Archivos para enamorarse

ENCONTRANDO EL CORAZÓN ( Por Maribel J.L)

Posted in Colaboraciones, Literatura, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , on Jueves, 16 \16\UTC enero \16\UTC 2014 by Administrador

Fui abriendo las cajas una a una. Algunas llevaban mucho tiempo cerradas. Entre libros, una nariz de payaso, un gorro de piscina, dos cepillos de dientes, folios amarillentos, algunos kleenex y unas tijeras oxidadas encontré mi viejo corazón roto lleno de polvo.

DueleEmpecé a desempolvarlo, junto con álbumes de fotos, sobres con dibujitos y unas cartas de amor. Ojeé las fotos, no me sobrecogieron. Imágenes pasadas de un pasado feliz. Los sobres eran aburridos, en sosos colores pastel, tan pastel, pensé, como las cartas de amor que un día te escribí y que por curiosidad empecé a volver a leer. En menos de dos horas había leído toda nuestra vida juntos y me dio pena. No encontré ni leí una sola carta de amor, ni una. El amor aparecía dibujado como a lápiz y difumino entre disculpas. Siempre disculpas. Siempre lo siento. Siempre. Daba igual si era una carta en la distancia de las vacaciones, si se trataba de un aniversario o si  era una tarjeta por tu cumpleaños. Daba igual. Siempre terminaba pidiéndote perdón, hasta por existir. Comprendí entonces que ni las imágenes pasadas eran realmente de un pasado feliz. Enamorada del amor había decidido que cualquier gesto tuyo, aunque fuera de desprecio, se justificaba porque nos amábamos. Amarse: creo que tenía idealizada esa palabra por puro convencionalismo. Que suerte la mía haber guardado todos esos tesoros en una caja, y poder echar la vista atrás para darme cuenta de que hoy realmente sí amo, sin justificaciones, sin disculpas, sin perdón. Sin necesidad de pañuelos de papel. Ese, mi viejo corazón roto que años atrás guarde en una caja, brilla, resplandece, palpita, vive. Presente. Futuro. El resto, a la basura. Ya no duele.

La vendimia (By Lady Cocoon)

Posted in Especial Lamedores, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Lunes, 24 \24\UTC octubre \24\UTC 2011 by Administrador

Ana y Toni hace más de 10 años que son novios cuando el mejor amigo de él le propone irse a Francia a vendimiar durante un mes por 1500 pesetas, no lo piensa ni un segundo, sabe que será duro, pero acepta. Sólo tiene que preocuparse del billete de tren y de explicarle a su chica que prefiere irse un mes a currar que pasarlo con ella de vacaciones, sabe que en vez de animarlo a vivir la experiencia será todo lo contrario, celos y desconfianza, como siempre.

En apenas una semana, Ana y la novia de su amigo los acompañan a la estación, la despedida es fría, pero bastan apenas diez minutos para que los amigos ya estén disfrutando como adolescentes de la experiencia.

Llegan a su destino y para sorpresa de ambos, al tener carrera universitaria y saber francés, les proponen hacer tareas administrativas, de puta madre – piensan- van a pasar un mes encargándose de recibir llamadas, preparar documentación y poco más. Al segundo día Toni coincide en el café con una chica francesa, a partir de ese día, él hace todo lo posible por coincidir con ella, en los descansos, en la fotocopiadora….Cualquier momento que pasa con ella es especial. Toni no necesita más que tropezar con sus pequeños ojos por encima de la pantalla de su ordenador, toparse con esa mirada que le llega al alma. Se acerca a su mesa, buscando un roce casual de sus manos, que le pueda dejar su aroma, que más tarde se llevará a los labios y besará. Quedan después del trabajo cada día y pasan horas hablando, hablan y hablan, se ríen, se abrazan…
Pero los días pasan muy rápido, la última semana duermen juntos. Sólo se abrazan. Nada más. Saben que pronto se van a separar y no quieren complicar las cosas. En este caso, como en casi todos, la razón gana al corazón, ninguno de los dos quiere fastidiar a sus respectivas parejas….Sueñan con la otra vida, y le dan gracias al que sea, por haberles dado la oportunidad de conocerse y quererse, eso sí, también piden que si de verdad existe “la otra vida”, se les permita empezarla juntos.
Llega el día en que han de volver, se despiden con un largo y apasionado beso, él sube en el tren con su amigo y empieza a llorar en silencio, y a seguir soñando con esa otra vida de la que se acaba de despedir. De repente suena su móvil y cierra los ojos más fuerte porque no quiere dejar de soñar mientras espera que la persona que está llamando se canse y cuelgue. Pero no es así.  Aprieta el botón verde, para escuchar una voz que le pregunta….cariño, ¿a qué hora llegas mañana? Tengo muchas ganas de verte….

