Archivos para Amores de Verano

Adiós

Posted in Los relatos más relamidos, Poesía, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , on Viernes, 27 \27\UTC junio \27\UTC 2014 by Omsi

“La vida no se trata de sobrevivir a una tempestad, se trata de danzar bajo la lluvia” Desconocido

Mujer_bajo_la_lluviaEsto se terminó como el diluvio de verano, no esa que moja los hombros y fascina al caminar bajo la lluvia sintiendo las gotas resbalar sobre la cara. No, de esas tormentas que dejan todo echo un desastre, un desastre natural del corazón.

Dicen que la esperanza es lo último que muere, pero definitivamente, “esto” que tenemos está más que muerto y enterrado.

Encontrarse varada en un mundo de espejismos, quimeras sin razón, no sirve de nada. Me cansé de esperar una señal tuya que, claramente, fuera lo que fuera de “nosotros” terminaría mal.

Así que digo ¡Adiós! a los sueños infundados, ¡hasta nunca! ilusión pasajera. Doy vuelta a la página y comienzo un nuevo capítulo.

No me verás mendigando el cariño que jamás mostraste por mí; me despido de tus palabras sin juicio, de tu suave y embriagante voz, de los apacibles besos de miel, almíbar que se desbordaba por mis labios.

Pierdo castillos entre nubes, el futuro incierto que pude haber tenido contigo. Sin embargo, gano seguridad, lealtad a mí misma, ganas de luchar y seguir manteniendo la fuerza que me mueve en la vida. Seguro encuentro a alguien mejor para mí.

En cambio tú, pierdes amor verdadero. El elíxir de la vida.

¡Adiós!

 

 

El Colacao

Posted in Especial Lamedores, Literatura, Relato Libre, Relato Libre Elo, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Domingo, 30 \30\UTC octubre \30\UTC 2011 by guttaelo

Ay Señá Emilia, un disgusto detrás de otro, esta hija mía me va a matar, y si no me mata ella, me mata mi marío, pero a este paso, yo a la Navidá no llego.
Se acordará usté que allá por abril se me puso malita, que entre estornudos, moqueos y picores, la pobre se me consumía, que hasta las ganas de comer se le quitaron a la chiquilla y lo único que le entraba en el estómago eran los colacaos, que hasta usté me preguntó que qué hacía con tanta lata, que si me lo comía o era por hacer la colección. Que por cierto y antes que se me olvide, a ver si me pué traer la de las flores, que me cogió la vez la Engracia la del Jacinto y no consiente cambiarmela.

Bueno, a lo que iba, que le escribí a mi prima la de la capital contándole el problema, ella habló con una vecina que por lo visto está mu enterá de estas cosas porque su hijo se ponía igual cuando vivía en el pueblo y por las mismas fechas, desde que se lo llevó a la capital no le pasa, total, que se entiende que el cambio de aires les cura la moquera y que toa la culpa la tiene el campo.
Así que pa casa mi prima que mandé a la niña a que pasara el verano con el encargo de que ya que estaba allí, a ver si de paso me la espabilaban, que ya sabe usté que tó le da miedo y vergüenza, que no pué ser que con veinte años todavía no se hable con ningún muchacho ni se le conozca trato con los mozos, ni con las mozas, porque ahora que lo pienso, ni una amiga tiene la pobre, siempre sola detrás de mis faldas como si se la fueran a comer.

En fin, que yo estaba mu contenta y ufana porque se acordará que me escribió allá por el día de Santa Marta, contándome que estaba mu bien de salú, que ya ni moqueaba ni tenía picores, que se había echao una amiga y que paseaban cada tarde, iban al cine y se lo estaba pasando mu bien, que si se podía quedar hasta que pasara el día de la Virgen de agosto, que allí también eran fiestas y de camino ayudaba a mi prima con los niños, que tiene cinco o seis, quizá siete, ya perdí la cuenta, la coneja la llaman porque parece que los tiene de dos en dos.

Claro está que la dejé, daba gloria verla con esa alegría con que contaba las cosas, esos ánimos que nunca le vi, si hasta desparpajo parecía que había echao desde que estaba allí.

Cuando volvió y la vi bajar del coche de linea parecía otra, estaba mas gordita, con aquel vestido nuevo que le habían regalao sus amigos nuevos por su cumpleaños, con la melena suelta sin aquella coleta que le deja las orejas al aire, que mira que ha tenío mala suerte la pobre al sacar las orejas de su abuelo en paz descanse, mu buen hombre y mu trabajador que era mi suegro, pero mas feo que un dolor, que se ponía el puro en la oreja y allí se quedaba sin miedo a perderlo por mas que se moviera el hombre segando.

Ay, tan contenta que estaba yo con aquel cambio, pensando que así, mas arreglaíta, mas moderna y echá p’alante algún mozuelo le pediría relaciones y no se quedaría pa vestir santos, que si seguía tapandose las orejas con el pelito y se paseaba por la plaza con ese contoneo que le había enseñao la amiga, alguno caería.
Pero conforme pasaban las semanas se iba apagando otra vez, ya los mocos no eran culpa del campo, ahora era otra cosa, cada vez que llegaba el correo y no había ná pa ella se iba en lloros. Por mas que le preguntaba no soltaba prenda, otra vez sin ganas de comer, otra vez a base de colacaos pero cada vez mas gorda. Y ahí ya mi marío se puso serio, porque el colacao alimenta, pero aquella gordura no era normal por mas quilos que se tragara.
Pos resultó que si que era normal la barriga, preñá que me vino de la capital, que no quiera saber usté lo que llegó a decir mi marío de mi prima, que si la culpa es de ella, que si no estuvo pendiente de las compañías de la niña, que si se veía venir, que claro, como iba a estar por la niña si solo pensaba en traer conejos al mundo, en fin, desvaríos que mejor no contar por no aburrir.
Mi Eusebio quería plantarse allí a buscar al padre de la criatura pa traerlo de las orejas a casarse con la niña, y ahora viene lo mas gordo, es militar, pero no de aquí, de los de las américas y andaba de paso por la base, y pa acabarlo de rematar, no se acuerda ni del apellido ni de donde le dijo que era, cosa normal con esos nombres tan raros y complicaos que se gasta esa gente, que parece que ni se entendían porque la niña de americano ni papa y el otro de español menos, así que no se que le enamoró si ni conversación tenían. Lo cariñoso y la sonrisa dice ella y que era el primer mozo que le hacía fiestas. Le dió la dirección del pueblo en un papelillo esperando que le escribiera pero ni una carta llegó, claro que el pobre no habrá escrito porque no sabe, que esa es otra, si ni sabe hablar menos sabrá escribir la criatura.
Y aquí me tiene, paseando al Colacao a ver si le compro un abriguito pa cuando llegue el frío, que ha salío grandote y crece fuerte como un roble el mozuelo, mu buen niño, obediente y tranquilito como su madre, lástima el color, claro que la culpa es mía, por eso el disgusto es mayor, ya me lo decía mi Eusebio, tanto colacao no es bueno, y tenía razón, de lo que se come se cría y por algún lao había de salir, concentrao, negro como el tizón ha salio el niño, por eso aunque Don Ramón el cura le puso Luís, pa nosotros siempre será el Colacao.

Nightwish (by Agalychnis)

Posted in Especial Lamedores, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Sábado, 29 \29\UTC octubre \29\UTC 2011 by Administrador

Hoy el cielo esta gris, se funde con el mar y el frío en el aire me recuerda que el verano ha llegado a su fin. Aquí sentada sobre una roca, en este acantilado testigo de tanto, deseo con todo mi ser que llegue la noche. Una noche eterna. Observo como las olas rozan las rocas y forman misteriosos dibujos con la blanca espuma. Son dibujos de amores, de fantasmas, de ilusiones…Preciosos y únicos, que tras tocar mi alma, se desvaneces y desaparecen rápidamente ante mis ojos curiosos. Trazo en el aire, con mi dedo, su silueta y descubro asombrada que han podido desaparecer del agua, pero no para mi. En mi alma queda su imagen gravada a fuego, queda su sabor a sal, su olor, su presencia y su magia. Quedan para siempre y para mi. Sonrío, me siento feliz, pues al cerrar los ojos y ver con el alma puedo hacerlos eternos. Exactamente igual que las caricias de sus manos sobre mi piel húmeda, igual que los dibujos trazados por su lengua sobre mi cuerpo desnudo. ¡Frena! Tal vez no existe, tal vez es solo fruto de tu mente enferma, pero recuerdo claramente el sabor de sus labios, su mirada penetrante observándome en silencio bajo la luz de la luna, sus secretos, los susurros, mis secretos. Él esta en mis sueños cada noche y desaparece siempre al despertar. Mis ojos medio dormidos aún lo buscan, mientras mi piel todavía siente sus caricias. Pero no debo seguir, no puedo tenerlo, su ausencia me desgarra por dentro, el dulce sabor de sus labios se vuelve amargo a la luz del día y sus caricias ausentes abrasan mi piel. Una lagrima recorre mi mejilla mientras me repito que son tan solo sueños, tan efímeros como los dibujos de la blanca espuma. Lloro amargamente y en silencio, hasta que la luz del faro me hace recordar que se acerca la noche. Caigo de nuevo en un espiral de deseo y locura. Y me consuelo al pensar que cada día tiene su noche. Se que nuevos besos, nuevos sueños y caricias vendrán a mi encuentro. Sueños que quedarán para mi, sueños eternos y reales para los ojos del alma. ¡Bona nit y dulces sueños!

