Archivos para amor

Contando lunas nuevas (por Estrella)

Posted in Colaboraciones, Especial Lamedores, Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 27 \27\UTC marzo \27\UTC 2014 by Administrador

No me basta con mirarte tras las cortinas a través de la ventana, vecina, quiero tocarte cada día por la mañana. Sobre todo por la mañana, a primera hora, cuando estás sin maquillaje, cuando aún nadie te ha puesto la mano encima. Ser el primero en acariciar tu cara, tu pecho, tu cuello, tu pelo, esa melena dorada. Sin maquillaje, sin lacas ni cardados. Sin pestañas postizas ni labios perfilados. Tengo mi cuarto lleno de tus retratos. Todos los que he encontrado a través de internet. Es lo bueno que tiene que seas famosa.  Encuentro cientos de fotos de ti. Disfrazada de natural .Pero siempre con otros. Nunca conmigo.CAM03961 Sé dónde tienes hasta el lunar más pequeño por tus posados en Interviú. Pero no, no me gusta  exhibirlos en un marco en mi dormitorio. Me gusta imaginármelos de noche. Tus lunares como lunas nuevas. Me he comprado un telescopio para verlos desde mi ventana, mientras te quitas la ropa para meterte en la cama. Mientras te pones las medias para bajar corriendo por las escaleras con los zapatos en las manos para no caerte rodando. En la prisa del día, en la calma de la noche. Mirar tus lunares. Treinta y dos. Tienes treinta dos lunares. Seguro que tú nunca te los has contado. Seguro que yo nunca te podré decir te amo ni te podré contar que en mi habitación guardo una foto de cada lunar. Seguro que cualquier día te iras del tercero B del bloque de enfrente y yo tendré que tirar mi telescopio. Seguro que entonces pondré nombre a cada luna nueva de tu cuerpo y me crearé un universo paralelo en el que seguir soñándote. Hasta entonces…sí, por favor, bájate de nuevo las medias, me gusta el lunar en tu ingle. A ese, cuando te vayas,  le llamaré Estrella en tu honor. Pequeño. Oculto. Insinuante . Distante. Como tú tras las cortinas.

Un roto “pá un descosío” ( por Nightfall)

Posted in Colaboraciones, Especial Lamedores, Jornada de Puertas Abiertas, Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Martes, 18 \18\UTC marzo \18\UTC 2014 by Administrador

Siempre hay un roto para un descosido. Lo decía mi abuela y tenía que tener razón. A las abuelas nunca le falta, ni al refranero popular español. Al salir del ascensor, mientras ya en la puerta de mi casa buscaba las llaves en el bolsillo del pantalón, cayeron por mi pierna a través de un agujero que habían hecho del roce. No tengo demasiado dinero ultimamente, la crisis es lo que tiene. Si quieres salir, no te da para comprarte muchos pantalones nuevos. Es cierto que ya salgo poco., muy poco.  Me he aficionado a ligar a través del ordenador. Abro mi portátil, y se me abre una ventana de oportunidades. Windows y el i-explorer. Es como la jungla, así que me imagino como cazador en la selva acechando. Las redes sociales hacen fácil mi trabajo. Como en una teleraña siempre hay alguna mosquita que cae. No hace falta tener un arma demasiado grande y agresiva. Aunque sea pequeña y sutil es funcional.

La puerta de al lado se abrió, y una pelirroja hizo el ademán de agacharse a por mis llaves a la vez que yo me había agachado a recogerlas.

Gracias. Le dije. “ Ojos de zorrita” pensé.snail-mating_thumb

Ya han alquilado el piso, por lo que veo.

Eso parece, me dijo entre una leve carcajada.

Conocía su cara, su sonrisa, sus ojos grises de día de truenos y su mirada seductora.

Hay gente que no se cuida. Entra en el mundo cibernetico desnuda. Sin pensar que su padre, su madre, su vecino, su jefe, puede ser también usuario. La noche anterior había estado follando con ella por internet. Su avatar era su foto. Por eso la conocia. Y por el tatuaje en forma de corazón de fuego que tenía en el pecho izquierdo. No dudo en enseñarme sus tetas por la cam. Frescas. Jugosas. Ella no me reconoció. Yo me cuido. Tengo una foto de Di Caprio, que siempre es sexy, como avatar, y suelo contar el cuento de que la webcam no me funciona bien, que me deja ver, pero no se que pasa que no se conecta para enseñar. La llene de saliva en nuestra cita virtual y la vi y oí jadear.

-Bueno, pues ya era hora de tener algún vecino nuevo. Aquí todos son los de siempre y no son muy simpáticos. Mañana sábado si quieres te invito a un café.

-No sé si estaré en casa. contestó pudorosa bajando la mirada.

Estaba. Claro que estaba.

Cuando llame a la puerta me abriócon sus ojos de zorrita y su melena roja . No supo decirme que no.

Desde entonces me espera en casa. La he puesto en una silla al lado de la ventana del salón, como homenaje al sitio donde nos encontramos por primera vez. El gris de sus ojos se ha cristalizado. A veces gime. A veces llora. Yo creo que es porque piensa que paso demasiado tiempo en el ordenador y que no le hago caso y cree que ando ligando con otras. Pero es lo que tiene la convivencia, topicos.

Sin embargo, creo que nos complementamos bien.

Yo le había cosido la boca y al descosérsela para sentir  su boca junto a mi boca  en su último aliento, durante los espasmos y  el forcejeo, ella me rompió la clavícula. A mi aún me duele. Ella ni gime ni llora.