31 Días

Posted in Especial Lamedores, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Sábado, 8 \08\UTC octubre \08\UTC 2011 by guttaelo

Un mes, simplemente 31 días bastaron para cambiar mi visión de tantas cosas. En un solo mes mi pensamiento, mi percepción, mi alma, descubrieron un mundo hasta ahora ignorado, el del amor.
Por mi vida han pasado muchas novias, unas estuvieron dos meses, otras un año, la que más duró supongo que fue la que mas me quiso, cuatro largos años de convivencia, años de ilusiones rotas, de decepción y paciencia, de reproches al principio callados, con el tiempo envueltos en lágrimas y por último con rabia. Jamás comprendí sus quejas, por más que intentara entender qué hacía mal y remediarlo, no daba con la fórmula. No me quieres, decía, si me quisieras no serías tan insensible a mi dolor, tu no sabes lo que es querer. Y tenía razón, ahora lo se, el amor no era aquello que yo sentía, no es cariño mezclado con sexo, no es simplemente ir a vivir con una mujer que te gusta y te cae bien, es algo mucho más complejo, algo tan difícil de explicar…
Cuando por fin me dejó sentí alivio, un poco de pena por ella pero aliviado por mi, el último año había sido desastroso, oír sus llantos, ver su desgana en todo, esa falta de energía acompañada de dejadez hacia su persona, ya no era la mujer con la que yo quería convivir y hacer cosas. La dejé ir.
Apenas noté su ausencia, el trabajo, los amigos y mi acostumbrada desidia por las cosas de la casa me llevaban de un día a otro sin sobresalto alguno, quizá alguna noche, al notar su hueco vacío en la cama me hacían mover la cabeza en un gesto de “que grande para mi solo”.
El aburrimiento me llevó a buscar unas vacaciones diferentes, cansado de la rutina agencia de viajes-lugar exótico-cuanto mas lejos mejor, en una revista vi una imagen blanca, un pueblecito en el interior con casas encaladas, flores en los balcones y callejuelas de piedra que parecía anclado en el tiempo.
Llegué un mediodía de intenso calor tan cansado de conducir y tan sudoroso que tras una ducha rápida en la pequeña habitación del hotelito decidí posponer la inspección de tan pintoresco lugar a después de una merecida siesta.
Al anochecer di un paseo admirando aquella quietud y buscando un sitio para cenar. Entonces la vi, una chica morena entradita en carnes para mi gusto, de piel bronceada y mas bien feucha venía hacia a mi sonriendo. Mi instinto hizo que me diera la vuelta esperando que aquella sonrisa espléndida fuese dirigida a otra persona, pero no había nadie tras de mi, tierra trágame, he dado con una loca en busca de ligue. Mientras mi mente urdía estrategias para escabullirme de un posible acoso de la que yo presentía la chica menos agraciada del pueblo, mi cara esbozaba mi mejor sonrisa mecánica, ensayada tantas y tantas veces en mi trabajo de relaciones públicas.
No se como fue, qué dijo, qué pasó, pero cuando me di cuenta habían pasado cuatro horas, cena, sobremesa, paseo, charla y despedida con un “quizá volvamos a coincidir, este pueblo es muy pequeño”.
Aquella noche a solas me limité a un encogimiento de hombros al no encontrar explicación al hecho de haber pasado todo ese tiempo con una desconocida que ni me atraía ni tenía nada en común conmigo.