Una tarde de verano

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Viernes, 28 \28\UTC octubre \28\UTC 2011 by Omsi

Aquella tarde de verano le conoció completamente, sin caretas, sin temores, entregado en cuerpo y alma; pero esa misma tarde le perdió. Una tarde bastó para robarle los besos y caricias que a nadie dio. Una tarde solamente para arrancar lágrimas desgarradoras y lastimosas a una mujer enamorada.

Ese 14 de julio, David se llevó consigo el corazón de Irene.

–    Quédate más. – Suplicaba ella, aferrándose al último suspiro del encuentro furtivo.
–    No puedo, sabes que me esperan en casa. – respondía David.
–    Por favor…
–    Lo siento.

Desconsolada, dio media vuelta y sin mirar atrás, regresó a su hogar, donde su marido la esperaba.

David nunca supo que despojaba a Irene de un pedazo de su latente núcleo. Irene de antemano sabía, que la vida de su eterno amor se encontraba en otra parte, pero no le importó. Ella, al igual que su amante, tenía lazos que no podía romper por un momento de placer. Ese atardecer bastó para volverla loca.

Ese día le conoció sin tapujos, pero solo un rato bastó para perderlo. Dos vidas separadas se acoplaban clandestinamente por única ocasión, solo una tarde de verano los unió.

—————————————————————————————————

Tiempo después.

Irene, camina con paso firme por las calles del centro de Guanajuato, tomada del brazo de Luis, su esposo. Contemplan a la multitud que los acompaña, en el Festival Cervantino de la Ciudad. Una mirada llama su atención. El corazón palpita y lo siente explotar. –David – sonríe y se aleja de su paso. Irene se sujeta mucho más del brazo de su marido y le sonríe. Nada pasó, fue solo una visión. ¿o no?

Dos vidas mezcladas y separadas en una tarde de verano.

UN BESO EN LA MEMORIA (by Ferran)

Posted in Especial Lamedores, Relato, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 27 \27\UTC octubre \27\UTC 2011 by Administrador

El silbido de las olas se posaba una y otra vez sobre la arena. El agua caliente me remojaban los pies. Quizás el agua estaba más caliente que otros veranos, aunque Andrés decía que quizás tengamos muy mala memoria para algunas cosas. Recostada en su espalada notaba en mis vertebras cada vertebra suya. Al fondo, la luna quedaba partida por la línea del horizonte. Andrés se incorporó y se giró clavando las rodillas en la arena mojada. Susurró mi nombre tan cerca de mi oído que sentí la caricia de sus labios al rozar mi pelo.

- Lilith.

Un temblor se apoderó de mí. Nunca nadie me había llamado de esa forma tan melosa. Torpemente giré la cabeza para mirarlo y la luz del faro me deslumbró, obligándome a cerrar los ojos. Un beso agitó todo mi cuerpo y me dejé llevar… Sin pensar, sólo siguiendo lo que me dictaba mi instinto.

Conservo ese primer beso en mi memoria con la misma intensidad que el primer día. Y soy capaz de revivirlo sintiendo la misma emoción, el mismo escalofrío. Andrés dice que quizás tengamos muy buena memoria para algunas cosas.

Ferran

http://www.paraiso4.com/

VETE AL INFIERNO (by Francisco Miguel Espinosa)

Posted in Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 25 \25\UTC octubre \25\UTC 2011 by Administrador
- ¿Qué fecha debe ser en la Tierra?
– ¿Exactamente?
– Más o menos.
– Verano. Debe ser verano.
– Claro, verano.

En el Infierno siempre hacía calor. Daba igual la estación en la que se encontrase su Canadá natal, aquí siempre hacía calor. Lucas se abanicaba con una hoja de palmera reseca, que era lo único que había cerca para abanicarse, y Allie simplemente sudaba, pero incluso el sudor le daba un aire enigmático y sexy. Algo definitivamente sacado de Penthouse, o algo así. Allie tenía los labios esponjosos y rosados, la cara un poco llena de pecas y los ojos verdes. Lo malo de los ojos tan claros, es que muchas veces reflejan la luz que les da directamente, por lo que en ocasiones Allie parecía tener los ojos rojos. Y Lucas siempre le decía: “pareces un demonio”. Lo que en el infierno es una broma, porque los demonios son los últimos pringados que siempre hacen trabajos como tragar roca fundida o abanicar a Satán. Incluso recogen la caca de los animales condenados al Infierno y la acumulan en un estercolero cerca de la casa de Hitler.

Allie había invitado a Lucas a tomar algo al bar de Pérez Galdós, cuyos Episodios Nacionales, por pesados y aburridos, le valieron un pasaje directo al paraíso de fuego. Galdós estaba, como de costumbre, haciendo repaso de las botellas que le llegaban por la mañana del Centro de Bebidas Alcohólicas y Pecaminosas, y tenía a su lado un taco de hojas de papel arrugadas y manoseadas. En cuanto entraron, les dijo:

- Chicos, tengo un nuevo manuscrito preparado. Lo acabé esta mañana.
– ¿Es un Episodio Nacional?
– ¡Sí!
– Tú es que no escarmientas- dijo Allie, y pidió dos vasos de absenta roja, que era la única que vendían.

Sentados en la mesa del fondo, Lucas se fijó en el cartel nuevo de la pared. Un paisaje del polo norte con casquetes polares, osos blancos y el océano azul oscuro. Y en letras rojas ponía: PIENSA EN FRÍO. Galdós gritó desde el otro lado de la barra:

- Satán nos ha obligado a ponerlos en todos los comercios y por la calle, dice que es para que la gente no pase tanto calor.
– Seguro que funciona.
– Pues espera a ver lo que tiene preparado para Navidad…

Allie dio un trago de absenta que casi dejó el vaso vacío. Acto seguido miró a Lucas muy fijamente y dijo:

- Bueno, ¿qué opinas?
– No lo sé. Me parece un poco raro.
– ¡Vamos! Tenemos cita para dentro de una hora, hay que echarle narices al asunto.
– El viejo se va a mosquear.
– O estará encantado.
– Es algo que nunca se ha hecho antes en el infierno, no sabemos cómo reaccionarán los de arriba.

Allie asintió, acabó su bebida y pidió otra. Lucas ni siquiera había tocado la suya. Todo ese asunto le tenía nervioso desde el principio, desde que comenzó todo a principios del verano en la Tierra. Pero claro, era una oportunidad única, y realmente quería aprovecharla. Quizás incluso entrarían en los libros de Historia del Infierno, y los de arriba se cabrearían sin lugar a dudas. Y mosquear a los mojigatos del Cielo era el mayor entretenimiento en el Infierno.

Aún así…

Para cuando Lucas entró en el despacho de Satán, se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás. Nunca había visto al viejo, pero había oído las historias, claro. Todo el Infierno era diseño suyo, y los castigos de los condenados también. Claro que en el Infierno había poco condenado, pues se trataba más bien de una recompensa para los malos. Nada que ver con lo que decía la Iglesia. El despacho de Satán daba directamente al lago de fuego y las montañas de ceniza parcialmente sólida, y las cortinas eran violetas. Satán se levantó de su escritorio y rezongó:

- Bueno, bueno, bueno, por fin os conozco mis querubines aterciopelados.

Y acto seguido les besó a cada uno en la mejilla con un sonoro: MUACK, MUACK. Allie agarró fuertemente la mano de Lucas, esperando para soltar la bomba que haría que Satán estallase en una ira incontrolada o que les premiase y accediese a ayudarles. Así que ambos aspiraron y dijeron a la vez:

- Príncipe de las Mentiras, queremos que nos case.

Y Satán abrió mucho los ojos y dio un salto en el aire, un grito más parecido al de Paris Hilton (a la que esperaban ansiosos) ante un bolso de Channel que al del Ángel Caído. Satán empezó a dar saltitos por la habitación meneando su rabo en forma de punta de flecha y haciendo aspavientos con las manos. Accionó el botón del intercomunicador (Banda Ancha para Pecadores) y dijo con una voz muy aguda:

- Luci, querido, ponte las botas de cuero porque nos vamos de booooooodorrio.

Estar en el Infierno era un paraíso.

Francisco Miguel Espinosa

http://www.paraiso4.com/

La vendimia (By Lady Cocoon)

Posted in Especial Lamedores, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Lunes, 24 \24\UTC octubre \24\UTC 2011 by Administrador

Ana y Toni hace más de 10 años que son novios cuando el mejor amigo de él le propone irse a Francia a vendimiar durante un mes por 1500 pesetas, no lo piensa ni un segundo, sabe que será duro, pero acepta. Sólo tiene que preocuparse del billete de tren y de explicarle a su chica que prefiere irse un mes a currar que pasarlo con ella de vacaciones, sabe que en vez de animarlo a vivir la experiencia será todo lo contrario, celos y desconfianza, como siempre.

