería que lleva puesta, es su gran pasión y a la vez su gran obsesión.

            Escoge con detenimiento un conjunto rojo. Se quita el pijama, y se ve delante del espejo. Desnuda. Se encuentra muy sensual. Hoy se siente muy guapa. Sentada en la cama se acaricia un pecho al tiempo que aprieta las piernas y se muerde el labio. Respira hondo, hoy hará una excepción, no se va a poner lencería, de hecho no se va a poner ropa interior. De un salto se viste y sale de la habitación sin más ropa que su mono tejano azul pegado a su piel y su sombrero. Coge una magdalena de encima de la mesa, le guiña el ojo a Lobo mientras le susurra – Deséame suerte. Voy a ver a Andrés. –

            Lilith aparca la bici en la verja de la escuela. Ve a Andrés decorando el aula en espera que en un par de días regresen sus alumnos. Se acerca silenciosamente por detrás y le tapa los ojos con las manos. Andrés se deja hacer. Ella le susurra “quieto” mientras le pone su sombrero cubriéndole los ojos. Se desabrocha los botones de su mono y deja que resbale por todo su cuerpo hasta el suelo. Se acerca más a Andrés, por su espalda, y empieza a lamerle suavemente el cuello.

            Andrés se siente embrujado.

 

Si tenéis material para completar a Lilith (fotos, música, videos, textos, …)  me lo podéis hacer llegar a : ferran@republicacaracolera.com

LILITH MAAT VII

 

OIR EL AUDIO:

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LILITH MAAT VII

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            - Liliiiiiiiith. Liliiiiiith.

            – ¿Síííí? Andrééééés, estoy en el huertooooo. Subeeee.

            Andrés accede al huerto desde una pequeña puerta. Lobo está subido en una de las enormes ramas de Ceres. Desde la parte trasera del cementerio se tiene una vista privilegiada de todo el pueblo.

            – ¿Qué tal tus alumnos?- Le pregunta Lilith poniéndose de puntillas para besarle en la cara. Andrés se toca la comisura de la boca tras el roce de sus labios. Ella se agacha como para atarse los cordones de las botas en un intento desesperado de disimular su rubor. Silencio.

            – ¿Qué tal tus alumnos?- Le repite.

            – De vacaciones.

            Otro silencio comprometido. Incomprendido.

            – ¿Qué querías?

            – Traerte este regalo. Me lo han dado mis alumnos para ti. No lo comentes con nadie, ya sabes que hay padres a los que no les haces gracia.

            – ¡Qué majos son!

            – ¿Cómo puedes caer tan bien a los pequeños y tan mal a muchos de sus padres?

            – No sé. Quizás los niños vean cosas que los mayores no. O quizás sea al revés. Vamos dentro, empieza a hacer frío.

            – No, no. Me tengo que marchar.

            – Pensé que hoy no iba a cenar sola.

            – Mejor otro día. Mira, pasadas las fiestas vengo un día a cenar, ¿te parece?

            – Me lo has prometido, ¡eh!

            – Adiós

            Lo deja marchar con la mirada. Cuando ya no lo ve entra en la casa, cierra la puerta y pega su espalda contra ella. No para de darle vueltas sobre lo que siente por ese chico. No es capaz de entenderlo y se acuesta con esa preocupación.

            Entra el sol por la ventana. Lobo sube a su cama y la despierta lamiéndole la cara. Contenta y desenfadada. Ha sido una noche muy movida. Y húmeda. Piensa que de momento puede dejar de preocuparse. Ha tenido un bonito sueño. Bonito. Y húmedo.

 

Si tenéis material para completar a Lilith (fotos, música, videos, textos, …)  me lo podéis hacer llegar a : ferran@republicacaracolera.com

Versos Elementales V

V

Mal guiada por las nubes vaporosas
de ideas alcohólicas hirientes,
quiso abarcar el mundo con las manos
y sólo consiguió un grano de arena.