Siempre hay un roto “pa” un descosío. Ya lo decía mi abuela.

Una clase de Lengua ( por Joana)

Posted in Colaboraciones, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Jueves, 6 \06\UTC marzo \06\UTC 2014 by Administrador

Era tiempo de exámenes, a Alex y a mí nos habían castigado en la biblioteca por no entregar el trabajo de Lengua y llegar tarde a clase. Eramos dos trastos de trece años. Engañar a papá y mamá resultaba fácil, y mucho más cuando sus padres y los míos trabajaban juntos y se habían divorciado. Los dos planeábamos las trastadas juntos y podíamos inventarnos mil excusas para hacer lo que nos daba la gana. Mi papá ahora salía con su mama, y su papa con la mía. Eramos casi hermanos. A veces hasta snail-mating_thumbdormíamos juntos los fines de semana. Fue en la biblioteca aquel día cuando nos dimos el primer beso. Con dientes y lengua. No nos salió muy bien y decidimos seguir practicando por las noches, cuando nos dejaban dormir juntos, pero nos pillaron. Nuestros papás y nuestras mamás montaron un escándalo y volvieron a divorciarse, su papa de mi mama y su mama de mi papá.

A mi me hicieron hacer la maleta y nos cambiamos de vecindario con la misma rapidez que papá y mamá ( los míos) de trabajo.

Papá dejo de vivir en casa y yo ahora tengo dos casas y voy vengo, pero por las noches no dejo de pensar en los besos de Alex.

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- “Disculpe…¿ Eugenia?”

- “¿Alex?”

-”Pero chica, estás igual, no te ha cambiado la cara, ¡tú mejor que cualquier vino bueno!”

- “A ti tampoco, sigues teniendo cara de niño travieso”.

-”Bueno, ¿qué es de tu vida?”

Ambos se pusieron al día, en lo que les pareció un momento, de los veinte años que habían estado separados. Todo sencillo. Una vida vulgar. Un matrimonio,  tal y como marcan los cánones, un trabajo de esos que llaman fijo y un par de chiquillos.

El trayecto en el AVE no duraba más de una hora, así que cuando se quisieron dar cuenta, estaban llegando los dos a destino.

- “¿Te acuerdas de nuestro primer trabajo de lengua?”

- “La lengua sirve para jugar con ella…jajjajajjaa, ¡ pues claro que me acuerdo!

Los dos se miraron a la boca y una irresistible atracción juntó irremediablemente sus labios, sus lenguas y sus dientes.

- “No estamos hechos para besarnos, está claro” Dijo frunciendo los labios

- “Me temo que no..jajjajaa. Pero siempre serás mi primer amor imposible”.

- “Y tú el mio”.

Eugenia y Alex se abrazaron fuertemente y se besaron en la mejilla. Ese beso fue más impactante que el tan soñado y deseado con lengua  y sin dientes tantos años después. Con frío en el cuerpo y unos segundos de silencio en el aire que parecieron eternos, Eugenia rompió el hielo:

- “Quizá nos volvamos a ver”.

- “Nunca te olvidaré”.

Eugenia levantó una mano y corrió hacia un taxi.

-”¡Llego tarde! Soy profesora de lenguas romances en la universidad y tengo una conferencia!”- dijo haciéndo una mueca y enseñándole la lengua.

A Alex se le abrió una sonrisa y se le encogió el corazón.

Las noches y yo

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Martes, 4 \04\UTC marzo \04\UTC 2014 by Omsi

Cuando estás despierto puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos. “Haruki Murakami”

Hay noches en las que daría lo que fuera por recorrer los caminos, escapar del mundo en el que vivo, gritar fuertemente para sacar los demonios que llevo dentro, refugiarme en algún bosque, respirar el aire puro y fresco; dormir ahí, cubierta por la luz de luna y el manto estelar.

Otras ocasiones, cuando el anochecer toca mi puerta, me encantaría sólo recostarme en la cama esperando la llegada de Morfeo, que me tome entre sus brazos para caer rendida ante él. Cruelmente, el insomnio me arrebata al “señor sueño” y mi mente comienza a maquilar historias infundadas, cuentos irreales y, vienen a mí tristes recuerdos, promesas inconclusas y momentos que deberían estar resguardados bajo llave dentro de mi roto corazón.

La mayoría de tiempo, regularmente al caer la oscuridad, se me antoja tenerte aquí, probar tus labios y embriagarme con tu saliva; desbordarme entera, no cubrirme; descubrirme para tí y mostrarte lo que soy, lo que sería capaz de hacer en cada espacio de tu piel y decir “Desde hace tiempo te estoy esperando” y desaparecer de la faz de la tierra cuando comenzaras a hacerme el amor.

Y hay excepciones, como la noche de hoy, en las que quisiera tener algo más que una pluma, una lágrima y un trozo de papel.

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COSA DE DOS

Posted in Especial San Valentín, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 27 \27\UTC febrero \27\UTC 2014 by lindasta07

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La naturaleza -en teoría siempre sabia- le había jugado una mala pasada  incluso antes de que sus aún pequeños y rasgados ojos viesen la luz. Aquello, simplemente, había sido un error.

Nada era como debía de haber sido, o al menos así lo creía, y se propuso cambiar el rumbo de su existencia algún día…Sí, algún día lo haría.

No se sentía bien dentro de aquel extraño e incómodo envoltorio. ¿Por qué todos se empeñaban en verlo atractivo y perfecto? Se preguntaba sin obtener una respuesta convincente.