En apenas una semana, Ana y la novia de su amigo los acompañan a la estación, la despedida es fría, pero bastan apenas diez minutos para que los amigos ya estén disfrutando como adolescentes de la experiencia.

Llegan a su destino y para sorpresa de ambos, al tener carrera universitaria y saber francés, les proponen hacer tareas administrativas, de puta madre – piensan- van a pasar un mes encargándose de recibir llamadas, preparar documentación y poco más. Al segundo día Toni coincide en el café con una chica francesa, a partir de ese día, él hace todo lo posible por coincidir con ella, en los descansos, en la fotocopiadora….Cualquier momento que pasa con ella es especial. Toni no necesita más que tropezar con sus pequeños ojos por encima de la pantalla de su ordenador, toparse con esa mirada que le llega al alma. Se acerca a su mesa, buscando un roce casual de sus manos, que le pueda dejar su aroma, que más tarde se llevará a los labios y besará. Quedan después del trabajo cada día y pasan horas hablando, hablan y hablan, se ríen, se abrazan…
Pero los días pasan muy rápido, la última semana duermen juntos. Sólo se abrazan. Nada más. Saben que pronto se van a separar y no quieren complicar las cosas. En este caso, como en casi todos, la razón gana al corazón, ninguno de los dos quiere fastidiar a sus respectivas parejas….Sueñan con la otra vida, y le dan gracias al que sea, por haberles dado la oportunidad de conocerse y quererse, eso sí, también piden que si de verdad existe “la otra vida”, se les permita empezarla juntos.
Llega el día en que han de volver, se despiden con un largo y apasionado beso, él sube en el tren con su amigo y empieza a llorar en silencio, y a seguir soñando con esa otra vida de la que se acaba de despedir. De repente suena su móvil y cierra los ojos más fuerte porque no quiere dejar de soñar mientras espera que la persona que está llamando se canse y cuelgue. Pero no es así.  Aprieta el botón verde, para escuchar una voz que le pregunta….cariño, ¿a qué hora llegas mañana? Tengo muchas ganas de verte….

Conveniencia (by GusapirA)

Posted in Especial Lamedores, Relato, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Domingo, 23 \23\UTC octubre \23\UTC 2011 by Administrador

-No puedes obligarme a coger vacaciones- le dije a mi jefe aquella mañana de agosto.

-Sí, puedo, lo pone en el convenio, mira, aquí- replicó el muy cerdo apuntando con uno de esos dedos que parecen morcillas. –Quince días los elige la empresa. El lunes no vengas.

-Voy a venir-dije riéndome en su cara.

-Bueno, pues ven, pero te he cancelado la tarjeta del parking y he dado instrucciones a seguridad para que no te dejen pasar.

Me cagué en sus putos muertos más frescos y en toda su estirpe. En silencio, eso sí, en completo silencio.

-Hijo de puta.

-De nada, hombre, para eso estamos, si ya sabía yo que llevabas tiempo pensando tomarte unos días libres. Mira, incluso me he tomado la libertad de reservarte un vuelo a Tenerife y un hotel bonito para que lo disfrutes.

-Tú eres más gilipollas todavía de lo que pareces, ¿verdad?

Pero no bromeaba, me metió la tarjeta de embarque en el bolsillo de la americana.

-Ale, a pasarlo bien. Haz fotitos. Y las subes a facebook, ¿eh?- y me acompañó a la puerta, rematando la despedida con una afectuosa palmadita en la espalda.

Caminé hacia mi coche, que estaba aparcado en línea solo un par de metros delante del suyo, saqué las llaves y no pude contenerme: “ris, ras”, de atrás a delante, como Dios manda. Con la presión adecuada para levantar pintura y hundir chapa. Por las molestias. De nada hombre, si ya sabía yo que hacía tiempo querías pintarlo.

Confié en que lo hubiera grabado y subido al puto Facebook de su puta madre.

Pero me fui a Tenerife, con un par. Al llegar a casa confirmé las reservas después de comprobar que no había cargado los gastos en mi cuenta. Seguro que pensaba cancelarlas suponiendo que no se me ocurriría viajar a las islas. Pues viajé. Nada más llegar al hotel, posiblemente, el más lujoso de la isla, lo primero que hice fue mostrar mi disconformidad con la habitación, exigiendo cambiarla por una suite. Me dijeron que ya era una suite, a lo cual no pude por menos que pedir, por favor, con la paciencia con la que se les habla a los niños pequeños o a los retrasados mentales, que quería una suite “de verdad”.

Solo quedaba libre la Royal Premium. Con ese nombre supongo que quieren que parezca la puta hostia. Me hice el ofendido cuando me hablaron de dinero. No sé cuál es el problema, solo había que cargar la diferencia a la misma tarjeta desde la que se había hecho la reserva. Seguramente, no valía la pena volver a pisar la oficina ni en quince días, ni en quince años (y un día) así que al menos, que se cagaran en mis muertos una mínima parte de lo que me iba a cagar yo en los suyos.

La Royal Premium no pasaría más de que “suite normalita” en otras islas a las que estaba más acostumbrado a viajar: Caimán, Malta, Barbados, Mauricio… En fin. La decoración era particularmente sobrecargada, presuntuosa y decididamente, horrenda: mirarla me hizo sentir ganas instantáneas de entregarme a la bebida hasta emborracharme. Seguro que tendrían Möet Chandon y porquerías varias del estilo. A falta de nada mejor, tendría que servir.

No estaba mal la piscinita. Las había visto mejores, la verdad, pero al final tres puñetas me importaba porque no tenía intención ninguna de bañarme. Me apoltroné en una tumbona discreta, apartada del resto de huéspedes, donde dar cuenta de la botella que acababa de pedir: la más cara de la bodega. Para sorpresa del camarero le dije que se llevara la copa, me la iba a beber a morro: eso siempre me ha ayudado a pensar.

Y tenía mucho en qué pensar: Para qué coños mi jefe me retiraba de la circulación quince días. No podía ser nada bueno. Olía a “ya verás que marronazo te comes a la vuelta si no haces nada para impedirlo” La mejor defensa siempre ha sido un buen ataque. Frontal. Brutal. Modo apisonadora, zas, en todo el morro. Si no se me ocurría nada mejor que cargar gastos estúpidos en su cuenta, no le iba a preocupar mucho. Igual que lo del coche: había sido infantil.

A todo esto le andaba dando vueltas, cuando se me acercó una chica. Tenía que ser puta, estaba demasiado buena. Treinta y tantos, rubia, tetas grandes naturales, cadera prometedora. Bikini y pareo a juego, estiloso. Se sentó en la tumbona al lado de la mía.

-Hola- saludé por cortesía.

La chavala bufó como los gatos antes de sacar las uñas.

-¿Sabes por qué he venido a sentarme aquí?- me preguntó.

-No, por qué- Joder, que boquita. Como fruncía el morrito al enfadarse. Qué profesional.

-Porque no tienes la típica cara del capullo que pretende hacerse el simpático, ni querer ligar como lo hacen los pardillos: que si qué buena estás, que si quieres tomar una copa, que si tienes algo que hacer esta noche. Pues bien, tengo que regar mis cactus, ¿entendido?

-No te preocupes, no quiero conversación. No me cuentes tu vida, solo te he saludado, zorra loca. Si vuelves a hablarme que sea porque quieres follar.

-¿Follar? Me la suda follar. Yo estoy a otro nivel. A mí si me vuelves a hablar que sea para echarme un buen polvo detrás de otro.

-Esa es una oferta que no suelo rechazar. ¿En qué habitación te alojas?-pregunté sonriendo inocentemente. En cual se iba a alojar el muy putón, en ninguna.

-En una jodida Suite Junior de mierda porque algún gilipollas de los cojones ha ocupado hoy mismo la Royal Premium.- respondió con sarcasmo. Qué boquita, virgen santa.

-Si la oferta sigue en pie, creo entonces que iremos a mi habitación. No nos hemos presentado. ¿Cómo te llamas?

-Llámame Zorra Loca, suena bien ¿Y tú?

-De Los Cojones, llámame Gilipollas De Los Cojones.

Me llamó eso y mucho más, me llamó de todo. Era de las que no callaban ni con la polla metida en la boca. Y qué boquita, madre mía. Todo lo que hacía con ella, lo hacía condenadamente bien. No tenía rodaje ni nada. No dejó ni mencionar el asunto de la pasta, con lo cómodo que resulta dejarlo acordado al principio. Se echó encima de mí nada más cruzar el umbral de la puerta y no me la pude quitar de encima. No hubiera podido ni aunque hubiera querido, pero no quería: me pegó el mayor, mejor y más minucioso repaso que me habían dado en mi vida, una auténtica paliza, ni corriendo un maratón se duda más que corriéndose tantas veces y tan seguidas. No sabía cuánto querría cobrar pero si había puta que lo valiera en el mundo, ésa era, sin duda. Lo que fuera, le daría el doble directamente, sin regatear ni pestañear. Incluso pensé en regalarle alguna chuche, no sé, algo bonito que le guste, una pulsera o un collar.

Qué injusto lo mal visto que está una tía que se lo sepa montar como esta. Así tenían que ser todas, o más, de ahí para arriba, cobrando o sin cobrar. Llegué a pensar que me dejaba seco, que iba a dejarme más exprimido que a los limones, que no iba a parar hasta que el soldadito pidiera tregua. Pero vamos, la vida es dura en general. No había llegado hasta aquí siendo el primer mierda en rendirse.