Aquel grano, tan ínfimo y pequeño,
fue el germen de la construcción sublime
de una nueva senda, de un camino
hacia el nuevo amanecer de su vida.

El buen azar, pueril y caprichoso,
quiso entonces encender la antorcha
como faro en las noches de tormenta,

y así a buen puerto conducir su alma
perdida entre las nieblas del rechazo,
dejando para siempre el pozo oscuro.

Versos Elementales IV

IV

De hinojos, las rodillas tumefactas,
aradas por los surcos del olvido.
Los brazos, encallada la postura
por años de prisión en cruz latina.

Los dos ojos, otrora refulgentes,
hoy oscuros por la angustia y la locura
de años de tortura impresionante
destinados al total sometimiento

del cuerpo que gritara en otra vida
“¡Libertad, libertad para los pueblos!”.
Hoy la voz ya no grita las palabras

que rompieron la garganta hasta hacer sangre,
y vaga su alma atrapada y destruida
en la celda sin número ni nombre.

A LA ESPERA DE UN NUEVO DÍA

Son exactamente las 03:07. Continúo sin que Morfeo se digne venir a por mí para llevarme en sus brazos …¡¡Mecagüentodoloquesemenea, joder!!

Sé a ciencia cierta que ésa es la fatídica hora, en la que no hay manera de dejarme llevar por un sueño reparador, porque lo veo nítidamente proyectado en el techo de mi habitación.

En estas largas horas de desvelo me pregunto una y otra vez: ¿A qué maquiavélico ser de este planeta se le puede ocurrir regalar semejante artilugio si, de todos es sabido que, la misión fundamental de un despertador proyector no es otra que la de fastidiar a todo aquel pobre desgraciado que tenga dificultad para conciliar el sueño? La respuesta es clara – transparente como el agua, diría yo- y me atrevería a asegurar que, en todos los casos, ese alguien no nos tiene aprecio alguno. En mi vida ese adorable ser queda representado a la perfección por mi suegra. Mari -diminutivo de María de las Angustias, su verdadero nombre- me ha demostrado su cariño de manera malintencionada año tras año. Un cumpleaños sí y otro también… Sus detallitos -como ella acostumbra a denominar a lo que yo llamo lisa y llanamente “putadas”- hubiesen acabado en el cubo de basura si no fuese porque, haciendo honor a mi nombre, soy una persona prudente.

Después de hacer un exhaustivo repaso mental del día, hoy es uno de ésos que deberían de ser borrados del calendario por Real Decreto o simplemente porque lo digo yo.

Esta mañana me he levantado de buen humor. Al mirarme en el espejo de cuerpo entero del dormitorio he visto a un Pruden con buena mata de pelo, con todas las piezas dentales perfectamente enmarcadas por una seductora sonrisa Profidén, sin arrugas notorias ni bolsas en los ojos y sin asomo del incipiente barrigón que lucen la mayoría de mis amigos. Ha sido entonces cuando me he dicho: “Tío, por tí no pasan los años…¡Pero si estás hecho un chaval, coño!

 He llegado puntual a la oficina y la primera en amargarme el día ha sido la empleada de la limpieza que, nada más verme, me ha dedicado las siguientes lindezas:

-Buenos días Sr. Pruden. -El inicio ha sido correcto. Raro en ella…-he pensado.

 -Buenos días, Amor.

-¿Ha descansado usted bien esta noche? Se lo pregunto porque sé que ayer domingo fue su cumpleaños y hoy tiene, perdone que se lo diga, muy mala cara. Claro que ¡es algo tan normal cuando, de un día para otro, se deja de ser un jovenzuelo!…je, je. Además permítame que le diga otra cosita, y tómeselo como lo que es, una recomendación : Trasnochar a su edad no es demasiado saludable  -me ha espetado la muy lenguaraz clavándome la primera puyita en todo lo alto.

 -Será que me miras con malos ojos, niña - he comentado apresuradamente temiendo que de un momento a otro llegase el temido descabello.

