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Nuestro final ( por Julián Muñoz)

Posted in Colaboraciones, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Poesía, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves on Jueves, 13 \13\UTC marzo \13\UTC 2014 by Administrador

Mi corazón es sólo de ida.

No hay vuelta ni marcha atrás.

No hay lagrimas que lo traspasen,

está hecho de cristal .

Pero no, no le resbala

lo que puedas sentir o pensar.

Se rompe cuando tu lloras

y sufre cuando te vas.snail-mating_thumb

Mi corazón es de ida

y tu te quieres marchar.

Mi corazón tiene alas

es libre para soñar.

Alas que siempre pensé

que te darían libertad.

Mi corazón tiene alas

No te quiere encadenar.

Ahora te veo, estas triste

y con ganas de llorar.

Ya no se ni lo que esperas

Ni lo que te puedo dar.

Puede que suene egoista,

soy realista y nada más,

mis alas no son tus alas,

no has nacido para volar.

Se que me quieres, amiga,

pero detesto tus huidas

y tu indiferencia más.

Ni doy lo que tú me pides

Ni quiero lo que me das.

Y  como sin darnos cuenta

llegó  inevitable el final.

Una clase de Lengua ( por Joana)

Posted in Colaboraciones, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Jueves, 6 \06\UTC marzo \06\UTC 2014 by Administrador

Era tiempo de exámenes, a Alex y a mí nos habían castigado en la biblioteca por no entregar el trabajo de Lengua y llegar tarde a clase. Eramos dos trastos de trece años. Engañar a papá y mamá resultaba fácil, y mucho más cuando sus padres y los míos trabajaban juntos y se habían divorciado. Los dos planeábamos las trastadas juntos y podíamos inventarnos mil excusas para hacer lo que nos daba la gana. Mi papá ahora salía con su mama, y su papa con la mía. Eramos casi hermanos. A veces hasta snail-mating_thumbdormíamos juntos los fines de semana. Fue en la biblioteca aquel día cuando nos dimos el primer beso. Con dientes y lengua. No nos salió muy bien y decidimos seguir practicando por las noches, cuando nos dejaban dormir juntos, pero nos pillaron. Nuestros papás y nuestras mamás montaron un escándalo y volvieron a divorciarse, su papa de mi mama y su mama de mi papá.

A mi me hicieron hacer la maleta y nos cambiamos de vecindario con la misma rapidez que papá y mamá ( los míos) de trabajo.

Papá dejo de vivir en casa y yo ahora tengo dos casas y voy vengo, pero por las noches no dejo de pensar en los besos de Alex.

****************************************************

- “Disculpe…¿ Eugenia?”

- “¿Alex?”

-”Pero chica, estás igual, no te ha cambiado la cara, ¡tú mejor que cualquier vino bueno!”

- “A ti tampoco, sigues teniendo cara de niño travieso”.

-”Bueno, ¿qué es de tu vida?”

Ambos se pusieron al día, en lo que les pareció un momento, de los veinte años que habían estado separados. Todo sencillo. Una vida vulgar. Un matrimonio,  tal y como marcan los cánones, un trabajo de esos que llaman fijo y un par de chiquillos.

El trayecto en el AVE no duraba más de una hora, así que cuando se quisieron dar cuenta, estaban llegando los dos a destino.

- “¿Te acuerdas de nuestro primer trabajo de lengua?”

- “La lengua sirve para jugar con ella…jajjajajjaa, ¡ pues claro que me acuerdo!

Los dos se miraron a la boca y una irresistible atracción juntó irremediablemente sus labios, sus lenguas y sus dientes.

- “No estamos hechos para besarnos, está claro” Dijo frunciendo los labios

- “Me temo que no..jajjajaa. Pero siempre serás mi primer amor imposible”.

- “Y tú el mio”.

Eugenia y Alex se abrazaron fuertemente y se besaron en la mejilla. Ese beso fue más impactante que el tan soñado y deseado con lengua  y sin dientes tantos años después. Con frío en el cuerpo y unos segundos de silencio en el aire que parecieron eternos, Eugenia rompió el hielo:

- “Quizá nos volvamos a ver”.

- “Nunca te olvidaré”.

Eugenia levantó una mano y corrió hacia un taxi.

-”¡Llego tarde! Soy profesora de lenguas romances en la universidad y tengo una conferencia!”- dijo haciéndo una mueca y enseñándole la lengua.

A Alex se le abrió una sonrisa y se le encogió el corazón.

Las noches y yo

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Martes, 4 \04\UTC marzo \04\UTC 2014 by Omsi

Cuando estás despierto puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos. “Haruki Murakami”

Hay noches en las que daría lo que fuera por recorrer los caminos, escapar del mundo en el que vivo, gritar fuertemente para sacar los demonios que llevo dentro, refugiarme en algún bosque, respirar el aire puro y fresco; dormir ahí, cubierta por la luz de luna y el manto estelar.

Otras ocasiones, cuando el anochecer toca mi puerta, me encantaría sólo recostarme en la cama esperando la llegada de Morfeo, que me tome entre sus brazos para caer rendida ante él. Cruelmente, el insomnio me arrebata al “señor sueño” y mi mente comienza a maquilar historias infundadas, cuentos irreales y, vienen a mí tristes recuerdos, promesas inconclusas y momentos que deberían estar resguardados bajo llave dentro de mi roto corazón.

