El día D (Por Darth Vaner)

Hoy era el día elegido. Mi particular Día D, aunque no tenga nada que ver con el desembarco de Normandía.
Ningún día era bueno para esto, pero tarde o temprano tenía que hacerlo y hoy he reunido más fuerzas.
No quería alargar más la agonía. No tenía otra opción, pero aún así es difícil. El veterinario nos aconsejó sacrificarlo hace varios días, pero yo no quería aceptar esa solución:
– Este perro está fatal. Tiene artritis, cataratas, problemas respiratorios, con facilidad se le pueden encharcar los pulmones, con sólo coger un pequeño resfriado. He palpado unos bultos en el cuello y parece que es cáncer, se podría operar, pero siendo tan viejo y con tantos problemas posiblemente no saldría de la anestesia. Yo os recomendaría sacrificarlo antes de que sufra más.

He estado estos días llorando. Le he abrazado mil veces, le he hablado de los problemas de la vida mientras me miraba con la cabecita a un lado, sin entender qué le decía, y sin escucharme porque está sordo, pero sabiendo que algo no iba bien. Él me lamía y se sentaba a mi lado para consolarme. Le he dado cientos de besos. A ratos me alejaba porque pensar que era de las últimas veces que iba a verlo me destrozaba por dentro.

Antonio está cansado de verme así. También le da pena, pero ha asumido mejor que yo que es el final, que así es la vida. Me mira enfadado y me pide que deje ya de comportarme como una cría. Sé que lo hace para ver si reacciono.
Yo le respondo:
– claro, tu no llevas 15 años con Wally, desde que tenía sólo 3 meses y era una bolita de pelo blanco. Tu no te das cuenta que es para mi como mi hermano, mi amigo, mi compañero, el que sufre conmigo, el que aguanta mis enfados sin rechistar.
Y él siempre me dice lo mismo, con mucho cariño, eso sí:
– es un perro, no te puede rechistar. Ni siquiera yo te puedo rechistar, tienes más cojones que el perro y yo juntos. Hazlo ya, no dejes pasar un día más, sólo alargas el sufrimiento, cuanto antes lo pases mejor. ¿No ves que el pobre no puede dar dos pasos sin ahogarse?

Sé que lleva razón, pero no podía hacerlo. Esta mañana me levanté y sin pensarlo mucho le he puesto la correa y lo he llevado a la clínica. Si me entretengo 5 minutos más no hubiese sido capaz.
Al llegar a la puerta le he abrazado, besado repetidas veces en la cabecita, le he dicho que le quería y que lo hacía por él, que no me lo tuviera en cuenta cuando estuviera en el cielo de los perros, si existía claro. Entonces se ha dado cuenta y no ha querido entrar, ha tirado de la correa en dirección contraria, ha gemido y dado vueltas a mi alrededor. He tenido que cogerlo en brazos y no paraba de patalear y ladrar.

El dejarlo sentado en la fría mesa metálica de la clínica, gimiendo y mirándome con ojos lastimeros, ha sido como si una tropa de soldados norteamericanos me pisoteara el corazón y el estómago.

Al llegar a casa he metido todos sus cacharros en una bolsa, no podía dejar de llorar. El pienso, el cojín donde se tumbaba, el bol de comida y de agua… cada cosa que cogía me provocaba un vuelco en el estómago.

Cuando he bajado a tirarlo al contenedor, casualidades de la vida, pasaba por allí la policía local:
-señora, el horario para tirar la basura es desde las 20 horas hasta las 23. Son las 12:30 de la mañana, no voy a tener más remedio que multarle. Deme su dni.

-Perdone, soy señorita – dije muy molesta, me hacía sentir vieja – Estas cosas no huelen ni ensucian. Son los bártulos de mi perro, al que he tenido que sacrificar hoy.

-Como le he dicho, señora, la basura se tira de 8 a 11. Además está tirando plásticos en el contenedor de residuos orgánicos, debería reciclar. Le tendré que multar.

-¡Joder! ¿no puede tener un poco de consideración? – las lágrimas se me agolpaban en los ojos.

-Consideración debería tener usted con la sociedad, señora. Lo que está haciendo daña al medioambiente. Tome usted – y me alargó el papel que confirmaba que tenía un mal día. Mi primera multa en la vida.

-¡200 euros!- dije llorando, no pude aguantar más las lágrimas, había intentado mantenerme calma, pero todo aquello me superaba.

-Que tenga usted un buen día, señora. – Y se fue sin más.

Por un momento me olvidé de todo lo anterior y me centré en mi cabreo, ¡200 euros! Será cabrón. Y encima me llama señora. Pero al subir de nuevo a casa, al abrir la puerta y no venir corriendo a recibirme, todo lo deprisa que podía permitirse en su estado, he vuelto a mi estado natural de la semana.

A las 3:30 llegó Antonio, al no ver ni rastro del perro ni de sus cosas, comprendió. Se acercó a abrazarme y me dijo que había hecho bien. Cogió la multa que estaba encima de la mesa:
– ¿Y esto? – Le conté lo sucedido – ¡qué imbécil! Están sólo para estas chorradas, cuando les necesitas de verdad no aparecen.

Como he dicho, hoy es mi Día D. Tiene cierta gracia irónica que la compañía que desembarcó en Normandía se llamara Dog.

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11 comentarios to “El día D (Por Darth Vaner)”

  1. Hola Darth, con un nudo en la garganta lo he leído!
    Para mi el pan nuestro de cada día;

    Es un perro muy mayor, en cualquier momento se le puede descompensar la cardiopatía, ..o sus riñones no pueden más,..en fin…hay semanas que dcaen como moscas.

    Mi Tor, el segundo pastor alemán que tuvimos, el primero que murió, cuando lo llevé a sacrificar (acababa de empezar mis estudios) y lo puse sobre la mesa; miró por la ventana, me miró a mi , comprendió y no volvió a levantar la mirada, indignado.

    Un abrazo y sigue así.

    Pdta; repasa las mayúsculas a comienzo de diálogo…

    babas

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