Huecos

Hastío. Todo era hastío. Años de hastío. Meses de hastío. Casa hastío. Cocina hastío. Habitación hastío. Miradas hastío. Caricias hastío. Besos hastío.

Daba igual. La apariencia había que guardarla, aunque solo fuera por comodidad, inventando problemas alrededor del hastío para justificarlo.

Cada noche Elisa celosamente preparaba todo para su marido. La aburrida corbata, el molesto traje y la tediosa cena. El siempre la había convencido de que  lo que quería era una mujer de su casa, alguien que cuando el llegase tuviese la comida preparada, le recibiese con un fuerte beso, y aceptase su insatisfecha existencia posiblemente disfrazada de cansancio.

Aunque no fue educada para eso, sencillamente se dejó llevar por la situación entrando en un bucle del que aparentemente no podía salir y tampoco se planteaba querer salir. Su repugnante día a día era su vida. Así lo había aceptado, quizá sin mayor inquietud pero siempre sin renunciar a su sonrisa. A veces aburrida sonrisa.

Falsas sonrisas. Falsas caricias. Falsos besos. Falsa habitación. Falsa cocina. Falsos meses. Falsos años. Lo único real el hastío.

Cansada de estar en casa esperando, tiempo de espera hueco, lleno de aire rancio, cocinando, y limpiando para volver a cocinar y limpiar, sin que Andrés lo supiera, hacía ya meses que llamaba a un restaurante que servía comida a domicilio, mientras ella salía a pasear al parque, a respirar vida durante al menos una hora dejando volar ,como si fueran un globo en forma de corazón, sus sueños llenos de indiferencia.

Respirar sonrisas. Respirar caricias. Respirar besos y habitaciones. Respirar cocina, respirar meses y años. Volviendo siempre el olor a hastío.

La apacible tarde llevó a la tormenta por un ¿Dónde me has puesto esto?…y un no saber responder…Las apariencias se medio rompieron, porque con disimulo y mala cara Elisa y Andrés fueron a la cama, esa cama de uno treinta y cinco que parecía de cinco y treinta y uno, con un enorme espacio vacío trasnochado de aire entre dos cuerpos con el alma ausente que pretendían alcanzar el sueño.

Sueño sonrisas. Sueño caricias. Sueño besos. Sueño habitaciones. Sueño cocina. Sueño de olor sin hastío.

A las seis de la mañana sonó el despertador para Andrés, la aparente conversación ritual de buenos días no se produjo, ni el inerte beso al despertar. Elisa sintió como su estomago se encogía, un mal presentimiento, por la falta de un hasta luego.
Andrés se fue, cerró la puerta, sin dedicarle ese ficticio beso diario de despedida.

Ficción sonrisa. Ficción caricia. Ficción habitación, cocina y olor…todo ficción, quizá hasta el hastío.

Elisa lloró en su cama, por primera vez en los desganados días, meses, años de convivencia. Lloro en silenció, mientras en su duermevela escuchó de nuevo la puerta, esta vez abriéndose, y la voz de Andrés que besándola tiernamente en la frente le decía…

-Me iba sin darte un beso.

Tierna sonrisa. Tierna caricia. Tierna habitación, tierna cocina, y tierno olor de su hastiado aliento al hablarla.

Seis y media de la mañana suena el teléfono móvil: número desconocido. La voz entrecortada y nerviosa de Andrés le dice a Elisa.

Eli…te quiero…cariño, estoy bien, el coche es siniestro…he tenido un accidente..
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
-Nada, nada, tranquila, pero el coche es siniestro…lo siento, lo siento..
-No te preocupes, ¿tu estás bien?
– Sí, sí, te quiero mi amor .
-¿Pero.. estás bien, de verdad?
-si…si…luego te llamo, no tengo batería.
-Un beso…y .no te preocupes por nada, lo importante es que tu estés bien…

Elisa intentó tranquilizarse y volver a dormir en aquella aletargada habitación entre sus aletargadas sabanas impregnadas de aletargados besos y caricias.

Siete y media de la mañana. Suena de nuevo el teléfono y tranquila responde:

Andrés?
-Señora de Herrera?
-Si, quien es?
-Policía municipal Su marido, señora, ha tenido un accidente.
-Si, lo sé, me llamó hace una hora y me lo contó.
-Me temo señora que eso es imposible…

Elisa calló .Se hizo el silencio…

…Silencio besos, silencio caricias, silencio habitación, silencio cocina, silencio vida.
Después sonoro llanto como duelo al  dulce hastío.

 

Anuncios

9 comentarios to “Huecos”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: