Archivos para amor

CICATRICES DE PAYASO

Publicado en Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 5 \05\UTC junio \05\UTC 2013 por lindasta07

-Mi vida, mañana nos volveremos a ver. Lo prometo- eran las esperanzadoras palabras que ella me dedicaba cada noche al despedirnos. Y así fue hasta que dejó de serlo. Coincidimos mientras quiso; ni más, ni menos.

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Marcando el terreno.

Hubiese reconocido el perfume que emanaba por cada uno de los poros de su piel aún careciendo de olfato. También hubiese podido distinguir su luz aún siendo ciego. Esa fría dama de humo rojo y caliente entrepierna me cautivó sin concesiones desde el primer instante. Su simple presencia me hipnotizaba. Imposible olvidar cualquier detalle, por pequeño que fuese porque, para mí, todo en ella era único, inconfundible, especial. Yo lo sentía así.

Alice supo tatuar su esencia sobre mi pecho como ninguna otra había sido capaz de hacerlo hasta entonces. Ese fue su acierto y esa terminó por convertirse en mi condena.

Me dejo atrapar.

Aquellos encuentros de neón, de ambiente cargado y de exceso de alcohol, enturbiaron mi mente y -como no podía ser de otra manera- despejaron mi, ya de por sí, lacrimógena cartera. Copa a copa, promesa a promesa, caí irremediablemente en su tela de araña. Resulté ser una presa fácil y me enredé mortalmente. Ella, con gran habilidad, aprovechó su momento y  me engulló. Yo me dejé  hacer.

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Por aquel entonces hubiese puesto la mano en el fuego tanto por Alice como por mí. Sentía la nuestra como era una verdadera historia de amor. Siempre fui un ingenuo, un iluso y un soñador. Es demasiado tarde para  lamentos, lo sé, pero creí en ella y deseaba la exclusividad.

Adiós a la venda.

El día en el que deseé morir me comentaron que un descapotable la alejó de aquí, también de noche, sin hacer ningún ruido, en silencio. “Así es como han de hacerse estas cosas, amigo” dijo un tipo duro cuando pregunté en el local por mi niña mientras, dándome una palmada en la espalda llena compasión,  ese tipo hizo que bajase de mi nube y pisara tierra firme.

Tengo la percepción de que ha pasado demasiado tiempo desde aquella  huida aunque, echando la vista atrás, no sea del todo así. Tan solo han pasado un par de meses  desde que se fue pero para mí han sido dos siglos de soledad.

Soy consciente de que mi compañía solo representaba para mi bella dama de hielo una posibilidad de escapatoria, una de tantas y, con toda probabilidad, no la mejor pero sí la más visible, amén de accesible.

A partir de aquella dolorosa revelación todo cambió y abrí los ojos a mi nueva realidad. Después de descubrir que nada de lo nuestro resultó ser lo que parecía, decidí cambiar el rumbo de mis sentimientos y comencé a engañarme.

Nunca más supe de ella. Rompió su promesa e hizo añicos mi corazón.

Confusión.

Apoyado en la barra de otro local aparentemente idéntico a aquel en el que conocí a la que hoy se ha transformado en mi tormento, infestado de almas desesperadas y de cuerpos tan sedientos como el mío, doy ese penúltimo trago largo mientras quiero ver a Alice en el escote de Lucía, o en el culo de Charlotte, o en el rostro de cualquier otra. Misión imposible. Para bien o para mal ninguna logra enredarme, y mucho menos, atraparme.

Todo da vueltas a mi alrededor y ella continúa revoloteando tanto en mi estómago como  en mi cabeza. Sigo bebiendo no sé si para olvidar, para perderme voluntariamente, o para cerrar esa cicatriz que aún tengo abierta y que me duele demasiado.

Veo mi futuro demasiado turbio.

En lo más hondo.

Desde que tengo uso de razón- y de sinrazón también- he sido un eterno entusiasta del amor y es por eso por lo que, en el fondo, sigo esperándola. No logro arrancarla porque echó poderosas raíces y la siento como parte de mí. Desearía que todo me diese igual, quisiera borrarla de mi mente, pero no es así. La añoro.

