PERDÓN

En Pta Europa apuntaba el día, Laura se había levantado muy temprano, llevaba días nerviosa y no podía dormir bien, el traslado de una gran ciudad a aquel pueblo la había trastornado un poco.

Llevaban un mes viviendo allí y en Laura se había despertado una especie de pasión por la aventura, sus doce años la hacían ver con sus despiertos ojos un mundo nuevo y lleno de posibilidades para investigar. Lo que más llamaba la atención de la pequeña era el faro, nunca había visto uno de cerca solo en fotografías, había veraneado muchas veces con su padre en lugares de costa pero jamás donde había un faro.

Aquella mañana soplaba una agradable brisa que revoloteaba su larga melena rubia y sus largas piernas se encaminaban a explorar ese lugar que la producía una sensación extraña, una sensación que se acentuaba según se iba aproximando más al edificio.

– ¿Qué quieres niña?.

Un hombre alto, moreno, con una poblada barba y una gorra en su cabeza salía del interior del faro.

Laura se sobresaltó.

– Lo siento señor, solo quería ver el faro. -Laura no sabía si quedarse o salir corriendo, pero algo en los ojos del hombre que la contemplaban con una mezcla de sonrisa bonachona y curiosidad la hizo quedarse.

– Tu no eres de aquí ¿verdad?, no es que baje mucho al pueblo pero tu cara no me es conocida, claro que esto ya no es lo que era con tanto veraneante y gente que viene a quedarse aquí, ya pocos somos los nacidos en este pueblo.

– No, señor yo soy de Madrid, pero llevamos un mes viviendo aquí en la urbanización que está ahí abajo junto a la cala. ¿Este faro es de usted?.

– Ja, ja, ja, no pequeña no es mío, pero casi como si lo fuera cuatro generaciones de mi familia fueron fareros, mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre y ahora yo. Yo solo cuido del faro y de que su luz siempre esté dispuesta para que en noches oscuras, o cuando hay lluvia y tormentas los barcos no encallen en las rocas.

– Me gusta su trabajo, no es tan aburrido como el de mi padre que solo construye casas.

– Ja,ja,ja bueno eso tampoco es tan aburrido, aquí no es todo tan bonito como parece, se pasa muchas horas solo, pero a mi también me gusta.

– ¡Laura! ¿se puede saber de donde vienes?, sabes que siempre comemos a las dos y media y son las tres de la tarde.

– Lo siento papá es que hoy he subido al faro y me he entretenido hablando con el farero, es muy simpático.

– ¡Te prohíbo que vuelvas a subir a ese lugar! ¿me has oído?. -Ricardo Dávila miraba a su hija con unos ojos que desprendían fuego.

La niña se encogió en la puerta.

– Mira Laura no te asustes, no es por nada, pero los faros están situados en sitios muy altos y son peligrosos, podrías caerte y darte un golpe con una piedra, no quiero que te pase nada malo ¿comprendes verdad?. Venga vamos a comer.

Pero Laura siguió subiendo al faro a escondidas de su padre, le gustaba hablar con el farero, le gustaba escuchar sus historias.

Pedro sintió unos pasos fuera y salió sonriente de la casa, más o menos esa era la hora en la que Laura subía a verle, pero su rostro se demudó cuando vió frente a él a un hombre.

– Se que mi hija sube aquí todos los días, hoy me he adelantado me la voy a llevar no quiero que tenga nada que ver contigo ¿me entiendes?.

– Ricardo, no sabía que habías regresado al pueblo, el hombre triunfador vuelve a casa.

– Lo que haga con mi vida no es cuenta tuya, ocúpate de tus asuntos y deja a mi familia en paz.

– Yo no la llamé vino ella porque quiso, Ricardo a pesar de los años transcurridos no has podido perdonar que Alicia viniese aquella noche en busca de mi consuelo después de que la golpeases.

Ricardo apretó los puños y una mueca de dolor apareció en su cara.

– ¡Consuelo dices!, la golpeé si, la di un bofetón y ese golpe lleva escociéndome doce largos años. Veníamos de un fiesta Alicia había sido muy amable con unos de mis jefes, era solo amabilidad y yo pasado de copas como estaba lo tomé por coqueteo. Aguantamos juntos tan solo un año pero ni nuestra marcha a Madrid, consiguió unirnos, a los pocos meses de nacer Laura hizo sus maletas y se marchó.

– Aquí tampoco volvió no he vuelto a saber nada de ella.

– Ya no podía acudir a ninguno de los dos, hablas de perdón, y tienes razón jamás pude perdonar que Laura sea tu hija.

– Pero que dices, ¡no puede ser!. -Pedro se quedó pálido como si la sangre le hubiese abandonado.

– Si lo es, Alicia no estaba embarazada y desde aquella noche no quiso volver a acostarse conmigo.

Los dos hombres enmudecieron no sabían que decirse, al rato sintieron unos pasos a su espalda y se volvieron, Laura retrocedió ver allí a su padre la asustó sin duda la regañaría por haberle desobedecido.

– Ven Laura, quiero presentarte a tu tío Pedro.

La niña que iba a poner una excusa se quedó muda cuando se dio cuenta de otra cosa, Pedro se había afeitado la barba y era el vivo retrato de su padre eran idénticos

Los dos hombres se miraron y en sus ojos vieron una imagen de hacía muchos años y ya casi olvidada, tres niños jugando, saltando y corriendo alrededor del faro, los niños eran como dos gotas de agua y la niña reía feliz con su rubia melena larga agitada por el viento.

FIN

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3 comentarios to “PERDÓN”

  1. Ya te lo dije y te lo vuelvo a repetir…Precioso!!

  2. Que bonito….como siempre…me ha encantado la historia.Muy bien ambientado y unos diálogos muy logrados.Felicidades

  3. me encanta!

    muxos besikos

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