HESÍODO Y EL SOL

Érase una vez un lago llamado Saliente, situado en el punto más extremo de Oriente dónde el sol se sumerge todas las noches a descansar. En el otro lado del lago, en la zona de poniente, habitaban los ciudadanos de Amarouto sabiamente gobernados por su princesa Talía. El lago ofrecía a los villanos ricas aguas atemperadas con las que obtenían ricas cosechas y pescaban grandes manjares. Vivian en la mayor de las abundancias a cambio de no poder adentrarse en el agua por más de cincuenta brazadas.

 

La Princesa quería visitar el lugar por donde entra y sale el sol. Así que ordenó construir una barca de los más resistentes materiales y se adentró sola en el lago. Su vuelta era esperada con gran preocupación por todo el poblado. Al finalizar el día, antes de que se pusiera el sol, se oteo su barca a la deriva impulsada por la marea hacía la orilla. Un destacamento con los mejores soldados salió hasta el límite permitido y tras muchos esfuerzos pudieron traerla hasta el puerto.

 

La Princesa deliraba y sufría fuertes calenturas. Rápidamente fue trasladada a palacio y visitada por los médicos de la corte sin que funcionara ungüento alguno. Llamaron a los médicos más ilustres de los pueblos cercanos, pero nadie encontraba más remedio que paños de agua tibia para mantenerla con vida. La fiebre no remitía y la preocupación de los habitantes de Amarouto incrementaba.

 

Hesíodo, valiente pescador y mejor compositor pidió prestada la barca de la Princesa para ir en busca del sol. Todo el pueblo intentó hacerle desistir de su empeño pero él aseguro que no podría pasarle mal alguno porque iría de noche antes de que se acostara el sol. Ningún sabio de la corte entendió sus palabras, pero en el momento de partir Hesíodo observaron como empezaba un oportuno eclipse de sol.

 

El compositor se acercó a la luna y le pidió que interviniera por él ante el sol. Le entregó una vara de laurel en señal de gratitud y le pidió que sanara a la Princesa. A cambio, él compondría en su honor la más bella canción jamás escuchada. La luna le aseguro que haría todo lo que estuviera en su mano. Al volver Hesíodo a Amarouto la princesa lo esperaba en la playa. Nada más llegar, en la misma orilla y a los pies de la princesa, el valiente pescador compuso la bella canción en honor al sol.

 

Cada luna llena, Hesíodo sale con su barca hasta el límite de las cincuenta brazadas y mirando a la luna canta una bella canción que por nadie más puede ser escuchada.

4 comentarios to “HESÍODO Y EL SOL”

  1. Cada vez me cuesta más decirte algo que no te haya dicho…a parte de que te sales, me sorprende muchisimo como eres capaz de cambiar de registro (no se si es la expresión correcta)con esa facilidad..Como puedes cambiar tu estilo, como puedes cambiar la forma de la narrativa de un reltao a otro..bueno, mil cosas…y es que para eso hay que valer. Y nene, tu vales mucho.

    Por otro lado que sepas que este va a ser el cuento para mi hijo durante la proxima semana antes de irse a dormir.

    Un lametón con rayos de luna.

  2. Gracias Anna.

    Es uno de los comentaríos más bonitos que me han dedicado.

    Espero que tu niño tengas felices sueños toda la semana.

    Besos

  3. Precioso Ferran ya te lo dije en su momento un cuento como hacía mucho que no leía. ¡Enhorabuena!.

    Petons

  4. Un cuento precioso, Ferran. De verdad. Ya lo había leído antes en el Club y lo he vuelto a leer con mucho placer por mi parte.
    Me encanta la manera tan cambiante que tienes de narrar historias tan diferentes… Tienes un “don”. Aprovéchalo…
    Una abraçada, company.

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