Sabía lo que quería: Deseaba ser feliz, encontrarse. Para conseguirlo debía actuar, con cautela tal vez, pero actuar.  Se pondría manos a la obra para enmendar aquel desatino que le atormentaba y que tanto malestar le producía; lo tenía claro.

Fueron demasiados los años de lucha interna, de dudas puntuales, de miedos, pero también de reafirmación. Tras un proceso duro y arriesgado, amén de largo, llegó el momento…Y lo hizo.

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El resultado fue tan satisfactorio que hoy, echando la vista atrás, sabe que fue la decisión más acertada, a pesar de que muchos jamás hayan entendido la necesidad de ese cambio radical.

Por fin se sentía bien en su piel, se reconocía.

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No buscaba a su otro yo aunque intuía que caminaría por ahí, quién sabe si a miles de kilómetros o tan solo unos pasos más allá. Sabía lo importante: que existía. Debía ser paciente, era cuestión de esperar a que el destino se lo presentara, eso era todo. Cuando una señal luminosa alumbrase su ser, alertándole de que había aparecido esa persona, estaría preparado para abrir las puertas de par en par a esa mitad que, sentía, siempre le faltó.

Apareció antes de lo previsto, por sorpresa. El la recibió como merecía: Besando su cuerpo y entregando su alma.

Era única, realmente hermosa, mucho más de lo que tiempo atrás fue él, cuando aún era ella. Se encontraba bien a su lado, entre otras consideraciones, porque aquella mujer siempre le vio a él, sólo a él.

Su historia comenzó como una amistad que se convertiría, día tras día, en  vital e imprescindible. No faltaron las confidencias a media luz,  las charlas sin fin,  la complicidad,  las miradas furtivas, las manos debajo del mantel y, sobre todo, esa imperiosa necesidad… Necesidad de ser valientes, dar un paso más, de vivir sin prejuicios, de disfrutarse mutuamente, aunque pocos apostasen por ese amor al que demasiados consideraban “extraño”.

Sin pensarlo demasiado, al menos aparentemente, decidieron vivir su historia con naturalidad, porque, a fin de cuentas, es cosa de dos.

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Han pasado varios años -muchos o pocos, según se mire- y, a pesar de todo y de todos, cada día continúan observando el atardecer desde la orilla del mar cogidos de la mano,   jurándose amor eterno porque saben que lo suyo será para siempre.

Él le ama a ella. Ella le ama a él…Al único.

En busca del amor.

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , on Viernes, 14 \14\UTC febrero \14\UTC 2014 by Omsi

“Cuántas veces cerca, cerca del amor, casi lo tocó y lo acarició, y casi estuvo cerca de abrazarlo y se escapó… Una vez estuvo cerca del amor, si es que estuvo cerca del amor…” Pedro Guerra

Buscando el amor me encontré con un árbol. Me recibió con su aroma fresco, quité las hojas secas que colgaban de sus ramas. Era colorido, especial. Me entregaba su oxígeno, mostraba y daba lo mejor de sí. Lo abracé y su corteza áspera lastimó mis manos, al instante me retiré. Le di las gracias por todo lo que me ofrecía, pero no era para mí.

Seguí preguntándome ¿Dónde estaba el amor?

Me crucé con un río. La vista era impactante, me invitaba a adentrarme en su caudal. Me acerqué un poco más para disfrutar del bello paisaje. El agua corría lentamente. Descubrí que aunque era libre, seguía un camino establecido. De repente, el río quedó en calma. Era el momento perfecto para tocarla. Un frío intenso recorría mis dedos. El riachuelo era frío. Tampoco era amor para mí.

Screenshot_2014-02-12-10-50-05Un rayito de luz iluminó mi rostro y desvié la mirada hacia arriba. ¡Amor, al fin te encontré! Cerré mis ojos y me perdí en el calor que el sol me entregaba. Me rodeó completamente. De pronto recordé que a pesar de sentirme cómoda, el astro rey se encontraba lejos; por más que yo quisiera que se quedara conmigo, desaparecería con la llegada de la noche.

Triste me quedé. Había buscado en cientos de sitios, en las flores, en la familia, en la ciudad, en mí misma. Siempre faltaba algo o alguien.

Ya de regreso a la realidad, apareciste. Mi amor secreto, mi deseo escondido. Sonreíste e iluminaste mi día.

- ¡Hola, preciosa! – Sonó tu voz, como un canto de ángeles. Me tomaste por la cintura y besaste mi mejilla.

Mi cuerpo sintió el choque eléctrico del deseo, de algo inexplicable. El corazón latía fuerte. Tenía que ser amor. Si tan sólo él lo supiera; si tan sólo él lo quisiera. Quería que fuera amor, al tiempo que respondía nerviosa con un simple “¡Hola!”

Y otra vez, estoy tan cerca del amor…

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Dicotiledóneas (por LaLeTiLú)

Posted in Colaboraciones, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 30 \30\UTC enero \30\UTC 2014 by Administrador

Alba y María eran amigas. Muy muy amigas. Tan tan amigas que iban al baño juntas, bajaban a fumar juntas al patio, comían juntas en el recreo, salían los fines de semana juntas…y entre diario ambas miraban por encima del hombro al resto de los compañeros de clase. Las dos como dos gotas de agua. De la misma estatura. De la misma edad. Con la misma melena negra lisa hasta la cintura. A las dos les gustaba Juan, ese chico, estereotipo, de sonrisa brillante, grandes músculos y neurona nula…pero que más daba la neurona, total, para un revolcón, mejor cuanto menos pensase.

