EN UN MAR DE OLIVOS

 

En una de las cuartillas de la fanega de tierra donde esta el olivo mas grande, hay una fuente, con un caño en la pared y un pilón delante, donde los arrieros con las bestias cargadas de los serones de esparto , les daban de beber agua fresca y donde los aceituneros se refrescaban y descansaban .
En la pared de la fuente hay una hornacina con una virgen coronada y enrejada. Ambos lados dos candiles de aceite con unas torcías de pabilo . Debajo en azulejos , un escrito: “las Yucas”.
Cuentan que hasta allí iban las mozuelas jóvenes, con sus cantaros en el cuadril para llenarlo de agua y de paso pedirle a la Virgen un marido trabajador y honrado.
Y de entre todas las muchachas jóvenes del pueblo, había una que destacaba por su hermosura y su frescura. De piel canela, de pelo largo negro azabache, y de ojos del mismo color que el del aceite joven del año, el oro verde.
Cada mañana bajaba hasta allí.(…)
En una de aquellas mañanas primaverales, el grupo de muchachas de divertían con el agua fresca de la pila, (…)
Unos cascos de caballo interrumpieron las risas alegres de las jóvenes. Por el norte del camino que se perdía entre los olivos, aparecieron unos caballeros con sus monturas al trote. Entonces, las risas se convirtieron en gritos, en chillidos y auxilios. Alborotadas y asustadas corrían recogiendo sus mantos, rompiendo con las prisas algunas de las orzas de arcilla.

–¡¡Ay! ¡Ay! ¡Son moros! –Gritaban—¡¡los moros que vuelven!!
–¡¡Corred!! ¡¡Huid!! ¡O nos capturaran! –
–¡¡ Si nos cogen nos llevaran a sus tierras!! ¡¡Y nos obligaran!!
–¡¡Qué Dios se apiade de nosotras, son infieles, dicen que algunos comen carne de niñas!!
Todas salieron corriendo, despavoridas, aterrorizadas por la aparición de aquella docena de hombres . Todas menos una, la más hermosa del pueblo. Temblando acurrucada contra la pared de la fuente y agarrando con fuerza la reja de hierro que protegía a la Virgen de la hornacina.
La docena de hombres se acercaron hasta la sombra del último olivo y desmontaron al llegar al borde del pilón. Ella seguía callada, observando a los moros y a sus corceles tordos, de ancas altas, fuertes y ágiles . Mirando sus ricas túnicas y chilabas de telas suaves y frescas con bellos damascados y bordados de hilos de oro. (…)

Acercaron los elegantes caballos hasta la pila de agua. También estaban vestidos, con gualdrapas de terciopelo, cuero brillante las monturas y las albardas adornadas con plata y perlas. Nunca había visto ropajes de hombres y animales tan bellos…
Pero de entre el puñado de hombres, había uno que sobresalía entre los demás. El más rico en sus vestiduras. El más elegante en sus movimientos. Con la cabeza cubierta, barba negra en punta, bien cuidada, fajín verde esmeralda brillante, ceñía una espada del tahalí con funda de cuero repujada con cordobanes.

–¡¡Señor!!– Dijo uno de ellos y señaló con un gesto de cabeza a la jovencita asustada que se asía al enrejado.
–¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí?—Dijo el señor, mientras esbozaba una dulce sonrisa.–¿Por qué no has salido huyendo como las demás?
La muchacha los miraba a todos con los ojos tan abiertos que se les escaparían de las orbitas en cualquier momento…