Pudimos haberlo tenido todo y sin embargo…Me siento un payaso.

¿Será consciente Alice de la profundidad de mis sentimientos? ¿Existirá en su vocabulario la palabra “amor” o solo existirán palabras como: “entretenimiento”, “interés” y “juego”?, me pregunto mientras la imagino rasgando, para más tarde devorar, otro incauto corazón o, tal vez, varios. Simultáneamente. Sin piedad.

Y en lo más profundo de mi ser, me alegro por… No, no me alegro, sufro lo indecible. Deseo morir. Deseo matar.

Sin rumbo.

Noche tras noche necesito tomar varios tragos porque he de ahogar mariposas.

-Mi vida, mañana nos volvemos a ver. Lo prometo- balbuceo al oído de la primera desesperada que me hace caso repitiendo, sin ningún convencimiento, esas palabras que aún me duelen y que soy incapaz de olvidar…Y ellas me creen. Como yo que, pobre desgraciado, creí en Alice.

Compromiso (por Sirvenza)

Publicado en Colaboraciones, Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 22 \22\UTC mayo \22\UTC 2013 por Administrador

Se despertó más pronto de lo habitual, soñaba con ese día especial de mayo. Devoró el desayuno y se encerró en el baño. Mientras yo me vestía le oí hablar por teléfono varias veces, su máxima preocupación era que todos llegasen a hora e insistió en que el arroz estuviese preparado para el momento exacto. Me sorprendió su presencia al salir de su habitación, irradiaba serenidad y había cuidado su aspecto en todos los detalles. Su barba recortada y su pelo peinado hacia atrás, incluso su viejo traje de franela gris parecía nuevo. Su bastón relucía. Me pidió que fuésemos caminando aunque le costara más.
amapolasCaminamos ladera abajo hasta divisar la entrada al recinto. El día era húmedo. Era perfecto. Los cipreses acompañados de hileras de amapolas flanqueaban el camino y era deslumbrante ver en el cielo la luna llena a plena mediodía, como acompañándonos a la ceremonia.
Poco a poco y ya dentro los invitados, pocos pero los que debían estar, nos iban animando con sus sonrisas, cánticos y miradas. Acompañé a
mi padre hasta donde se encontraba mamá. El viejo Oscar hizo sonar su acordeón, como en todas las fiestas, lo odiábamos pero hoy nos rompía con sus notas. Papá se arrodillo a sus pies. Luisa, que mantenía su belleza a pesar de los años, leyó el mismo texto de hace 25 años y todos los que estaban allí se emocionaron como si fuese la primera vez. “Ojos que no ven corazón que no siente”, pensé yo,aunque no fuera el caso. Papá se puso en pie con los ojos cerrados y sonrió, irradiaba felicidad y melancolía.Todos gritaron al unísono un vivan los novios y cuando los granos de arroz golpearon su cara despertó de su sueño. Volvió a arrodillarse en la lápida de Mamá,dejo sobre ella su ramo y regreso para perderse entre sus invitados. Mientras descorchaban el champagne y el viejo Oscar tonteaba con su acordeón, papá seguía buscando a mamá entre los invitados, como si nunca se hubiese marchado.

“A MIS PIES, CABALLEROS”

Publicado en Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 8 \08\UTC mayo \08\UTC 2013 por lindasta07

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Una vez escuché decir a un agricultor que abril era un mes complicado para el campo. Ahora sé de primera mano que también lo es para determinadas personas, puesto que yo me encuentro -no sé si muy a mi pesar o no- dentro de ese complejo grupo al que podríamos denominar como: “Candidatos ideales para hacer, un día cualquiera, más de una tontería”. También recuerdo que habló acerca de los beneficios de utilizar ceniza para el cultivo de plantas.

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Creí -reconozco que con cierta ingenuidad- haber podado de raíz los problemas cuando comencé con este juego pero, lejos de lograrlo, esta afición se ha convertido en una obsesión. Sólo pienso en flores.

Hoy, mientras miro el espejo del salón, ese que lo ha visto todo, hasta lo que nunca debió,  me recreo con ese peculiar sabor agridulce que aún perdura en mi boca mientras rememoro un refrán que dice: “En abril, cortas un cardo y te crecen mil”.

