¡Ya no tengo miedo!

El 11 de mayo a las 11 de la mañana  lucía un sol brillante, pero hacia fresco

 

Ana caminaba por la acera de la calle con paso firme y confiado ¡seguro! Era la primera vez en mucho tiempo que estaba completamente segura de  que  estaba haciendo  lo que debía.

Seria la primera vez que pisaría un palacio de justicia, la primera vez que estaría frente a un juez. Pero también la primera vez que no sentía miedo y era una sensación agradable.

Pisando fuerte ya estaba a mitad de la calle, ya podía ver las banderas oficiales ondeando en el balcón del palacio Y también veía a un puñado de gente en la misma puerta.

¡Respiró! ¡Ya no te tengo miedo!, pensó.  E ignoró a todos los que la miraban y comenzó a subir los escalones anchos de la entrada.

 

— ¡eh! ¡Espera, tú!—le grito alguien detrás– ¡espera que tengo que hablar contigo antes de entrar ahí—repito con  desden.

 Ana no dijo nada, solo le miró a los ojos. También era la primera vez que lo hacia en mucho tiempo.

–si quitas la denuncia, te dejaré en paz, ya no te diré nada nunca más, de verdad, ¡ve y quita la denuncia! Y te prometo que ya no volverás a verme.

–¿me lo prometes? ¿Me das tu palabra? –su voz fue profunda, y sonó poderosa.

— si, si, claro, — titubeo sorprendido – Te prometo que no volveré a decirte nada, ni a acercarme a ti, nunca más, ni a mirarte, si me perdonas, no volverás a verme, ¡te lo juro!

–¿me lo juras? ¡¿Por quien me lo juras?! – los ojos le brillaban.

— sí, te lo juro—retrocedió un paso asustado—si quitas la denuncia te juro que no te molesto más—y su voz no estaba tan serena,

— ¿tienes miedo? Pues yo no, ¡ya no te tengo miedo! ¡Maldito hijo de puta! ¡Y Ya no te creo! ¿Cuántas veces me dijiste esto antes? ¿Cuántas veces me dijiste que ya no me molestarías más? ¿Cuántas veces antes, me acosaste, me humillaste, me perseguiste, me amenazaste, me insultaste, y me juraste que no lo volverías hacer? ¿Cuántas veces me pediste después perdón y me prometiste que me dejarías en paz? ¿Cuántas veces te perdone, pensando que tal vez tenías razón: todo es culpa mía?, ¡¡soy tan torpe!! ¡Cuantas veces con tu voz dulzona me creí que todo eso podía ser por que me querías!!—

 

Estaba abrumado, jamás la  había visto así. Nunca había escuchado aquella voz, ni había mirado esos ojos. Él se sintió acorralado.

–si, si pero, ya te juro aquí mismo, que esta vez es de verdad, yo es que…  esta vez es de verdad la ultima vez, que te…–

–¡sí!, tienes razón, – le interrumpió–  puedes estar seguro, que será la última ¡maldito cobarde! Solo ha habido, una paliza, pero ¡yo! sí te juro, ¡que es la última!

 

Dio media vuelta y subió los cuatro escalones de mármol de la entrada. Sorprendida de si misma, pero satisfecha. Serena, firme, y segura de que estaba haciendo lo que debía.

 

Unos minutos después, Ana estaba sentada en un banco duro de madera oscura, a la derecha frente al juez. Un hombre serio que imponía autoridad con su  toga negra y puñetes de encaje inmaculo. En una sala cuadrada, amplia con un estrado entarimado en forma de U. Y a ambos lados, abogados, fiscal, alguacil, secretario y otros señores autorizados. Pero ni siquiera miró que detrás había más bancos de madera con otras personas. Ella estaba sentada allí sola, pero no tenía miedo.

En el instante en que el alguacil, comenzó a exponer el caso, el tiempo se detuvo o corrió demasiado.

Debieron de pasar horas por que cuando  caminaba, de vuelta a casa recordaba todo y cada una de las palabras, y de las preguntas que se habían dicho en la sala. Las preguntas del fiscal, del abogado defensor, de las respuestas de los testigos, del llamamiento al comportamiento que le había hecho a uno de ellos, de los ojos del juez buscando los suyos y mirando a los de él , y recordaba la ultima pregunta y su respuesta :

— ¿Tiene algo que añadir a todo lo que se ha dicho en esta sala?

–No señor, yo solo quiero que me deje en paz. Que me deje vivir, y que él haga su vida y ni se acuerde de mí.

— Entonces todo queda visto para sentencia.

 

Ana se tumbó en la cama y cerró los ojos. Era media tarde del  11 de mayo.

Ahora tocaba olvidar. Y ya había olvidado cuando  comenzó todo . Cuando fue la primera vez, que decidió poner fin a esta historia.

Olvidar la primera vez que la humilló en público, las de veces que la había desprestigiado delante de otros. Olvidar todos los insultos y las veces que le había dicho ¡No eres más que una mala puta que ni sirves ni pa follar!

 La de veces que le recriminaba, con absurdos celos por simplemente acariciar su perro. Las veces que le había prohibido charlar con alguna amiga, o el temor por llegar sólo dos minutos tarde. Olvidar para siempre sus gritos, sus celos, sus insultos, sus amenazas…

Ahora se sentía con fuerza para volver a llevar su vida. De volver a encontrarse con sus amigos, a los que había tenido que dejar de lado.

Decidida a no volver a recordar todo lo que había sucedido en los últimos meses, como la seguía, la acechaba, a tener que mirar aterrada  detrás de ella y  que nunca debía ir por calles solitarias,

Olvidar  su última amenaza cuando le pasaba una hoja fría de la navaja por el rostro: ¡tú te quedarás marcada, siempre para mí!

 

Ana no sabia cual sería la sentencia de juez,  pero sí sabia una cosa: volvería a denunciarlo y tantas veces como le provocara. No se rendiría. Le había visto temblar, le había visto titubear, le había demostrado a todos su cobardía, y le había dejado marcado para siempre su expediente y su reputación.

 

Ya había oscurecido del todo, Y Ana se sentía cada vez más satisfecha, liviana, recompensada, libre, y más fuerte: ya no le tenía miedo, ni se lo volvería a tener jamás.

Tenía tantas gana de volver a vivir, de sentir la vida…!!!

Comenzó a dormirse poco a poco preguntándose si algún día encontraría un compañero…

-No importa, si no es así, me siento tan bien que no me importa estar sola . La soledad tampoco me da miedo.

 

Meses después al final del verano llegó una carta certificada del juzgado. Había sido condenado. Dobló la carta la guardó en una caja de madera en el fondo de un cajón. Nunca volvió a abrirlo.

 

http://www.inmujer.migualdad.es/violencia-mujer/telefonosviolencia.html

016, teléfono para la violencia de género

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10 comentarios to “¡Ya no tengo miedo!”

  1. Gracias Yuka!!

    Esperemos que cada vez sean menos las mujeres que dejan de tener miedo..

    …pero también es cierto que entre todos tenemos que ayudar a poner cada vez más condiciones para que cada vez hayan más mujeres que digan: YA NO TENGO MIEDO!!!!!

    Salud

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