-Antes de que se me olvide: ¡Muchas Felicidades! ¿Cuántos le han caído? Calculo que, a ojo de buen cubero, serán 48 o así… ¿Me equivoco? - ¡Joder, siempre he pensado que esta muchacha me tenía en mejor consideración!

-Gracias por la felicitación, Amor. No, no… Ayer cumplí 41años. Bueno, siento tener que dejar esta agradable charla pero se está haciendo tarde y tengo que ordenar un montón de papeles -Una huída a tiempo es considerada una victoria, ¿verdad?

 -Que pase usted un buen día, señor Pruden, y ya sabe :¡Nada de excesos, que ya está en la cuenta atrás! – ¿Qué?… ¿Cómo?… ¿Cuándo?… ¡Maldito lunes de mierda!

-Hasta mañana, Amor – La precipitada decisión de cortar la conversación ha sido en defensa propia. No me interesaban los derroteros por los que el tema iba discurriendo.

El desparpajo de esta chica -jovencita de muy buen ver pero descarada como las he conocido pocas- me ha tocado la fibra sensible y he de reconocer que sus palabras, carentes de todo tacto, han hecho que encamine mis pasos directamente al aseo. Allí he respirado tranquilo al hacerme el exhaustivo repaso y llegar a la misma conclusión que esta mañana: Ni caso, Pruden…¡Estás hecho un chaval!

Las horas han transcurrido con normalidad y ha llegado el momento de ir a “Dino´s”- la guardería del trasto de Ángel-. Anteriormente Paz, mi esposa, me ha llamado por teléfono para proponerme un plan: reunirnos los tres en el centro comercial para comer . Me ha parecido una idea estupenda porque así aprovecharíamos la tarde para hacer la compra semanal y – lo más interesante de todo- concretar la hora de entrega del televisor LCD de 42” que tenemos encargado y que va a ser el regalo de cumpleaños que más ilusión me va a hacer; fundamentalmente porque lo he elegido yo, así que está claro que el acierto es pleno.

Justo al salir del restaurante nos hemos encontrado con mi estimada suegra, la señora Mari, agarrada del brazo de su inseparable, y siempre quejosa, amiga Lola… ¡Menuda pareja María de las Angustias y María de los Dolores! Sus respectivos padres dieron en el clavo al elegir los nombres de aquellas, en su momento quiero imaginar que, encantadoras criaturitas. Ni proponiéndoselo se consigue reunir, en dos personas, tanto en tan pocas palabras – he pensado.

Ángel se ha apresurado a estampar un acaramelado beso en la mejilla de su abuela y, como recompensa, su regordete moflete ha quedado inmediatamente tatuado en rojo bermellón. Mari ha cogido la mano del niño y nos ha propuesto llevarse a nuestro pequeño diablillo durante un rato. Por lo visto, Lola y ella habían acabado ya de “pecar” y así me lo ha demostrado cuando me ha ofrecido un paquete con un enorme lazo azul y una etiqueta que decía: “Espero que te guste”. He de reconocer que me han entrado sudores fríos incluso antes de abrirlo porque, aún sin conocer todavía que el contenido iba a ser el dichoso aparatejo atrapa-sueños que esta noche me tiene en vela, ya son suficientes los años de conocimiento mutuo y nunca falla…destrozar mis nervios con sus “detallitos” se ha convertido, parece ser, en el objetivo de su vida.

 Paz discretamente me ha dado un pisotón y yo, obedientemente, he vuelto a ser tan cortés y educado, y sobre todo prudente, como se me presupone.

-Muchas gracias, Mari…¡.Ya tengo un motivo más para acordarme de ti cada mañana!- he exclamado en un tono poco creíble. Sinceramente, lo que no imaginaba yo en esos momentos era que la iba a tener presente también cada noche y que su recuerdo iba a representar una auténtica pesadilla.