En Juan era donde únicamente existía su punto de fricción no confeso. Ninguna jamás le dijo a la otra que ese chico le ponía a mil, y se deshacían en comentar cualquier cosa sobre él que fuera negativa para intentar que la otra, no confesa, se desenamorase.Duele

-”¡Joder1¡ qué paleto!, ¿has visto que hoy lleva los calcetines a rayas? La madre que le pario. Si eso no lo lleva ni mi padre.

-”¡Ya te digo! y el estuche ese que lleva del Barça. No me molan nada los tíos que les gusta el fútbol, seguro que luego llega el domingo y lo único que les apetece es estar con los amigotes en el bar viendo cómo termina la liga en vez de mirar si yo llevo o no ligero.”

-”¿Y el ridículo que ha hecho hoy en clase? ¿Qué me dices?”

- “Sí, jajajajaa. Menuda leche se ha pegado al saltar al plinto.”

- “Jajajajjajaa.Tia, me encanta ser tu amiga! ¡Siempre juntas!”

- “¡Siempre juntas!” ´gritaron las dos agarrándose fuertemente las manos.

Así eran sus conversaciones habituales, basadas en criticar a todo el mundo que les rodeaba, Juan incluido. Pero, una vez en casa, y lejos la una de la otra, le enviaban whatsapps intentando llevarse el gato al agua. Al día siguiente Alba y María seguían con su paripé. Orgullosas, sin mirarle o mirándole por encima del hombro como al resto de los compañeros, las dos sabían que eran si no las de las mejores notas, al menos, las más llamativas y las que más mundo aparentaban, y eso les hacía tener al resto de la clase a sus pies. A Azucena la tenían de esclava. “Azu” era la típica niña que sin ser fea, lo parecía. Sus padres tenían muy mal gusto a la hora de recomendarle como vestir. Eso, o eran muy anticuados. Pero con casi diecisiete seguir con faldas hasta la rodilla, vaqueros anchos pasado de moda y camisas abrochadas hasta el último botón, impedían su integración. La niñez y la adolescencia son crueles. Y eso duele. La única forma de conseguir ser mirada o sentirse parte del grupo era accediendo a todos los sobornos y engaños a los que Alba y María le sometían.

Lo que tiene ser almas gemelas es que a en muchas ocasiones se piensa lo mismo.

Las dos amigas decidieron utilizar al único eslabón que les parecía un fuera de juego e intentar una cita a ciegas:

De María a Azucena

-Oye, creo que tienes el teléfono de Juan, es que me he traído su rotring, le puedes decir que mañana sábado a las cinco se lo devuelvo en frente del Bar Tena, que igual lo necesita para sus deberes de Técnico.

De Alba a Azucena

-Guapa, que no tengo el teléfono de Juan, podrías decirle que la profe de inglés me dio unos deberes extras para el finde, y que mañana se los doy.

De Azucena a María:

-  Vale, no te preocupes. Se lo digo. Te cuento

De Azucena a Alba:

- Me ha dicho que a las cinco en el bar Tena.

De Azucena a María:

-A las cinco te espera.

El Sábado por la mañana, Alba y María se telefonearon como de costumbre, con su mejor rollito, criticando todo lo vivido a su alrededor en el instituto y riéndose de todo lo que soñaban con despellejar. Se despidieron con un: “tía…lo siento, pero es que hoy lo tengo complicado, tengo mucho atrasado y tengo que estudiar”, y un :” lo sé, lo entiendo.., que te voy a contar, Alba, que tú no sepas”.”¡Muaquis, guapi!”. Mientras colgaban el móvil, con sus ojos pícaros, las dos iban  haciendo repaso y decidiendo en su armario qué ponerse.

A las cinco, puntuales, como las manillas del reloj, con su mejor sonrisa y sus mejores galas, llegaron al bar:

-¿Tú que haces aquí?

-¿Y tú?

-¡Yo he preguntado primero!

La cara de ambas era para escribir poemas.

Dentro ,en el bar, Azucena con la mano de Juan en la cintura reía sin parar mientras el la acariciaba el pelo. Dice el refrán, que quien ríe el último, ríe más y mejor…y eso también duele.

Alba y María ya no se hablan, ni bajan a comer juntas, ni cotillean juntas, ni se llaman por teléfono y posiblemente nunca más lo harán. Siguen yendo a la misma clase, teniendo la misma melena negra larga, la misma edad y la misma estatura. Mientras ellas no se miran y pasean cabizbajas por el patio como dos gotas de agua que se resbalan, el resto de compañeros las miran, a su parecer, como por encima del hombro.

“Azu” aún sigue riendo de la mano de Juan. Los dos supendieron inglés y dibujo técnico, pero han aprendido a dibujar elipses perfectas con sus lenguas sin necesidad de rotring y a entenderse sólo con con un gesto, sin más idiomas.

¡Qué bonita es la amistad! (para siempre).

 

 

 

Lanzamos Reto-relato para Febrero: Ooooh l’ amour, l´amour!!!

Posted in Colaboraciones, Relato Libre with tags , , , , , , , on Jueves, 23 \23\UTC enero \23\UTC 2014 by Administrador

Febrero tiene dos clásicos: El Carnaval y San Valentín. Este año hemos decidido unirnos a las campañas comerciales , a los anuncios de colonias de televisión y rebosar amor a raudales. Sabemos que Febrero es frío, pero no tiene por qué serlo vuestro relato :-)

Os proponemos escribirnos una historia donde el amor sea el protagonista, o el antagonista…pero es que es tan difícil oponerse al amor sin condiciones, sin limite de extensión.

