Tito Kiedis y los hijos de puta

Según el gps esta carretera de hecho ni siquiera existe. Pero sin embargo había una poderosa y extraña razón para que Luis y yo estuviésemos allí a aquellas horas agazapados y al acecho dentro de su coche.

Todo aquel asunto había empezado dos años atrás. Por aquel entonces yo estaba dando mis primeros pinitos en la programación de Java y ya serían las 10 cuando me venció la desesperación producida por no poder identificar la causa de un error en un miniprograma que estaba desarrollando. Claro que podía esperar hasta el día siguiente, pero la frustración me obligó a llamar a mi experto amigo Luis, santo varón, para que me echase un mano y no irme a la cama con la incertidumbre. Aunque de aquellas no hacía mucho que conocía a Luis lo cierto es que creí saber su teléfono de memoria. Y es que como dijo un gran sabio en esta vida no es muy relevante saber mucho, lo fundamental es tener el teléfono del que sabe. Tardó un poco en contestar, pero al fin descolgó el auricular.

Joer, Luis, perdona que te de la vara, pero hay una cosita del programa de Java que estoy haciendo que me está volviendo loco. ¿Podías …. – me avalancé yo a decir.

¿Que cojones Luis ni que niño muerto so-imbécil? ¿Por que no vas a dar por culo a tu puñetera madre, mariconazo? – me interrumpió bruscamente un desconocido graznido masculino antes de colgar violentamente.

Me quedé mudo sin saber como reaccionar. Miré el reloj y efectivamente no era tan tarde. Tras uno o dos minutos de silente estupefacción agarré la agenda. Efectivamente mi memoria me había traicionado y me había equivocado en un número. Iba a marcar el teléfono de Luis pero de repente se me cruzó el cable y volví a marcar el número equivocado…

¿Diga? – Volvió a graznar la voz al otro lado.

Mira, que soy el de antes. Solo llamo para confirmarte que eres un hijo de puta – …. y colgué.

Una ola de paz me invadió y aquel día dormí a pierna suelta.

Ya tenía olvidado el episodio cuando 10 días después tuve una bronca con un cliente. Y como estos siempre tienen la razón me tuve que morder la lengua. Lo cierto es que llegué a casa “calentito” y casi sin pensármelo llamé al individuo faltón.

Buenas noches. Ya sabes, soy yo. Solo llamaba para recordarte que eres un hijo de la gran puta.

Tu si que eres un grandisimo hijo de – le dio tiempo a graznar al vozarrón antes de que le colgase.

Aunque no sabía porque había echo aquello lo cierto es que noté que se me había esfumado toda la bronca con la que había entrado en casa. Sin darle más vueltas cogí mi agenda y anoté el número en la H de hijo de puta.

Desde entonces se convirtió en un hábito. Cada vez que llegaba a casa frustrado hacia una llamadita telefónica al “hijo de puta”. Siempre le colgaba dejando a la mitad su exabrupto, cada vez más fiero y brutal. Yo llevaba el control y me bastaba escucharle unos segundos para percibir su rabia ciega y su impotencia. El sería el chivo expiatorio que pagaría las culpas de todos los h. de p. que en el mundo abundan cada vez más.

Así llegó a pasar más de un año hasta que ya me empezó a aburrir el “juego”. Fue entonces cuando cruzando un paso de peatones camino al hospital en el que iba a entregar una documentación tuve que dar un salto para que no me atropellase un energúmeno que conducía un Lancia Epsilon negro. Tras un instante que me tomé para recuperarme del susto hice un gesto con la mano pidiendo explicaciones. Una cabeza engominada y con gafas de sol se asomó por la ventanilla.

Vete a tomar por culo, subnormal. Es una pena que no me haya llevado por delante a un empanao como tu.

Incrédulo miré el asfalto. Efectivamente, no me había equivocado, estaba en medio de un paso de peatones… Volví a mirar el Lancia que se paró en un semáforo cien metros más adelante y observé que en la ventanilla trasera llevaba un folio en el que iba impreso el típico “SE VENDE” con un número de teléfono debajo. Lo anoté mentalmente.

Ese día me dieron malas noticias en el Hospital y cuando llegué a casa lo primero que hice fue marcar el teléfono anotado esa mañana.

Escúchame bien, montón de mierda, solo te llamo para confirmarte lo que ya sabes de sobra: que eres un grandisimo hijo de puta – y tal y como acostumbraba colgué dejándole con la palabra en la boca.

Mecánicamente abrí la agenda y en la hasta entonces casi vacía “H” anoté el nuevo número bajo el nombre de “hijo de puta II”

Me pasé otro año llamando de vez en cuando y alternativamente a mis dos hijos de puta para recordarles su condición de tales. Pero en fechas próximas a mi cumpleaños decidí que ya era hora de madurar y que ya estaba muy mayor para seguir con el “juego”. Así que llamé al “hijo de puta II “.

