MEMORIA

Según el GPS esta carretera, de hecho, ni siquiera existe. Conocía la zona, así que cogí el desvío a la derecha y entré en la pista forestal. Era la última etapa de nuestra aventura. Tres días de viaje eran mucho para su débil cuerpo, la miré de reojo, parecía llevarlo bien, con dignidad. Atravesamos el río Eresma y en silencio empezamos la subida. Los fresnos se alejaban empequeñeciendo cada vez más el bosque.

– Veinte minutos y por fin llegamos.

La retama y la genista daban un aspecto árido a toda la zona. El sendero terminaba en la loma desde donde se oteaba el curso majestuoso del río. Bajamos del coche. Todo era sotobosque a excepción de un almendro florido que había quedado olvidado. A sus pies rezaba una gran piedra – Octubre de 1937. Murieron por defender la libertad y la democracia.

– Abuela, es aquí. No es un gran lugar, pero es el suyo.

– Me enamoré de él por su aspecto sobrio y austero. Supo vivir conforme sus principios y la muerte lo vino a buscar a este paraje.

– Pero siempre dices que a él le gustaba el mar.

Asintió con la cabeza y me miró fijamente a los ojos. Se bajó del coche y se acercó a la piedra. A media voz leyó la inscripción.

– Lo había perdido y por fin lo he encontrado, ya me puedo quitar el luto. Déjame unos minutos a solas con tu abuelo.

Me di media vuelta y regresé al coche. Cogí un CD, puse música, encendí un cigarrillo. Desde el vehículo pude ver como se le empañaban los ojos. Se quitó su pañuelo negro de la cabeza y se secó las lágrimas. Con sus débiles manos escarbo en la tierra como dentelladas secas y calientes. Recogió un puñado de tierra y la puso encima del pañuelo mojado. Hizo un atillo y se levantó hincando la rodilla en el suelo. Pronunció unas palabras que no llegué a percibir y me hizo una señal para que me acercara.

– ¿Puedes tirar el pañuelo al río?

Se me hizo un nudo en la garganta. Me acerqué al precipicio y lancé el pañuelo con todas mis fuerzas. Seguimos su caída hasta verlo tocar el agua, hundirse por unos instantes y reaparecer en la superficie completamente abierto. Abracé a mi abuela y juntos lo vimos avanzar hacia el mar arrastrado por la corriente.

– Ya me puedo morir tranquila. Me has quitado mi losa.

Empecé a llorar sin poder evitarlo. No le había quitado su losa, se la había robado y ahora la cargaba para siempre sobre mis espaldas. Después de cinco años de investigación ya no tenía ninguna esperanza de encontrar el verdadero lugar donde yace mi abuelo.

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Memoria by Ferran is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.

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8 comentarios to “MEMORIA”

  1. Expléndido Ferran, un relato que emociona.

    Gracias

  2. ¿Querias criticas? Creo que el de arriba te lo ha dicho todo.
    Un beso.

  3. agudo , muy agudo!

    salud!

  4. Genial, Ferran. Breve, sencillo, emotivo y de actualidad. A ver si puedo aprender algo de ti…

  5. Jolín Ferran…me has dejado sin palabras y con los pelos de punta.Que emotivo y bonito relato.Excelente noi…
    Voy poniéndome al día y me los leeré todos.

  6. Aquesta expressió em sona, d’un preciós poema,

    …a dentelladas secas y calientes…

    Miguel Hernández, cantat per Serrat.

    En mis manos levanto una tormenta
    de piedras rayos y hachas estridentes
    sedienta de catástrofes y hambrienta.
    Quiero escarbar la tierra con los dientes
    quiero apartar la tierra parte a parte
    a dentelladas secas y calientes

  7. Hola Isabel.

    Sí, Miguel Hernández es uno de mis poetas preferidos y “Elegía a Ramón Sije” es para mi su mejor poema.

    Es un pequeño guiño al gran poeta.

    Gracias por tu aportación.

    También me encanta Serrat, grande entre los grandes.

    Salud

    P.D.

    “ELEGÍA A RAMÓN SIJE
    (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
    muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
    tanto quería.) ”

    Sólo leyendo el título, percibes que estamos ante un monstruo. El cambio de la preposición “a” por “con” (“con quien tanto quería”), es brutal.

    Gracias

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