La mayoría de tiempo, regularmente al caer la oscuridad, se me antoja tenerte aquí, probar tus labios y embriagarme con tu saliva; desbordarme entera, no cubrirme; descubrirme para tí y mostrarte lo que soy, lo que sería capaz de hacer en cada espacio de tu piel y decir “Desde hace tiempo te estoy esperando” y desaparecer de la faz de la tierra cuando comenzaras a hacerme el amor.

Y hay excepciones, como la noche de hoy, en las que quisiera tener algo más que una pluma, una lágrima y un trozo de papel.

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COSA DE DOS

Posted in Especial San Valentín, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 27 \27\UTC febrero \27\UTC 2014 by lindasta07

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La naturaleza -en teoría siempre sabia- le había jugado una mala pasada  incluso antes de que sus aún pequeños y rasgados ojos viesen la luz. Aquello, simplemente, había sido un error.

Nada era como debía de haber sido, o al menos así lo creía, y se propuso cambiar el rumbo de su existencia algún día…Sí, algún día lo haría.

No se sentía bien dentro de aquel extraño e incómodo envoltorio. ¿Por qué todos se empeñaban en verlo atractivo y perfecto? Se preguntaba sin obtener una respuesta convincente.

Sabía lo que quería: Deseaba ser feliz, encontrarse. Para conseguirlo debía actuar, con cautela tal vez, pero actuar.  Se pondría manos a la obra para enmendar aquel desatino que le atormentaba y que tanto malestar le producía; lo tenía claro.

Fueron demasiados los años de lucha interna, de dudas puntuales, de miedos, pero también de reafirmación. Tras un proceso duro y arriesgado, amén de largo, llegó el momento…Y lo hizo.

***********************

El resultado fue tan satisfactorio que hoy, echando la vista atrás, sabe que fue la decisión más acertada, a pesar de que muchos jamás hayan entendido la necesidad de ese cambio radical.

Por fin se sentía bien en su piel, se reconocía.

***********************

No buscaba a su otro yo aunque intuía que caminaría por ahí, quién sabe si a miles de kilómetros o tan solo unos pasos más allá. Sabía lo importante: que existía. Debía ser paciente, era cuestión de esperar a que el destino se lo presentara, eso era todo. Cuando una señal luminosa alumbrase su ser, alertándole de que había aparecido esa persona, estaría preparado para abrir las puertas de par en par a esa mitad que, sentía, siempre le faltó.

Apareció antes de lo previsto, por sorpresa. El la recibió como merecía: Besando su cuerpo y entregando su alma.

Era única, realmente hermosa, mucho más de lo que tiempo atrás fue él, cuando aún era ella. Se encontraba bien a su lado, entre otras consideraciones, porque aquella mujer siempre le vio a él, sólo a él.

Su historia comenzó como una amistad que se convertiría, día tras día, en  vital e imprescindible. No faltaron las confidencias a media luz,  las charlas sin fin,  la complicidad,  las miradas furtivas, las manos debajo del mantel y, sobre todo, esa imperiosa necesidad… Necesidad de ser valientes, dar un paso más, de vivir sin prejuicios, de disfrutarse mutuamente, aunque pocos apostasen por ese amor al que demasiados consideraban “extraño”.

Sin pensarlo demasiado, al menos aparentemente, decidieron vivir su historia con naturalidad, porque, a fin de cuentas, es cosa de dos.

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Han pasado varios años -muchos o pocos, según se mire- y, a pesar de todo y de todos, cada día continúan observando el atardecer desde la orilla del mar cogidos de la mano,   jurándose amor eterno porque saben que lo suyo será para siempre.

Él le ama a ella. Ella le ama a él…Al único.

Un café por una sonrisa (LaLeTiLú)

Posted in Colaboraciones, Especial Lamedores, Especial San Valentín, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves on Jueves, 20 \20\UTC febrero \20\UTC 2014 by Administrador

Ni los días, ni las tardes, ni las noches son lo mismo desde aquel catorce de febrero. Hasta esa fecha era tan fácil soñar, como fácil fue enamorarse de una sonrisa y una mirada eterna. No hicieron falta las palabras.

Tú, sentado en aquella mesa redonda, junto a la inmensa cristalera, viendo el mundo pasar.

Despacio, sin prisas, lentamente.  Igual que el movimiento de la cucharilla dando vueltas en tu taza de café mareando el azúcar durante segundos que parecían siglos.

Tu libro, siempre cerrado y un cochambroso bloc de notas, siempre abierto. No sé lo que anotarias. Pero siempre imagine que dibujabas corazones y mi nombre en cursivas mayúsculas :ANA.

Cada día eras puntual. No faltabas a nuestra cita. Una cita a sordas, ciegas y mudas. snail-mating_thumbCreo que jamás habías reparado en mi. En esa muchacha vulgar que tomaba un zumo de piña en la barra observándote.

El catorce de febrero me puse como fecha tope para romper el silencio. Compré un bloc de notas pequeño y dibuje un corazón  grande con mi nombre, tal y como yo imaginaba que tú lo dibujabas y lo dejé sobre tu mesa en el bar..era cuestión de segundos que llegaras, y esperaba como reacción tu eterna sonrisa y que me buscases con la mirada.

Las nueve. La campanilla de la puerta abriéndose sonó. Mi corazón sonó.Tú, tú, tú,  y ya estabas ahí.

Eché la mirada para atrás y en la mesa una pareja de ancianos llamaban al camarero, indicándole que alguien se había dejado ahí “eso”. ¿Eso?

Tú no apareciste, ni ese día, ni al siguiente, ni al otro…y hace ya un mes.

