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EL CAMBIO (Ellos lo tendrán más fácil)

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 14 \14\UTC marzo \14\UTC 2012 by lindasta07

Siempre sospeché que éramos muchos. Probablemente, demasiados.

A mí siempre me sobraron ellos…

Nuestra existencia giraba en torno a nosotros mismos y cada noche nos metíamos en la cama convencidos de que teníamos al universo agarrado por los huevos. Éramos tan especiales- ¿por qué nos llaman narcisistas y egoístas en tono peyorativo?- que adecuábamos cualquier supuesta necesidad a unos gustos propios, para algunos, a todas luces absurdos. Los problemas ajenos eran exactamente eso, problemas de los otros. Nunca vi nada anormal en ello. Derrochábamos sin ningún rubor ni sentimiento de culpa lo que nos sobraba, a todos los niveles. Eso sí, nos esforzábamos por invertir en espejos que nos dijesen cada diez minutos lo guapos y lo listos que éramos. Y así vivíamos… ¡tan felices!

Aún recuerdo un día en el que una indefensa criatura imploraba nuestra ayuda, porque sus lastimadas piernecillas eran incapaces de sostener aquel esqueleto, sin caer una y mil veces sobre el polvoriento camino. Había cientos de estampas así, desde ancianos hasta jóvenes, muchos de ellos inertes y deformes por una brutal inanición, y el resto con el corazón partido en diminutos pedazos, que estropeaban muchísimo el paisaje. Gritaban. Lloraban. Se arrastraban. Y lo más importante, entorpecían nuestro precipitado avance. Delante de esos pobres diablos, y siempre mirándoles frente a frente, nos gustaba dar una profunda calada al cigarrillo del bienestar; ese que nos produce un infinito placer y nos engancha mientras, lenta y silenciosamente, nos mata. Como el feísmo no gusta, a menudo y sin gran esfuerzo, girábamos la cabeza y obviábamos la realidad dando un sonoro portazo antes de continuar con la ruta que llevábamos marcada. Ellos intentaban llamar nuestra atención, nos agarraban de donde podían, y nosotros les pateábamos también donde podíamos, y si nos dejaban, dónde sabíamos que más les dolía. A pesar de esos miserables incómodos y apestosos avanzábamos, y avanzábamos mucho, deteniendo la mirada únicamente en los altos edificios de frágil cristal que nos encontrábamos por el camino. Ver lo agradable, recrearnos con lo bonito, lo no problemático, ¡ése era nuestro objetivo! Y así, los elegidos, vivíamos…¡tan felices!

El tiempo transcurría excesivamente rápido para unos y demasiado lento para los otros. Cada vez había más diferencia entre los guapos y los feos, entre ser y tener, entre ellos y ellas…

Anoche, tras un estrepitoso ruido y un movimiento generalizado, llegó el caos- aunque seguro que no faltará algún insensato que llamará a este nuevo estado “orden”-. Se rompieron todos los espejos. Se apagó definitivamente la luz tanto para videntes como para invidentes; lo que quiere decir que a partir de ahora tendremos que tantear todos por igual lo poco que queda de simulacro de vida.

-¡Qué injusticia! ¡Vaya putada, con el miedo que le tengo a la oscuridad!¿ Y ahora tendré que convivir con ellos, con los otros?… – Supongo que habré dicho al amanecer, mientras mi brazo dolorido y ensangrentado se estiraba para recoger del suelo un nuevo cerebro.

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