Fecha limite de recepción, evidentemente, el 14 de Febrero.

Besad mucho, lamed mucho, acariciad mucho, amad cada segundo , disfrutad cada momento por irrepetible y enviadnos vuestros textos, como siempre, a nuestro correo: Bloglamedores@yahoo.es

…Love is in the air….ya se huele, ya se respira….¡Esperamos ansiosos vuestros textos!

PULSO (por Julian Muñoz)

Posted in Colaboraciones, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 9 \09\UTC enero \09\UTC 2014 by Administrador

Papá dice que le duele todo. Yo no lo sé. No estoy seguro de lo que dice, pero él lo dice. Lleva mucho tiempo casi sin hablar. A veces se acuerda de personas muertas, pero él no lo sabe o no lo recuerda, y me pide que vaya a por vino a casa del tío Teodosio. El tío Teodosio murió hace al menos treinta años, y su vino tiene que estar hecho vinagre. Se lo trato de explicar, pero me mira desde el sillón en el que está enclaustrado y le entra la risa floja, como si le estuviese contando un chiste malo. “¡Que malo es ser viejo!- me dice con la mirada perdida, pero sigue riéndose y atragantándose con la risa, porque ya casi que no sabe reír, se le está apagando y suena a coche calado, y yo no le sé enseñar a reir. ¡Con todas las cosas que me enseñó él!. Coge la manta que le cubre el regazo y la tira al sofá.”¡Papá!”, digo con voz autoritaria. Se la coloco. La vuelve a tirar. “¡Pero papá!”, Se la vuelvo a colocar. “¿Que haces, papá?”… “Nada”- masculla entre dientes-Duele “Esperando que cualquier día me vengan a buscar los angelitos y me lleven con ellos”. “Anda, venga, no seas tonto, dame la mano” . “Te quiero mucho”, murmulla… “y yo a ti, papá”- trago saliva manteniendo como puedo mi sonrisa. Al darme la mano, me reta a un pulso chino, y vuelve a reírse, atragantándose. Yo me dejo ganar, y él vuelve a intentar reír entre toses. Son ya las ocho y media de la tarde y el lexatín parece que hoy sí le ha hecho efecto, y con su pulgar sobre mi pulgar cierra los ojos, respira profundo y yo le beso, hasta mañana , “si dios quiere” susurra suspirando, sin saber que yo, a pesar de su empeño, soy ateo. De mañana sólo espero poder volver a sentir su pulso en mi dedo, mientras él, sentado en su sillón, vuelve a reír atragantándose.

NÉBULA

Posted in fotoretorelato Lamedor, Literatura, Relato, Relato Libre, Relato Libre lame Anna with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Viernes, 29 \29\UTC noviembre \29\UTC 2013 by annalammer

Aquella mañana, el sol no lucía de verano pese a ser finales de Julio. Las nubes se habían confabulado para ocultar su rostro y hacerle llorar, mientras Delta Acuáridas, en caprichosa fantasía, había prometido a la negra luna llorar brillantes perlas para compensar.

Con la misma cara triste del día se despertó Tobias, recordando con cuanta ilusión había dejado todo para vivir en aquel lugar. Idílico. Verde. Rojo. Amarillo. Blanco. De colores intensos. Puros. Como su aire. Azul. Como su lago. Negro. Como la roca que se erigía en medio del azul.

Abandonar aquella paz no era fácil, pero el peso de la edad le condenaba.  Y a pesar de que, extrañamente, allí nunca se había sentido solo del todo , siempre había tenido la sensación de estar compartiendo espacio con alguien más, su elegido retiro, su imaginada soledad, su acostumbrado abandono, y esa especie de indeseada tristeza en el alma, se habían convertido en perturbados inquilinos que, en contra de su corazón, aporreando su cabeza le repetían que tenía que desahuciarlos.

Comenzó su rutina como siempre. Una sartén, un huevo, sal, ajo y pimienta para desayunar mirando el paisaje desde la ventana, sin cristales. Con los ojos nublados entre lágrimas que se negaban a resbalar cogió el cartel y el martillo. SE VENDE rezaba en la puerta que cerró con llave a conciencia sabiendo que de cualquier forma nadie querría entrar a robar nada porque no había nada para robar.

Respiró hondo y se acercó a la orilla del lago. Un último baño antes de la partida.

Mientras las nubes bajaban pintando el paisaje de oscuro gris, desnudo se zambulló para no volver a emerger.

…Nébula, con su cuerpo de mujer, quiso abrazarle y besarle. Tanto tiempo observándole, a lo lejos, desde la roca, sin poder decirle nada. En secreto. Sin acercarse a él. Tanta pasión reservada.  Tantas noches en mi jardinestrelladas desde que besó y abrazó por última vez, que Nébula había olvidado que con sus garras , en el abrazo, le rompería el corazón y con su beso le dejaría sin respiración.

Sobre la roca distante, mirando el cartel colgado en la puerta cerrada de la casa, triste y desconcertada, se resignó a esperar una vez más a su próximo amor.

Mientras, el lago en elipses se fue tiñendo de rojo.

Oscuro.

Como el día.

Profundo.

Como el lamento de una sirena desolada.

Inquietante.