Hace tiempo tú eras mi cardo favorito, querido, pero actualmente ya no gozas de ese privilegio. Ha pasado el tiempo y te has convertido en un adorno más de mi jardín… En uno más.

Después de aquella experiencia juré una y mil veces que no me dejaría abrazar por otras garras como las tuyas. Había sufrido más de lo aconsejable con nuestra relación y no quería más noches de agua ni deseaba más amaneceres de hielo. En principio mi intención era clara y siempre pensé que sabía lo que me convenía, pero a la vista está que no es así, puesto que eché a perder todo cuando dejé mi impoluto pañuelo apoyado en la mesita de noche y abrí la ventana para escuchar los cánticos de los cucos y, de paso,  para permitirle al sol que me sonriese  de  nuevo. En aquel momento el cielo estaba despejado y algo en mí me arrastró a conocer otras malas hierbas que acabarían empujándome, una vez más, a poner en funcionamiento la chimenea de mi hogar.

Al acabar contigo – tú, mi particular farsante de invierno, ése que durante las frías noches me proporcionó unas veces sosiego y la mayor parte de ellas zozobra- supuse que se habrían calmado tanto mi alocada mente como mi revoltoso corazón, pero nada más lejos de la realidad. Después de aquello, año tras año, estación tras estación, razón y alma se alían para suplicarme que eche más carne al fuego y yo, siempre que la ocasión lo permite, me esfuerzo por complacerles. Es cierto que tú fuiste el primero y por eso me gustaría sentirte como a alguien especial y distinto pero, tremendo error, tan sólo fuiste el que abrió el camino a esta mi nueva afición, tan sólo eso.

Ya no necesito a nadie y, sin embargo, os tengo a todos junto a mí, siempre a mis pies. Cada vez tengo más claro que, de vez en cuando, es necesario perder la razón para ser feliz.

Ahora estoy tranquila y me relaja ver cómo vosotros, mis amantes – unos narcisos que resultasteis ser cardos-, os habéis convertido en cenizas hasta transformaros en forzados nutrientes para mis flores y plantas. Únicamente hay algo que, sin llegar a provocarme el vómito, me incomoda, y no es otra cosa que el olor que desprenden vuestros pestilentes cuerpos cuando arden… Pero, bueno, entiendo que sea el canon que hay que pagar para disfrutar de mi precioso jardín.

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Voy a dejar de contemplar mi sonrisa en el espejo, que se hace tarde y tengo que poner en funcionamiento la chimenea de nuevo.

Hoy toca ser feliz.

Cuenta atras (por Sirvenza)

Publicado en Colaboraciones, Especial Lamedores, Especial San Valentín, Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , el Viernes, 1 \01\UTC marzo \01\UTC 2013 por Administrador

Ya falta poco, muy poco. Releo sus cartas de amor mientras la barcaza me aproxima a su encuentro.
La torre Eiffel a mi derecha surca un cielo en blanco y negro, llamando a las nubes a gritos. En cada parada una carta cae por la borda, ahogándose en las turbias aguas del Sena.No miro atrás, voy a por ella.
Soy un espectro entre los flashes de los turistas,invisible,con mi mirada fija es esa última parada.
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Llueve y las gotas difuminan la tinta de la última carta. He llegado a mi destino.Dejo caer la hoja al río, es su primera carta. Salto
a tierra, corriendo hacia la estación de Austerliz.
Baja del tren, la veo sonreírme en la distancia. El nudo en mi garganta. Por fin, la mujer de la que estoy enamorado. Le devuelvo una sonrisa y huyo de la estación. No miro atrás,se que llegaré a tiempo a casa. Para besar a la mujer que siempre me espera, la mujer que amo.

Enroscado (por Sirvenza)

Publicado en Colaboraciones, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , el Miércoles, 27 \27\UTC febrero \27\UTC 2013 por Administrador

Tras una ronda de tranquilizantes, como todas las noches, me entró el sueño.
Esa mezcla de enroscadocansancio y mareo. Me despojó de mis ropas y me ayudó a acostarme. Ya en la cama, mientras la luz del techo producía su efecto hipnótico en mis ojos empecé a soñar despierto hasta que, por fin, mi mente sucumbió a los esfuerzos de mi cuerpo…..

Tomé una hoja del cuaderno y el boli del cajón y las palabras comenzaron a fluir por la tinta, quedando plasmadas en el papel.

“ Querida Carlota, amada mía:
Tu compañía sigue siendo lo más especial, conforme pasan los años el deseo sigue creciendo. Tus caricias siguen siendo la miel de nuestros comienzos y la dulzura de tus labios la llama que
mantiene la pasión. Pero mas allá de todo está la fuerza de nuestros abrazos, cuando conseguimos cada día fundirnos en uno, los dos, cuerpo a cuerpo. Rodeando nuestros cuellos como una sola persona y…”

Despierto sudando. Carlota, a mi lado, me seca el sudor de mi frente, me acaricia la cara mientras besa mis labios. Las lágrimas brotan de mis ojos y no soy capaz de transmitirle con palabras la carta que le escribo cada noche desde que perdí los brazos.

Los secretos del amor (por Paloma Hidalgo)

Publicado en Colaboraciones, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el Lunes, 25 \25\UTC febrero \25\UTC 2013 por Administrador

No pudo trabajar ni la mitad de horas que la noche anterior, pero decidió llegar a casa a la misma hora. Sin hacer ruido, como siempre, se desvistió y se acostó junto a su mujer. La abrazó. Besó la piel perfumada de sus hombros; acarició su nuca, su pelo, escaso todavía, y no le dijo nada de lo que estaba sucediendo en la fábrica. Ella se despertó al sentir el contacto de su cuerpo frío; disfrutó de las porciones de amor de cada beso, cada caricia y abrazándole, optó no ponerle al corriente de los resultados de la última analítica.

98.700 mensajes para enamorarte ( y una carta para…)

Publicado en Especial Lamedores, Especial San Valentín, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 20 \20\UTC febrero \20\UTC 2013 por lindasta07

Clavel (3)

-Pasaba por aquí, he visto tu luz, y he decidido entrar… ¿Puedo decirte algo? Me encantas.

Y así empezó todo.

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Era un día más de un año cualquiera. Ni siquiera recuerdo la fecha. Sé que tú tampoco.

Quiero pensar que ninguno de los dos buscábamos nada y que, sin más, nos encontramos. ¿Demasiado lejos? Tal vez. ¿Demasiado tarde? Probablemente también, aunque eso sea lo de menos.

“Lo nuestro es para siempre”- ¡Cómo me gusta escuchártelo decir, querido!- Cinco palabras que se repiten a menudo entre los miles de mensajes que hemos intercambiado, después de aquella bonita casualidad, que a ambos nos da la vida y nos hace sentir distintos.

Recuerdo que respiré esperanza cuando nos cruzamos en el camino; el mío lleno de piedras, el tuyo sombrío. Te acercaste con cautela y pronto percibí cómo me olfateabas, cómo me bebías, cómo me fumabas, y hasta cómo me soñabas. Poco a poco, como se cocinan los más exquisitos guisos, nos fuimos conociendo hasta enredarnos en esta aventura tan insensata y atrevida que sólo tú y yo conocemos. Tremendo secreto que jamás revelaremos.

Aunque hoy tenga el cuerpo tullido y malherido, sólo me duele el alma porque presiento que, desde el otro lado, me arrastran para conducirme al vacío. Sé que tendré que irme pronto, antes de lo previsto, pero quiero que sepas que seguiré pensándote cada día y que, aún allá, estaré siempre contigo y continuaremos jugando a ilusionarnos, con o sin motivo. No contábamos con esta mala jugada del destino pero, no importa, seguiremos unidos.

¿Para terminar esta carta puedo decirte algo? Me encantas, querido.

“Enamorarse es sentirse encantado por algo, y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección”.
Ortega y Gasset, José

Nuestro secreto

Publicado en Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , el Domingo, 17 \17\UTC febrero \17\UTC 2013 por Omsi

Esta noche me jugaría la eternidad por probar tu boca, sin futuro. Esta noche dejaría de ser quien soy por ser el que tú buscas, el que amanecerá contigo. Tan solo esta noche tu boca es mi porqué, y yo, seré destino. (Edel Juárez)

 

Y allá voy, de nuevo, dando brincos en el fuego. Recuerdo que la última vez quemó el brillo en mi vida y todo oscureció.

Después de varios intentos fallidos, la luz apareció. Seguí con mi vida en la espera de una llama nueva. Tú. Tu fogata me hizo descubrir tu calor y caer en la tentación. Nuevamente entro en el juego del miedo. Prohibido.

Tantas ganas de probar tus labios, de adentrarme y recorrer tu boca lentamente con mi lengua. Detente. ¡No! Hace tiempo que sueño con conocer tu sabor que nada ni nadie impedirá que coma el fruto prohibido de alguien más.

Avivas las brasas y el calor llega directo a mi piel. La hoguera se funde por cada poro de mi cuerpo y no puede más. Te necesito aquí.

Y muerdo la comisura de mis labios en espera de ti.glamorous-lips1

El jugar con fuego siempre ha sido peligroso. Pero he aprendido a dominarlo y por última ocasión someteré el incendio disolviéndome entre un mar de gente, escaparé de tu dulzura y será como si nunca hubiera sucedido.

No lo pienses, tu y yo, que el mundo a nuestro alrededor desaparezca, mientras nuestros labios se derriten en la calidez del ósculo que consuma nuestras ganas. Sin enredos, no hay cadenas, ni compromisos.

Solo un beso y guardaremos el momento sin futuro en un cajón.

Estamos seguros y conscientes que nuestras miradas se cruzarán en algún momento y serán cómplices silentes del calor que recorrerá nuestro cuerpo al evocar la ocasión en que tus labios se unieron con los míos.

Se despiden mis deseos ocultos, ansiando una pronta respuesta.

 

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Compartir un sueño

Publicado en Especial Lamedores, Especial San Valentín, Relato Libre, Relato Libre lame Anna con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , el Miércoles, 13 \13\UTC febrero \13\UTC 2013 por annalammer

No hubiese pensado nunca que mis sueños fueran el reflejo de mis anhelos. Cada noche veía en ellos tus ojos y tu sonrisa. Limpios, puros, sin adornos, clavándose en lo más profundo de mi pensamiento como agujas punzantes. Haciéndolos míos sin querer entender que solo a ti te pertenecían.

Te veía huir invitándome entre risas y miradas a seguirte y pompasin poder alcanzarte de ningún modo en tan desesperada carrera,desaparecías en un instante cuando más cerca se suponía que te tenía. Así jamás podríamos ser amantes, ni si quiera en la distancia. Pero yo te amaba, te amaba y te deseaba, por eso cada noche te soñaba, y te perseguía. Creo que no eras consciente de ello y que tu solo jugabas. Con el amor no se juega, te gritaba, pero tu no querías escucharme o las palabras se las llevaba el viento. El mismo viento que mecía tu pelo negro y rizado dibujándote, si era posible, aún más hermosa.

Desesperado durante todo el día, esperando que llegase la noche para volver a soñarte y ver si, por fin, me dejaba acariciar tu cuerpo, decidí hacer que las palabras no se las llevase el viento para enredarlas en tu pelo sin que llegasen a tus oidos. Plasmarlas en un papel. Contarte mis sentimientos y compartir mi sueño contigo. Escribir que te necesito, que no puedo vivir sin tu mirada y sin, esa, tu sonrisa tan sugerente a la vez que tirana. Hoy es San Valentín, y guardaré esta carta debajo de mi almohada, para ver si Cupido te la entrega y, arropándonos con sus alas, hace que soñemos el mismo sueño y despertemos mañana los dos juntos, sudorosos, abrazados, en mi cama.

