UN DÍA MENOS

Ya era tarde. Las hojas secas cubrían la acera como si una alfombra fuera. Se sentó en el banco y sacó el libro de su vieja bolsa raída. Se ajusto la bufanda a la boca una vez más al mismo tiempo que tosía como parte de un ritual contra el frío. Abrió el libro por donde tenía el punto de lectura y siguió con su novela. Enfrascado. Ensimismado.

Le gustaba ese sitio. En los meses de invierno los árboles ya deshojados dejaban pasar los rayos de sol. Le calentaban la cara. Durante la época calurosa la vegetación ofrecía sombra fresca a sus visitantes. Se ajustó el sombrero que cubría su calva para protegerla del frío. Tenía edad para cuidarse. Prosiguió con su lectura. Era tarde y no podía recrearse mucho rato. Miró la hora. Hoy solo podría leer quince minutos.

Por la mañana se había entretenido en la cama. Había hecho el remolón demasiado rato y ya no le había dado tiempo ni para ir a comprar. Bueno, mañana será otro día se dijo mientras daba la enésima vuelta en la cama con las noticias de la mañana sonaba en la radio de fondo. Calentito. Confortable.

El protagonista de su novela encendió un cigarro. Curioso. Él llevaba más de treinta y cinco años sin fumar y de cuando en cuando aún recordaba el placer que se siente al tener un cigarro entre las manos. Es normal, les pasa a muchos exfumadores, le comento una vez su médico de cabecera. Normal. Normal. Hace tres décadas y media que su cuerpo no ingería nicotina.

Una racha de viento sopló con fuerza. Tuvo que poner la mano encima del libro para que el aire no le pasara las hojas. Cerró los ojos ante el polvo que le golpeaba la cara. Calma. Se ajustó los pantalones revoloteados a la altura del tobillo. Siguió con su novela ambientada en el siglo XX. Su siglo. Él ya vivía en una época que no le correspondía. Así lo sentía. Y volvía una y otra vez a los libros que le llevaban a su vida, como subido a la máquina del tiempo. Y entraba a los cines, a los cafés, a los teatros. Y llamaba desde cabinas. Y miraba la tele en blanco y negro. Y de esta forma volvía a sentir la compañía de su marido.

Le gustaba estar en el parque. La luz, más que antes. Y es que a medida que se acercaban a la mitad del siglo XXI habían bajado mucho los niveles de contaminación. La gente, mucha menos. Y es que cada vez se vivía más entre paredes. Los transeúntes lo miraban extrañados. Él no sabía si por estar sentado en un parque o por tener un libro de papel entre las manos. Esa era otra, él volvía a su siglo con sus libros, de papel, de hojas que se acarician con las manos para adelante y para atrás. Papel que huele a papel. Papel que sabe a papel. Miró el reloj. Ya era la hora. Guardó su libro en su vieja bolsa raída y entró en el patio del colegio.

Este era el mejor momento del día. Recoger a su nieto al salir de clase y llevarlo a casa. El niño llegaba y le besaba la cara. Le cogía de la mano y recorrían todo el camino sin dirigirse apenas la palabra. Para Raúl era suficiente. Para su nieto, seguramente era un rutinario desplazamiento sin más. Pensando en sus cosas. Pocas frases intercambiaban durante todo el trayecto. Suficientes para sentirse vivo en este mundo y no solamente en uno pasado. En uno muerto.

Cuando llegaban a casa de su hija dejaba a su nieto en el portal. Él había criado a su hija cuando se separó de su exmujer. En aquellos años de doble vida. También pertenecía a su tiempo una época de clandestinidad. Un periodo de silencio. El niño le besó la cara. Hasta mañana. Hasta mañana. Otro día más. Ya queda un día menos.

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2 comentarios to “UN DÍA MENOS”

  1. Como ya te dije Ferran, me encanta este relato, es tierno, nostálgico tienen un no sé que de apertura hacia el pasado. Si porque muchas veces tendemos a vivir el presente y a soñar con un futuro, quizás porque tenemos la esperanza de que el mañana será mejor. Pero yo soy de las que piensa que para comprender el presente y mejorar el futuro tenemos que abrirnos al pasado. A ese pasado que nos puede traer algunas penas, pero también nos puede hacer diferenciar lo bueno y lo malo de cada etapa de nuestra vida.

    No podemos vivir con esa mentalidad de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero tampoco podemos pensar que en todo lo venidero vamos a alcanzar la utopía.

    ¡¡EXCELENTE!!

    Petonets

  2. ¡Excelente!, como no podía ser menos. Nostalgia del pasado, soledad,tristeza y hastío al pensar en el futuro, apenas aliviado todo ello por la existencia de ese nieto…
    No podia expresarse de manera más sencilla y, por eso mismo, efectiva. No sé porqué me ha producido a mí también un tantico de nostalgía pero, a diferencia del abuelo del relato (perdón por el oxímoron)…nostalgia del futuro…

    Salut, padrino.

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