Sobre las cinco de la mañana y los restaurantes cerrados hacía horas, pactamos un receso para comer algo: el “algo” de cena ligera que pidió venía siendo la mitad de las existencias de la cocina del hotel. Yo la miraba incrédulo mientras hacía el pedido. Me dijo que no solo de pollas se vive, que están ricas, pero eso mucho no alimenta. Cierto.

Yo no tenía mucha hambre. O mejor dicho, estaba tan cansado que comer me daba pereza. Y temía un ataque de sopor posterior cuando la noche aún prometía: así que la observé cenar. Se regodeaba en la comida con la misma pasión enfermiza y obsesiva que con el sexo. Esta tía estaba pero que muy loca. Cada vez me iba cayendo mejor.

-Hay algo que quiero preguntarte- dije.

-Pues pregunta, joder.

-Me gustaría que nos siguiéramos viendo, voy a estar aquí unos días más. Pero eres tan jodidamente buena que me pregunto si eso se puede comprar.

-Tú también follas muy bien y aguantas bastante.

-Que cuanto cobras, Zorra Loca- pregunté impaciente.

-No soy una puta, Gilipollas De Los Cojones. Me gusta follar, comer, beber y los hoteles caros. Igual que a ti. Y me los pago yo, igual que tú. Tú de momento has venido haciendo lo mismo que yo hasta ahora y no te he preguntado cuánto cobras, subnormal.

No me toques los cojones. Eso lo interpreté como una puta señal del cielo.

-¿Puedes esperarme unos minutos? No tardaré, quiero ir a buscar algo para ti.

Ella recorrió con la mirada el carrito de comida: apenas había comenzado con el marisco y le quedaba aún un solomillo al foie con boletus al Oporto.

-Tú mismo.

Me vestí apresuradamente y bajé a recepción.

Angus Wadlnerberger- rezaba la placa del recepcionista- fue muy profesional. No sería la primera excentricidad que oyera en el turno de noche, ni siquiera levantó una ceja al escuchar lo que le pedí: levantó el auricular del teléfono e hizo una llamada. A los pocos minutos un taxi me recogía en la puerta del hotel y llevó a un taller de joyería donde elegí un solitario montado en oro blanco, asesorado por el excelente criterio del maestro joyero: nada de marcas, por muy fardonas que pudieran quedar a la hora de deslumbrar a la dama de turno: no era cuestión de tener logos de nadie tatuados en los cojones. Y menos un osito.

La paciencia no me permitió esperar a que me lo pusiera en su caja ni lo envolviera para regalo. Le dejé mi visa y mi DNI encima de la mesa, con instrucciones para que se los hicieran llegar a Angus, seguro que sabía lo que había que hacer. Le di un billete de 100 euros al taxista para que volara como Alonso hasta el hotel, y según lo previsto, llegué antes del postre justo a tiempo de ponerme de rodillas, como los cánones mandan.

Ella me miró con curiosidad. Increíble, se lo había comido todo. Había pedido comida como para cuatro personas y no había quedado ni la cabeza de las cigalas sin chupar. Me reafirmé: aquello no era una mujer, aquello era una bestia de la naturaleza.

-Esto es para ti si lo quieres- le dije poniéndole al anillo.

Se descojonó. Previsible.

-A ver, Zorra Loca, que te estoy pidiendo matrimonio. Un poco de seriedad.

-Entiéndelo, es que me está pidiendo matrimonio un Gilipollas de los Cojones, me tengo que reír, joder.

-Soy un gilipollas de los cojones que sé muy bien lo que quiero en cuento lo veo.

-El anillo es mono. ¿Si digo que no me lo puedo quedar?

-No, no te lo puedes quedar si dices que no.

-Vale, entonces sí quiero.

-¡Que no he terminado mi discurso!

-Jódete, me mola el anillo, si digo que no me lo quitas. Y una mierda. Sí quiero, sí quiero, sí quiero.- Canturreó.

-Sólo hay tres cosas que tienes que saber de mí- dije ignorándola. Al fin y al cabo, asumía como premisa de partida que estaba loca.

-No me importa, te quiero igual. Es lo que tiene el amor, aceptar a la persona que amas tal cual es, sin intentar cambiarla, ya sabes, toda esa mierda…- dijo con evidente tono de sorna.

Joder, que no calla la muy zorra…

-Primera: tú estás peor que un cencerro, pero yo no. Simplemente, sé lo que quiero y en cuanto lo tengo delante lo reconozco.

-Vale.

-Segunda: me llamo Jon Ander.

-Muy bonito- me dice- Yo Pilar. -Eso tendríamos que intentar arreglarlo, pensé.

-Tercero: me dedico al blanqueo de capitales.

Estalló de nuevo, desparramando carcajadas histéricas hasta que se le empezaron a caer lagrimones de la risa.

-Genial. ¡Es genial! ¡Es una auténtica pasada!- dijo casi con dificultad para respirar, sujetándose las costillas, incapaz de dejar de reírse.

-Bueno, Gilipollas de los Cojones, yo también tengo que decirte tres cosas a cerca de mí- dijo en cuanto se pudo controlar un poco.

-Di lo que sea, pero no me sueltes un rollo de qué bonito es el amor.

-Primera, que el día que no se te levante, pediré el divorcio.

-Me parece justo.

-Segunda, que vas a firmar un acuerdo prematrimonial porque mi coño no obedece, pero tampoco manda y entenderás en seguida que ninguno de los dos vamos a querer tener problemas el uno con el otro en caso de divorciarnos.

-Correcto, que lo redacte tu abogado si te parece mejor.

-No, si lo voy a redactar yo.

-¿Eres abogada?

-Tercera cosa que tienes que saber de mí: soy fiscal anticorrupción- dijo sin poder contener de nuevo la risa hasta el histerismo.

-No me jodas- dije sorprendido por primera vez.

-Sí te voy a joder, sí- dijo con voz lasciva acercándose de nuevo.- Pero te gustará.

-Un momento, un momento, un momento. Acabas de oír a qué me dedico, ¿no?

-Pues claro, no estoy sorda- me dijo tirándome encima de la cama.- ¿Tú conoces a mucha gente que pueda pagar la Royal Premium que se dedique a la fontanería?

-Y dices que eres fiscal anticorrupción.

-Creo que te voy a seguir llamando Gilipollas- dijo arrancándome la ropa a mordiscos.

Desde entonces han pasado ya veinte años y siempre digo que las dos cosas más inteligentes que he hecho en mi vida son, por ese orden, primero: pedirle matrimonio a mi mujer. Todo lo hace con la misma ferocidad con la que folla, todo: menudo puro le metió por el culo a mi jefe. Segunda: comprarle anillos sin logos. Gracias a eso sigo sin tatuajes de ositos en los cojones.

Gusapira

http://www.paraiso4.com/

DESPEDIDA

Posted in Especial Lamedores, Los relatos más relamidos, Relato Libre Miren with tags , , , , , , , , , , , , , on Sábado, 22 \22\UTC octubre \22\UTC 2011 by Miren


Por favor, amor, no digas nada, déjame hablar. Hace tanto tiempo que deseaba disfrutar este momento, de abrirte mi corazón. Tantos años reprimiendo las palabras y los sentimientos que ahora, voy a convertirme en un torrente, y trataré de explicarte —si es que la emoción y mi torpeza para expresarme me lo permiten— todo lo que llevo dentro.

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Jamás podré olvidar aquel día en el que tropezamos en la puerta de la lonja. Yo iba en mi bicicleta, y tú ayudabas a tu tío a descargar las cajas del pescado. ¡Casi te tiro al suelo!, y yo, hubiese ido detrás. ¿Recuerdas cómo nos reíamos después, cuándo nos imaginábamos rodando por el muelle cubiertos de sardinas y de boquerones? Desde el primer momento me hechizó tu piel morena y tu blanca sonrisa. Y no podía dejar de contemplar tus ojos grises que cambiaban continuamente de tonalidad según el color del mar.

Desde entonces, y a pesar del disgusto de mis padres —que no podían entender cómo una niña de clase alta como yo, abandonase a su pandilla de siempre para pasar tantos ratos junto a un pescador— no dejé de frecuentar ni el puerto, ni tu vieja casa. Recuerdo a tu madre, siempre con las manos ocupadas en algo, tan joven y tan hermosa. Y tú tan orgulloso de ser su calco y no tener un mínimo parecido con aquel padre que os abandonó.

Recuerdo a tu abuelo, sentado en su mecedora. Siempre con su pipa encendida o apagada entre sus rugosos labios. Siempre dispuesto a que nos sentásemos en el suelo a su lado para contarnos historias de sirenas, de caballitos de mar, de sus largos viajes, por todos los mares del mundo. Historias, que luego me decías que eran sólo producto de su imaginación, porque él jamás salió de las costas gaditanas con su pequeño barco de bajura.

No he vuelto a ver  atardeceres tan hermosos cómo los de la Bahía de Cádiz cuando, cogidos de la mano, caminábamos por la playa.

