La paciencia del Buey tiene un límite.

Imagen Original de Kukuxumusu¡Cerrad la puerta, que entra el frío! Hay que ver el mes que llevo, qué trasiego de gente, por Dios… Con lo bien que estaba yo aquí, tan calentito, y tienen que venir los dos pesados estos a quitarnos el sitio. ¡Y encima va la tía y se pone de parto, que me lo ha puesto todo perdido! Pero eso no es lo peor, ¡es que encima me han metido al mocoso en el pesebre, que a ver cómo diantres como yo ahora! Y además, desde que el angelito de las narices se nos ha puesto en lo alto, no hay manera de echarse un sueño, con tanta luz. Estoy, que me voy a liar a coces de un momento a otro, lo juro. ¿Es que no nos pueden dejar tranquilos? ¿No tienen bastante con tenernos todo el día arando para arriba y para abajo con el yugo puesto, que pesa lo que nadie sabe, como para encima no dejarnos descansar? Pero espera, que he oído decir a la mujer que su cachorro es hijo de Dios. O sea, que el marido tiene más cuernos que yo. ¡Pues mañana sale él con el yugo a arar, porque un servidor se declara en huelga, hombre ya!

Con lo bien que estaba yo en mi manada, tranquilamente, pastando con mis vacas, y llega el listo de mi amo y me dice “tú, a arar”, y va y me corta los… me corta los… ay… vaya, que me castra, el muy cabrón. Con lo bien que me lo pasaba yo con mis vacas… Y ahora que ya me había acostumbrado a ser un puñetero eunuco que no sirve más que para tirar del arado, van y me plantan en mi casa el “Acontecimiento Planetario del Milenio”. Pues se podían haber metido el “acontecimiento” por el culo y sin aceite, para que duela más.

Encima el mulo que traían me hace ojitos. Le voy a pegar una cornada que se va a enterar, que uno es eunuco, pero muy toro, hombre…

De verdad, qué harto estoy de todo. Pero lo peor no son los pastores, no. Son tres tipos que han venido esta noche vestidos de mamarrachas a traerle regalos al mocoso. Le han traído oro (qué ya lo ha visto el niño, seguro que el padre se lo gasta en vino en las tabernas de Belén, como si lo viera), incienso (que no veas tú como me tienen el portal con tanto humo) y un negro emplumado como una vedette francesa le ha traído una cosa que se llama algo así como mirra, que por lo visto es de un árbol, o algo así. Vaya, una mierda de regalos. Si le hubieran traído, no sé, un biberón, pañales y un taca-taca, por lo menos la madre habría sacado provecho, pero dime tú qué va a hacer con la mirra, que no sirve para nada…

En fin, a ver si se largan de una puñetera vez, que seguro que no están pagando ni alquiler. Joder con la gente… ¡la puerta, leche!

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10 comentarios to “La paciencia del Buey tiene un límite.”

  1. ¿Que te hago yo ojitos, eunuco de mi corasónnn? ¡¡Será posible!!…

    Je, je, je. Sabes que me gusta mucho tu buey, Rhay.

    Lametón de la aspirante a “jolibudiense”.

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