– ¿No tienes miedo? ¿O es que no puedes correr?—Le preguntó, mientras con una vareta de olivo le levantaba un poco las enaguas para ver sus pies.
–¡No señor! – Gritó con carácter mientras hacia ademanes para bajarse con desesperación la pasamanería.–¡Yo no he huido por que no os tengo miedo!–
(…)
–¿Vives por aquí? –
–Sí señor, soy del pueblo, ¡¡Pero sabed que soy cristiana!!—Gritó envalentada.
– ya, ya veo que es así—Y volvió a sonreír mientras miraba los dedos blancos de la joven, de tanto apretar el hierro –Pues yo, ya ves que no lo soy, Alah, el magnánimo es mi guía.
–¡Pues sabed que no permitiré que rompáis mi Virgen!— Volvió a gritar
Todos rieron a carcajadas. Habían oído ya tantas cosas sobre ellos…
– Nosotros también respetamos a Maria, la madre del profeta Jesús aunque no comprendo vuestro apego y devoción a las imágenes, soy capaz de ver el talento del que la esculpió en la dura madera de olivo.
La muchacha soltó por fin la reja.  El señor se acercó, y se inclinó sobre ella, clavándole su mirada mientras le acariciaba el cabello negro.
– Eres muy bonita y valiente. ¿Cómo te llamas?
–Me llamo Teresa, y soy la hija del panadero del pueblo—Respondió cada vez más tranquila
–Pan y aceite, buena casa, mientras no falte. –
Suspiró y miró a su alrededor, la vista se le perdía en horizonte y no había mas que olivos.

– ¡Viejos olivos! (…) Sin duda muchos de ellos los plantaron mis antepasados, y probablemente muchos son los hijos de ellos… ¿Cuánto dura la generación de un olivo? ¿Cuánto tiempo necesita un joven garrote para dar su fruto? ¡Mirad este de aquí! Ya tiene sus primeras flores, este otoño ya tendrá cosecha, (…) y apenas habrá enraizado hace unos 7 años, pero ya es de esta tierra.
Aquí, en esta tierra, hemos enterrado a nuestros padres, y a los padres de estos y estos a los suyos. Hemos enraizados durante siglos. Hemos cuidado de estos campos y hemos recogido sus cosechas…
Mas de 23 generaciones de padres e hijos, mas de 700 años  y aun nos llaman extranjeros, ¡Invasores! … pero los invasores destruyen, aniquilan, y derriban… y sin embargo nosotros construimos, aportamos, respetamos, aprendimos y enseñamos…
¡¡Infieles!! Nos llaman, si no hace tanto tiempo que compartimos el mismo templo para nuestros rezos y alabanzas…el mismo Padre nuestro…–Y miró al Este.
Teresa le escuchaba y le seguía la mirada boquiabierta.

–¡Señor!—interrumpió unos de sus hombres– ¡señor! Si no continuamos ya, no llegaremos con luz
– Sí, es cierto, Aben, ¡marchémonos ya!
Se inclinó sobre la muchacha y acarició dulcemente su joven y bello rostro.
–Adiós Teresa. Vuelve al pueblo y diles a tus amigas que los moros somos iguales que los demás hombres, que no nos comemos a nadie, que antes que vosotros,(…).

Le dio un beso en la frente y se alejó en busca de su caballo.
– ¡Señor! –Irrumpió la joven– Yo os he dicho mi nombre, pero vuesa merced no me ha dicho el suyo.
Sin volverse a mirarla le respondió.
– Los míos me llaman , el desdichado.
–¡¿el desdichado?!¿Por qué os llaman así? Sois un hombre rico, sabio con muchos hombres a vuestro servicio. ¿Por qué sois desdichado?
Se acercó a su caballo. (…)
–Por que soy el rey…
–¡¿Señor?! – interrumpió sorprendida
Él la miró a los ojos desde arriba de su montura
–Soy Abú Abdalá, el Boabdil (…)

(disculpas por haber eliminado algunos parrafos, este relato se ha presentado a un concurso de relatos cortos. en cuanto sea posible, se volvera a editar completo. gracias )

Anuncios

13 comentarios to “EN UN MAR DE OLIVOS”

  1. niña, ke relato mas bonito te ha salido, …me parece a mi que te ha salido del alma misma

    la intrducción delibesca total, y luego el suceso de Boabdil y la xikilla….romantico por todos los costados, a uno le da nostalgia de poder estar en el campo oliendo la tierra.

    babas a saco

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: