Según el GPS esta carretera de hecho ni siquiera existe…

Según el GPS, esta carretera, de hecho, ni siquiera existe. Tendré que actualizarlo en cuanto llegue a casa; pienso para intentar mantenerme serena y evitar por unos instantes el nerviosismo y el miedo a lo que haya podido suceder.

Está oscureciendo y aunque todavía estamos en octubre, en esta zona, por las noches hace ya mucho frío.

A lo lejos aparece su silueta en el cruce de caminos. Está sentado en una roca blanca al lado de una de las señales indicadoras.

Detengo lentamente el coche cerca de la figura y tomo la manta de viaje que siempre llevo en el coche. Desciendo y me acerco a él. Está acurrucado, tiene frío.

Es un hombre mayor. Viejo. Con la cara surcada de arrugas y las manos curtidas por los años y por eternas jornadas de trabajo en el campo. Está cabizbajo, apoyado en su bastón mientras murmura algunas palabras ininteligibles.

Cuando oye mis pasos, levanta la cabeza, que siempre cubre con su inseparable sombrero y adopta una actitud huraña. No me ha conocido. Se queda mirándome inquisitivo sin saber muy bien qué decir.

– Me he perdido y no sé muy bien donde estoy – pronuncia en un susurro prácticamente inaudible, mirando al suelo avergonzado.

Intento acercarme a él. Es un anciano desvalido, confuso y tiene miedo. Le coloco sobre los hombros la manta y lo cubro cuidadosamente. Él me lo agradece con una sonrisa.

– Estaba buscando a mi esposa. Hace tiempo que no la veo.

Él sabe, o sabía, que su esposa falleció; pero no lo recuerda. Murió el año pasado. Sus últimas palabras fueron para él, para el hombre de su vida, pero él tampoco las recuerda.

– Quería ir a buscarla a la plaza donde nos conocimos, pero creo que no sabré llegar. Creí que sería más fácil encontrarla. ¿Puede ayudarme?

Noto como mis ojos empiezan a humedecerse. Él también se da cuenta.

– ¿Qué le pasa señorita? ¿Le sucede algo, puedo ayudarla? – balbucea incómodo porque piensa que ha tenido él la culpa de algo, y no sabe muy bien de qué.

Muevo la cabeza en un gesto negativo y le invito a que continúe con su relato.

Las lágrimas se niegan a seguir en mis ojos y resbalan ya por mis mejillas. Intento secarlas disimuladamente mientras él continua hablando.

– Quiero encontrarla y decirle que la echo de menos, que no sé porque ya no está a mi lado y que la quiero… ¿Puede ayudarme?

Se queda callado. Su mirada permanece perdida. No puede llorar. Sus lágrimas se secaron hace ya demasiado tiempo, pero sé que un inmenso dolor que él no comprende le invade por dentro.

Allí, en aquel cruce de caminos, perdido en medio de ninguna parte; fue cuando más cerca me sentí de aquella persona tan conocida y a la vez tan desconocida para mí.

– Venga, papá, vámonos a casa que hace frío.

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6 comentarios to “Según el GPS esta carretera de hecho ni siquiera existe…”

  1. Bienvenida.

    Es precioso. Tratas un tema tan deicado con mucha dulzura.

    P.D. Quiero másssss!!!!

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