Si tuviese tu teléfono te llamaría y te cambiaría un café por tu sonrisa.

Tendré que cambiar de bar.

En busca del amor.

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , on Viernes, 14 \14\UTC febrero \14\UTC 2014 by Omsi

“Cuántas veces cerca, cerca del amor, casi lo tocó y lo acarició, y casi estuvo cerca de abrazarlo y se escapó… Una vez estuvo cerca del amor, si es que estuvo cerca del amor…” Pedro Guerra

Buscando el amor me encontré con un árbol. Me recibió con su aroma fresco, quité las hojas secas que colgaban de sus ramas. Era colorido, especial. Me entregaba su oxígeno, mostraba y daba lo mejor de sí. Lo abracé y su corteza áspera lastimó mis manos, al instante me retiré. Le di las gracias por todo lo que me ofrecía, pero no era para mí.

Seguí preguntándome ¿Dónde estaba el amor?

Me crucé con un río. La vista era impactante, me invitaba a adentrarme en su caudal. Me acerqué un poco más para disfrutar del bello paisaje. El agua corría lentamente. Descubrí que aunque era libre, seguía un camino establecido. De repente, el río quedó en calma. Era el momento perfecto para tocarla. Un frío intenso recorría mis dedos. El riachuelo era frío. Tampoco era amor para mí.

Screenshot_2014-02-12-10-50-05Un rayito de luz iluminó mi rostro y desvié la mirada hacia arriba. ¡Amor, al fin te encontré! Cerré mis ojos y me perdí en el calor que el sol me entregaba. Me rodeó completamente. De pronto recordé que a pesar de sentirme cómoda, el astro rey se encontraba lejos; por más que yo quisiera que se quedara conmigo, desaparecería con la llegada de la noche.

Triste me quedé. Había buscado en cientos de sitios, en las flores, en la familia, en la ciudad, en mí misma. Siempre faltaba algo o alguien.

Ya de regreso a la realidad, apareciste. Mi amor secreto, mi deseo escondido. Sonreíste e iluminaste mi día.

- ¡Hola, preciosa! – Sonó tu voz, como un canto de ángeles. Me tomaste por la cintura y besaste mi mejilla.

Mi cuerpo sintió el choque eléctrico del deseo, de algo inexplicable. El corazón latía fuerte. Tenía que ser amor. Si tan sólo él lo supiera; si tan sólo él lo quisiera. Quería que fuera amor, al tiempo que respondía nerviosa con un simple “¡Hola!”

Y otra vez, estoy tan cerca del amor…

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EL QUEBRANTO DE LAIA

Posted in - Fotos origen de los relatos, Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 11 \11\UTC febrero \11\UTC 2014 by lindasta07

1383442_10202121104622963_973091126_n.jpg DUELE

No existían signos de violencia, tampoco se apreciaban heridas externas anómalas; sin embargo, en el ambiente se percibía un nauseabundo olor capaz de matar a la propia muerte.

Duele ver que los que ayer fuesen unos chispeantes ojos verdes hoy estuviesen bañados por un intenso azul noche y que llorasen en silencio, aunque de manera escandalosa, mientras hablaban de sufrimiento y de intenso dolor.

Ella había llegado a quererlo más que a su propia vida.

                                                      *******************

 Laia decidió dejar su Madrid natal con apenas veintidós años y lo hizo con ilusión. Sabía que allá, en su nuevo destino, las cosas serían distintas, tal vez difíciles, pero nada ni nadie consiguió convencerla de que no lo hiciera. Tuvo claro desde niña lo que quería:  Ayudar a los que más lo necesitaban.

La primera vez que escuchó la palabra “mamacita” de boca de un mocoso con un brillo impactante en la mirada,  una amplia sonrisa se dibujó en su  rostro. Se sintió feliz. La maternidad fue una de las cosas a las que había renunciado por propia voluntad. Nunca la echó de menos. En aquellos veinticinco largos años habían pasado por su improvisada aula centenares de muchachitos  a los que siempre consideró como sus propios hijos. Ellos la querían mucho, ella los quería más.

El 23 de octubre – lo de menos es de qué año hablemos- fue un día clave en la vida de aquella mujer que ya peinaba canas y a la que ahora resultaba imposible reconocer porque, desde entonces, ya no reía a carcajadas como acostumbraba a hacer -con o sin motivo- meses atrás.

Cuando se conoció la noticia, el poblado entero se conmocionó. Llegó a destiempo,  probablemente también en el peor de los momentos, y las  circunstancias fueron las que fueron… las que nunca debieron haber sido.

Laia fue la primera en intentar olvidar el varapalo sufrido. Jamás debió adentrarse sola por la selva, era peligroso, siempre lo supo, pero ahora ya no había vuelta atrás:  el mal ya se lo habían hecho.  Por fortuna ahora tenía una edad en la que existían las prioridades, así que intentó olvidar lo ocurrido y decidió  que él  sería su prioridad.

Transcurrieron nueve duros y esperanzados meses. Todo marchaba según lo previsto.

El día amaneció especialmente húmedo, oscuro, triste. Ella sudó como nunca, también gritó como nunca. Cuando llegó el momento, un dolor desgarrador invadió  sus entrañas y pensó: La vida se abre camino.

…No fue así.

