Tiza Decora

“Los precios marcados en TIZA DECORAban la barra del bar”.

Me intriga saber quien es el autor de esta nota que misteriosamente ha aparecido en el interior de mi bolso y, sobre todo, me pregunto cual será el significado de esta frase escrita con perfecta caligrafía en una arrugadísima servilleta de papel…

Ayer hacía calor y “Las Cuatro Magníficas”, como nos gusta autodenominarnos a Paula, Rocío, María y a mí, salimos de “tourné mujeril”.
Algunos sábados libramos de nuestras obligacionaciones laborales-familiares y, desde hace más de veinte años, vamos de cañas y tapeo por Triana. ¡Benditos sábados sin maridos ni niños!.

Sevilla, dicen “Los del Río” que tiene un color especial pero…¿Y Triana?. ¡Ay, mi Triana, es un arco-iris de sensaciones!.
Allí el sentido del tiempo es pausado. Las tascas y tabernas huelen a antaño, hay serrín en el suelo, las cuentas se hacen a mano sobre las raídas barras de bar, las cervezas se tiran bien y se acompañan
con aceitunas y altramuces…

Siempre empezamos la ruta en la “Tasca de Juan”.
“Nuestra primera parada”, así es como llamamos cariñosamente al local.

Juan es un hombre de bien que regenta su establecimiento con arte, gracia y salero. Nos conoce desde que eramos niñas, osea desde hace muchísimo tiempo, y nos trata como a reinas. Sobre todo a mí que me llama “Tiza” e imagino que será por lo blancucha y escuchimizada que soy. Me da la sensación de que le doy cierta lástima pero a él se lo perdono y me puede llamar como le parezca.

Cuando nos ve entrar nos recibe con un cálido y simpático: ¡Al ataque, mis niñas!. Sabe que somos fieles y buenas clientas. Tenemos la lengua viperina, eso sí, y también sabe que hacemos alguna
trastada impropia de nuestra edad pero que somos “buena gente”, como él dice.
Ente caña y caña, “Las Cuatro Magníficas” arreglamos el mundo y todos los problemas imaginables se esfuman como por arte de magia.

En un rincón, apoyado en la barra con una manzanilla en una mano y un cigarrillo en la otra, está Marcelo. Todos los sábados es la misma estampa. Su semblante siempe es serio, triste, ausente,
misterioso. Es una persona solitaria y observadora que sólo habla, y poco, con Juan.
Ayer se dirigió a mí por primera vez después de veinte años.
Me tocó con suavidad el hombro izquierdo y amablemente me dió el bolso que había dejado olvidado en la barra. Eso sí, sin mediar palabra pero esbozando una tierna sonrisa.
Yo unicamente dije: ¡Gracias Marcelo!.
Su mirada se iluminó.

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7 comentarios to “Tiza Decora”

  1. ¡Maravilloso relato Linda!, sencillo y a la vez profundo, y es que damos tan poca importancia a lo que nos rodea y sabemos tan poco de la gente que vemos a diario. ¡Te felicito!. Besos

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