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“A MIS PIES, CABALLEROS”

Publicado en Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 8 \08\UTC mayo \08\UTC 2013 por lindasta07

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Una vez escuché decir a un agricultor que abril era un mes complicado para el campo. Ahora sé de primera mano que también lo es para determinadas personas, puesto que yo me encuentro -no sé si muy a mi pesar o no- dentro de ese complejo grupo al que podríamos denominar como: “Candidatos ideales para hacer, un día cualquiera, más de una tontería”. También recuerdo que habló acerca de los beneficios de utilizar ceniza para el cultivo de plantas.

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Creí -reconozco que con cierta ingenuidad- haber podado de raíz los problemas cuando comencé con este juego pero, lejos de lograrlo, esta afición se ha convertido en una obsesión. Sólo pienso en flores.

Hoy, mientras miro el espejo del salón, ese que lo ha visto todo, hasta lo que nunca debió,  me recreo con ese peculiar sabor agridulce que aún perdura en mi boca mientras rememoro un refrán que dice: “En abril, cortas un cardo y te crecen mil”.

Hace tiempo tú eras mi cardo favorito, querido, pero actualmente ya no gozas de ese privilegio. Ha pasado el tiempo y te has convertido en un adorno más de mi jardín… En uno más.

Después de aquella experiencia juré una y mil veces que no me dejaría abrazar por otras garras como las tuyas. Había sufrido más de lo aconsejable con nuestra relación y no quería más noches de agua ni deseaba más amaneceres de hielo. En principio mi intención era clara y siempre pensé que sabía lo que me convenía, pero a la vista está que no es así, puesto que eché a perder todo cuando dejé mi impoluto pañuelo apoyado en la mesita de noche y abrí la ventana para escuchar los cánticos de los cucos y, de paso,  para permitirle al sol que me sonriese  de  nuevo. En aquel momento el cielo estaba despejado y algo en mí me arrastró a conocer otras malas hierbas que acabarían empujándome, una vez más, a poner en funcionamiento la chimenea de mi hogar.

Al acabar contigo – tú, mi particular farsante de invierno, ése que durante las frías noches me proporcionó unas veces sosiego y la mayor parte de ellas zozobra- supuse que se habrían calmado tanto mi alocada mente como mi revoltoso corazón, pero nada más lejos de la realidad. Después de aquello, año tras año, estación tras estación, razón y alma se alían para suplicarme que eche más carne al fuego y yo, siempre que la ocasión lo permite, me esfuerzo por complacerles. Es cierto que tú fuiste el primero y por eso me gustaría sentirte como a alguien especial y distinto pero, tremendo error, tan sólo fuiste el que abrió el camino a esta mi nueva afición, tan sólo eso.

Ya no necesito a nadie y, sin embargo, os tengo a todos junto a mí, siempre a mis pies. Cada vez tengo más claro que, de vez en cuando, es necesario perder la razón para ser feliz.

Ahora estoy tranquila y me relaja ver cómo vosotros, mis amantes – unos narcisos que resultasteis ser cardos-, os habéis convertido en cenizas hasta transformaros en forzados nutrientes para mis flores y plantas. Únicamente hay algo que, sin llegar a provocarme el vómito, me incomoda, y no es otra cosa que el olor que desprenden vuestros pestilentes cuerpos cuando arden… Pero, bueno, entiendo que sea el canon que hay que pagar para disfrutar de mi precioso jardín.

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Voy a dejar de contemplar mi sonrisa en el espejo, que se hace tarde y tengo que poner en funcionamiento la chimenea de nuevo.

Hoy toca ser feliz.

COMO UN ARBUSTO

Publicado en - Fotos origen de los relatos, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 3 \03\UTC abril \03\UTC 2013 por lindasta07

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¿Fuerte y robusto, yo? En teoría iba a serlo, en la práctica jamás lo conseguiré.

Mi mente está tan destrozada como mi cuerpo. No sé si esto tiene arreglo, creo que no.

Cada vez la distancia entre nosotros es menor y solo me consuela pensar que por fin los conoceré. Me emociona pensar en ese abrazo fraternal, en ese imposible cruce de miradas, en esa ansiada a la par que compleja charla… Tantas veces he escuchado hablar de ellos y he visto sus caritas en fotos que tengo la certeza de que sabré quienes son; además mi olfato siempre ha sido excelente y aún lo conservo intacto.