EPITAFIO DESDE EL VIEJO ANTICUARIO (por Sirvenza)

Posted in - Fotos origen de los relatos, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 28 \28\UTC enero \28\UTC 2014 by Administrador

Tantos deseos incumplidos que llenaban mi mente. Desde el viejo y polvoriento juguete a la casa dorada con que siempre soñaba. La agonía se apoderaba de mi vieja mente que no estaba para muchas Dueleflorituras. Pero el dolor sigue, ironías de la vida. Vida que en vez de dar, tortura y castiga. Que iluso fui al aceptar. Todavía no sé cómo me engañaron. Pero heme aquí, como un pájaro enjaulado. Rodeado de recuerdos, de pobres lunáticos y piezas de anticuario. Aquí hay juguetes, juguetes que cualquier niño soñaría tener. Y hay una casa dorada, como la que soñé tener. Un bonito jardín. Una pequeña piscina donde juego de diapiro esto es falsa y oscura. Como duele, se me encoje el corazón. Es un castillo encantado que hechiza a los caballeros para luego despellejarlos en los malignos infiernos.

Sí, si tengo amigos. Incluso alguna amiga. Pero ¿se puede considerar amigo a aquel que tan solo es capaz de reconocerte a días, a horas, a ratos? Cada mañana mientras despertamos, vemos como marcha dormido. Sin vida, algún pájaro que no aguantó su presidio. Espero ansioso y callado. Sin buscar amistades que se van a romper. Sueño volando tranquilo sobre el mar. Sueño despierto el final que ha de llegar. Pero aún he de esperar ese instante. Espero que mi vida de aire se apague…pero mientras espero agobiado. Desde aquí, con mis juguetes, mis recuerdos y momias en mi casa dorada. En el olvidado y maldito …….ASILO!!!

Mentiras piadosas, billetes y prostitutas (por Sirvenza)

Posted in Colaboraciones, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 21 \21\UTC enero \21\UTC 2014 by Administrador

Recuerdo como mentía gimiendo para que este pobre imbécil se sintiese embravecido,eufórico y grande mientras
la tomaba por detrás era vieja,no era joven. No era fea,tampoco guapa.Duele Era puta. Pero mientras gemía de mi se reía:Todo eran piropos hacia mi persona. Eso sí,piropos comprados a golpe de billetera. No recuerdo su nombre, vagamente su cara. Algo más sus tetas y su fuerte e insistente lengua inquieta. Ella no recordaba mi nombre,ni mi cara. Ni siquiera mi polla tiesa. Pero a lo mejor recuerda exaltada la piel de mi billetera. Recuerdo su fiera mirada de gata atigrada. Sus caricias,sus besos,sus abrazos..su apogeo por una ninfa y compré una fiera posesa. La habitación apestaba a sudor y algo más del último cliente. La luz roja,un aparador. Sobre él un condón y un cenicero. En la percha ropa y su bolso. Una puta yo un capullo y por supuesto una señora cama. Cuando terminó la farsa y mi cuerpo yacía exhausto me invito a que me largara. El tiempo pasaba,mas la noche no es larga y esperan mas clientes en la calle. Me vestí y me marché. Recuerdo que desde el pasillo la oí reír. Comprendí todo lo que ignoraba. Me sentí deprimido, poseso, corrupto. Una lágrima irrumpió en mis mejillas y eso duele.
 Continué andando,triste,acabado. De pronto,una preciosa morena que no tendría mas de 18 años me invitó a su paraíso. Algo se iluminó. Mi boca estalló en una gran carcajada. Revisé mi vieja billetera. Aún quedaba bastante. Decidí olvidar…en su paraíso. Arriba en la habitación…luz roja,un aparador. Sobre él un condón,el cenicero. La percha, la cama,la puta y un idiota soñador.

SE ACABO LA FALSEDAD (Por Yoli González)