CURCÚBITA MÁXIMA

Publicado en Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el Viernes, 30 \30\UTC noviembre \30\UTC 2012 por lindasta07

 Me llamó la atención, amén del sabor dulce y del característico aroma que desprendía ese primor de mujer, la textura densa y firme de su cutis aunque su apariencia fuese la de la tan delicada porcelana china. Hablo de un tiempo, evidentemente, ya pasado. Cada amanecer cuando miro el Mapa Mundi con el que comparto mi cama -¡qué desgracia no tener presbicia!-, lamento mi mala suerte y me digo: << ¡Cuánto mal hace al físico el paso de 365 días multiplicados por equis años! >> Ella supongo que pensará de mí algo similar, pero esto ya no viene al caso.

Resultó del todo lógico que, una indefensa presa como yo, cayese en la tela de araña que Julia tejió durante los escasos ocho meses que duró nuestro noviazgo. Ella fue la primera fémina que caté en treinta años y, por lo tanto, fui incapaz de resistirme a sus encantos. Me  dejé comer de arriba a abajo a la primera de cambio en el huerto del tío Facundo y a diario me arrepiento de la debilidad que mostré en aquellos momentos.

Echo la vista atrás y, al recordarla en  sus años mozos, me saltan unos lagrimones infinitamente mayores a los que me provoca picar cebolla. A día de hoy mi “es/pasa” es casi un calco de su difunta madre, la señora Aurelia. De aquella mala mujer -una auténtica bruja de las de verruga, sombrero y escoba- sólo se podía aprovechar su saber hacer entre fogones, porque hay que reconocer que sus pócimas siempre fueron exquisitas, al César lo que es del César, sin embargo de mi Julia no se pueden resaltar sus artes culinarias. Tanto es así que soy el encargado de atender la cocina desde el primer día que compartimos techo ; allá por el Pleistoceno, calculo a ojo de buen cubero. Al principio lo hacía gustoso –esos primeros años de casados suelen ser dulces, tipo cabello de ángel- e inventaba mil recetas para, en primer lugar, impresionarla a ella y, en segundo, para aprovechar las toneladas de calabazas que nos traía el tío Facundo de su generoso terreno, tanto en cantidad como en calidad… Hasta demasiado generoso, diría yo. Como también llegó a serlo la señorita Emilia  durante todos y cada uno de los trimestres de la etapa escolar de nuestro pequeño Raulito, un niño regordete con pintas de pasmado y también de bobalicón, pero listo como un lince para el mercadeo desde que se agarró a la teta de su madre con un entusiasmo digno de un adulto. Aquella maestra -Dios la tenga en su gloria- le obsequiaba con absoluta puntualidad con decenas de ceros… tan perfectos, tan redondos…¡tan duros para unos padres que anhelan que el primer universitario de la saga familiar habite en su hogar! El chaval nunca fue buen estudiante pero, como estaba muy familiarizado con esas plantas rastreras desde su más tierna infancia, pronto se ocupó de la explotación que le dejó en herencia su tío, también  padrino, haciéndolo tan bien que, gracias a la comercialización de esos productos anaranjados, su cuenta bancaria ha crecido de una formal descomunal. Nuestro retoño ahora es conocido como “Eurito Pepinoide” y vive la mar de bien. Él  se siente realizado y feliz; mientras tanto, yo soy infeliz junto a su crecida y oronda progenitora, cada día más bruja, cada día más como su difunta madre… La muy jodida, ¡qué genética tan potente tenía!

Me empiezo a plantear qué será más conveniente hacer con Julia: si dejarla- como quién no quiere la cosa- en el puesto de algún mercadillo medieval a modo de objeto decorativo, si convertirla en una linterna de Halloween o si…¡Ya está! ¡Haré un rico caldo con ella! Los pucheros son lo mío, siempre me lo recuerda mi “es/pasa” cuando se pasea con su escoba por la cocina.

Sabor a m-hiel

Publicado en Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , , el Viernes, 16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2012 por Omsi

El café es negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor. Charles Maurice de Talleyrand-Perigord

Me senté en la mesa que se encontraba en el rincón más alejado; la misma, nuestra preferida. El café de aquella mañana no era igual, percibí un aroma diferente, tenía un sabor particular. Llamé a la mesera y cuestioné un poco molesta la calidad del capuchino. <<Es la bebida que siempre pide, señorita>> Me quedé callada; en silencio, no sabía qué decir, ni qué hacer. Asentí con la cabeza y le sonreí. Tal vez la joven tenía razón, eran locuras mías.

