El rey de espadas

Yo había adelantado el viaje de vuelta .Mi padre, estaba terminando de cerrar unos negocios en Martigues,  con Pierre Boussen y regresaría en unos días.  Mientras iría preparando la casa, que había estado cerrada durante los meses que habíamos estado viajando.

Era la casa de la familia desde hacia generaciones, Mi padre, mis abuelos, los abuelos de estos… Era la casa que por tradición heredaba siempre le primogénito de la familia. Y algún día, seguro sería para mí.

Mi abuela, que ya hacia muchos años que había muerto, me contaba que uno de mis antepasados, le había gustado mucho los juegos de azar, de dados y naipes, y que utilizaba una de aquellas grandes habitaciones para su vicio.

 

— Allí, se reunían cada noche tu tatarabuelo con sus amigos, se encerraba, y estaba hasta el amanecer, fumando tabaco y bebiendo ron que le traían de La Habana,… — me contaba  — Las gentes decían que era malo, muy mala persona, que hacia trampas, qué maltrataba a la gente, que no pagaba sus deudas, y que estaba amenazado por muchos y por eso dicen que se marchó lejos…—

 

               Recordaba aquellas historias, mientras subía y crujían las escaleras, y se escuchaba los quejidos de las vigas de madera del techo.

 

Mi padre había decidido que cuando volviera, hacer algunas reformas. Ampliar el baño, y remodelar uno de los dormitorios como despacho.

Siempre me había gustado la arquitectura, y  aunque nunca había podido hacer esos estudios, se me daba bien las reglas, compases, y cálculos. Cogí la cinta métrica y comencé  a tomar medida con el carboncillo y papel.

Fue entonces cuando me di cuenta, que las medidas no cuadraban. La pared de fuera, media 3,50 metros, pero desde dentro, solo 2,60.¡¡ 90 cm. de diferencia!! Lo repetí varias veces, pero no me equivocaba. Mis cálculos eran correctos, pero el espacio no.

 

Anochecía, y el viento sonaba en el desván: UUUUHHH!! . Seguí con mis medidas y los cambios que se podrían hacer. El viento continuaba: UUUHHH, toch! Tuch! Una maldita Paloma, se habría colado por el ojo de buey del desván siempre pasaba igual…Subí para cerrarlo, y ya mañana echaría fuera a la paloma… TOCH TUCH!!!… Toch tuch!! Cada dos por tres pasaba lo mismo, algunos pájaros entraban y se volvían locos tirando trastos viejos .Pero ese atardecer  yo no vi pájaro alguno, ni siquiera había  gatos de los tejados… sino una enorme sombra proyectada en el suelo.¡¡ Unas largas piernas de Nadie!!…

 

Semanas después, cuando ya mi padre había vuelto, y habíamos comenzado las obras, al tirar los albañiles abajo la pared del que iba hacer el nuevo despacho, apareció un cadáver, un esqueleto momificado… con la carta del  rey de espadas entre  las manos… ¡Mi tatarabuelo nunca  había llegado hasta Argentina! ¡Ni nunca habían entrado palomas por el ojo de buey del desván!

4 comentarios to “El rey de espadas”

  1. Pobre hombre…

    Y es que el que con niños se acuesta, meado s elevanta!!!!

    Besos

  2. Muy bueno Yuka, consigues ese toque de misterio para mantenernos ahí hasta el ¿final del relato?, ¿como terminó ese hombre ahí? ¿no da eso pie a una segunda parte?.

    Besos

  3. […] https://lamedores.wordpress.com/2009/05/20/1100/ Rate this: Share this:StumbleUponDiggRedditLike this:LikeBe the first to like this post. […]

  4. Ricardo Corazón de León Says:

    No está mal, Yuka. Un inocente y llano aire de misterio con pocas palabras y sin artificio alguno.

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