Influjo

Él camina despacito que las prisas no son buenas.

Hay que tomarse las cosas con calma, respirar profundo y pensar antes de actuar.

El aire fresco que golpea en su cara quizá sirva para refrescarle un poco las ideas.

Sus ojos rojos, bien de angustia, pena o furia, miran huecos hacia el vacío.

A su alrededor aquellos acantilados donde, según la temporada, acaricia susurrante o rompe con fuerza bramando el agua , y al fondo aquel faro , que se intuye fue en algún tiempo blanca luz que iluminaba su soledad, va tornándose gris a la vez que se disipan sus sueños e ilusiones.

No recuerda otro paisaje, sería imposible que lo recordara, porque nunca lo ha conocido.

Podría imaginarlo, jamás recordarlo.

Alejado del mundo y de la realidad, sin mas contacto que aquella pequeña y delgada mujer que, una vez cada quince días al atardecer ,suele llegar en una furgoneta roja medio cascada que hace un ruido espantoso rompiendo la inquietante calma de aquel paraje para abastecerle en sus necesidades básicas y en sus instintos más animales.

Cientos de veces le ha pedido que se quede con el…y ella con una sarcástica risa le responde:

-¿Y entonces quien te traería la cerveza y la comida? Ja,ja,ja…

Siempre evadiendo dar un si o un no como respuesta.

Esa risa la tiene metida en la cabeza, le esta bombardeando, haciendo eco al golpear en las paredes de su cerebro.

Mientras imagina cómo hoy, que es día de visita, le acaricia suavemente el cuerpo y recorre con su lengua cada rincón de su piel, sigue paseando despacio, con las manos en los bolsillos pensando que el momento se acerca, sintiéndose excitado, y confiado en resolver ese pequeño conflicto ,y poner por fin fin a sus años de soledad no compensados por unas horas de un amor no sabe bien si fingido.

Se oye aquel peculiar aunque familiar ruido y la vieja furgoneta roja aparece. Ella baja con esa sonrisa que hoy a el, mientras se acerca apasionadamente hacia ella, le parece más cínica que nunca. La besa en los labios callando así su boca.

-Vas a estar siempre a mi lado, verdad querida?

Le dice bajito al oído mientras observa como de la boca de la que siente como su risueña compañera de abandono cae un hilo delgado de sangre.

Aquí, aquí es donde debes estar…a mi lado…; sigue susurrándole y besándola en ese precioso momento en el que la luna llena , como único testigo, oculta su rostro con rubor entre alguna nube simulando haber visto nada…al atardecer.

Creative Commons License
Influjo by Annalammer is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.

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9 comentarios to “Influjo”

  1. Muy bien , ya sabes… Me gusta que el lector tambien trabaje

    Besos

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