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Llevo reconcomiéndome días. Cada vez que abro el puñetero facebook veo cincuenta mil fotos o imágenes rebosando mensajes de felicidad. Mis amigos. Los amigos de mis amigos. Reuniones. Brindis. Sonrisas. Besos. Regalos. Roscones. Brillantina. Purpurina. Hoy tenía que hacerlo, ya no aguantaba más. Escribí mi estado: “ ¡Por fin se acabaron estas Falsedades! No me gustan nada estas fiestas. Prefabricación de consumismo. Todo derroche sin sentido. Vale que le guste a los niños, pero los adultos somos adultos y deberíamos ser más consecuentes. Tenemos el resto del año para hacer lo mismo pero mejor, de una forma más económica, más responsable y sin estar obligados por el Corte Inglés”. Que a gusto me he quedado. En seguida he recibido un montón de me gusta y confirmaciones apoyando mi reflexión.  Espero que mientras el resto de mis amigos comentaban mi estado no estuviesen con el lagrimón en el ojo como yo mientras lo escribía. DueleEn el fondo me duele lo que he escrito. Realmente me hubiese encantado que mi chico me hubiese comprado el vestido aquel que vi en  Zara y me lo hubiese dejado debajo de ese arbolito que no he puesto porque ni siquiera tengo chico. También me hubiese gustado poder sentarme en una mesa rodeada de amigos y gente a la que quiero, pero mi familia hace ya mucho que no me habla, que si tu, que si yo, lo típico.Y aunque sé que si nos hablásemos podríamos reunirnos cualquier otro día, cualquier otro día siempre habría  una excusa llevados por la vorágine del día a día, el trabajo, el estrés, la distancia, el metro, el autobús, un dolor de cabeza, el mercado, un atasco. Me pregunto si ellos lo habrán celebrado y si se habrán acordado de mi. Me hubiese gustado arreglarme, ponerme bellísima, y salir a tomar una copa para celebrar el Año Nuevo con miles de gente borracha a mi alrededor…¡hace tanto que no salgo! Y si pudiera salir todos los días, ¿por qué no iba a salir esa noche? Ah! Sí! Ya lo recuerdo, porque todo es más caro y está masificado, o no, pero si no es más caro ni está masificado, salen todos los borrachos, como todos los fines de semana. Un gasto innecesario más, como los cuatro pintauñas que tengo de distintos tonos rosas y los cinco pintalabios a juego con los pintauñas y  los tres rímeles alargapestañas y la colección de zapatos y botas que adornan mi fondo de armario junto con un montón de vestidos que ni me pongo. Entonces me acuerdo de los niños de Biafra, los niños sin regalos y con hambre, las familias desahuciadas …mesas llenas de langostinos, jamón, canapés….cuando hay pechuga de pollo encima de la mesa y patatas fritas no me acuerdo,  ni siquiera si me hago canapes o como langostinos cualquier domingo me acuerdo de ellos, pero imaginando esas mesas , en estas fechas, llenas de delicatessen, sí, pienso en el hambre en el mundo y en el pobre de la Gran Vía arrodillado  en el suelo, muerto de frío, semidesnudo  que con voz de ultratumba pide una limosna por el amor de Dios…Y es ahí donde me doy cuenta de que soy yo la que vivo en mi propia Falsedad. Justifico mi desidia y mi soledad, lo que quiero y no puedo,  diciendo que lo hago por que me da la gana, que no salgo porque no quiero, que soy solidaria y me acuerdo de como está el mundo en estas fechas de falso Diciembre ( ¡ojala fuese Agosto !, un mes más sincero, y estuviese  en una terracita tomando unas cervezas y una tapitas en vez de andar ahora  comiéndome el coco por los niños de Biafra, el pobre de la  Gran Vía, las familias desahuciadas, los niños sin regalos  y la Navidad-  el verano, las vacaciones, eso es otra cosa -) pero, y esto que quede entre nosotros, en el fondo, de lo que tengo ganas, antes de que se me hiele el corazón y que con tanta humanidad me  termine deshumanizando, es de descorchar una botella de cava al lado de alguien. Calor . En cualquier crudo invierno o infierno. Y brindar. Sonreír. Besar. Regalar. Entregar mi corazón. APASIONARME, con o sin excusa. Igual que me gustaría hacerlo el resto del año. Se acabó la Falsedad. El próximo año pienso llenar mi facebook de fotos con mi familia, mis amigos, mi perro, mi gato, el vecino del quinto y los langostinos, los centollos, el jamón, todos  brindando. Abrazando. Besando. Sonriendo. Mandar SMS. Whatsapps de felicidad. Y todo porque sí , porque me da la gana y, por supuesto, por el Año Nuevo.

“No todos van a ser ángeles”

Posted in - Fotos origen de los relatos, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar with tags , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 21 \21\UTC noviembre \21\UTC 2013 by lindasta07

Como mis vecinos están dispuestos a echar una mano siempre que lo necesito, me veo en la obligación de corresponderles cuando me piden que haga de canguro de su monstruito.

Le propuse a aquel renacuajo que me acompañase a comprar tres cosas al hipermercado.

en mi jardin-¡Quiero ir a ver a papá al cementerio!- gritó.

-No puede ser. Está trabajando allí ahora- contesté tras ignorarle unos segundos.

El mocoso iba unos pasos atrás y empecé a incomodarme. Le recriminé en varias ocasiones su parsimonia porque se acercaba la hora de comer; temía no estar puntualmente sentado a la mesa y mamá se enfadaría.

Al salir del establecimiento me percaté de que Ángel llevaba en el bolsillo algo que abultaba.

-Robar es pecado, ¿lo sabes, enano?- dije. Entre carcajadas burlonas echó a correr con la bolsa de la compra. Tenía tanta prisa que parecía que le persiguiese el mismísimo diablo. <<¡Menudo cabroncete!>>, pensé.

Al girar la esquina lanzó el recién adquirido martillo -repentinamente convertido en letal objeto volador- partiéndome la cabeza en dos. El jodido tuvo buena puntería, caí desplomado, y todo en mí se rompió.

-¡Qué fácil ha sido contigo!- exclamó eufórico- A partir de ahora me entretendré aún más cuando acompañe a papá al trabajo. Prometo no darte unas patadas tan fuertes como las que propino a los otros asquerosos. Esos vecinos nunca me cayeron bien… Bueno, tú tampoco- dijo mientras, entonando extraños cánticos, introducía con endemoniada brusquedad miles de  granos de pimienta en mi nariz y una cabeza de ajos en mi boca entreabierta, que…en mala hora compramos.

Fantasías del pequeño asesino (por Sirvenza)

Posted in Colaboraciones, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 13 \13\UTC noviembre \13\UTC 2013 by Administrador

Al final de la escalera encontré una copa de vino llena de espuma de mar. Recordé entonces que había soñado con el océano.
A mi mente regresaron estúpidos recuerdos de mi infancia.
Las calles me parecían llenas de cabezas vacías. Pero tan solo eran en mi jardinextraños pensamientos en mi mente perturbada. Aún así, seguía imaginando como librarme de los seres que me rodeaban. Decidí cambiar el mundo y cambiarlo a mi gusto.

Comencé aniquilando a todos los bastardos que se negaban a aceptar mi voluntad. Pues de eso se trataba. Aceptas o mueres.                           