Le di otro sorbo a mi café con cautela para no quemarme como lo hice en alguna ocasión; definitivamente a mi gusto no era mismo. Le faltaba algo, y, recordé el momento en el que te veía aparecer por la puerta, guiñándome el ojo. Observé tu caminar hacia mí con esa sonrisa que iluminaba mi mundo. <<Buenos días, cielo>> ese fresco y matutino sabor de tus labios. Un toque de miel se encendía lentamente dentro de mi boca.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuve junto a tí, en este sitio, nuestro espacio. Observé la puerta esperando un milagro. Recorrí el lugar con la mirada buscando tus pasos, sólo tu ausencia.

Volví a beber. No había magia en mi paladar. Ahora lo entendía y me rehusaba a aceptarlo; al café de ésta mañana le faltaban tus ojos, tu sonrisa, tu beso de miel. Un par de lágrimas se derramaban dentro de mi bebida. Un sorbo más. El sabor había cambiado; ahora era fuerte, amargo… hiel. Busqué tus besos en el menú de la carta.

No estaban.

No volverías. Suspiré. Respiré. Escapé.

Perpetua

Publicado en Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves con etiquetas , , , , , , , , , , , el Viernes, 19 \19\UTC octubre \19\UTC 2012 por Omsi

“Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.” Drácula, de Bram Stoker

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…
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La mirada de Fernando III, se posaba noche a noche desde hace varios meses sobre la damisela de vestido rojo satinado. Sofía caminaba por la acera de enfrente. Los pasos seductores de la joven hacían que Fernando se estremeciera. Pareciera que su visibilidad  traspasaba sus ropas; saboreaba su cuerpo virginal. La amaba, la deseaba, necesitaba y ansiaba tomar su cuerpo.

El aire nocturno era frío, y el vuelo de las nubes en lo alto, lo hacían más evidente.

Fernando no se contuvo, era la noche perfecta. Cerró la puerta de la casona y emprendió el camino para abordar a la fémina.

- Buenas noches, bella dama. ¿Puedo acompañarla hasta su morada?- se escuchó una voz aterciopelada.
- Buenas noches, joven Fernando. No es necesario que se moleste, voy tres casas más adelante- contestó la mujer tímidamente.
- Sofía, no quiero parecerle imprudente, pero sabe a lo que vengo ¿no es así? – musitó con voz cautivante.
- He estado esperando a que viniera por mí desde hace tiempo, señor.

De un ágil movimiento, Fernando la asió por la cintura y la atrajo hacia sí, y en un santiamén, los jóvenes cruzaban la calle para adentrarse en la casa de los Condes. Sentir el contacto físico de Fernando hizo que a Sofía le recorriera un escalofrío por la piel, no a causa del frío, a pesar de que el viento soplaba cada vez más. Mientras se adentraban en el lugar, el apuesto caballero cuestionó:

- Sofía, sabe lo que se dice de mi familia, ¿verdad?
- Si, lo sé; no me importa lo que la gente cuenta. – respondió su acompañante.
- Y si fuera cierto el oscuro pasado que recae sobre nuestro linaje ¿tendría miedo?
- De ninguna manera, lo sabe. Quiero ser lo que usted es, ver lo que ve. Usted es el amor y la “vida” que yo quiero. Un amor inmortal a su lado, será un refugio seguro.

Fernando III no lo dudó. Había esperado un par siglos a la mujer de su “vida” y no iba a esperar un segundo más.

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…

- Quema. Me gusta. Duele. Le amo. – se escuchó la voz casi extinta de Sofía.
- Ya no más, hermosa mía. Yo también le amo, para toda la eternidad.

En el último suspiro, Fernando besó los labios de su amada;  y con su saliva, inyectaba el elíxir de un nuevo comienzo para Sofía.

El viento cesó; se detuvo a observar la escena de los amantes eternos.

Una mirada iluminada por el amor se apreciaba en los ojos de Fernando Tepes III, uno de los últimos descendientes del legendario Vlad Dracul.

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