Quiero llorar, quiero gritar, desearía hacer mil cosas, pero no puedo hacer nada. ¿Porqué ahora todo es tan difícil?

Comienzo a resignarme.

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Es cierto que, hasta que me dejaron, llegué a ser buen mozo. Esa ha sido mi desgracia y lo que finalmente ha arruinado mi vida.

Cuando nací era poca cosa y las mujeres de mi familia pusieron tanto empeño en sobrealimentarme que crecí aún más a lo ancho que a lo alto. Aquel excesivo interés por convertirme en el chavalote que nunca debí de llegar a ser lo llevé con más pena que gloria pero, tal vez por mi carácter débil, jamás osé revelarme ante lo que todos creían -quiero pensar que con buena intención- que era lo mejor para mí.

Tía Rosalyn, una fémina tremenda en todos los aspectos a la que considerábamos una más en casa, era un ser tan oscuro como la noche que se dedicaba a asuntos de santería. Sin duda ella era la que más atención y empeño prestaba a mi alimentación. Recuerdo una vez en la que mientras me preparaba una de esas cenas pantagruélicas que olían a mil demonios, y que estaba compuesta por sus habituales guisos a base de “vísceras de animales fuertes y robustos, como lo serás tú, mi Panchito”, dijo que era preferible ser un armario de tres cuerpos al que todos respetasen a ser un tipo enclenque e insignificante en el que nadie se fijase. Toda la familia reía sus ocurrencias y en aquella ocasión lo hicieron también.

Pasaron los años, menos de los que me hubiesen gustado disfrutar, y mis complejos y yo crecimos a la par.

Hoy, al verme en el lamentable estado en el que me encuentro, sin algún órgano vital y salvajemente mutilado, es a ella a la que más culpo. Nunca me gustó. Sin embargo, para mi desgracia, yo he resultado demasiado apetecible para alguien de su oscuro entorno.

Soy un pesado fardo al que han desmoronado que intenta desesperadamente cerrar esos ojos que ya no tiene y que lucha por gritar su dolor sin conseguir emitir un solo sonido mientras espera ese momento, presumiblemente próximo y se supone que liberador, en el que decir adiós a estos momentos de sufrimiento.

Mamá, si me fuese posible hablar, te preguntaría: ¿Por cuánto tiempo seguirás confiando el cuidado de tus hijos a tía Rosalyn? ¿Cuántos tendremos que irnos precipitadamente para que te des cuenta de sus insanas intenciones?…También te diría algo más: Te quiero. Llevo tus raíces.

MI CORTESANA

Publicado en Relato Libre, Literatura, Relato, Relatos Breves, Los relatos más relamidos, Relato Libre Lindastar con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el Martes, 12 \12\UTC marzo \12\UTC 2013 por lindasta07

Al parecer mi nombre completo es José Manuel Expósito Nardués.

Atiendo a la voz de Manu porque es así como me llaman las pocas personas que me conocen -supongo que lo hacen por abreviar y por facilitar un poco las cosas- y, también, porque a mí me gusta. Sin embargo he de reconocer que jamás he tenido una certeza absoluta de que mi identidad sea la que me hicieron creer las Hermanas durante los dieciocho años que malviví con ellas y con una veintena de personitas a las que acabé cogiendo relativo cariño, quizás porque estaban tan desamparadas e indefensas como yo. Con el paso del tiempo, tras darnos información a cuentagotas y después de mucho preguntar, supimos que a cada uno de nosotros, alguien, un día cualquiera, nos abandonó a las puertas de aquel triste edificio con el propósito de aligerar sus vidas. Eso fue todo lo que nos dijeron las monjas a los preguntones. Nuestros orígenes continúan siendo una incógnita que, con toda seguridad, no se despejará jamás; aunque, curiosamente, más de la mitad de nosotros tengamos como primer apellido Expósito –hoy entiendo el por qué-, y la inmensa mayoría llevemos como apellido materno el nombre de algún pueblo; lo que ya supone una pista, al menos en teoría.

Así de sencillo. Así de complejo.

