Recuerdos

“Los precios marcados en tiza decoraban la barra del bar…”

¿Qué hacía esta frase en el reverso de aquella foto? Nunca la había visto, ni siquiera me sonaba la cita. Giré la foto de nuevo. Era una instantánea con tres camareros y unos cuantos jamones colgados. Examiné sus caras, no las conocía. Me recliné en el sofá mirando al techo y cerré los ojos intentando hacer memoria.

Oí abrirse la puerta de casa. Sabía que era mi mujer que llegaba a casa por el ruido que hace al abrir. Los olores de cada casa son característicos, al igual que la forma que tiene cada persona de entrar en su hogar. Creo que nunca olvidaré como ella abre la puerta de nuestra casa. Ese sonido me reconforta, me dice que ella ya está aquí.

– Hola cariño, ¿Qué haces?

– Mirando viejas fotos. Por cierto, ¿te suena de algo esta?

– A ver…  Ah, sí. Esta la hiciste tú.

– ¿Yo? No lo recuerdo.

– Sí, en Sevilla. Hace unos 7 años, cuando hicimos una escapada. Yo copié esa frase en el reverso. ¿Te acuerdas? Era la primera frase del libro que me estaba leyendo, me hizo gracia y la anoté. ¿Cómo se llamaba el autor?

– No sé. Yo no hice esta foto.

– Claro que sí cariño, la hiciste tú porque te gustaron los jamones. El autor era catalán, un tal Barrut creo, no lo recuerdo bien.

– ¿Estás segura de que yo hice la foto?

– Claro mi amor, en Sevilla. Cenamos en este bar y después no quisiste ni ir a ver la Giralda de noche, con la ilusión que me hacía. Me llevaste directamente a la habitación del Hotel y … suerte que te contuve, porque en el taxi ya me ibas metiendo mano.

De golpe se me hizo un nudo en la garganta, los ojos se me nublaron. Yo no he estado en Sevilla en mi vida.

– Cariño, me voy a la ducha, vete cambiando de ropa.

No pude continuar hablando. Me volví a recostar sobre el sofá. Quería que me tragara la tierra, que me hiciera desaparecer. A estas alturas una traición, después de tantos años.

Me temblaban las manos. ¿Pero con quién? Tuvo que ser con algún compañero del trabajo durante un congreso. Estoy seguro. Yo no he estado en Sevilla en mi vida, ni me suena esta foto, ni esta frase, ni ese autor.

Me levanté del sofá, corrí la cortina para mirar por la ventana. Perdí la vista por la calle. Nunca imaginé que me pudiera pasar esto y descubrirlo de esta forma tan tonta, tan absurda, tan ridícula. Era inimaginable que pudiera sentir tanta angustia.

– Cariño, ya me he duchado. ¿Te has cambiado?

Se acercó hacia mí recién salida de la ducha. La miré fijamente, estaba muy atractiva con ese albornoz, pero no me podía quitar de la cabeza lo que me había hecho. La vi diferente, distante, ya no era ella. Ya no era Rosa.

– ¿Pero aun no te has cambiado? Vamos a llegar tarde.

No estaba preparado para una situación así. No sabía como reaccionar. La cabeza me dice: civilizado. ¿Cómo se civiliza la ira?

– ¡Vamos, espabila!

– ¿Y a dónde vamos ahora?

– ¿No lo recuerdas? Hoy tienes cita para que te hagan el escáner que te recetó el neurólogo

Yo no he estado en Sevilla en mi vida.

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11 comentarios to “Recuerdos”

  1. Un relato muy bien ejecutado, que plantea la duda: ¿no se acuerda porque tiene algo en el cerebro que bloquea sus recuerdos o realmente no estuvo allí? es triste perder los recuerdos, porque son la historia que nosotros escribimos y nos hace ser como somos

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