El Cruce

Según el GPS esta carretera, de hecho ni existe, y yo ahí plantado en un cruce de caminos señalando unos pueblos que ni conocía ni había visto en mi vida. ¡Pero jodido trasto si tú me has traído hasta aquí!, ¡puñetero tom tom de las narices, y ahora me dices que esto no existe!. Si ya me lo dijo mi padre.

– Andrés hijo más te valía haber comprado una Guía CAMPSA de toda la vida, esos trastos los carga el diablo!.

Y yo como un panoli voy y me gasto parte de mis ahorros de la vacaciones en estas maquinitas de última tecnologia ¡hay que ser gilipollas con mayúsculas!.

Pero ese día precisamente el problema del GPS no iba a ser el mayor, cuando arranqué el coche un ruido extraño ¡pataploffff! , y el puto coche no quería andar, me dejaba tirado en medio de la nada y ya anocheciendo, se me presentaba bonito el día, ¡mierda!.

-Tranquilo Andrés -pensé- esto aunque el gilí del Tom Tom diga lo contrarío es una carretera y por aquí tiene que pasar alguien. Pero pasaban ya cuarenta y cinco minutos y eso parecía un desierto, de pronto a mi espalda sonó un ruido de motor potente y ví que se acercaba un camión, bueno no está mal al fin y al cabo los camioneros dicen que son de lo más solidarios en la carretera, mejor un camión que un turismo que seguro hubiese pasado de largo pensando que era un vulgar atracador ¡para atracos estaba yo!.

– ¡Hola amigo! parece que tiene problemas.

El tipejo era hasta gracioso ¡que coño pensaba que estaba haciendo yo allí parado! ¿contemplando el paisaje?.

– Yo como mucho le puedo acercar a Fuente del Olmo me pilla de paso.

– Bien a lo mejor con un poco de suerte pillo el taller aún abierto.

– No creo que tenga esa suerte amigo -dijo el camionero con una risita socarrona que no me gustó un pelo- el pueblo no tiene taller es muy pequeño solo tiene ciento sesenta y tres habitantes. Esta es mi ruta habitual y me conozco estos pueblos como la palma de mi mano.

¡Genial, que suerte la mía! creo que en ese momento la mándibula se me descolgó al suelo en cuestión de segundos y no volví a decir una palabra.

En pocos minutos llegamos a la entra del pueblo.

– Bueno aquí le dejo amigo ¡suerte!

Con paso no muy seguro me dirijí a la plaza del pueblo. En la plaza había un grupito de vejetes sentados en un banco.

– Alguien me podría decir donde hay un teléfono por aquí y un sitio donde poder dormir.

Uno de los abueletes me dijo.

– ¿De ciudad, verdad? je,je,je

– Si señor -contesté yo lo más digno que pude.

– Pues a cuarenta kilómetros tiene una casa rural que está ahora tan de moda en la capital.

Gracioso el viejo y mira como entendía de modas.

– Me temo que lo de la casa rural lo tendré que dejar para una ocasión mejor, se me ha estropeado el coche en el cruce.

– Entonces téndrá que dormir en casa de la Jacinta.

– Si es tan amable de decirme como llego a casa de esa señora.

– Está al final de la calle de la Iglesia.

– ¿Y donde está esa calle?

– No tiene pérdida, es la calle que sube desde la iglesia -me dijo otro de los abueletes señalándome el edificio, y de paso partiéndose la mandíbula a mi costa.

¡Joder con la lógica pueblerina! no se complican la vida con los nombres de las calles no, y yo más rojo que un tomate y un pimiento morrón juntos, dando las gracias me fuí presuroso hacía la calle de la casa de la tal Jacinta.

En pocos minutos llegué, Jacinta era una mujer de unos cincuenta años, recia y muy dispuesta ella, rápidamente me señaló donde estaba el teléfono y me dió el número de la casa del dueño de un taller de Cuellar muy amigo de su marido, esta mujer si me quedaba allí más de un día la veía muy capaz de organizarme la vida en dos segundos.

Quedé con el dueño del taller a la mañana siguete a las nueve en la plaza, me recogería allí e iríamos a buscar el coche para llevarlo al taller.

La verdad es que pese al disguto del día anterior dormí de tirón, la cena había sido expléndida y la habitación era confortable sin lujos pero muy limpia, las sábanas olían a hierbas del campo, seguro que Jacinta las tendía al aire libre, y en los armarios ponía ramitas de hierbas, con ese tufillo agradable en mi nariz caí rendido y me dormí como un ceporro.

A la mañana siguente tras pagar muy poquito, las cosas como son por mi alojamiento, y con el consecuente disgusto de Jacinta que pretendía hacerme un desayuno como Dios manda, me despedí de la simpática mujer con la excusa de no dar más molestias y me dirigí al bar de la plaza para desayunar mientras esperaba a la grua.

– ¡A los buenos días! -me dijo el dueño del bar- que por cierto ya tenía algún parroquiano- ¿que tal ha dormido?, la Jacinta es muy buena mujer y muy limpia.

– Ya lo he comprobado, he dormido como un lirón. ¡Vaya! parece que todo el pueblo se ha enterado de mis desventuras -pensé.

De repente mientras me tomaba mi café mis ojos se posaron en una vitrina, donde entre navajas, chucherias de esas que venden en cualquier bar de pueblo y junto a las inevitables cintas de Camela ¡horror! mis ojos vieron algo que les resultó una visión celestial ¡GUIAS CAMPSA!.

– Oiga esas guías ¿están a la venta?, me voy a llevar una.

El hombre con una sonrisa me dió mi guía que yo abracé casi con amor y mimo, la grua acababa de llegar y yo salía tan contento con mi guía en bien abrazadita cuando oí a mis espaldas.

– ¡Estos chicos de ciudad, para que querrán tanto aparatejo moderno! je,je,je.

FIN

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El Ríncón by Miren is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.

6 comentarios to “El Cruce”

  1. mitxika, me encanta la imagen de cotidianeidad del pueblo frente a los apuros del personaje de la ciudad, ..
    ..para que tanto aparatejo moderno, jejeje

    salud!

  2. Real como la vida misma. Me encantó cuando lo escribiste y me sigue gustando ahora que lo he vuelto a releer.
    Escribes de coña. Felicidades.
    Por cierto, yo no uso GPS, jaja!!

  3. Miren, me encanta como eres capaz de transmitir la situación, y nos haces respirar el ambiente y oler a pueblo. Me encanta ese halo nostalgico que imprimes en ambos relatos hasta ahora leidos…
    Simplemente, me encanta.

  4. A mí me gustaría perderme por esos valles insólitos y pasar una noche de forma imprevistaen casa de la Jacinta.

    Gracias por el relato

  5. jajajaja, mj, ya podían mandarte los de Campsa un jamoncito o algo por la promoción, no?

    Un bico

  6. No des ideas Kiedis guapetón que los de la Guía Campsa no me mandarán el jamón, pero los de los tomtones si que me pueden mandar un manojito de espárragos para que los fria jajajaja.

    Besos

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