Tras los muros de aquel convento los niños intentábamos sobrevivir como podíamos pero, aunque jugásemos a soñar e hiciésemos mucho ruido, siempre acabábamos en brazos de una realidad tremendamente silenciosa llamada soledad. A pesar de que lo procuré con idéntico empeño que mis compañeros, allí no conseguí ser feliz. Nunca. El ambiente que se respiraba entre aquellas cuatro paredes, tan ajadas como nuestros corazones, estaba lleno de reproches. El mal flotaba en el aire y, por obra y gracia de esas Hermanas que más que casadas con Dios lo estaban con el mismísimo demonio, el pecado siempre acababa posándose en nuestras aún inocentes cabezas. A pesar de los años que han pasado, continúan  doliéndome las yemas de los dedos, y todavía más las heridas sin cicatrizar que han quedado en mi alma, cuando pienso en los abundantes y desproporcionados castigos con los que nos obsequiaban cada vez que hacíamos alguna trastada que ellas consideraban impropia.

Recuerdo con absoluta nitidez el terrible momento en el que una Hermana aprovechó uno de mis habituales interrogatorios para restregarme sin ningún tacto ni compasión, teniendo en cuenta que yo rondaría por aquel entonces los ocho o nueve años, que estaba con ellas porque mi madre era una mujer fácil a la que estorbé en su día.

 –“ Es una puta”- fueron las palabras textuales que empleó la hiriente Sor Bernadette. – ¿Crees que si de verdad te hubiese querido y hubiese sido como tenía que ser estarías aquí?¡Piensa un poco, Manu, por favor, que ya tienes edad para hacerlo!-

Aquella noche, otra más, no pude dormir. Lloré hasta el amanecer. Amargamente. En silencio.

Fueron años llenos de todo tipo de carencias. Años tristes.

Para ser justos, hoy, a mis mal llevados cuarenta y dos años, y haciendo un repaso mental de esa etapa de mi vida, quiero pensar que hicieron todo aquello con la mejor de las intenciones y con la sana intención de “hacernos hombres de provecho”, como repetía insistentemente Sor Jesús, la única Hermana que evitaba darnos cachetes y collejas.

Fumete (3)

Llevo veinticuatro años viviendo fuera del convento, sin dar explicaciones a nadie, a mi aire, y puedo decir que me siento libre, aunque siga abrazado a  mi compañera soledad y a demasiados paquetes de tabaco, mis únicas compañías desde hace demasiado tiempo. Ya no lloro -si acaso lo hacen mis pulmones- y evito los recuerdos a pesar de que, aún sin desearlo, conserve más de un reproche en el bolsillo de mi sucia americana junto a un mechero que, de poder hacerlo, todo lo quemaría.

Enroscado (por Sirvenza)

Publicado en Colaboraciones, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , el Miércoles, 27 \27\UTC febrero \27\UTC 2013 por Administrador

Tras una ronda de tranquilizantes, como todas las noches, me entró el sueño.
Esa mezcla de enroscadocansancio y mareo. Me despojó de mis ropas y me ayudó a acostarme. Ya en la cama, mientras la luz del techo producía su efecto hipnótico en mis ojos empecé a soñar despierto hasta que, por fin, mi mente sucumbió a los esfuerzos de mi cuerpo…..

Tomé una hoja del cuaderno y el boli del cajón y las palabras comenzaron a fluir por la tinta, quedando plasmadas en el papel.

“ Querida Carlota, amada mía:
Tu compañía sigue siendo lo más especial, conforme pasan los años el deseo sigue creciendo. Tus caricias siguen siendo la miel de nuestros comienzos y la dulzura de tus labios la llama que
mantiene la pasión. Pero mas allá de todo está la fuerza de nuestros abrazos, cuando conseguimos cada día fundirnos en uno, los dos, cuerpo a cuerpo. Rodeando nuestros cuellos como una sola persona y…”

Despierto sudando. Carlota, a mi lado, me seca el sudor de mi frente, me acaricia la cara mientras besa mis labios. Las lágrimas brotan de mis ojos y no soy capaz de transmitirle con palabras la carta que le escribo cada noche desde que perdí los brazos.

98.700 mensajes para enamorarte ( y una carta para…)

Publicado en Especial Lamedores, Especial San Valentín, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 20 \20\UTC febrero \20\UTC 2013 por lindasta07

Clavel (3)

-Pasaba por aquí, he visto tu luz, y he decidido entrar… ¿Puedo decirte algo? Me encantas.