Dos días mas tarde la vi de lejos, sentada en un banco de la plaza leyendo absorta un libro que por el tamaño debía ser el Quijote. Sin pensar acabé sentado junto a ella manteniendo una charla sobre literatura rusa de la que yo no tenía ni idea ni conocimiento alguno y todo hay que decirlo, interés, pero su voz, sus gestos, sus ojos al mirarme, esa sonrisa dulce y llena de inocencia me cautivaban, hacían en su conjunto una mezcla explosiva para mi, la miraba deseoso de no perder ni un detalle de aquel compendio de cosas que me ponían los pelos de punta.
Día tras día la buscaba en aquellas calles, madrugaba con la esperanza de encontrarla temprano y pasar el mayor tiempo posible a su lado, quería saberlo todo de ella pero me daba miedo asustarla, suponía que si no contaba nada por propia iniciativa le molestaría mi curiosidad, al fin y al cabo ella no se había interesado nunca por mi vida, me parecía descortés hacerlo yo.
Fueron pasando las vacaciones entre paseos tranquilos, debates de todo tipo y anocheceres mágicos, me sentía en una mezcla extraña entre euforia y desasosiego que no podía explicar, mariposas en el estómago cuando la veía, sonrisa estúpida cuando me hablaba, pelo erizado si me rozaba, tristeza al despedirnos cada noche, sueños en los que me abrazaba y besaba con dulzura, urgencia por que llegara el amanecer para oler su pelo, ver sus ojos, deleitarme en su sonrisa.
Se acercaba el fin de mi verano, el desespero se apoderaba de mi, dejaría de verla, estaría lejos y mi vida volvería a estar vacía, a oscuras sin aquella luz que la bañaba teniéndola cerca.
Me estaba obsesionando, eso era, una simple obsesión tonta producto de la mezcla entre aburrimiento, días largos y el deseo inconsciente de compañía en un lugar demasiado tranquilo para mis costumbres. Se me pasaría en cuanto volviese a mi rutina habitual, no cabía duda.
La última noche pasó sin darme apenas cuenta, nervioso y aturdido me despedí de ella con un largo y apasionado beso que me salía del alma y me metí en el coche con urgencia, como si el tiempo apremiara y llegara tarde a alguna cita ineludible. Le había escrito mi número de teléfono en un pequeño papel un rato antes, deseando que me llamara y convencido de que cuando lo hiciera mi cabeza, mis tripas y mi corazón habrían vuelto a su estado natural.
De eso ha pasado mas de un año, un tiempo en el que no he pasado un solo día sin estar pendiente del teléfono, pensando en ella constantemente, soñando con aquél único beso, recreando su voz, buscando un perfume que me haga sentirla cerca, sintiendo las mariposas cada vez que creo verla a lo lejos.
Nunca llamó, intenté encontrarla, volví al pueblo, pregunté por ella en cada rincón, recorrí las mismas calles una y otra vez, nada, nos recordaban pero no sabían nada de ella, “lo siento señor” me decían una y otra vez con cara de pena al ver mi desespero.
Ahora se lo que es el amor, ya se de qué me hablan, por fin comprendo el porqué de los llantos, yo también me sorprendo llorando al recordarla cada noche.
Nunca le dije lo que sentía, perdí el tiempo intentando escapar, tal vez si le hubiese dicho aquél te quiero que ahora repito mil veces al día, tal vez mi vida no estaría llena de dolor, ese dolor que jamás entendí y que ahora se ha convertido en mi mas fiel compañero.

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