 -¡Calla so tonto! Gracias las tuyas, Pruden. Bueno, ya sabes que lo de tonto te lo digo de mil amores…

-Entonces, mamá, nos vemos en un par de horas en la cafetería de la última planta, ¿de acuerdo?- ha intervenido Paz viendo que la sutil ironía de Mari comenzada a hacer acto de presencia y que se vislumbraba cierta intencionalidad de comenzar un dialéctico fuego cruzado.

Mari ha propuesto a Ángel ir en busca del yo-yo de madera que tanta ilusión le hace al chiquillo desde hace tiempo. Imagino que algún amiguito de la guardería tendrá uno de esas características, porque sino tampoco llego a comprender el porqué de tanta fijación con que tenga que ser de ese material y no de otro, la verdad. Paz ha pensado que deberíamos de ir al garaje para dejar mi estupendo regalo a buen recaudo. Podemos ir al aparcamiento para dejar el detallito de mamá en el coche, ¿no crees, Pruden? Ha sido en ese preciso momento cuando nuestro Angelito ha girado su enrevesada cabeza y, a viva voz, ha dicho ante la atónita mirada de una pareja de jóvenes que han sido incapaces de contener la risa: ¿Vais al” apareamiento”, papi? Inmediatamente una rápida y algo ruborizada Mari ha intervenido para pedirle al niño que nos dijese adiós. Abuela, nieto y una Lola -disfrazada hoy de viuda alegre- han iniciado la desesperada búsqueda del fatídico juguete.

Al cabo de dos horas nos hemos reencontrado en “Coffe & Tea”. Ángel, al vernos, no ha tardado ni un segundo en mostrarnos, con total orgullo, su ansiado yo-yo de madera. Lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido: ¡Miedo me da eso en sus manos!…Horas más tarde se han confirmado mis sospechas y ha quedado demostrado que, en manos equivocadas, cualquier juguete puede pasar a convertirse en un arma de destrucción masiva.

Hemos llegado a casa y, a los cinco minutos, nos han traído un monstruoso bulto que albergaba en su interior mi ansiado auto regalo. Precipitadamente he desembalado mi flamante LCD de 42” y lo he colocado sobre el mueble del salón. Me sentía gozoso con mi nueva adquisición cuando, a mis espaldas, he escuchado un alarido que provenía de mi querida esposa y que casi me provoca un súbito infarto de miocardio.

-Nanay de la China, Pruden..¡Ese trasto no lo quiero ver aquí ni una milésima de segundo más!…¡Qué horror, válgame el cielo!

Para continuar con un no menos enérgico:

 -¿No te das cuenta, cariño, de lo mal que queda? Ocupa medio mueble y rompe la estética del conjunto. ¡Embálalo ahora mismo!… Se devuelve mañana mismo y punto.

La ira se empezada a adueñar de todo mi ser pero he decidido mantener la calma. Obedientemente he dejado todo tal y como estaba antes; o sea, ha vuelto a quedar un hueco, a la espera de encontrar un nuevo televisor “monísimo de la muerte”- como diría Paz- que encaje con la decoración trasnochada y rococó de nuestro salón. El ordenador sería mi consuelo, mi distracción y mi refugio en lo poco que quedaba de tarde. Lástima que Ángel y su yo-yo de madera maciza se hayan acercado peligrosamente a mí y …¡Zasss!, haya bastado con un certero lanzamiento para que el arma letal destrozase la pantalla del aparato. Me he levantado, creo que saliéndome humo por las orejas y un espeso líquido verde por la nariz y por la boca, y me he ido directamente a la cama desando que pasasen cuanto antes las horas…aunque parece que esta noche va a ser misión imposible.

 ”Y me dieron las 10 y las 11, las 12 y la 1, las 2 y las 3” tralará, tralará…¡Mecagüentodoloquesemenea, joder!… ¿Estás ya de camino Morfeo?

Versos Elementales III

III

Plúmbea soledad de amaneceres rotos
esculpida por años de desidia,
mar infranqueable de tormento
cebado por la intransigencia humana.

Años, diez, convertidos en condena
por la mano descarnada del silencio
que desgarra la piel golpe tras golpe
transformándose en el cómplice perfecto.