Y así empezó todo.

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Era un día más de un año cualquiera. Ni siquiera recuerdo la fecha. Sé que tú tampoco.

Quiero pensar que ninguno de los dos buscábamos nada y que, sin más, nos encontramos. ¿Demasiado lejos? Tal vez. ¿Demasiado tarde? Probablemente también, aunque eso sea lo de menos.

“Lo nuestro es para siempre”- ¡Cómo me gusta escuchártelo decir, querido!- Cinco palabras que se repiten a menudo entre los miles de mensajes que hemos intercambiado, después de aquella bonita casualidad, que a ambos nos da la vida y nos hace sentir distintos.

Recuerdo que respiré esperanza cuando nos cruzamos en el camino; el mío lleno de piedras, el tuyo sombrío. Te acercaste con cautela y pronto percibí cómo me olfateabas, cómo me bebías, cómo me fumabas, y hasta cómo me soñabas. Poco a poco, como se cocinan los más exquisitos guisos, nos fuimos conociendo hasta enredarnos en esta aventura tan insensata y atrevida que sólo tú y yo conocemos. Tremendo secreto que jamás revelaremos.

Aunque hoy tenga el cuerpo tullido y malherido, sólo me duele el alma porque presiento que, desde el otro lado, me arrastran para conducirme al vacío. Sé que tendré que irme pronto, antes de lo previsto, pero quiero que sepas que seguiré pensándote cada día y que, aún allá, estaré siempre contigo y continuaremos jugando a ilusionarnos, con o sin motivo. No contábamos con esta mala jugada del destino pero, no importa, seguiremos unidos.

¿Para terminar esta carta puedo decirte algo? Me encantas, querido.

“Enamorarse es sentirse encantado por algo, y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección”.
Ortega y Gasset, José

Nuestro secreto

Publicado en Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , el Domingo, 17 \17\UTC febrero \17\UTC 2013 por Omsi

Esta noche me jugaría la eternidad por probar tu boca, sin futuro. Esta noche dejaría de ser quien soy por ser el que tú buscas, el que amanecerá contigo. Tan solo esta noche tu boca es mi porqué, y yo, seré destino. (Edel Juárez)

 

Y allá voy, de nuevo, dando brincos en el fuego. Recuerdo que la última vez quemó el brillo en mi vida y todo oscureció.

Después de varios intentos fallidos, la luz apareció. Seguí con mi vida en la espera de una llama nueva. Tú. Tu fogata me hizo descubrir tu calor y caer en la tentación. Nuevamente entro en el juego del miedo. Prohibido.

Tantas ganas de probar tus labios, de adentrarme y recorrer tu boca lentamente con mi lengua. Detente. ¡No! Hace tiempo que sueño con conocer tu sabor que nada ni nadie impedirá que coma el fruto prohibido de alguien más.

Avivas las brasas y el calor llega directo a mi piel. La hoguera se funde por cada poro de mi cuerpo y no puede más. Te necesito aquí.

Y muerdo la comisura de mis labios en espera de ti.glamorous-lips1

El jugar con fuego siempre ha sido peligroso. Pero he aprendido a dominarlo y por última ocasión someteré el incendio disolviéndome entre un mar de gente, escaparé de tu dulzura y será como si nunca hubiera sucedido.

No lo pienses, tu y yo, que el mundo a nuestro alrededor desaparezca, mientras nuestros labios se derriten en la calidez del ósculo que consuma nuestras ganas. Sin enredos, no hay cadenas, ni compromisos.

Solo un beso y guardaremos el momento sin futuro en un cajón.

Estamos seguros y conscientes que nuestras miradas se cruzarán en algún momento y serán cómplices silentes del calor que recorrerá nuestro cuerpo al evocar la ocasión en que tus labios se unieron con los míos.

Se despiden mis deseos ocultos, ansiando una pronta respuesta.

 

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VISIÓN BORROSA

Publicado en - Fotos origen de los relatos, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , el Miércoles, 6 \06\UTC febrero \06\UTC 2013 por lindasta07

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Resultaba cómico verme en ese estado, supongo.

Apenas un par de horas antes, un reconfortante baño de espuma y un par de copas de Moët&Chandon – o tal vez fuesen algunas más; no lo recuerdo- habían calentado sobradamente mi chasis y, también, mi motor. Me sentía pletórica.