La vida era, además,  lo que menos iba a desear la gente con mis cambios.
Empecé con niños, mujeres y ancianos. Luego cayeron el resto. Las autoridades creían que se trataba de un psicópata paranoico  con repulsión a la evolución de la vida. No sabían con quien estaban tratando. A un depredador no se le puede juzgar por los
restos de carroña sobrada de su festín. ¿Cómo demonios pretendían cazar un lobo con trampas para perros?
Estaba claro, eran jodidos inútiles, lo cual me animaba a divertirme con ellos. Todo empezaba a ser duro para todos esos capullos que me habían ignorado todo este tiempo.
Mi arsenal rudimentario les hacia la búsqueda mucho más difícil de lo que yo mismo, en un principio, había pensado. Un par de viejos abrecartas, la navaja de afeitar y los machetes de montaña. Todos ellos afilados al mismo grosor. Me suponían un placer inmenso en las mutilaciones que practicaba.
La clave de la vida es el éxtasis del cuerpo.

Pero el mejor recuerdo sigue siendo el placer de aniquilar.
El preciso instante en que la víctima se retuerce para dar el último suspiro a su estúpida vida. Como una mezcla de ajo  y pimienta en su aliento.
Jamás he vuelto a sentir ese placer, es como robar almas. Lo sigo necesitando como el cigarrillo antes de dormirme.
Ahora tengo a mi alcance todas las cosas que podría ansiar, pero el regusto de la matanza no se puede conseguir con dinero.
Quizás debería de empezar a hacerlo de nuevo. Pero estoy muy viejo para volver a salir a la calle, en busca de victimas a las que descuartizar o machacar con un martillo. Mi cuerpo anciano ya no resiste el frio de la noche en callejones sombríos.
Creo que voy a  tener que buscar ahora un juego más acorde con la posibilidad que me da mi viejo cuerpo. Mmmmmm, cometer mi suicidio sería lo supremo. Pero sería  un momento de placer sumamente corto y los disfrutarían los demás. Y no llegaría a ver mi sufrimiento en el último instante, el placer no sería completo.
Bueno es hora de dormir, de dejar de jugar al malote. Mañana tengo que madrugar para ir al cole, pero en cuanto me vuelva a acostar me adentraré en mis fantasías…

DESECHABLE

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , on Lunes, 28 \28\UTC octubre \28\UTC 2013 by lindasta07

BOOTS (2)

Nací para mandar, para dominar. Me gusta sentir que tengo el control, que soy respetada, que nadie ni nada puede subyugarme. Imposible imaginar siquiera lo contrario porque entonces no sería yo, sería alguno de los otros, pertenecería al grupo de los débiles, de los subordinados. Es sencillo: Yo estoy aquí, ellos están allá. Todo tiene que ser tal y como previamente he planificado, no soporto los imprevistos.

El físico es una carta de presentación, para bien o para mal. El mío es el que corresponde a una persona de carácter. Mis rasgos son fuertes y  me satisface exagerarlos. Cuando dejo a un lado el papel de niña buena, ese que tanto aborrezco pero que tengo que ejercer puntualmente de cara a la galería, me esmero con el siguiente  ritual: Cardo con exagerada dedicación mi salvaje melena azabache, maquillo con polvo de arroz un rostro ya de por sí níveo, perfilo mis párpados hasta lograr una peligrosa mirada felina que intencionadamente lo dice todo y, casi para acabar,  doy un toque de rojo carmín a una boca que apenas habla porque no  necesita expresar nada más allá de cuatro ordenes claras y concisas. Continúo la puesta en escena enfundándome en un frío body de látex que se adhiere a mi piel hasta completar mi auténtico yo, y ya para rematar, dejando momentáneamente a un lado el látigo de siete puntas que más tarde se convertirá en una  prolongación de mi ser, calzo mis botas de cuero negro de caña alta y tacón de aguja de veinte centímetros.

Es excitante sentirse superior cuando ellos suplican clemencia lloriqueando bajo mis pies mientras ambos disfrutamos. Son tan dóciles, tan encantadoramente complacientes… Les ajusto una correa al cuello y se dejan hacer. Son tal y como deseo.

No me gustan las concesiones y nunca hasta entonces las había hecho, porque soy la que lleva las riendas, la que mando, pero con él tuve una deferencia… ¡Estúpida de mí, por primera vez me equivoqué!

Soy “Lady DeaDomina”.  A mis amantes les insto a que me llamen así pero al último quise sorprenderle, tal vez porque le percibí más indefenso que al resto, y le permití un par de licencias: La primera, elegir el que sería mi nombre durante aquella noche; la segunda, decidir algo novedoso para ese juego que estaba a punto de comenzar. Su reacción fue encogerse de hombros simulando resignación, algo que me hizo gracia, aunque me contuve y no esbocé ni una sonrisa. Nunca  flaqueo. No me lo permito.

Sean era joven, alto, y delgado en extremo. Parecía muy sumiso. Me gustó.

 Desde el primer momento le indiqué cuales eran las normas, mis normas. La más importante de ellas era que, al igual que todos mis siervos, tenía prohibido mirarme directamente a los ojos.