Buenas noches. ¿Todavía esta en venta el Lancia Epsilon? – dije yo tratando de disimular mi voz

Si, claro. Está impecable oye. Por 5.000 euros es tuyo. – respondió la conocida voz del mamarracho en un tono que hasta sonaba vagamente agradable.

Ya, pero hágase cargo, a mi me gustaría verlo antes. Supongo que no habrá ningún problema, no? – indagué

Claro, sin problema. Yo vivo en la primera casa que hay después del cruce para ir a “Chan do Brito”, no se si lo conoce, allá en Candeán. Si sabes del sitio no tendrás problema porque el coche siempre está aparcado a la puerta.

Si, creo que sé donde es – respondí – Pero antes quiero aclararte un detalle… – dije ya poniendo mi voz de siempre – Yo soy el que te llamo a veces para recordarte que eres un hijo de puta.

Maldito cabrón, ven para acá para que te reviente la cara a hostias – le dio tiempo a decirme al indignado hijoputa II sin que esta vez le colgara – Primero te voy a quitar las tripas y después seguiré con tu familia – siguió bramando el hijoputa II

Vale, tranqui, en hora y media estoy ahí – le interrumpí yo – Te voy a dar tanto por culo que va a terminar gustándote – aseveré provocadoramente antes de colgarle.

Inmediatamente llamé a hijoputa más veterano.

Hola, hijoputa, ya estoy cansado de este jueguecito. ¿Por que no te vienes a mi casa para que pueda partirte ese careto de putita en celo que tienes?

Me cago en todos tus muertos, dime a donde tengo que ir para partirte el alma. Te voy a colgar por las pelotas! – bramó en su tono habitual mi “amiguito” de juegos.

¿Ah si? Pues a ver si hay huevos. Yo vivo en la primera casa que hay tras el cruce que tuerce viniendo de Candéan hacia Chan de Brito. En la puerta tengo aparcado un Lancia Epsilon negro, así que no tienes excusas para esconderte y que no te pueda partir la boca – dije en tono tranquilo pero desafiante. Y colgué.

La última llamada fue a Luis para que viniese a recogerme en coche.

Ya llevamos diez minutos agazapados en el cruce y han pasado dos coches pero en uno iba un anciano y en el otro una familia con tres hijos. Luis me está preguntando una vez más de que va toda esta coña, justo cuando pasa a toda caña un Golf GTI azul marino con un tipo con cara de loco al volante.

¡Ese es nuestro tipo! ¡Síguelo! – Le grito a Luis.

Remolonamente Luis arranca su coche para hacerme caso. No es que vaya despacio, al contrario, pero nuestro hijoputa conduce como un suicida, así que pronto lo perdemos de vista.

Cuando llegamos a la casa ya están dándose de hostias con todo en el porche. Con la furia ni tan siquiera ha aparcado bien el Golf, que nos impide acercarnos más. Saco prontamente mi móvil y llamo a tres televisiones locales.

Oiga, tienen que venir por acá! – exclamo

¿Pero que está pasando exactamente, caballero? – me inquiere la chica de la tele.

Pues dos gays que por un tema de celos están al borde de un crimen pasional en las afueras de la casa de uno de ellos. Vengan antes de que se maten!

Unos siete minutos después, y todavía en pleno apogeo de la reyerta, aparece la Policia Local, supongo alertada por algún vecino, a la que dejamos paso. Y dos minutos después aparece un reportero de “TeleSalnés”. Menudo espectáculo… están chupando ostias todo el mundo, hasta que la poli por fin logra reducir a estos dos energúmenos.

Ha pasado un día y las fotos de estos hijoputas iracundos recorre todas las teles locales.

Y ahora pasamos a este suceso que ocurrió cerca de Vigo, en el cruce de Candeán a Chan de Brito. La  pareja de homosexuales que pueden ver en el vídeo todavía permanecen en dependencias de la Policía Municipal tras el grave altercado que protagonizaron ayer noche al parecer por cuestiones sentimentales, según hemos podido saber por fuentes bien informadas.

Moraleja: ¿a que después de leer esto seréis más educados y amables con el tito Kiedis? 😉

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12 comentarios to “Tito Kiedis y los hijos de puta”

  1. Ja,ja,ja…kiedis si lo se no te doy mi numero de telefono! A ver la que se te va a ocurrir montarme a mi!

    Has tardado, pero…ha merecido la pena la espera, me he reido un montón…ja,ja,ja

    Efectivamente vivimos en una jungla! Asi que bienvenidos a ella!

    Un lametón fuerte…que tengo ganas ya de verte mas.

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