Tras embadurnar el que, a primera vista, parecía mi cuerpo con la aromática leche corporal hidratante que, tiempo atrás, me había regalado Ricardo, mi ex, y que hasta aquel instante nunca había utilizado- más que nada por no darle semejante gusto a aquel gilipollas-, busqué desesperadamente ese vestido negro de encaje y raso que me enfundo cuando quiero disfrazarme de “femme fatal” y que me sentaba como un guante siempre…Siempre hasta aquel preciso momento en el que, frente al espejo, vi reflejada a mi hermana gemela antes de hacerse esa lipoescultura que la convirtió, diría que milagrosamente, en una mujer de bandera. Creí morir. “¡¡Horror!! Esto lo tienes que solucionar como sea, ma cherie”, me dije. Y fue entonces cuando me serví otras dos copas de champagne – o tal vez fuesen algunas más; tampoco lo recuerdo- y busqué con desesperación ese agradecido corsé que inventaba una cintura de avispa que a todos enamoraba; a mí a la primera. Tras embutirme en esas prendas que, no cabía la menor duda, me iban a catapultar al éxito en una noche como aquella, en la que todas  las víboras pretenderíamos ganar los favores del bello Marc, me empleé a fondo con la operación de acondicionamiento facial a base de capas y capas de maquillaje. Creo que bebí un poco más…

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Recuerdo vagamente que, tras disfrazarme de lo que no soy, miré a mi alrededor buscando rastros de champagne a mis pies porque me extrañaba sobremanera ver la botella vacía – ¿Se habrá derramado?, me preguntaba incrédula-. Decidí descorchar una segunda mientras ultimaba algunos detalles y recolocaba mi escote. Metí – quiero pensar que cuidadosamente- mis enseres dentro del “clutch” y retoqué mis labios por penúltima vez antes de salir de casa.

Ya en la calle, un grupo de jovencitos me miraron con curiosidad y rieron a carcajadas cuando me tropecé con la raya de una baldosa y dejé un zapato tras de mí. También lo hicieron un par de señoras, aunque más disimuladamente. No entendí por qué les hacía tanta gracia una cosa así, pero tampoco me importó. Continué zigzagueando por la concurrida calle y, cuando estaba cerca de mi destino, todo comenzó a girar a mi alrededor a una velocidad de vértigo y no tuve más remedio que abrazarme a una fría farola. A lo lejos unos borrosos destellos lograron marearme aún más y fue entonces cuando me pregunté dónde coño habría dejado las lentillas…porque seguro que ese era el problema.

-¿ Cuánto por un completo, damisela?- Sé que me preguntó un tipo. No supe a lo que se refería, la verdad; así que entre hipidos contesté cuando me encontraba casi a ras de suelo: – Creo que llevo dos…Dos botellas completas.

 

Ya no me sentía pletórica.

La espera (por Nicolás Megías Berdonce)

Publicado en Colaboraciones, fotoretorelato Lamedor, Jornada de Puertas Abiertas, Los relatos más relamidos, Relato el Martes, 15 \15\UTC enero \15\UTC 2013 por Administrador