Vida, amor, quemados en la hoguera
por los puños de las manos asesinas
que pretenden arrancar de las entrañas

un llanto de agonía dolorosa,
un grito inmenso que libere el cuerpo
de esa cárcel que llamaste matrimonio.

Versos Elementales II

II

Purpúrea sombra que el sol ilumina
desde las alturas del camposanto,
proyectas cristalinos despertares
de conciencias y llantos vespertinos.

Eres tú, dulce sombra de la duda
presente de la muerte al nacimiento,
autora de la pícara ironía,
cuna atávica del pensar humano.

Si no fuera por ti, anhelo delirante,
crisol entre verdades y mentiras,
objeto de bajísimo deseo,

sería el hombre cuerpo inanimado
sumido en la corriente erosionante
de aquel que espera en su rincón la muerte.

Bórralo Todo

(Imágenes del vídeo de dudoso gusto, absténganse ojos fáciles de impresionar)

Roberto miraba atónito su microscopio, y luego, el escritorio de su PC. No estaba seguro del todo de terminar de entenderlo, pero creía que ante sus ojos, a las dos de la madrugada en su micro despacho dentro del laboratorio de biología de la facultad de ciencias, tenía la clave de la inmortalidad de los seres vivos, de la indestructibilidad de las células humanas… y dudaba si sentirse dios, llamar a los medios de comunicación, o al director de su tesina.

Se frotó los ojos pensando que lo estaba soñando, y decidió sacar una copia de seguridad en su llavero de memoria y revisarlo todo con más calma antes de hacer nada. Enchufó el usb a su lento equipo, tardaría varios minutos en copiar todos los archivos. Se dirigió a la mini estantería a ver si le quedaba media gota de café que le facilitara la tarea de prestar la atención suficiente para arrastrar su golf hasta casa.

Al volverse con el vaso de plástico en la mano, La Muerte estaba allí, sentada en su mesa. No era para nada como se la había imaginado, pero aún así, la reconoció rápidamente. Era como si su profunda mirada azabache telegrafiara el mensaje con claridad meridiana, no había duda posible. Roberto siempre había pensado que para vivir experiencias sobrenaturales era condición necesaria, aunque no suficiente, creer en ellas. Claro, que si la muerte se presenta de madrugada en tu propio despacho y se pone a mirar en tu ordenador si vas a mandarla a fichar al paro, la perspectiva cambia.

-¿Vienes a por mí por lo que acabo de descubrir?- le preguntó el impenitente científico loco que obviamente, llevaba dentro. Ese maldito hijo de puta no iba a quedarse a gusto hasta no saber si realmente el descubrimiento era tan grande e importante como para que La Muerte tomase en él semejante interés. Ese maldito mamón antepondría la gloria a la supervivencia, algo biológicamente inaceptable a todas luces. “Soy un maldito hipócrita de los cojones” – pensó Roberto.

-No vengo por ti, no es tu hora- dijo La Muerte, aunque era obvio que su interés estaba centrado en los archivos que lentamente iban copiándose a la unidad usb.-

Roberto sonrió con satisfacción, todo estaba en orden: no iba a morir y su descubrimiento a la fuerza tenía que ser de traca fallera.

La Muerte sin embargo ladeó la cabeza y frunció el entrecejo mostrando algo que podía interpretarse como una inoportuna contrariedad.
-Roberto, tenemos que negociar. Siéntate, por favor-

