El Perdedor

Lo único que se pudo recuperar hasta ahora fue esa pequeña caja fuerte de color azul metálico llena de viejos relojes parados, cada uno marcando una hora distinta, congelando el tiempo, y que jamás regresarían a la muñeca de su dueño.

Los había ido coleccionando desde que tenía doce años, y así en cada cumpleaños, durante los doce siguientes. Cada año el mismo regalo, recordándole que el tiempo pasaba inexorablemente y que el crecía y maduraba, convirtiéndose en un hombre. Asustado ante la pérdida de su infancia fue la única forma de no pensar en ello, de “inventar” que para él el tiempo no importaba o que ni siquiera pasaba. Y así conforme se lo regalaban sus padres el lo hacia desaparecer guardándolo en aquella caja marcando la hora exacta en que se lo habían entregado.

Su miedo al tiempo, aunque el no lo supiese, venía determinado por lo ya vivido antes de sentirse mayor, anterior a aquel día cuando aprendió a no sentirse indiferente ante lo que veía, y a darse cuenta de que en cualquier momento iba a ser devorado por la puta realidad y por lo que de ella mamaba.

Su infancia no había sido maravillosa, pero si lo fueron su inocencia y su inconsciencia, por eso durante años estuvo intentando mantener su refugio allí, en aquel rincón mental en su cortex temporal, lleno de golosinas, donde los minutos duraban horas, donde el tiempo se había detenido.

Habría preferido no tomar conciencia de su mediocridad. De la falta de amor en su hogar. De la desgana y desidia de su padre. De la condición de alcohólica de su madre, que al fin y al cabo era quien hacia entrar dinero en casa a la vez que salían extraños de su habitación cada media hora ante la indiferente mirada de su padre. De los gritos de aquel par de voces tan familiares que retumbaban en el callejón al que daba su casa aunque las ventanas estuvieran cerradas, ante los atentos oídos de los vecinos. No haber conocido el olor a miseria y podredumbre, el olor a tabaco , el suelo lleno de colillas y ceniza, el ruido de las termitas devorando la madera en el silencio de la noche, si es que alguna noche se encontraba silencio.

Recordarlo todo como cuando era un crio al que según llegaba del colegio mandaban a la calle y de la calle hacía su reino, ajeno a los entresijos del hogar.

El no quería ser como su padre, ni como su madre, no, el quería ser un corredor de fondo…No podía permitirse ser arrastrado por sus casualidades. No podía ser lo que su entorno le obligaba a convertirse inevitablemente: un perdedor…

Había estado rumiándolo ya mucho tiempo, tenía que hacer lo que fuera para, en primer lugar deshacer la infelicidad que se respiraba y cumplir los deseos de sus padres, y en segundo lugar, sentirse liberado y no preso de sus condiciones.

Bajó las escaleras desde el segundo piso, despacio. Cumplía 25 años y esa mañana había que inhalar bien el aire y llenar los pulmones para exhalarlo lentamente. Cuarto de siglo ya!

Cruzó la calle, y esperó el autobús que parecía tardar mas que nunca, otra vez ese maldito enemigo llamado tiempo le condicionaba..Si el autobús se retrasaba sería victima de su propia búsqueda de libertad.

Por fin el autobús, como siempre, lleno de gente. Respiró hondo nuevamente y subió como pudo. Cuatro paradas mas tarde se oyó la explosión, mientras una nube de humo negro teñía el cielo y el rojo de las llamas se divisaba sobre los techos de los edificios dos manzanas atrás.

El último reloj por su cumpleaños, al fin, había servido para algo. No. El no sería un perdedor. Nunca.

5 comentarios to “El Perdedor”

  1. Anna, lo he leido tantas veces que ya no sé si está cambiado o no…. de todas formas muy bueno, con un final grande.

    Ahora, que el tío es un hijo de su madre….

    Lametones

  2. y de su padre Ferran y de su padre…

    Lametón explosivo…

  3. Muy bueno el final y también la caracterización del hogar disfuncional. Me encanta cómo sólo insinúas la fuente de ingresos de la madre y en pocas palabras retratas al padre.
    Me ha gustado mucho.
    Un saludo y un lametón lejos de los relojes del chico… y lejos del chico.

  4. Buf, asombroso anna, lo describes tan bien que te ves en medio de toda esa inmundicia, de aquí a jolibud de guionista chica.
    Besucos

  5. Muy bueno. Yo mismo estoy obsesionado con el tiempo, y además tengo 25 años así que leerlo fue perturbador.

    Simplemente me encantó.

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