Resultaba cómico estar aquí frente a la ventana esperando ver caer un meteorito del cielo, o por el contrario un gran terremoto, de vez de estar en la cama como cualquier ciudadano de esta ciudad.
OLYMPUS DIGITAL CAMERAMientras espero sentado, las horas van pasando. El reloj marca una de tras de otra, sin que fuera se intuya el más mínimo cambio. Al mirar de reojo, observo como uno de mis gatos con una serenidad que me incomoda, se tumba en el rincón donde todos los años suele estar colocado el árbol de Navidad, pero este año he decidido no ponerlo.
- “¿Total para que..?” – pienso.
Fuera comienza a salir el sol como cada día, pero hoy no debe de ser un día normal, es lo primero que se me ocurre decir al ver que todo sigue con la misma normalidad de siempre.
- Voy a poner la televisión, seguro dicen algo, por algún sitio debe de haber empezado ya.
Al encenderla le doy a todas las teclas del mando, buscando la primera cadena que tenga noticias a estas horas de la mañana, pero no encuentro nada diferente en ellas, no dicen nada de terremotos, de grandes olas. Nada, son las noticias de siempre.
- “Que podía estar pasando, ¿se habrán equivocado? No, no puede ser, si todo apuntaba que sería hoy” – me pregunto una y otra vez, hasta que la televisión me regresa de mis pensamientos al oír la fecha:
” Les repasamos en titulares los hechos más relevantes que tendrán lugar hoy 20 de diciembre del 2012″.
Si alguien me ve en este mismo instante, mi cara debe de ser todo un poema. – ¡Me he confundido de día! jajaja pero que tonto, he estado toda la noche en vela para nada, jajaja. Mientras me rio de mi propia estupidez, noto como bajo mis pies todo comienza a estremecerse, miro a mi alrededor y todo comienza a caer al suelo, el gato que hasta hace unos momentos seguía tumbado, sale huyendo de la casa sin pensarlo dos veces. Pienso que debo hacer lo mismo, una vez me enseñaron que los animales intuyen el peligro y esta vez, así ha sido, justo acabo de salir a la calle, debo de mirar hacia atrás, esa casa ha sido mi hogar durante toda mi vida, pero al ver que se desploma junto a otros edificios, hace que no pueda contener las lágrimas.
Los nervios me hacen gritar: – ¡No puede ser, los Mayas se equivocaron en un día!
Escucho gritos, miro a mi alrededor y veo gente corriendo, herida, también las hay tiradas por el suelo, inmóviles. Deambulo aturdido por la calle cuando escucho un zumbido, subo la mirada hacía al cielo para ver de qué se trata y veo como empiezan a caer bolas de fuego de él, me quedo paralizado ,una de esas bolas se dirige directamente hacía mi. Este si es el fi….

CURCÚBITA MÁXIMA

Publicado en Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el Viernes, 30 \30\UTC noviembre \30\UTC 2012 por lindasta07

 Me llamó la atención, amén del sabor dulce y del característico aroma que desprendía ese primor de mujer, la textura densa y firme de su cutis aunque su apariencia fuese la de la tan delicada porcelana china. Hablo de un tiempo, evidentemente, ya pasado. Cada amanecer cuando miro el Mapa Mundi con el que comparto mi cama -¡qué desgracia no tener presbicia!-, lamento mi mala suerte y me digo: << ¡Cuánto mal hace al físico el paso de 365 días multiplicados por equis años! >> Ella supongo que pensará de mí algo similar, pero esto ya no viene al caso.

Resultó del todo lógico que, una indefensa presa como yo, cayese en la tela de araña que Julia tejió durante los escasos ocho meses que duró nuestro noviazgo. Ella fue la primera fémina que caté en treinta años y, por lo tanto, fui incapaz de resistirme a sus encantos. Me  dejé comer de arriba a abajo a la primera de cambio en el huerto del tío Facundo y a diario me arrepiento de la debilidad que mostré en aquellos momentos.

Echo la vista atrás y, al recordarla en  sus años mozos, me saltan unos lagrimones infinitamente mayores a los que me provoca picar cebolla. A día de hoy mi “es/pasa” es casi un calco de su difunta madre, la señora Aurelia. De aquella mala mujer -una auténtica bruja de las de verruga, sombrero y escoba- sólo se podía aprovechar su saber hacer entre fogones, porque hay que reconocer que sus pócimas siempre fueron exquisitas, al César lo que es del César, sin embargo de mi Julia no se pueden resaltar sus artes culinarias. Tanto es así que soy el encargado de atender la cocina desde el primer día que compartimos techo ; allá por el Pleistoceno, calculo a ojo de buen cubero. Al principio lo hacía gustoso –esos primeros años de casados suelen ser dulces, tipo cabello de ángel- e inventaba mil recetas para, en primer lugar, impresionarla a ella y, en segundo, para aprovechar las toneladas de calabazas que nos traía el tío Facundo de su generoso terreno, tanto en cantidad como en calidad… Hasta demasiado generoso, diría yo. Como también llegó a serlo la señorita Emilia  durante todos y cada uno de los trimestres de la etapa escolar de nuestro pequeño Raulito, un niño regordete con pintas de pasmado y también de bobalicón, pero listo como un lince para el mercadeo desde que se agarró a la teta de su madre con un entusiasmo digno de un adulto. Aquella maestra -Dios la tenga en su gloria- le obsequiaba con absoluta puntualidad con decenas de ceros… tan perfectos, tan redondos…¡tan duros para unos padres que anhelan que el primer universitario de la saga familiar habite en su hogar! El chaval nunca fue buen estudiante pero, como estaba muy familiarizado con esas plantas rastreras desde su más tierna infancia, pronto se ocupó de la explotación que le dejó en herencia su tío, también  padrino, haciéndolo tan bien que, gracias a la comercialización de esos productos anaranjados, su cuenta bancaria ha crecido de una formal descomunal. Nuestro retoño ahora es conocido como “Eurito Pepinoide” y vive la mar de bien. Él  se siente realizado y feliz; mientras tanto, yo soy infeliz junto a su crecida y oronda progenitora, cada día más bruja, cada día más como su difunta madre… La muy jodida, ¡qué genética tan potente tenía!

