DESDE ARRIBA

Todo lo que quedó fue una maldita caja llena de relojes viejos, es extraño que a alguien se le ocurra tener la oficina con la caja fuerte y todos los documentos tan cerca del depósito de una caldera de gas, aún no me explico como la aseguradora, ni industria, permitió la colocación de semejante trampa, claro que ésta era una de las más antíguas naves del polígono.

Más vale, que el desastre ocurrió una noche de sábado cuando se jugaba en el Bernabéu el Madrid-Barça que podría decidir la Liga, y la plantilla entera de seguridad estaba totalmente enfrascada en el partido, enfrascados en la caseta, mirando el televisor.

Claro que los de seguridad no sufrieron daños, pero tampoco supieron responder a mis preguntas, más que con cara mas bien estúpida, con una mezcla de vergüenza y miedo de quien faltó a sus obligaciones.

Nadie supo lo que ocurrió aquella noche salvo, claro está, el individuo que encontramos carbonizado cerca del lugar de los hechos.Pero los cadáveres no hablan, y éste además tuvo una muerte violenta, por eso me tocó a mi llevar la investigación, aunque no era el único, pero la prioridad de las preguntas sin respuesta no eran las mismas para mi que para la aseguradora.

Aquel cuerpo no parecía humano. Su muerte inusualmente violenta, causada una estaca metálica que atravesaba su enorme tórax quedando incrustada en el esternón, y la punta en la quinta vértebra dorsal, …por otro lado , yo ya había visto cuerpos calcinados, pero ninguno como éste, apenas quedaba carne chamuscada sobre el nudoso esqueleto. Aquella mandíbula…

Ahora bien:¿Que relación tenía el incendio con el asesinato de éste individuo que difícilmente podré identificar jamás?

Tras las infructuosas investigaciones sobre el terreno, me dirigí a Alcobendas, donde residía la familia del dueño de la nave. Allí, en una deliciosa casita con jardín sita en la calle Verona , 42, la serena mirada de María; María Ulzurrun De la Vega, se detuvo unos instantes en mis ojos, de ahí pasó a mi mano derecha con mi identificación , y luego bajó hasta mi mano izquierda que sostenía uno de los relojes arrebatado a los buitres de la aseguradora.


-El tiempo no espera a nadie.-dijo ella como único saludo.

-Disculpe señora, estoy aquí para investigar…

-Es lo que decía mi suegro una y otra vez.

-Si pudiera hacerle unas preguntas a su marido…

-Esos relojes eran de su padre, por lo visto les tenía mucho cariño.

-¿El padre de su marido, su suegro?

-No, los relojes eran en un principio del padre de mi suegro, mi marido no está ahora mismo, pase usted a tomar un café y veremos si le puedo ayudar en algo.

-De acuerdo señora, es usted muy amable, verá…

-Pase, pase, llámeme María.

Desde luego no saqué nada en claro, salvo que tenía un hijo hiperactivo que no paraba de jugar en el jardín a nada aparentemente congruente, una madre encantadora, y que ella, muy buena ama de casa; aquel café y sus pastas me supieron a gloria; parecía bastante sola. Seguramente su marido trabajaba demasiado.

El ocupado marido parecía escurrirse y no tenía forma de dar con él, ni siquiera en su oficina del centro.

El resto de pruebas parecían apuntar a que nuestra víctima, fuera perseguida y acorralada por un grupo mas o menos nutrido de individuos, al menos cuatro. Otra pista, era, que según los de la científica, la barra metálica, la estaca, estaba confeccionada como una pieza sacada de un molde y perfectamente pulida, hueca por dentro y el culo rematado con una aleación distinta del resto del arma, casi como una obra de arte, y que las aleaciones fueran seguramente de acero del éste de Europa, posiblemente Rumania.

Todo esto apuntaría a un enfrentamiento entre bandas rivales, un ajuste de cuentas, claro que no teníamos constancia de que ningún individuo de las características de la víctima, un afroamericano con malformaciones acromegaloides, según el equipo forense, anduviese metiendo las narices en los sucios negocios de las bandas que operan en Madrid.

La cosa se ponía interesante, y yo, impulsado por algún sentimiento extraño, sentí lástima por aquella familia que al parecer no iba a cobrar ni un duro por el siniestro, posiblemente debido a algún quiebro burocrático de las malditas compañías chupasangres con las que ya me las tuve que ver mas de una vez en el pasado. Así que casi dejé cualquier otra investigación para dedicarme a esclarecer los hechos y tratar de que, al menos a María se le hiciera justicia.

Como en los carteles de los bares y tascas que pone, “Hace un día precioso, verás como viene algún cerdo y te lo jode”; algún cerdo vino desde arriba, y me jodió. Como un jarro de agua fría, el comisario me llamó y me dijo que lo dejara, que eran órdenes que venían desde arriba, y que se cerraba el caso.