La idea no podía ser menos seductora, pero una vez terminada la copia, el llavero obraba en los delgados y blanquísimos dedos de La Muerte, que jugueteaba con él pasándoselo entre los dedos igual que haría un jugador de póker con su ficha de la suerte.
-No creo que pueda negociar nada, yo soy mortal y tú la muerte. Si quieres que destruya mi trabajo, lo haré, tengo un aprecio exagerado por darle continuidad a mi existencia.
La Muerte pareció sonreír levemente.
-Quiero que trabajes para mí. Ahora prácticamente somos iguales, podemos hablarnos de tú a tú.
-Yo siempre pensé que descubrir el secreto de la inmortalidad a quien me haría tratar de tú sería a dios.
Esta vez La Muerte sonrió ampliamente dejando ver su dientes largos, perfectamente alineados y resplandecientemente blancos.
-Roberto, ¿tú ves a alguien por aquí, aparte de a ti y a mí?- dijo barriendo en círculo la habitación con la vista. Esta evidencia aplastante convencía a cualquiera, ciertamente, dios por allí no se había manifestado.
-¿Qué me propones entonces?- preguntó Roberto, aun quedándose con ganas de preguntar si acaso dios no existía, o si es que este tema en particular se la traía mucho al fresco… o si acaso aquello que tenía delante era el único dios verdadero.
-Que esto- dijo mostrando el llavero ahora en la palma de su delicada mano- quede entre tú y yo-
- ¿Y las personas a las que esto le puede salvar la vida?- replicó Roberto intentando hacerse con el llavero.
-Ah, ah, ah- dijo La Muerte poniendo su mano sobre el pequeño dispositivo.- Nein, amigo mío. ¿Quién dice a quién hay que salvar, cuando y porqué? ¿Sabes a caso a cuanta gente matarán aquellos a los que salves? ¿Te crees capaz de administrar, pobre mortal, el poder de lo que acabas de descubrir, en base a tener inteligencia superior a la de tus semejantes? Todos los mortales sois tercamente bienintencionados hasta lo irracional, incluso los científicos. Sostenéis que todo el mundo es inocente hasta que vuestras limitadas mentes consiguen demostrar lo contrario. Si vas a trabajar conmigo tienes que entender que esto no funciona así.
Roberto empezaba a ponerse nervioso y sudar en consecuencia.
-¿Y como funciona?
-Estadísticamente, como no puede ser de otra manera, parece mentira que lo preguntes.
Cuantas más personas mueran, más posibilidades hay de erradicar grandes peligros colectivos para la humanidad.
-¡Pero son inocentes!
-Nadie es inocente, Roberto- replicó La Muerte con paciencia- Lo aprenderás con el tiempo…
-Entonces, ¿qué es lo que quieres que haga?

La Muerte abrió la palma de la mano de Roberto, con su tacto vibrante y frío, suave como después de haber usado guantes de latex. Puso el usb dentro y luego cerró los dedos de Roberto en torno a él, con delicadeza y elegancia.
-Haz que parezca aleatorio-

(((La fotografía que acompaña el relato es cortesía de “La Revoltosa”, y es estupenda, así que ¡gracias!)))


