¿Inesperado? (Por autorun)

Los precios marcados en tiza decoraban la barra del bar, dándole su aire de frescura de toda la vida. Habrá quien prefiera camareros con PDA’s, pero las pizarras de tiza y las libretas de Larios de siempre, y los camareros charlando animosamente con la clientela sobre cualquier tema imaginable seguían dando al local una atmósfera de familiaridad que lo llenaba cada día de clientes fieles.

Y ahí estaba yo, tomándome mi chato de vino en la barra, picando el plato de pescaditos fritos y aquellos calamares rellenos que tanto había echado de menos… Saboreando la salsa untada en pan, disfrutando de cada una de las esencias que iba recordando, disfrutando simplemente por el gusto de estar en aquél bar que un día dejé abandonado, como todo mi mundo, para marcharme de la ciudad.

No había quedado con nadie. Ese rato de sonrisa cómplice lo quería sólo para mí y nadie más cabía en el disfrute. Alfredo, el dueño de aquél submarino que me sumergía en mi pasado, me había sonreído al verme entrar, y sin dudarlo me sirvió el chato de vino de siempre y el plato de calamares rellenos, y con ojos emocionados nos abrazamos quince años después de la última vez, cuando me despedí.

Me alegraba ver que nada había cambiado. O eso creía yo. Me pareció que se encendían luces que no existían cuando vi entrar a Rosita, la hija de Alfredo. Ella sí había cambiado, porque no era ya la niña de diecisiete años que se ponía colorada al verme entrar en el bar. También yo había cambiado, pero me reconoció al instante y me demostró que su juvenil sonrisa no era la misma, aunque ahora parecía más segura. Me besó en los labios, dejándome totalmente confundido, extrañado de que sin haber vuelto a saber nada de mí en quince años se comportase así delante de Alfredo.

Viendo mi sorpresa, me cogió la mano y me deslumbró con sus ojos claros de color indefinido, que brillaban como pompas de jabón. Y entonces entendí. No podía tratarse de otra mujer. Yo no había quedado allí con nadie, pero ella sabía que yo iba a estar allí, después de quince años. Ella era Cala, la chica que había conquistado mi alma en el chat, la única que sabía que ese día yo regresaba a mi ciudad. Y comprendí que nunca me había dicho que ella era Rosita, porque siempre me había estado esperando. Viendo la sonrisa de Alfredo, instintivamente mis ojos dieron una fugaz mirada a las pizarras de tiza que Rosita escribía cada día. Cogí su mano cálida, firme la mía; salimos a la calle y nos perdimos, aquél día.

Aquél día, hijo, fue cuando tu madre y yo unimos nuestras vidas; cuando tu alma empezó a existir en alguna parte. Ponme otro chato de vino, hijo, y otro para tu madre que llega ya.

Y recuerda lo que siempre decía el abuelo Alfredo: “no olvides repasar cada día las pizarras, para que siempre estén bien escritas con tiza. Es la clave de que la gente vuelva al bar”.

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9 comentarios to “¿Inesperado? (Por autorun)”

  1. ainsssssssss, que bonito por favor!!! me ha encantado!!!

    Jo, no vale, con estas historias yo no voy a escribir en la vida..

    Que bonito, MARAVILLOSO, me ha encantado en serio.

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