Claro que la vida está llena de casualidades, y desde arriba llegó la razón para yo poder volver a María. La siguiente vez que la ví otra vez me miró a los ojos, a la placa, y bajo la mirada casi sonriente, hasta mi mano izquierda que , ésta vez la llevaba en el bolsillo. La serena mirada de María, María Ulzurrun De la Vega, viuda de Figueroa.

El esquivo marido cayó desde la azotea de su edificio de treintaidós plantas sobre su encantadora suegra.

Ésta vez, las chupasangres tendrían que desembolsar a regañadientes una cuantiosa suma por la muerte accidental del empresario, que, aunque imposible de probar, yo estaba seguro de que había sido un montaje. Un almuerzo a base de fruta, éste se resbala con la cáscara de su plátano, y sus noventaicinco kilos de ávido jugador de squash pierden el equilibrio hasta la baranda y por encima de ella. No hay quien se lo trague, pero tuvieron que pagar.

Ella no era un pelo de tonta, y en sus ojos lagrimosos se veía cuando le conté lo sucedido que resurgía el amor por su marido ya que hizo lo que hizo por ellos. Su llanto, en cambio era más por su madre que por él , y tuve que ceder cuando se levantó, serena , a preparar café pero se volvió hacia mi y me abrazó, llorando en mi hombro, haciendo que su cálido y húmedo aliento me llegara desde la nuca directo al corazón.

Dijo que Maria Eugenia, su madre, se había dirigido en persona a las oficinas del marido para enseñarle los planos y escrituras de unas tierras Malagueñas que poseía; nada menos que cinco mil olivas. Nunca quiso que se enterase para que no las metiera en sus infructuosos negocios, ella quiso salvarlo de la quiebra, pero fue ella quien recibió a su yerno y no al revés, desde arriba. La carpeta de las escrituras quedó empapada en sangre, sangre con trocitos.

Loco, henchido, casi obsesionado desde entonces, me dejaba caer por Alcobendas, por el parquecito que maría frecuentaba con su hijo, quien aunque con una tristeza indeleble impresa en lo profundo de su mirada, seguía hiperactivo y ninguno de los niños podía seguir su ritmo.

Tratábamos de no hablar demasiado de lo sucedido aunque a veces era inevitable. Un buen día, el tiempo cambió de repente, y tuvimos que correr los tres rápidamente a cobijarnos en mi vehículo, empapados, nos dirigimos a su casa y le ayudé a dar un baño caliente al niño antes de dejarle jugar a su maquinita un par de horas antes de su hora de cenar.

Ella vino al salón, donde me quedé de pie para no mojar nada, en camisón, con un albornoz y unas ridículas zapatillas de casa rosas de esas con pompón de pelusas, me cogió de la mano, y me llevó a su dormitorio,donde mirándome a los ojos empezó a desabocharme la camisa.


-Vas a pillar un a pulmonía.-me dijo con voz profunda pero temblorosa.

-Sí, supongo que podré ponerme algo de ropa de tu marido.

-A lo mejor da tiempo a que se seque la tuya, el tiempo no espera a nadie.-terminó la frese dentro de mi boca.


La siguiente semana falté al trabajo, casi me creí lo de ser padre de un hijo que no era mío; pero sobre todo, nos amamos, nos amamos profundamente, continuamente, tanto que incluso me dio unas llaves de la casa. Casa en la que el próximo viernes después de trabajar duro toda la semana, aguantando los reproches del comisario,sólo encontré una nota.

“Gracias por tu amor. Nos hemos ido, no vengas tras de mí, es posible que te llame algún día para verte. Te amo, pero es demasiado pronto para hacer de esposa otra vez, te entenderé si te llamo y no quieres venir a verme. Quédate en la casa si quieres, no la voy a vender, y las facturas me las pasan a mi cuenta. El tiempo no espera, pero es lo que ahora necesito, tiempo. Cuídate. Gracias.”

Ahora con el corazón en un puño y setecientos euros menos que gastar de mi exiguo sueldo en el alquiler, no dejo de pensar en ella, en todas éstas cosas, en la acromegalia, en acero rumano, esqueletos chamuscados y el parricidio político por aterrizaje forzoso; incluso cuando interrogo a los rateros, yonkis y escoria de Madrid;… mis nudillos empiezan a no resistir.

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3 comentarios to “DESDE ARRIBA”

  1. Tiri pues parece que he empezado a leer al revés jajaja, creo que leí el ¿final? antes que el principicio.

    Y digo ¿final? entre interrogaciones porque supongo que no nos dejarás así, vamos que está muy bien que sea mujer haya rehecho su vida con otra mujer, pero ¡leche!! yo quiero saber más. ¡Ni se te ocurra dejarme con la duda de quien era ese cádaver chamuscado y atravesado por una estaca!!!.

    ¡Muy bien me ha gustado!!, pero quiero una tercera parte que lo sepas jajajaja.

    Besos

  2. Ole Tiri…

    El ritmo es trepidante, sin descanso, veloz, y…, y con vuelta de tuerca final.

    Bravo

  3. Hablando de chupasangres…no tenemos una historia por ahí aun pendiente…??? killo, hay que retomarla.

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