Como el silencio que desde entonces acompaña al paisaje, a sus colores, a la casa, a la roca y al lago dormido en la niebla que  aún no levanta.

“A SACO”

Posted in Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 19 \19\UTC septiembre \19\UTC 2013 by lindasta07

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Desde el preciso instante en el que entró por la puerta de clase sentí debilidad por ella. Tan insignificante, tan pequeña, tan especial, que resultó ser un objetivo fácil para ciertas alimañas del instituto. Y los otros, los adultos, por desgracia tampoco estuvieron a la altura de las circunstancias. Todos cerraban los ojos ante lo evidente y ella, que necesitaba de alguien que diese luz a su oscuridad, no encontró ninguna bombilla capaz de iluminar su camino. Yo, aunque lo intenté, tampoco encontré la forma de hacerlo y ése se convirtió en el primer fracaso de mi vida.


A pesar del tiempo transcurrido desde el inicio de aquel curso, recuerdo que no soportaba ver cómo alguna cuadrilla de envalentonados imberbes se burlaba de mi compañera de pupitre. Me resultaba especialmente detestable la actitud de Ricardo, un jovencito con ínfulas de galán de Hollywood que se sentaba una fila más allá y que, conocedor de los sentimientos de una Inés que bebía los vientos por él, la despreciaba a diario con hirientes mofas que unos reían a carcajadas mientras ella lloraba en silencio.


Si bien es cierto que esa chica de semblante azulado resultaba un tanto extraña y que sus estrategias por llamar la atención de su idealizado Romeo eran poco elaboradas, no pasando de la simplicidad de dibujar en una cuartilla voladora un corazón atravesado por una flecha –que, para su vergüenza, a menudo llegaba al pupitre menos adecuado-, creo que no merecía el aislamiento al que la tenían sometida el resto de estudiantes. Era nueva en el centro y nadie favoreció su integración, esa fue la cruda realidad.

 

Inés almorzaba siempre en el mismo rincón del patio, un lugar tan sombrío como ella. Yo era, amén de su manzana, esa esporádica  compañía que, sin hacer ruido, se sentaba  junto a aquella muchacha de largas trenzas de color panocha que contaba sin cesar los dedos de su mano izquierda. La observaba atentamente y me moría de ganas por descubrir el porqué de la que parecía su particular obsesión. Un día la interrogué sobre el significado de aquel gesto que repetía hasta la saciedad y, sin mirarme a los ojos,  dijo que le gustaba imaginar el número de personas para los que su existencia significaba algo, pero que le sobraban dedos… Todos los dedos. ¿Y por qué siempre son los de la mano izquierda, Inés?- pregunté curiosa. Porque son los que están más cerca del corazón- respondió. Escuchar aquello me animó a seguir indagando y, no sin cierto esfuerzo, mi compañera de pupitre se abrió hasta descubrirme el bucle de negros que tenía su vida. Nunca se sintió querida. Nunca fue feliz. Fue a partir de aquella confesión cuando me propuse ser su protectora e intenté evitar que la dañasen. Si nadie merecía sufrimientos extras, aún menos ella.

Pasó la primera semana de curso con relativa tranquilidad pero, a raíz de los resultados de aquel endemoniado trimestre, todo se torció. Inés era estudiosa y sus resultados fueron brillantes, cosa que enfureció a más de uno ya que, según ellos, eso provocaría una subida en el nivel de exigencia por parte de los profesores. Entre todos comenzaron a hacerle la vida imposible, y ella aguantó, y aguantó hasta que ya no pudo más. Resultado: Algo en su cabeza dejó de funcionar correctamente y trajo consigo una peligrosa explosión.

Aquel parecía que iba a ser un día más de otoño aunque a lo lejos se escuchasen ya los pasos de un invierno que venía cargado con una mochila de frío. La mañana estaba desapacible y muy ventosa.  Junto a los pies de Inés se formó un gran remolino de hojas y sobre nuestras cabezas se posaron unas nubes impertinentes y negras. Mal presagio. Ella comía una manzana, como siempre, y contaba sus dedos, como siempre también. Estábamos sentadas en el bordillo cuando Ricardo se acercó y, empleando ese tono chulesco que tanto le caracterizaba, dijo: “Soy tu Adán y comería con gusto tu rica manzana, Sandra. Lo sabes.” Luego, mirando de reojo a una Inés incapaz de separar los ojos de su manzana y del suelo, espetó: “La tuya no, que estará podrida, bicho. ¿Quién podría querer algo de ti,  fea mazorca?”. Ella se transformó al escuchar aquellas duras palabras e inmediatamente levantó su cara -antes de nieve y ahora de fuego- y miró a Ricardo con una mezcla de odio y rabia. Fue rápida, muy rápida, y tardó menos de un minuto en abalanzarse sobre ese ponzoñoso ser para clavarle -con la mejor de las punterías- la navaja que utilizaba diariamente para mondar la fruta que llevaba como almuerzo. Él quedó tendido en el suelo sangrando abundantemente y quejándose como un lobo herido, y ella… Ella, ante el estupor de los allá presentes, se rebanó las yemas de los dedos de su mano izquierda mientras, con las órbitas de los ojos fuera de sí, gritaba una y otra vez: ¡¡Corazón a cero!! ¡¡Corazón a cero!!

Inés fue expulsada del instituto. Nunca más supimos nada de aquella misteriosa muchacha. Siguió la vida, la de todos, incluida la de Ricardo, y quiero suponer que la suya también.