Me empiezo a plantear qué será más conveniente hacer con Julia: si dejarla- como quién no quiere la cosa- en el puesto de algún mercadillo medieval a modo de objeto decorativo, si convertirla en una linterna de Halloween o si…¡Ya está! ¡Haré un rico caldo con ella! Los pucheros son lo mío, siempre me lo recuerda mi “es/pasa” cuando se pasea con su escoba por la cocina.

Sabor a m-hiel

Publicado en Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , el Viernes, 16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2012 por Omsi

El café es negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor. Charles Maurice de Talleyrand-Perigord

Me senté en la mesa que se encontraba en el rincón más alejado; la misma, nuestra preferida. El café de aquella mañana no era igual, percibí un aroma diferente, tenía un sabor particular. Llamé a la mesera y cuestioné un poco molesta la calidad del capuchino. <<Es la bebida que siempre pide, señorita>> Me quedé callada; en silencio, no sabía qué decir, ni qué hacer. Asentí con la cabeza y le sonreí. Tal vez la joven tenía razón, eran locuras mías.

Le di otro sorbo a mi café con cautela para no quemarme como lo hice en alguna ocasión; definitivamente a mi gusto no era mismo. Le faltaba algo, y, recordé el momento en el que te veía aparecer por la puerta, guiñándome el ojo. Observé tu caminar hacia mí con esa sonrisa que iluminaba mi mundo. <<Buenos días, cielo>> ese fresco y matutino sabor de tus labios. Un toque de miel se encendía lentamente dentro de mi boca.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuve junto a tí, en este sitio, nuestro espacio. Observé la puerta esperando un milagro. Recorrí el lugar con la mirada buscando tus pasos, sólo tu ausencia.

Volví a beber. No había magia en mi paladar. Ahora lo entendía y me rehusaba a aceptarlo; al café de ésta mañana le faltaban tus ojos, tu sonrisa, tu beso de miel. Un par de lágrimas se derramaban dentro de mi bebida. Un sorbo más. El sabor había cambiado; ahora era fuerte, amargo… hiel. Busqué tus besos en el menú de la carta.

No estaban.

No volverías. Suspiré. Respiré. Escapé.

¿ENTRE ALGODONES?

Publicado en Literatura, Los relatos más relamidos, Relato Libre, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , el Viernes, 2 \02\UTC noviembre \02\UTC 2012 por lindasta07

 

 

Hoy no iríamos a la feria. Nuestro destino iba a ser otro y, en principio, todo hacía suponer que pasaríamos un día estupendo.

Mamá me levantó de la cama pronto y me vistió de excursión. A mí siempre me gustaron las faldas y los lazos pero, por lo visto, ésa no debe de ser la indumentaria más apropiada para ir a aquel lugar que papá se negaba a desvelar. -Os gustará- se limitaba a decir cada vez que preguntábamos. Y yo le creí.

 

Iniciamos el viaje y, entre cánticos y adivinanzas, y curvas y más curvas, transcurrieron las horas. Demasiadas para mí.

Recuerdo que los rayos de sol incidían sobre mi delicada piel proporcionándome  suaves caricias que mitigaban mi malestar. Aquellas sensaciones tan agradables vencieron a las patadas que mi estómago daba cada dos por tres y provocaron en mí un sopor del que fui incapaz de huir. Cerré los ojos -creo- y me dejé llevar.

En lo alto había otro mundo: Mutante, misterioso, y sumamente atrayente para una niña como yo.