 Fijando sus pupilas en el suelo y con  un notable  tono de voz masculino mi amante confesó que su fetiche eran las botas. Te llamaré “Boots”- dijo sin dudar. Asentí con la cabeza dando mi aprobación. <<¡Qué poco original va a resultar este último entretenimiento!>> - pensé. Un tanto airada porque intuí que me aburriría con aquel jovenzuelo, encaminé mis pasos hacia la cocina. Él me siguió como todos, como un perro. Una vez allí abrí la puerta de la despensa permitiéndole que señalase algo del armario. No dudó, eligió la miel. Me pareció una buena idea. Cogí un bote y le obligué a esparcirlo por el suelo. Tal y como era de suponer, obedeció. Me situé sobre ese charco amarillento, denso y viscoso, y separé las piernas hasta formar un ángulo aproximado de cuarenta y cinco grados. Mi esclavo comenzó con su trabajo, que no era otro que lamer mientras yo supervisaba su labor. Según las órdenes que previamente le había dado, debía quedar todo reluciente, incluidas mis botas. Era lento, meticuloso, se recreaba y su forma de hacer me estaba poniendo a mil pero, transcurrido un tiempo que me resulta difícil de calcular, vi en su rostro una mueca de desagrado, o tal vez fuese de cansancio, y aquello me enojó. Tras propinarle un número indeterminado de latigazos, tiré con fuerza de la correa -quizás con demasiada fuerza- y fue entonces cuando Sean  incumplió lo pactado. Levantó la cabeza y me miró a los ojos con desafío, algo que me enfadó muchísimo porque nunca antes nadie se había atrevido a desobedecerme.  Estaba claro que con él todo iba a ser distinto.

-No me ha gustado ni lo que has hecho ni cómo lo has hecho, “Boots” – dijo en un tono tan brusco que me encendió aún más.

-No me interesa saber qué te gusta ni cómo te gusta. Odio lo que estás haciendo ahora. Este no era el plan. ¡¡ No vuelvas a poner tus pupilas en las mías o lo pagarás caro!!  Te castigaré y seré dura…Muy dura.-  Intenté zanjar el tema  poniendo a cada uno en el sitio correspondiente: A él a ras de suelo y a mí a veinte centímetros más allá de mi metro sesenta y seis.

Sean, contrariándome una vez más, se puso en pie. Era más alto que yo y sé que con aquel gesto intentó intimidarme. Se confundió si supuso que me iba a debilitar al pensar que aquella partida se me estaba yendo de las manos porque, lejos de hundirme y pensar que mi sirviente había cogido cierta ventaja, me crecí y se reafirmaron mis ganas de triunfo. Continuó retándome y, en un momento dado, osó acercar sus labios aún impregnados en miel  a mi rostro. Comenzó a lamerlo mientras con su mano izquierda tiraba de mi pelo hacia atrás. Me repugnó su acto. Aunque por un lado admiré en silencio su valentía, por el otro, por el importante, deseé matarle. Lo que comenzó como un juego derivó en una especie de lucha entre nosotros en la cual la agresividad y la ira llegaron a su máxima expresión. Él estaba muy excitado.  Me empujó y caí de espalda quedando indefensa y prácticamente adherida al pavimento. Él se abalanzó sobre mí y comenzó a mordisquear con una rabia desmedida cada parte de mi cuerpo buscando  mi dolor físico, pero sobre todo el psíquico…Y me hacía daño, mucho daño, demasiado. La furia se apoderó de mí nublándome la vista, vi todo negro y, por última vez, tiré de su collar…Fuerte, muy fuerte, demasiado fuerte… Ahora la  excitada era yo.

Tras dejar a un lado aquel momentáneo tono  rojizo que tan poco me favorecía,  recuperé mi blancura habitual y los jadeos se transformaron de nuevo en una respiración serena. Él, pobre desgraciado, fue incapaz de hacer ninguna de las dos cosas, así que me quité de encima su cuerpo inerte que, para mi sorpresa, pesaba más de lo que suponía. A pesar de que llegó a confundirme Sean resultó ser, como todos,  un fracasado más.

                                                                            *************************

Mientras me despojaba de mi auténtica piel una amplia sonrisa se dibujo en mi duro rostro – ahora sí me lo permití- y pensé: Con “Lady DeaDomina” se juega de acuerdo a sus normas, de lo contrario se pierde siempre. Ese es el trato.

 

 

Verónica

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato Libre lame Anna with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 16 \16\UTC octubre \16\UTC 2013 by annalammer

“…Venga, venga, vamos, que ya es hora de levantarse…”

Haciéndose el remolón se esconde debajo de las sabanas. Su mamá tira de ellas y le propina un bocado en el culo.

“¡Arriba he dicho!”

Con el gesto entre fruncido y divertido, Ramiro se enfrenta a su primer día de clase. Segundo curso ya. ¡Jopetas, qué mayor!

En el patio los niños corretean. Carpetas nuevas. Chandals nuevos. Y, sobre todo, el reencuentro con los antiguos compañeros del curso anterior. Ya no son los peques del cole.

Con el sonido de una sirena se hace el silencio mientras un profesor, lista en mano y con aire solemne, va diciendo el nombre y los apellidos de cada niño para que vayan pasando al aula a conocer a su tutor. Este año hay cambios. A Ramiro le han cambiado de clase y de compañeros.

-”Que bien!”-pensó-”Así el flacucho de Iván dejará de fastidiarme. Menudo tontoelculo. Ya no me hará pintadas en la páginas de los libros. Y Jorge no me dará collejas en la cabeza, que luego me duele y además no me entero de lo que dice el profe y encima al final siempre me castigan a mi, como si yo tuviera la culpa de todo”.

Todos estaban ya sentados en sus sitios cuando entró. Verónica. La última. Con paso firme se dirigió a la primera fila y cogiendo de la coleta a un delicada princesa rubia, dijo:

“Oye, que este es mi sitio. Aquí me siento yo. Yo siempre me siento en la primera fila, al lado del profesor. Búscate otro sitio.”