Tú querías ser médico, ¿recuerdas? Y deseabas que empezara tu último curso del instituto para iniciar tu carrera. Yo quería ser periodista, y ambos nos dejábamos arrastrar por nuestros sueños. Tú te convertirías en un famoso oftalmólogo e irías a buscarme a Palencia. Mientras tanto nos consolaríamos con nuestros veranos.

Pero no nos quedó ni ese alivio. Mi familia y yo jamás volvimos a Cádiz. Mis padres alertados sin duda por aquel cariño, vendieron nuestra casa, y desde entonces nuestro lugar de veraneo fue otro. No podían dejar que la niña se les malograse con un muchacho humilde  sin un apellido reconocido. Siempre chocando con lo mismo… el qué dirán… el dinero… la posición… el buen nombre…

Phssss no digas nada aún, déjame explicarte. Sé que me vas a decir que pude escribirte, llamarte por teléfono, siempre hay mil formas de comunicarse. Yo me fui, y tú prometiste ir a despedirme. Pero no apareciste, Álvaro. Esperé y esperé, me consumí en un mar de amargas lágrimas, no cumpliste tu promesa y yo no quería marcharme de allí sin decirte adiós. Mis pies permanecían anclados al suelo, y mi mirada fija contemplaba el lugar por donde deberías haber aparecido. Casi tuvieron que meterme arrastras en el coche. Según me iba alejando de allí una punzada de dolor se clavó en mi corazón. Y luego meses y meses esperando unas noticias que jamás llegaron.

Hoy, por fin he podido volver, han transcurrido nueve largos años. Terminé mis estudios, tengo mi trabajo, soy una mujer independiente; y al final mis padres han comprendido que ya no soy una niña y puedo tomar mis propias decisiones. Jamás les perdoné haberme prohibido volver a este hermoso lugar. Cómo tampoco te perdoné a ti tu abandono.

Tenía que regresar, por orgullo. Tenía que saber qué había pasado y acallar esa duda que me corroía las entrañas.

He vuelto a recorrer el puerto, he visto tu casita —blanca y encalada, igual que antes— y mi corazón comenzó a latir de nuevo. He llamado a la puerta y tu madre salió a abrirme, casi ni la reconocí. Es increíble lo que ha cambiado en estos años, no es ni sombra de lo que fue. Miré la mecedora del abuelo y estaba vacía, la casa en sí, estaba vacía. Al fin, he encontrado lo que venía buscando.

************

Mientras las ruedas del coche de mi padre giraban para devolverme a mi casa, tú luchabas entre la vida y la muerte. Ahora me acuerdo perfectamente de aquella ocasión en la que te comenté que el mejor regalo que podías hacerme, era una estrella de mar, ¡necia de mí! Y eso es lo que hiciste, ir a buscar mi regalo. Eras el mejor nadador y buceabas cómo los mismos peces. Cómo decías tantas veces, el mar y tú erais amigos. En él te criaste y empezaste a desplazarte por sus aguas incluso antes de caminar por la tierra. Hay amigos que traicionan y este te traicionó, o, quizá no. A lo mejor simplemente te quería tanto que quiso tenerte sólo para él. No pudo soportar compartirte conmigo.

Las lágrimas se agolpaban en mis ojos, saqué un trozo de papel y lo arrojé a ese mar traicionero que me quitó lo que más quería. Era la carta que tenía preparada para enviarte. Esa carta que el despecho y la certeza de que me habías olvidado, quisieron que se quedase arrinconada en un cajón. Destrozada volví la espalda a la playa y con paso lento me fui encaminando al centro de la ciudad, que abandonaría en breve, seguramente para no volver jamás.

Mientras me alejaba, el murmullo de las olas me trajo tus últimas palabras: “Te quiero Carolina”.

FIN

Los Amantes

Posted in Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Poesía, Relato, Relato Libre Rhay, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 20 \20\UTC octubre \20\UTC 2011 by Rhay
“¿Me quieres?” le susurró al oído mientras le pasaba la mano por el hombro. “Sí”, contestó dirigiendo la mirada encendida en busca de unos ojos que respondieran a la invitación. “Te echaré de menos”, continuó susurrando lánguidamente una cabeza que se arrimaba poco a poco hacia el regazo que la esperaba impaciente. “Yo también te echaré de menos. Jamás había conocido a alguien como tú.” Contestó con aquella mirada tan tierna, tan triste, tan llena de agua de mar…
Entonces miraron hacia el cielo. La noche era clara, algo fresca, pero parecía sacada de una novela romántica: una luna llena enorme alumbraba sus caras que se sentían acariciadas por la brisa marina de la noche. Más allá, a lo lejos, sólo había oscuridad. A duras penas se distinguían las luces del pueblo. Sus vidas eran del mar, de la arena de la playa…
Se miraron nuevamente a la cara, y decidieron hacer el amor como nunca en su vida lo habían hecho. Se amaron, se dijeron tantas veces “te quiero” que jamás podrán contarse. Y después, contemplaron en silencio las estrellas. Era la noche perfecta.
Poco a poco, les fue venciendo el sueño, y quedaron sumidos en él con las extremidades entrelazadas, en un abrazo eterno. Cuánto amor había en ese rincón del Universo; cuánta pasión encerrada en esos dos cuerpos hechos de carne, hueso y sentimientos… Cuánta sensación de seguridad recorría sus mentes. Tanta, que ni se percataron del estallido de luz que apareció más allá de la villa, ni de la lluvia de ceniza y piedra pómez que les venía encima proveniente del Vesubio. Y así quedaron, en su tumba de ceniza para siempre estos amantes, el 24 de agosto del año 79.

Katia se acerca a Tulum (by La Revoltosa)

Posted in Especial Lamedores, Relato, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 18 \18\UTC octubre \18\UTC 2011 by Administrador

Sentía que mi corazón se encogía o agrandaba, no lo se bien, dentro de mi pecho. Llevaba ya varios días angustiada sin saber que hacer con Roberto, pero ya era tarde, eran las tres de la mañana y no había ido a celebrar el nuevo trabajo de Roberto. Ayer le dije solamente “mañana nos vemos”.

Las tres de la mañana y Katia se acerca a Tulum. Sin poder dormir, sin saber que hacer, y ese gesto mecánico de encender la tele me dejaba sin saber que hacer aquel verano. Necesitaba que me abrazara. Ni siquiera un beso de despedida, ni siquiera le devolví su sonrisa. Tenía miedo de que me temblara la voz, de que me temblaran las manos, de no poder dejarle marchar.

Yo contaba con que el mes que tenía hasta incorporarse al nuevo trabajo los pasara conmigo aquí, pero prefirió ir de vacaciones a algún sitio. Solo me dijo que hiciera la maleta y metiera un bañador. Me sorprendió y no sabía si ir o no ir.

Un beso, un solo beso en el portal y me pidió que fuera con el. Vacaciones y luego el a un sitio y yo en el otro. Todo se quedaba en las miradas, las sonrisas intercambiadas durante varias semanas. El seguimiento, discreto, de todas las que se le acercaban. Pero el se iba y ya no volverían aquellos gestos. Solamente pude decirle “mañana nos vemos”, y nos hemos visto. Pensaba que evitándolo me ahorraría la despedida. Pero ya me había despedido sin hacerlo y me sentía mal.

A la mañana siguiente llamé a las chicas y les dije que qué hacíamos con el huracán. No recuerdo quién dijo que hablaría con la agencia para anular el viaje y buscaría alguna oferta en Internet. Encontraron un hotel en Menorca y nos pareció una buena idea.

La Cala en la que estábamos estaba bastante concurrida, pero empezamos a ir caminando a las cercanas que se encontraban vírgenes. Todas calmadas, todas con colores intensos.

Aprovechando que era San Juan decidimos ir a Ciudadella a ver la exhibición con los caballos. Les hacían subir sobre las patas traseras y caminar entre la gente haciendo círculos. Ya, por la noche, aquello se llenaba más y más de gente.

Decidimos irnos cuando de pronto los que estaban mas al centro se retiraron y un caballo se levantó justo a mi lado haciéndome retirar bruscamente tomando impulso con los brazos. Noté que mi mano golpeaba algo y al volver vi cómo un chico con la cabeza hacia abajo estaba sangrando por la nariz y la tapaba con su mano. “¡Roberto!” “¿Qué haces aquí?” Al ver cómo sonreía, con lágrimas en los ojos y todo el rostro cubierto de sangre me quedé sin respiración, contenta de verle, pero al mismo tiempo no pude contener la risa.

El acercar mi mano a su cabeza, abrazándole, juntando mi mejilla a la suya poniendo mis labios en su cara, creo que fue un acto reflejo. En ese momento sentí que le estaba diciendo ya que si a su pregunta de la semana pasada. Ya no podía escapar de nuevo.

Mientras íbamos al hospital, me contó que había pensado que nos fuéramos los dos a Menorca a pasar sus últimos días sin trabajar, ya que yo había cogido las vacaciones. Tenía ganas de descansar y solo deseaba estar conmigo. Sus palabras me emocionaron de tal manera que no pude reprimir besarle la boca. Lo único que lo impidió fue mi propio ansia, ya que al hacerlo le dí con la frente de nuevo en la nariz. Afortunadamente no estaba rota.