 

El blanco me enredó.

Una mano larga me ayudó a subir al torreón del castillo tras sortear varios obstáculos. Yo era la princesa. Dijeron que la escalera de acceso se había esfumado en apenas un minuto y, después de comprobar que, lo que tan sólo hacía un instante había sido un dragón había pasado a convertirse en un perro, creí a pies juntillas que aquel lugar era mágico y quedé fascinada.

 

Durante mucho tiempo me entretuvieron bufones y saltimbanquis pero hubo un momento en el que, ya cansada, deseé bajar. Aquella mano que creí amiga había desparecido y en su lugar aparecieron unas garras que arañaron todo mi cuerpo. Nadie hizo caso de mis lamentos y una hoz se acercó peligrosamente a mi cuello. La fiesta había terminado. Lloré, pero de nada sirvió. Ella me alcanzó y rió a carcajadas.

Se escuchó un ruido ensordecedor y entonces, el rojo tiñó todo mi ser, helándolo, y el negro inundó el corazón de mamá tras la última curva…¡Maldito carrusel!

 

Definitivamente, no debí de creer a papá. No me ha gustado su sorpresa. Se ha vuelto a equivocar. Se lo he dicho mil veces: Los algodones de la feria siempre son dulces, como los finales de las películas rosas, y  las princesas en todos los cuentos infantiles viven felices y comen perdices…¿Y ahora, qué?, me pregunto mientras muerdo este polvo tan triste y tan amargo.

 

Perpetua

Publicado en Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , el Viernes, 19 \19\UTC octubre \19\UTC 2012 por Omsi

“Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.” Drácula, de Bram Stoker

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…
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La mirada de Fernando III, se posaba noche a noche desde hace varios meses sobre la damisela de vestido rojo satinado. Sofía caminaba por la acera de enfrente. Los pasos seductores de la joven hacían que Fernando se estremeciera. Pareciera que su visibilidad  traspasaba sus ropas; saboreaba su cuerpo virginal. La amaba, la deseaba, necesitaba y ansiaba tomar su cuerpo.

El aire nocturno era frío, y el vuelo de las nubes en lo alto, lo hacían más evidente.

Fernando no se contuvo, era la noche perfecta. Cerró la puerta de la casona y emprendió el camino para abordar a la fémina.

- Buenas noches, bella dama. ¿Puedo acompañarla hasta su morada?- se escuchó una voz aterciopelada.
- Buenas noches, joven Fernando. No es necesario que se moleste, voy tres casas más adelante- contestó la mujer tímidamente.
- Sofía, no quiero parecerle imprudente, pero sabe a lo que vengo ¿no es así? – musitó con voz cautivante.
- He estado esperando a que viniera por mí desde hace tiempo, señor.

De un ágil movimiento, Fernando la asió por la cintura y la atrajo hacia sí, y en un santiamén, los jóvenes cruzaban la calle para adentrarse en la casa de los Condes. Sentir el contacto físico de Fernando hizo que a Sofía le recorriera un escalofrío por la piel, no a causa del frío, a pesar de que el viento soplaba cada vez más. Mientras se adentraban en el lugar, el apuesto caballero cuestionó:

- Sofía, sabe lo que se dice de mi familia, ¿verdad?
- Si, lo sé; no me importa lo que la gente cuenta. – respondió su acompañante.
- Y si fuera cierto el oscuro pasado que recae sobre nuestro linaje ¿tendría miedo?
- De ninguna manera, lo sabe. Quiero ser lo que usted es, ver lo que ve. Usted es el amor y la “vida” que yo quiero. Un amor inmortal a su lado, será un refugio seguro.

Fernando III no lo dudó. Había esperado un par siglos a la mujer de su “vida” y no iba a esperar un segundo más.

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…

- Quema. Me gusta. Duele. Le amo. – se escuchó la voz casi extinta de Sofía.
- Ya no más, hermosa mía. Yo también le amo, para toda la eternidad.

En el último suspiro, Fernando besó los labios de su amada;  y con su saliva, inyectaba el elíxir de un nuevo comienzo para Sofía.

El viento cesó; se detuvo a observar la escena de los amantes eternos.

Una mirada iluminada por el amor se apreciaba en los ojos de Fernando Tepes III, uno de los últimos descendientes del legendario Vlad Dracul.

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