Hoy solo me arrepiento de no haber sido capaz de cumplir la promesa que me hice a mí misma: No la protegí de nadie, ni de ella misma. Y la dañaron. Y se dañó… ¿Mortalmente? Es posible.     

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CICATRICES DE PAYASO

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 5 \05\UTC junio \05\UTC 2013 by lindasta07

-Mi vida, mañana nos volveremos a ver. Lo prometo- eran las esperanzadoras palabras que ella me dedicaba cada noche al despedirnos. Y así fue hasta que dejó de serlo. Coincidimos mientras quiso; ni más, ni menos.

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Marcando el terreno.

Hubiese reconocido el perfume que emanaba por cada uno de los poros de su piel aún careciendo de olfato. También hubiese podido distinguir su luz aún siendo ciego. Esa fría dama de humo rojo y caliente entrepierna me cautivó sin concesiones desde el primer instante. Su simple presencia me hipnotizaba. Imposible olvidar cualquier detalle, por pequeño que fuese porque, para mí, todo en ella era único, inconfundible, especial. Yo lo sentía así.

Alice supo tatuar su esencia sobre mi pecho como ninguna otra había sido capaz de hacerlo hasta entonces. Ese fue su acierto y esa terminó por convertirse en mi condena.

Me dejo atrapar.

Aquellos encuentros de neón, de ambiente cargado y de exceso de alcohol, enturbiaron mi mente y -como no podía ser de otra manera- despejaron mi, ya de por sí, lacrimógena cartera. Copa a copa, promesa a promesa, caí irremediablemente en su tela de araña. Resulté ser una presa fácil y me enredé mortalmente. Ella, con gran habilidad, aprovechó su momento y  me engulló. Yo me dejé  hacer.

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Por aquel entonces hubiese puesto la mano en el fuego tanto por Alice como por mí. Sentía la nuestra como era una verdadera historia de amor. Siempre fui un ingenuo, un iluso y un soñador. Es demasiado tarde para  lamentos, lo sé, pero creí en ella y deseaba la exclusividad.

Adiós a la venda.

El día en el que deseé morir me comentaron que un descapotable la alejó de aquí, también de noche, sin hacer ningún ruido, en silencio. “Así es como han de hacerse estas cosas, amigo” dijo un tipo duro cuando pregunté en el local por mi niña mientras, dándome una palmada en la espalda llena compasión,  ese tipo hizo que bajase de mi nube y pisara tierra firme.

Tengo la percepción de que ha pasado demasiado tiempo desde aquella  huida aunque, echando la vista atrás, no sea del todo así. Tan solo han pasado un par de meses  desde que se fue pero para mí han sido dos siglos de soledad.

Soy consciente de que mi compañía solo representaba para mi bella dama de hielo una posibilidad de escapatoria, una de tantas y, con toda probabilidad, no la mejor pero sí la más visible, amén de accesible.

A partir de aquella dolorosa revelación todo cambió y abrí los ojos a mi nueva realidad. Después de descubrir que nada de lo nuestro resultó ser lo que parecía, decidí cambiar el rumbo de mis sentimientos y comencé a engañarme.

Nunca más supe de ella. Rompió su promesa e hizo añicos mi corazón.

Confusión.

Apoyado en la barra de otro local aparentemente idéntico a aquel en el que conocí a la que hoy se ha transformado en mi tormento, infestado de almas desesperadas y de cuerpos tan sedientos como el mío, doy ese penúltimo trago largo mientras quiero ver a Alice en el escote de Lucía, o en el culo de Charlotte, o en el rostro de cualquier otra. Misión imposible. Para bien o para mal ninguna logra enredarme, y mucho menos, atraparme.

Todo da vueltas a mi alrededor y ella continúa revoloteando tanto en mi estómago como  en mi cabeza. Sigo bebiendo no sé si para olvidar, para perderme voluntariamente, o para cerrar esa cicatriz que aún tengo abierta y que me duele demasiado.

Veo mi futuro demasiado turbio.

En lo más hondo.

Desde que tengo uso de razón- y de sinrazón también- he sido un eterno entusiasta del amor y es por eso por lo que, en el fondo, sigo esperándola. No logro arrancarla porque echó poderosas raíces y la siento como parte de mí. Desearía que todo me diese igual, quisiera borrarla de mi mente, pero no es así. La añoro.

Pudimos haberlo tenido todo y sin embargo…Me siento un payaso.

¿Será consciente Alice de la profundidad de mis sentimientos? ¿Existirá en su vocabulario la palabra “amor” o solo existirán palabras como: “entretenimiento”, “interés” y “juego”?, me pregunto mientras la imagino rasgando, para más tarde devorar, otro incauto corazón o, tal vez, varios. Simultáneamente. Sin piedad.

Y en lo más profundo de mi ser, me alegro por… No, no me alegro, sufro lo indecible. Deseo morir. Deseo matar.

Sin rumbo.

Noche tras noche necesito tomar varios tragos porque he de ahogar mariposas.

-Mi vida, mañana nos volvemos a ver. Lo prometo- balbuceo al oído de la primera desesperada que me hace caso repitiendo, sin ningún convencimiento, esas palabras que aún me duelen y que soy incapaz de olvidar…Y ellas me creen. Como yo que, pobre desgraciado, creí en Alice.