Fue cuando me preguntó por algún seguro de viajes. Yo vendo seguros. Me sorprendió y me quedé un poco helada, pensando que aquello ya no tenía remedio. Que ahora que yo ya aceptaba a el se le había pasado todo. Entonces soltó una carcajada y me dijo que lo iba a necesitar si al día siguiente quería ir con el a algaiarens. Me quedé rígida, sin poder moverme pero inmensamente feliz. Fue el quien acercó suavemente sus labios a los míos y cuando ya notaba su calor en mi boca me pidió permiso para hacer una cosa que le apetecía mucho. “Si”-le dije.

Se vino con nosotras, pero las chicas se fueron al hotel y nos quedamos un rato en la cala. No se que dijeron de que llevaban un par de días esperando la actuación de las animadoras del hotel cantando a la Carrá. Nos fuimos a un extremo de la cala y nos sentamos a fumarnos un cigarro. Me sentía muy culpable y le pregunté que como se encontraba. Volvió a soltar una carcajada y me respondió que muy jodído. Yo hice otra pausa de apnea, pero cuando añadió que a 20 kilómetros de su hotel y sin poder volver yo también me reí. Me ofrecí a colarle en la habitación.

Nunca le había visto reír de una forma tan abierta. Es verdad que es muy alegre, pero siempre era tan comedido, tan responsable, que me sorprendía gratamente. Me propuso darnos un baño. Habíamos cambiado los papeles. Normalmente yo era mas espontánea, y de pronto veía pegas porque veníamos arreglados de Ciudadella, sin bañador. El agua estaba caliente. Cuando entramos en el hotel ya había terminado el show de la Carrá. Las otras se habían metido en la otra habitación. Era tarde y decidimos dormir. Yo no pude hacerlo en toda la noche. Cerraba los ojos y estaba quieta. No me atrevía a respirar para no despertarle.

Por la mañana Marta dijo que cogieramos el coche porque Tere estaba con sus días y se iban a quedar con ella. Vi a Tere y le pregunté que qué tal se encontraba y me explicó que le había sentado mal el cubata. Nos acercamos a Rosa que estaba en la tumbona y dijo que qué mala suerte torcerse el tobillo justo con el explótame. Nos fuimos riendo pero sin decir nada.

En el coche seguimos un buen rato de buen humor hasta que de pronto, sin decir nada, los dos guardamos silencio. Empecé a pensar en por qué no le había despedido en Madrid. El, no se en que pensaba. Su silencio me angustiaba, solo podía pensar en qué pensaba el.

Nada mas llegar a las escaleras que bajan a la playa nos volvió la alegría. Ver la playa recta con su fina arena blanca, el agua turquesa, la cala semiabierta… Pasamos el día como si los dos fuéramos uno desde siempre.

Las chicas habían alquilado otro coche porque dijeron que al final se pusieron bien y les daba pena no hacer nada. Para nosotros siguieron cinco días mas como el de la playa. El penúltimo estábamos raros. El se iba a ir para un lado y yo para otro. No se puede congelar el tiempo. No se si merece la pena congelar los recuerdos, pero esos si quedan para siempre. Se que el recuerdo de mi ausencia en su despedida se borrará rápidamente, ya casi ni me acuerdo. No se si sus carcajadas se quedarán mucho o poco tiempo, pero se que me gustó haber sido testigo.

De pronto, volví a sentirme alegre, con ganas de volver a jugar con el en el agua. Y al volverme a mirarle le vi también una gran sonrisa.

Sólo el tiempo dirá si nos separan 800 kilómetros o una hora de avión.

KuS KuS

Posted in Especial Lamedores, Los relatos más relamidos, Relato Libre, Relato Libre Tirititran with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Domingo, 16 \16\UTC octubre \16\UTC 2011 by tirititrantran



-Hijo de puta! Desgraciado! Te odio! Vete a casa de tu putita a que te la chupe! Cabrón! No quiero volver a verte nunca,… jamás! Si te vuelvo a ver por aquí, haré que te rajen como a un jodido cerdo!-sus gritos resonaban en toda la calle, en pleno centro de Madrid, cuando todo el mundo estaba de rebajas de Enero.

Me había perseguido por las escaleras con una magnífica sartén de puro acero inoxidable, la mejor para los huevos fritos. Tras varios intentos de llamar al telefonillo sin respuesta sonó detrás de mí, al estrellarse contra el suelo, la cafetera express que le había regalado, pero; de todas los objetos que caían, de toda la ropa que ya había en el suelo, me apresuré a recoger junto a la entrada del estanco de  enfrente, las braguitas rosas causantes de que Hanne montara en cólera.

Las había dejado secando junto con mi ropa interior en el baño. Se suponía que Hanne no estaría de vuelta al menos en una semana,..quiso darme una sorpresa, pero dormido como un tronco no pude ver ni oír la botella de champán al caer, mientras le cambiaba la cara al ver con la puerta abierta las llamativas braguitas fucsia,… lo único que acerté a ver, ya en la calle, hasta que las metí en mi bolsillo de mi pijama.

No sentía el sartenazo que me había propinado, justo en la coronilla, delante de la anciana vecina del segundo, sólo notaba como me ardía la cara de pura vergüenza,-descalzo con los pies helados- sólo quise recoger lo imprescindible y largarme de allí…pero era todo lo que tenía…

-¡Cabrón de mierda! te van a abrir en canal, me oyes?Eres un cerdo y un hijo de puta! Vete con tu putita-no se si el diminutivo era porque las braguitas eran de la 36- y que te resuelva la vida ella, maricón!-rugía con su acento germánico,  mientras yo recogía unos pantalones aquí una camiseta allá, tratando de esquivar la lluvia de objetos y los punzantes improperios de mi leona danesa.

Mis fugaces miradas hacia arriba me revelaban su figura por encima de la baranda;  enmarcado en rizos dorados, resaltaba su busto bermellón  justo por encima de su blanquísimo e imponente escote.

Salí de allí justo a tiempo, porque al día siguiente pude ver lo que acontecería después en el canal local desde el cuarto de Mirella, mi nueva putita. La loca de Hanne se ensañó con los locales que vinieran a calmarla y fueron a llevársela detenida cuando descubrieron su pasaporte diplomático, teniendo entonces que dejarla libre.  Mientras,se veía en la ventana del saber, cómo  la gente cogía con gusto las caras ropas que me hube comprado con la pasta de Hanne.

Ya llevaba tres años viviendo en el hermoso dúplex de Hanne. Cuando nos conocimos, yo llevaba dos años viviendo como podía -repartiendo pizzas aquí, de camarero allá- tras terminar la carrera de derecho,…no me gustaba trabajar. Que mis padres me cerraran el grifo, me sentó fatal. Había cortado con ellos con una rabieta irremediable.

Nos presentaron en una disco de las afueras,…ella dejó que condujera su coche -debido a su ebriedad- hasta su casa, donde en dos semanas prácticamente ya estaba  instalado.  No me sorprendió que confiara tan pronto en mí, suelo causar esa impresión en la gente; al igual que tengo la cualidad de decepcionarlos brutalmente,…por eso -creí- no me dolían sus interjecciones, resbalaban sobre mi piel de lagarto curtida durante años.

Ella no paraba de viajar debido a sus dos trabajos; uno como diplomática adjunta de la embajada de Dinamarca en Madrid, y otro como una especie de chica para todo -aunque luego supe que tenía más poder del que decía en principio- dentro de una especie de Lobbie internacional.

Al principio no me extrañó -aunque en realidad nunca me importara lo que hiciera- su devoción por Pio Baroja, o las extrañas runas que tenía en las vitrinas…

Ahora era el momento,-pensé mientras veía la cara llena de venas insospechadas de Hanne a través del televisor- de proteger a Mirella, -posiblemente la primera vez que pensaba en alguien que no fuera yo- ella no tenía culpa de nada, y yo debía desaparecer en la gran urbe, cosa difícil cuando se carece de amigos de verdad,…

Sí; quería esconderme, pero no se por qué quería indagar más-no sólo para protegerme más eficazmente; también para vengarme de Hanne. La pobre solterona caurentona que confió en mí y tardó dos años en descubrir uno de los múltiples rollos que llevara a su apartamento de lujo. La pobre Hanne que desató mi furia retorcida y contenida,…al menos ella debió  darme una segunda oportunidad. Si salía airoso, podría vengarme de ella y resolverme la vida para siempre…

¿Cómo se atrevía a amenazarme? Sabía de lo que eran capaces sus amiguitos del Lobbie.

-Eso ha sido cosa nuestra-se le escapó una vez, con orgullo, mientras desayunábamos desnudos frente a la CNN, y las imágenes del cadáver de un líder africano.

Me instalé en el zulo de un colega de Móstoles,a quien no veía desde la carrera, donde se organizaban ilustres partidas de juegos en LAN.

Poco a poco el “Trasgu”-Miguel N.F. según su partida de nacimiento-fue implicándose más y más en mi investigación. Tenía datos, pocos, sobre las premisas que pudiera seguir el dichoso Lobbie. Inocencio III y los cátaros, templarios, esoterismo nazi, Bilderberg,…y algún retazo de información que diversos movimientos antisistema dejaban en la red.