Verónica tenía la voz ruda, el cuerpo rudo, la cara ruda y hasta las pequeñas coletas sostenidas por dos grandes lazos rosas, rudas. Era la repetidora del curso. Los chicos ya la conocían del año pasado, pero este año, Verónica, había crecido y con ella habían crecido también su descaro y su mala educación.

La clase se quedó boquiabierta, y a pesar de que la pequeña princesa pareció hacer ademán de rechistar, al darse media vuelta y ver la complexión de Verónica, optó por coger su cuaderno y su plumier y cambiarse de sitio.

“..La profe!! La profe! Que viene la profe! Es una profe!!!!” dijo susurrando a voces Saul el pelirrojo. Entonces todos se maquillaron con su mejor cara de empollones para recibirla con un buenos días al unísono.

La primera mañana de clase siempre es la mas divertida. Lo hacen todos los años igual. Todos los niños se ponen una uno en pie en medio de la clase, dicen su nombre y cuentan sus batallitas de verano. Ramiro no veía nada de interesante en ese perder el tiempo. Tenía pleno convencimiento de que, en el fondo, a la profesora y al resto de la clase les importaba el mismo pimiento verde que a él qué había hecho nadie durante sus vacaciones…Aunque si lo pensaba friamente, mejor ese perder que no liarse a hacer sumas y restas, que para eso ya habría tiempo después.

Le tocó el turno a Ramiro.

-”A ver, rubito, tú ¿Cómo te llamas?”

-”Me llamo Ramiro García Pelaez.”

-”Bueno, y cuéntanos…¿qué has hecho este verano?”

-”Pues me he ido a mi pueblo”

-”Ahhhh!…¿qué tienes un pueblo?

El resto de la clase se echó a reir y a murmurar por lo bajinis.

-”Si, claro. Un pueblo y una playa.”

La carcajada en clase fue aún más estrepitosa.

-”Hombre, Ramiro, no será tuyo…”

-”Pues sí. Claro que es mio. Es mi pueblo y mi playa”-dijo torciendo el hociquillo.

La risa de Veronica inundo la clase.

_”Jajajajjajaja! Ramiro es tonto. Ramiro es tonto. Nadie tiene un pueblo suyo. Ramiro, pepino! Tu irás al pueblo de tu madre o al de tu padre, pero no es tuyo, ni de ellos tampoco.

-Ah, ¿no? Y entonces de quien es, a ver, eh?-Dijo poniendo los brazos en jarras con ademán de enfadado.

-”Pues del Rey, so tonto!”

-”Vale, chicos, vale. Calma y sin insultar..-” Dijo la profesora mientras sonaba de fondo de nuevo la sirena para anunciar la hora del recreo. “Venga, al recreo y luego Ramiro nos sigues contando”.

“Ramiro es tonto. Ramiro es tonto. Tonto, tontaina”, le iban cantando los chicos de clase mientras bajaban por las escaleras al patio.

“Ramiro, pepino. Tonto, tontaina!” Le seguian gritando en el patio.

Ramiro, indignado, se fue al fondo del patio a un rincón. Su rincón. Le gustaba observar los insectos que se escondían entre las platas que había junto a la verja. Una pareja de zapateros. Alguna araña o solo su tela. Muchas hormigas. Alguna mariquita. Y…una mariposa! seguro que antes había sido gusano. Además siempre había algún palo para jugar en la arena a dibujar jaulas o ponerlo como obstaculo para hacer el camino más duro a cualquier bicho.

El resto de los niños jugaban al pilla-pilla o al futbol y aprovechaban, cuando pasaban cerca de él, para seguir cantándole: Ramiro es tonto, Ramiro es tonto. Tonto, tontaina. Ramiro pepino…con ese soniquete que es capaz de sacar de quicio a cualquiera.

Mientras estaba agachado alguien se le acercó por la espalda. Él lo notó por la sombra que se reflejaba tapando el agujero que había hecho para enterrar un gran escarabajo pelotero que había encontrado. Le observaba pero no le hablaba. El tampoco se volvió ni habló.

De repente, se puso justo a su lado y se agachó. Era Verónica.

-”¿Sabes? Me pareces simpático. Vas a ser mi novio este mes” -Y le plantó un beso en la mejilla. Ramiro se ruborizó, pero con las dotes de mando que parecía tener Verónica a ver quien era el valiente que le decía que no…que qué era eso de ser novios o que para que servía.

-Ven, venga, dame la mano, y vamos ya para clase que va a sonar la sirena.

Ramiro le dio la mano, cabizbajo, un poco como avergonzado.

-Vamos,anda…vamos…quiero ser la primera en entrar -dijo Veronica

-”Espera,  mira”-Exclamó Ramiro señalando al suelo-”Mira, ven, mira, una cucaracha!”

-”Agg que asco, vamos!”

-”Ramiro Pepino” se oyó gritar a un niño que se habia colgado del poste de una porteria al fondo del patio.

Veronica se volvió y le sacó la lengüa. Mientras tanto, Ramiro apresurándose hacia la cucaracha para que no se le escapara le pegó un pisotón mascullando entre dientes: “Verónica, te vas a arrepentir de esto, a mí no se me deja en ridículo”.

A diferencia del primer día de clase, el primer beso jamás se olvida, o al menos eso cuentan los mayores.

…Y volviendo hacia ella con una amplia sonrisa en la boca, la cogió de la mano y entraron los primeros en clase.

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