Compromiso (por Sirvenza)

Posted in Colaboraciones, Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 22 \22\UTC mayo \22\UTC 2013 by Administrador

Se despertó más pronto de lo habitual, soñaba con ese día especial de mayo. Devoró el desayuno y se encerró en el baño. Mientras yo me vestía le oí hablar por teléfono varias veces, su máxima preocupación era que todos llegasen a hora e insistió en que el arroz estuviese preparado para el momento exacto. Me sorprendió su presencia al salir de su habitación, irradiaba serenidad y había cuidado su aspecto en todos los detalles. Su barba recortada y su pelo peinado hacia atrás, incluso su viejo traje de franela gris parecía nuevo. Su bastón relucía. Me pidió que fuésemos caminando aunque le costara más.
amapolasCaminamos ladera abajo hasta divisar la entrada al recinto. El día era húmedo. Era perfecto. Los cipreses acompañados de hileras de amapolas flanqueaban el camino y era deslumbrante ver en el cielo la luna llena a plena mediodía, como acompañándonos a la ceremonia.
Poco a poco y ya dentro los invitados, pocos pero los que debían estar, nos iban animando con sus sonrisas, cánticos y miradas. Acompañé a
mi padre hasta donde se encontraba mamá. El viejo Oscar hizo sonar su acordeón, como en todas las fiestas, lo odiábamos pero hoy nos rompía con sus notas. Papá se arrodillo a sus pies. Luisa, que mantenía su belleza a pesar de los años, leyó el mismo texto de hace 25 años y todos los que estaban allí se emocionaron como si fuese la primera vez. “Ojos que no ven corazón que no siente”, pensé yo,aunque no fuera el caso. Papá se puso en pie con los ojos cerrados y sonrió, irradiaba felicidad y melancolía.Todos gritaron al unísono un vivan los novios y cuando los granos de arroz golpearon su cara despertó de su sueño. Volvió a arrodillarse en la lápida de Mamá,dejo sobre ella su ramo y regreso para perderse entre sus invitados. Mientras descorchaban el champagne y el viejo Oscar tonteaba con su acordeón, papá seguía buscando a mamá entre los invitados, como si nunca se hubiese marchado.

“A MIS PIES, CABALLEROS”

Posted in Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 8 \08\UTC mayo \08\UTC 2013 by lindasta07

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Una vez escuché decir a un agricultor que abril era un mes complicado para el campo. Ahora sé de primera mano que también lo es para determinadas personas, puesto que yo me encuentro -no sé si muy a mi pesar o no- dentro de ese complejo grupo al que podríamos denominar como: “Candidatos ideales para hacer, un día cualquiera, más de una tontería”. También recuerdo que habló acerca de los beneficios de utilizar ceniza para el cultivo de plantas.

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Creí -reconozco que con cierta ingenuidad- haber podado de raíz los problemas cuando comencé con este juego pero, lejos de lograrlo, esta afición se ha convertido en una obsesión. Sólo pienso en flores.

Hoy, mientras miro el espejo del salón, ese que lo ha visto todo, hasta lo que nunca debió,  me recreo con ese peculiar sabor agridulce que aún perdura en mi boca mientras rememoro un refrán que dice: “En abril, cortas un cardo y te crecen mil”.

Hace tiempo tú eras mi cardo favorito, querido, pero actualmente ya no gozas de ese privilegio. Ha pasado el tiempo y te has convertido en un adorno más de mi jardín… En uno más.

Después de aquella experiencia juré una y mil veces que no me dejaría abrazar por otras garras como las tuyas. Había sufrido más de lo aconsejable con nuestra relación y no quería más noches de agua ni deseaba más amaneceres de hielo. En principio mi intención era clara y siempre pensé que sabía lo que me convenía, pero a la vista está que no es así, puesto que eché a perder todo cuando dejé mi impoluto pañuelo apoyado en la mesita de noche y abrí la ventana para escuchar los cánticos de los cucos y, de paso,  para permitirle al sol que me sonriese  de  nuevo. En aquel momento el cielo estaba despejado y algo en mí me arrastró a conocer otras malas hierbas que acabarían empujándome, una vez más, a poner en funcionamiento la chimenea de mi hogar.

Al acabar contigo – tú, mi particular farsante de invierno, ése que durante las frías noches me proporcionó unas veces sosiego y la mayor parte de ellas zozobra- supuse que se habrían calmado tanto mi alocada mente como mi revoltoso corazón, pero nada más lejos de la realidad. Después de aquello, año tras año, estación tras estación, razón y alma se alían para suplicarme que eche más carne al fuego y yo, siempre que la ocasión lo permite, me esfuerzo por complacerles. Es cierto que tú fuiste el primero y por eso me gustaría sentirte como a alguien especial y distinto pero, tremendo error, tan sólo fuiste el que abrió el camino a esta mi nueva afición, tan sólo eso.

Ya no necesito a nadie y, sin embargo, os tengo a todos junto a mí, siempre a mis pies. Cada vez tengo más claro que, de vez en cuando, es necesario perder la razón para ser feliz.

Ahora estoy tranquila y me relaja ver cómo vosotros, mis amantes – unos narcisos que resultasteis ser cardos-, os habéis convertido en cenizas hasta transformaros en forzados nutrientes para mis flores y plantas. Únicamente hay algo que, sin llegar a provocarme el vómito, me incomoda, y no es otra cosa que el olor que desprenden vuestros pestilentes cuerpos cuando arden… Pero, bueno, entiendo que sea el canon que hay que pagar para disfrutar de mi precioso jardín.

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Voy a dejar de contemplar mi sonrisa en el espejo, que se hace tarde y tengo que poner en funcionamiento la chimenea de nuevo.

Hoy toca ser feliz.

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