No lo tenía claro, no había en principio nada concreto hacia su red de influencias ni sus acciones,…hasta que una noche tuve una pesadilla en la que, de  la papelera del salón del dúplex salía un humo que se consolidaba en forma de garra y me agarraba del cuello para meter mi cabeza en el fuego de su interior. Tras el sobresalto, el eureka que salió de mí  retumbó en las cuatro paredes del cuchitril en que me alojaba.

Yo y mi manía de dormir. Hanne y su manía de madrugar, …de tiempo en tiempo cuando ella ya había hecho sus cosas por la mañana y me esperaba con el desayuno preparado, solía oler a papel quemado…claro que, nunca me preocupé de la basura si ella estaba en casa. Sin más me solía soltar los domingos que debía marchar allí o allá…pero, mi memoria es terriblemente mala.

Sólo haciendo memoria a la placentera referencia de las chavalas que llevé a casa pude hacer un croquis temporal de sus viajes, y ella no me mentía a donde iba, eso seguro; yo siempre la llevaba al aeropuerto, no tenía nada mejor que hacer…

Ya tenía más pistas, y aquello empezaba a encajar de manera siniestra. Dos semanas después de cada uno de sus viajes ocurría algo. Lo que más me sorprendió fue que aparentemente no tenían conexión ideológica entre muchas de ellas.

¿Que tenía que ver la destrucción de un puesto de mando de las FARC, con el “corralito” a lo bestia de Brasil? ¿que tenían que ver los atentados en Bombay, con el robo de la corona de Inglaterra? ¿Y las desastrosas revueltas pro-Apartheid en Sudáfrica con el asesinato de Berlusconi?

Y lo más fuerte-aunque no me extrañó tanto tras intentar entender la extraña relación entre el Vaticano y el Ku Klux Klan-, el asesinato en Montreal del primer presidente de color de los Estados Unidos de América.

¿Y ahora qué?

Tenía que soltarle el bombazo a Trasgu para que lo difundiera como el viera conveniente por la red, pero no antes de preparar mi venganza particular que me llevaría, como en las películas de Hollywood, a disfrutar de una vida distendida y sin tener que trabajar.

Un buen día, me desperté sobresaltado por un estruendo increíble. Trasgu era de esas personas que, gracias a su torpeza, se mantenían en forma sólo de tener que agacharse a recoger las cosas que se le caían. Ésta vez, había tirado los platos y cubiertos de la cena de la noche anterior, y todo el kus kus que había sobrado. Fue cuando, tras contárselo todo, se puso a trabajar en la investigación.

-A mi me da,-dijo tras mis explicaciones y un par de horas tecleando en su máquina-que éstos son unos cabrones sin escrúpulos; ni nazis, ni ocultistas, ni nacionalistas ni nada,…lo que quieren es la pasta y punto, y se dedican a mimar éste u otro movimiento según les convenga…miran el mundo como alguien que se fuera a comer un plato de kus kus, ..y pensar que todo empezó con la cruzada albigense…con la iglesia hemos topado!

No fue difícil conseguir la ropa, y uno s¡ de esos aparatos que llevan los de las eléctricas, unos cuantos camellos malotes me debían favores. Lo difícil fue volver a mis andadas sin llamar demasiado la atención, y tras recuperar algo de color tomando el sol del verano en el retiro- ya que tras todo ese tiempo encerrado y comiendo basura precocinada parecía un zombi-,  ligarme a la cabo primero que vivía en el 36 de la Calle de las Infantas, y así poder vigilar a mi víctima.

En realidad fue más placentero de lo que me había imaginado, aquella obsesiva de los músculos me dejaba exhausto en menos que canta un gallo,… y cocinaba como mi abuela. Le había dicho que era escritor, y no puso pegas a que me instalase en el cuarto de la plancha para escribir en mi blog de altos vuelos, mi catapulta a la fama. Tampoco ponía objeciones cuando me pillaba fisgando por la ventana,…necesitaba personajes reales…claro que, y ella tenía razón, debía salir a la calle y conocer a esos personajes reales y creíbles.

-Tengo una gran capacidad de observación e imaginación-le decía, mientras le acariciaba su enorme cicatriz cerca del coxis, causada por múltiples operaciones tras una brutal paliza a manos de su ex-marido, de quien tuvo que alejarse, lejos de su querido Ferrol natal. Me dijo que había tardado casi cinco años en recuperarse casi del todo.

El tiempo fue trascurriendo y aunque por un lado me sentía cada vez más nervioso por la inmovilidad de Hanne, quien pasaba demasiado tiempo en casa, y apenas hacía ronda matinal alguna -en la que se suponía, debía recibir sus mensajes secretos, seguramente en algún apartado de correos,…como cuando traía los cruasanes de la pastelería para desayunar-,cada vez me sentía más cómodo en casa de Sonia. Mis relatos eran lo suficiente ingeniosos para convencerla de mi vocación, y cuando me daba por cocinar conseguía que se deleitase con mis locuras de contraste,…aunque sólo se hacer pasta…cocina de batalla del estudiante. Y sobre todo, ya no me chupaba tanto… la sangre… el chi que dirían los taoístas.

Un caluroso día de Agosto me llegó un e-mail de Trasgu, diciéndome que la clave y la posible interconexión de todas las locuras ideológicas que buscábamos podía residir en un extraño personaje llamado Matsumoto, dueño de la mayoría de la industria nuclear japonesa, y gran ideólogo capitalista, budista y supremacista racial. Me extrañó  no haber oído tal nombre  de boca de Hanne, parecía que había confiado tanto en  mí… Al parecer Trasgu consiguió relacionar a ambos en cada hotel que  Hanne se había alojado en sus viajes, y aunque curiosamente, el japo no ha publicado ningún libro, aparece en multitud de publicaciones científicas, esotéricas, nazis, sionistas, y de economía.

Varias semanas después, no sé cómo se enteró, Trasgu me comunicó que Matsumoto se disponía a viajar a China, lo cual me hizo intensificar la vigilancia. Dos días más tarde vi a Hanne volver a casa con una bolsa de bollos calientes y correspondencia… seguramente ese lunes saldría para… ¿China?… Tenía que asegurarme.

Aquella misma noche, tras una deliciosa ensalada de berros con aguacate, piña, tomate y gambas, y unos deliciosos mejillones al vapor, regados con dos botellas de ribeiro, Sonia me soltó que salía el martes para Rota ;aún quedaban zonas sin pacificar en Libia, y ésta vez le tocaba a ella acudir.

¿Como no me di cuenta antes, acaso estaba idiotizado del todo? Siempre, antes y después de cada acontecimiento magnicida había una revuelta que sofocar o atroces atentados en otra parte del mundo…y siempre caían algunos cascos azules… Aquella noche me volvió a pedir que se lo hiciera por detrás,…le gustaba… cuando terminamos, me dijo que me quería…fue cuando me di cuenta de que estaba enamorado de ella, no quería que fuese a la guerra , a aquella trampa. No quería que le pasase nada, no quería estar sólo.

-¿Pero bueno, tu eres gilipollas o qué? Sabías en lo que trabajo, ..además ¿como crees que puedo permitirme este piso? Es mi trabajo, es mi deber, no puedo salir ahora conque me duele la espalda- tuve que contárselo todo…

-Tú estás paranoico – me dijo, aún no le había contado lo que pensaba hacer.

-No se si echarte de casa a patadas o llamar a la policía… ¿Pero tú qué eres: un escritor de pacotilla, un puto ladrón, o sólo un jodido cabrón que además todavía necesita a su mamá que le doble los calzoncillos?-tuve que sacar mis sentimientos, llorar, pedir perdón, …y volver a sodomizarla para que esperase al Lunes a mediodía antes de tomar ninguna decisión, …cuando tuviésemos el botín cambiaría de idea.

La suerte estaba echada, si Hanne no salia pronto aquel Lunes todo se iría a la mierda.

A las ocho en punto, Hanne  salía del portal, la vi de espaldas, meneando su precioso trasero cuarentón embutido en una de sus carísimas faldas de protocolo camino del párking donde aparcábamos, …aparcaba, su suntuoso Mercedes que la llevaría hasta el aeropuerto.

Me puse el disfraz, tomé la bolsa de herramientas y el aparato de lectura de contadores. Llamé a la anciana del segundo, quien protestó por lo temprano que llegaba. Estaba lo suficientemente ciega para no reconocerme tras mis gafas de culo de vaso y mi bigote postizo, la voz la había ensayado durante meses…

La cerradura no fue problema, la única chaqueta que me tiró la muy nazi llevaba una de las dos copias que había hecho para cuando saliese de marcha, no la había cambiado.

Lo jodido fue abrir la dichosa caja fuerte, no quise hacer ruido y traté de abrirla con una mezcla de ignidores que, me garantizaron, se comerían cualquier metal como mantequilla…cuando me dí la vuelta para no mirar el fogonazo vi su mirada.

Aquella maldita cámara no estaba allí antes, joder!! Debía darme prisa, puse la “goma” lo más dentro posible entre la puerta y el armazón, me fui hasta la bañera para resguardarme, y activé los detonadores. ¡¡BOOM!!

