ZAPPA EN LA BRUMA

 

Desde el interior del coche veía la sombra de Rubén como un espectro. Sus piernas alargadas por la caída del sol figuraban un puente fantasma en mitad del asfalto. La carretera estaba desierta y el coche no arrancaba de ninguna manera. Ya lo habíamos probado todo y solo nos quedaba esperar que alguna alma caritativa nos socorriera lo más pronto posible.

 

El bochorno alrededor de un mar de espigas de trigo era sofocante. No podía más. Bajé del coche y busqué sin éxito una sombra. Rubén seguía de pie delante del coche mirando a banda y banda de la carretera en espera de ayuda. En dos horas no habíamos cruzado ni una sola palabra.

 

Empecé a caminar por la cuneta en dirección contraria por donde habíamos llegado. Después de 10 minutos caminando, un par de revuelos de la carretera y el sudor me corría por todo el cuerpo. Oí el ruido de un motor constipado mezclado con una sinfonía extraña. Me paré en seco y vi acercarse una especie de sidecar con altavoces. Levanté las manos en señal de alto. El conductor del extraño vehículo llegó a mi altura y se me quedó mirando como si de una aparición fantasmal se tratase mientras aterrizaba con su cacharro musical.

 

Un hombre con todo el pelo gris, largo, suelto y un gran mostacho blanquecino se me quedó mirando sin decir palabra. Con el pulgar tocó un botón de la maneta y la voz de Frank Zappa que salía de los altavoces quedó silenciada. – Buenos días – Me dijo moviendo acompasadamente el mostacho.  – Hola señor. Nos hemos quedado tirados con el coche.- Miró hacia ambos lados de la carretera intentando divisar el vehículo. – Está más adelante, tras un par de curvas. – Sube y vamos a verlo. Soy mecánico.

 

Subí en el sidecar como pude. Una extraña excitación me estremeció todo el cuerpo. Nunca había montado en un trasto de estos. Noté como el mecánico me miraba con deseo. Fijó su vista en mis piernas mientras intentaba montar en el asiento del acompáñate y la minifalda se me subía hasta los limites por él deseados. Volvió a subir el volumen de los altavoces y reprendió la marcha.

 

Llegamos a la altura de nuestro vehículo. Rubén nos miraba con cara de extrañado. Bajamos del sidecar y le preguntó a Rubén que le pasaba al coche. – Se ha parado y no arranca. No sé que le pasa. – Volvió a dirigirme una mirada de arriba abajo mientras levantaba el capó. Desconozco el motivo pero cada vez que postraba sus ojos de deseo encima de mí me excitaba enormemente. Por primera vez en mi vida deseaba que Rubén no estuviera presente.

 

Empezó a toquetear el motor y me imaginaba que esas manos entraban de la misma forma por debajo de mi falda y apreté fuertemente las piernas mientras me mordía el labio. Levanté la vista de sus manos y comprobé ruborizada como los dos me estaban mirando. Enrojecí sin apartar de mi vista de sus lascivos ojos. Rubén empezó a ponerse nervioso. Supongo que intuía mi comportamiento y no entendía mi reacción con un hombre que me llevaba más de veinte años. Pasé por detrás del mecánico para recrearme en su culo. Mi novio seguía con detalle mis movimientos y a mí no me importaba lo más mínimo. No entendía mi comportamiento pero no lo podía evitar. Me coloqué en el lateral del capó y me incliné para observar con mayor detenimiento la precisión de sus fuertes manos, dejando al alcance de su vista todo mi escote para su disfrute.

 

No se ponía nervioso. Seguía en su trabajo llevando su vista de sus manos a mis tetas y viceversa. Yo apretaba fuertemente la entrepierna una vez más. Rubén le increpó de malos modos. – Jefe, ¿acabamos hoy o mañana?

Hizo como si no le hubiera oído y continúo con su trabajo, poniéndome a mil. Rubén encendió un cigarrillo a caladas fuertes y nerviosas.

– Ya está amigo, creo que puedes arrancar- dijo mientras se incorporaba y mantenía la vista en mi escote. Rubén entró en el coche y lo puso en marcha.

 

El mecánico se subió en su sidecar, lo arrancó y volvió a sonar Frank Zappa. No volvimos a dirigirnos la palabra. Me quedé mirándolo mientras se alejaba. Vamos, me dijo Rubén, ¿a qué esperas?

No le has dado ni las gracias, le increpé mientras subía al coche. Me miró las piernas y me imaginé que era el mecánico quien me las miraba mientras sonaba Zappa por la radio. Me abalance sobre él y con el coche en marcha y el calor sofocante tuve por primera vez un orgasmo múltiple.

 

5 comentarios to “ZAPPA EN LA BRUMA”

  1. mh Ferran no conocía esa faceta tuya tan femenina, jijij
    deberíamos vernos más a menudo, jijij
    Me ha gustado un montón , no creo que te puedan decir que no te ha quedado feminino,

    salud Ferran!

  2. Yo es que ya no sé que decirte, nada más que ¡GENIAL!, creo que te impusiste un reto díficil, ponerte en la piel de una mujer, y creo que lo has superado con creces.

    Petons

  3. A mi me tienes que explicar como llegar a ese orgasmo multiple…No se si comprarme toda la discografia de Zappa, o buscar al mecánico!

    Te quedo muy bien el relato, mola cuando un hombre escribe desde la piel de una mujer.

    Un beso.

  4. Jajaja!!! Ya me gustaría a mi que las mujeres reaccionaran de esta manera en mi presencia, jaja!!
    Yo lo leí ante y me reitero en lo dicho. Muy bueno, Ferran. Felicidades.

  5. chapó Ferran, le has sacado partido a tu parte femenina, jajajaja, y yo que pensé que el erotico aquí era pep, nada que al final voy a quedar con calentura perpetua…… a mí los bomberos Bilbainos !!!!!
    Lametones Calenturientos.

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