Manos frías

Los precios marcados en tiza decoraban la barra del bar. Fue lo primero en lo que me fijé al entrar. Afuera estaba diluviando y, como no llevaba paraguas, pensé que sería una buena elección resguardarme de la lluvia entrando allí para tomar un café, mientras esperaba a que pasara el chaparrón.
Era un local pequeño y agradable, lleno de gente. Los camareros estaban bastante atareados. La opción de guarecerse de la lluvia en ese bar, había sido considerada por muchas otras personas, a parte de mí.
Aparté distraídamente un mechón de pelo mojado de mi frente y me di cuenta de que tenía las manos frías. Siempre tengo las manos frías en invierno.
Me acerqué a la barra y tomé asiento en uno de los pocos taburetes que quedaba libre. Intenté pedir un café, pero ninguno de los camareros se percató de mi presencia. Decidí esperar tranquilamente. De todas maneras, no tenía prisa. Nadie me esperaba.
Entonces llegó él y se apoyó en la barra junto a mí. Me miró y me sonrió mientras intentaba, sin conseguirlo, pedir algo a los camareros.
- Están demasiado ocupados – dije sorprendiéndome a mí misma hablando con un extraño. – Yo ya lo he intentado y tampoco lo he conseguido.
- No pasa nada. Esperaremos entonces – respondió con una franca sonrisa.
Nos quedamos callados por un momento, sin saber muy bien que decir. El trasiego de los camareros, el ruido de copas, de tazas, las conversaciones de decenas de personas se entremezclaban en un murmullo, que en aquellos momentos, me pareció lejano.
Un amable camarero me volvió a la realidad al preguntarle a mi desconocido acompañante qué iba a ser. Él me miró y con una sonrisa me preguntó qué iba a tomar.
- Un café, por favor – acerté a decir.
- Pues que sean dos, entonces.
El camarero se retiró. Me quedé inquieta, mirando no recuerdo exactamente donde, intentando rehuir un encuentro con su mirada que sería demasiado incómodo para mí; frotando mis manos, que seguían frías, hasta que llegó el camarero con los cafés.
Preparé cuidadosamente el café. Sin querer, tiré un poco de azúcar sobre la barra. Removí nerviosa, cogí la taza y haciendo un cuenco con mis manos la sujeté para calentarlas. El desconocido se quedó mirando mi gesto y volvió a sonreír.
Tomó su café solo, sin azúcar, mientras yo seguía notando el agradable calor del café calentando mis manos, absorta no recuerdo bien en qué pensamientos. De repente, un gesto suyo me turbó.
- Tome, señorita, ya me los devolverá algún día – dijo mientras tomaba mis manos y ponía en ellas unos guantes de lana.
- Pero… – balbuceé.
- Ya me los devolverá.
Se levantó y me sonrió por última vez. Dejó en la barra unas monedas que cubrían ampliamente el importe de los dos cafés. Cruzó la distancia que nos separaba de la puerta y salió corriendo bajo la lluvia que seguía cayendo insistentemente.

Terminé de tomar mi café pensando en lo que había sucedido. Me sentí extraña. Salí del bar cuando la lluvia cesó. Me puse sus guantes, exageradamente grandes para mis manos, y callejeé despistada pensando en él toda la tarde.
Días después volví a verle. Coincidimos en el mismo bar, al cual acudía asiduamente desde aquel día, para intentar volver a encontrarme con él. Estaba sentada en la barra, en el mismo taburete de aquel día. Llegó él y sonriéndome me entregó un paquete.
- Espero que estos sean de su talla, señorita.

LILITH MAAT VI

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Puedes empezar a leer. Espero que disfrutes de la música.

 

LILITH MAAT VI

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             Don Fabián, de reojo, ve en el espejo la cantidad de vaho que él mismo expele. La mañana es muy fría. El monaguillo le ayuda a colocarse la casulla y le tiende la estola, color morado por ser misa de difuntos. Hace tres años que no había un entierro en el pueblo, la última, Doña Asunción, y fue la última vez que habló con la enterradora. Después vino el desagradable episodio en la tienda de Don Aurelio, hace pocas semanas. Pensando en ella besa la estola como manda el ministerio. Se la coloca alrededor del cuello y sale al Altar Mayor sumamente excitado.

            Cuatro beatas  en los primeros bancos y el resto de la enorme iglesia desierta. Empieza el ritual. Alguien entra en la iglesia, es ella. Qué hace aquí, piensa el cura. Lilith se dirige a un altar lateral y  permanece en silencio postrada ante la Virgen de Guadalupe. Don Fabián no le quita ojo. Nuevamente recordó a Doña Angustias, de cuerpo presente, muerta al volver del cementerio.

            La enterradora se levanta y se marcha.

            – Malefica incantatrix eris, susurra el cura en un tono grave desde el púlpito, sin que sus palabras consigan ya llegar a los oídos de Lilith. Las cuatro feligresas se giran con descaro buscando  destinataria de tal improperio.

            – In nomine Patrii, et Filii, et …

 

            Subo a la bici para volver a casa. Cada año me cuesta más cumplir la promesa que le hice a mi abuela, sobretodo desde que llego el Padre Fabián. Voy a darme prisa, se me hace tarde.

 

Gracias a  A.i-16

 

 

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