Reventó, vaya si reventó,…

Al salir del baño no se veía casi nada, tropecé y caí al suelo…

En el hueco donde quedaba la caja, sin noticia alguna de puerta de acero, sobresalían papeles quemados  entremezclados en un amasijo de pequeñas piezas de oro semifundidas -entre las que se encontraban unas cuantas estrellas de David-, y cinco lingotes de como a kilo -luego supe que eran de 853 gramos- me sonreían desde el fondo de la caja.

Lo metí todo en la bolsa y salí pitando, en las escaleras tropecé con algo que parecía Robustiana, la vieja del segundo, no miré atrás.

Desde la casita de la playa con blanquísima arena y  aguas cristalinas vemos las noticias -Sonia quiso parabólica-, noticias de grandes mandatarios destituidos, empresas nacionalizadas, minas de diamantes embargadas por el FMI y la ONU… un nuevo desorden mundial…

Hanne; no espero que vengas, pero si vienes estaré esperándote, tengo una guardaespaldas,…y me ama.

Amargamente me despertaron con un jarro de agua fría, no sabía donde estaba, los ojos furiosos y a la vez sonrientes de Hanne me miraban desde arriba, su boca se torcía en una extraña y terrible mueca sádica.

Atado de pies y manos,  miré a mi alrededor; sobre una mesa de acero se adivinaba un cuerpo inmóvil, con los brazos colgando a cada lado, y una pierna la más cercana pendiente de rodilla para abajo de una fina tira de unos vaqueros ensangrentados.Bajo una masa informe y sanguinolenta pendía la inconfundible melena rizosa del Trasgu, hecha tiras y girones, de  su inconfundible camiseta sólo era reconocible la cabeza de la serpiente, que me miraba irónicamente con sus ojos rojos y fríos, sin pupila alguna.

El ruido de uns tacones me hizo girar la cabeza al otro lado…

…bueno chico, parece que tu amigo no era tan listo, -decía Sonia, la oía bien, pero tanto ella como Hanne se emborronaron tras unas lágrimas que no pude contener, …no sabía si de pena, de rabia o sólo de terror- no tardamos en cazar su señal y a toda su red, sus ordenadores se encargarán ahora de ayudarnos para nuestros propósitos, verdad Hanne?

- Mh! Y tú,  no te diste cuenta que yo debía de tener una guardaespaldas cerca?En fin; gracias por lo de mi piso, lo que supuestamente robaste va a hacer que el seguro me pague una buena suma…y podré cambiar los muebles gratis.

-Bueno,-volvió Sonia a hablar- Hanne me ha dado instrucciones precisas de como tratarte, …es cierto que me gustas, la verdad es que eres un cabrón adorable y me encantaba lo que me hacías, hasta es posible que me revientes el culo una vez más antes de que , ¿como decían en esa película que te gustaba tanto? A sí, practiquemos el medievo con tus pelotas, y tu cara, esta vez aunque quieras no te ayudarán ni tus padres, porque no creo que te reconozcan , y sin dedos, ..no hay huellas dactilares verdad? Y a ver como hablas sin lengua…-creo que ahí fue cuando me desmayé, nunca me he atrevido a mirarme en un espejo, la expresión de la cara de la gente que me ve es bastante explícita.

inEXorable AMor de vEraNo

Posted in Especial Lamedores, Relato, Relato Libre, Relato Libre lame Anna with tags , , , , , , , , , , , , , , , , on Viernes, 14 \14\UTC octubre \14\UTC 2011 by annalammer

Se empeñaron. A mi no me apetecía nada. Pero la familia es así: que cómo te vas a quedar tu sola aquí en casa, que te viene bien cambiar de aires, que como te vas a quedar sola a tu edad, que a ver si te va a pasar algo. Así que no me quedo más remedio que meter mis libros en la mochila y prepararme para un aburrido mes de playa, que esperaba pasar estudiando más tiempo en casa que acompañando a la playa a la familia.
Es verdad que llevo veraneando allí, en ese pueblucho, años, y que tengo amigas, pero ya no es lo mismo de antes, todo ha cambiado. Nosotras también.
Nada más llegar a la casa del pueblo, en cuanto vieron las ventanas abiertas, Manoli y Toñi vinieron a buscarme para dar una vuelta por el paseo y sentarnos un rato para ponernos al día de todo.
El mohín en mi cara desvelaba el desencanto y la desgana…pero que remedio. Así que a ellas tampoco puede decirles que no. Afortunadamente. Ahora pienso que afortunadamente. El paseo fue corto y en seguida nos sentamos en un banco mirando al puerto, viendo como los barquitos regresaban de la mar… De repente, no se cómo, tu sonrisa. En el banco de enfrente tu y tus amigos. ¡¡Menuda panda!! Venga a lanzarnos piropos…Nos tuvimos que largar algo acaloradas, sonrojadas…pero divertidas gracias a vuestros atrevimientos. Inevitablemente tuvimos que volver al día siguiente a ver si os veíamos, y efectivamente allí estabais, no se si fuisteis por nosotras o era vuestro lugar habitual. Aunque yo creo que viniste no por mí, si no a por mí. De aquella tarde no pasó, y me pediste una cita. Yo no estaba acostumbrada a esas cosas, y muy digna te dije que ni de coña, pero insististe tanto…tanto…con esa mirada que me comía entera y me hacía sentirme desnuda ante ti, que finalmente, también tuve que decir que si.

Y no me arrepiento, el verano fue ideal contigo, jugando torpemente al amor y al sexo. Eso sí, no toque un libro y Septiembre es lo que tiene, hay que recuperar. Mientras, agosto iba pasando.
Llegó el momento del adiós. Un adiós esperado. Los dos sabíamos que llegaría. Los dos tan lejos. Tu en Cádiz, yo en Barcelona…
Volvieron a brillar tus ojos y lucir tu sonrisa en medio de las lagrimas que ambos intentábamos tragar.
-¡Lucia, escapémonos!
-¡Eso es una locura!
-Lucia, quien no comete alguna vez una locura corre el riesgo de volverse loco. ¡Escapémonos!

Y con un beso apasionado cerramos nuestro pacto. Mañana no habría despedida sino un camino por recorrer juntos.
Sobre la mesilla de noche al dar las doce deje una nota:

“Queridos hijos :
Se que no lo vais a entender. Pensareis que estoy loca. Y sí, puede que de amor. Siento decepcionaros, pero a mis setenta creo que ya soy lo bastante mayor como para independizarme. Primero tuve que vivir con mis padres, después con vuestro padre y con vosotros. Cuando papá murió os negasteis a que viviera sola y tuve que ir pasando de mes en mes por casa de cada uno de vosotros y encargarme del cuidado de vuestros hijos, mis nietos. He conocido a Juan, ya me habéis visto con él, y hemos decidido terminar nuestra carrera juntos. Vosotros os preguntareis que pasa con mis exámenes de Septiembre…No me presento. No, no me presento y no os llevéis las manos a la cabeza ni pongáis el grito en el cielo. Paso. Hijos: PASO. Ha sido bonito ser Universitaria durante un año a mi edad…pero mi Facultad y mi carrera debe ser esta: LA VIDA, la que me quede por vivir.

Os llamaré en unas semanas, cuando hayáis asimilado esto. No estoy para charlas. Que sepáis que os quiero y os agradezco todo, pero sobretodo vuestro apoyo y comprensión. En este momento quiero que todos los días sigan siendo VERANO.
Mil besos.
Mamá.”

Salí de casa sin mirar atrás, mochila a la espalda, cerré la puerta y me monté con Juan en su moto. Al rugir el motor, respiré libertad.

Bona Nit. (By Sirvenza)

Posted in Especial Lamedores, Relato, Relato Libre, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 12 \12\UTC octubre \12\UTC 2011 by Administrador

Es nuestra ultima noche de estío juntos. Mientras te observo en silencio, bajo la luna, recuerdo paso por paso cómo nos hemos conocido. Lo que iban a ser unas jodidas vacaciones en el pueblo, se han convertido en el más delicioso romance que podía haber imaginado.
Conocerte entre la multitud de la playa, retándome con tu mirada. Rodearte sin que nadie lo notase, como si estuviésemos solos. Cortejarte, sentir tus ojos clavados en mi. La sal de tus labios que permanece en mi 25 horas al día. Oler tu cuerpo, mientras acaricio tus cabellos, ajenos al mundo entero, y hablarnos sin abrir la boca, susurrarnos cosas al oído.
Todo esto se acaba esta noche.
Ahora la sal de tus labios se funde con la de tus lagrimas en nuestros besos. Llevamos dos días preparando nuestra despedida. Y esta noche, última noche, no hay sexo ni caricias. Sólo besos amargos fundidos en dolor. Seguimos aquí los dos sentados. Ausentes para la multitud que nos rodea. Los cánticos de las hogueras cercanas apagan nuestro llanto. Algún perdido se percata un instante de que estamos aquí abrazados. Pero lo olvida pronto y regresamos a nuestro silencio. Me pregunto cómo será a partir de ahora sin ti, no se si me puedes oír.
Un ultimo beso, un largo abrazo.
Tus padres han llegado. Ahora la sal brota de mis ojos y todo esta borroso. Te vas, paras, te das la vuelta y esa sonrisa que me vuelve loco aparece en tus labios….

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.174 seguidores