Manos frías

Los precios marcados en tiza decoraban la barra del bar. Fue lo primero en lo que me fijé al entrar. Afuera estaba diluviando y, como no llevaba paraguas, pensé que sería una buena elección resguardarme de la lluvia entrando allí para tomar un café, mientras esperaba a que pasara el chaparrón.
Era un local pequeño y agradable, lleno de gente. Los camareros estaban bastante atareados. La opción de guarecerse de la lluvia en ese bar, había sido considerada por muchas otras personas, a parte de mí.
Aparté distraídamente un mechón de pelo mojado de mi frente y me di cuenta de que tenía las manos frías. Siempre tengo las manos frías en invierno.
Me acerqué a la barra y tomé asiento en uno de los pocos taburetes que quedaba libre. Intenté pedir un café, pero ninguno de los camareros se percató de mi presencia. Decidí esperar tranquilamente. De todas maneras, no tenía prisa. Nadie me esperaba.
Entonces llegó él y se apoyó en la barra junto a mí. Me miró y me sonrió mientras intentaba, sin conseguirlo, pedir algo a los camareros.
– Están demasiado ocupados – dije sorprendiéndome a mí misma hablando con un extraño. – Yo ya lo he intentado y tampoco lo he conseguido.
– No pasa nada. Esperaremos entonces – respondió con una franca sonrisa.
Nos quedamos callados por un momento, sin saber muy bien que decir. El trasiego de los camareros, el ruido de copas, de tazas, las conversaciones de decenas de personas se entremezclaban en un murmullo, que en aquellos momentos, me pareció lejano.
Un amable camarero me volvió a la realidad al preguntarle a mi desconocido acompañante qué iba a ser. Él me miró y con una sonrisa me preguntó qué iba a tomar.
– Un café, por favor – acerté a decir.
– Pues que sean dos, entonces.
El camarero se retiró. Me quedé inquieta, mirando no recuerdo exactamente donde, intentando rehuir un encuentro con su mirada que sería demasiado incómodo para mí; frotando mis manos, que seguían frías, hasta que llegó el camarero con los cafés.
Preparé cuidadosamente el café. Sin querer, tiré un poco de azúcar sobre la barra. Removí nerviosa, cogí la taza y haciendo un cuenco con mis manos la sujeté para calentarlas. El desconocido se quedó mirando mi gesto y volvió a sonreír.
Tomó su café solo, sin azúcar, mientras yo seguía notando el agradable calor del café calentando mis manos, absorta no recuerdo bien en qué pensamientos. De repente, un gesto suyo me turbó.
– Tome, señorita, ya me los devolverá algún día – dijo mientras tomaba mis manos y ponía en ellas unos guantes de lana.
– Pero… – balbuceé.
– Ya me los devolverá.
Se levantó y me sonrió por última vez. Dejó en la barra unas monedas que cubrían ampliamente el importe de los dos cafés. Cruzó la distancia que nos separaba de la puerta y salió corriendo bajo la lluvia que seguía cayendo insistentemente.

Terminé de tomar mi café pensando en lo que había sucedido. Me sentí extraña. Salí del bar cuando la lluvia cesó. Me puse sus guantes, exageradamente grandes para mis manos, y callejeé despistada pensando en él toda la tarde.
Días después volví a verle. Coincidimos en el mismo bar, al cual acudía asiduamente desde aquel día, para intentar volver a encontrarme con él. Estaba sentada en la barra, en el mismo taburete de aquel día. Llegó él y sonriéndome me entregó un paquete.
– Espero que estos sean de su talla, señorita.

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18 comentarios to “Manos frías”

  1. Ya te lo dije, Novembre. No sé si este tipo es un galán de cine años 50 o un verdadero psicópata.

    Felicidades.

  2. Pues por el bien de la protagonista espero que sea un galan de cine… jejeje.

  3. Bonito relato Novembre. Me ha emocionado ver de nuevo aquella frase de inicio con la que empezamos nuestra aventura hace ya más de un año.

    Besos

  4. Que bonita historia, me ha gustado.

    Si me permites una coña, yo creo que no era un galan, ni un psicópata, simplemente el tio trabaja en la tienda de al lado vendiendo guantes, jajajaja.

  5. Buena apreciación, Gotzon.

    ¡Jajaja!

  6. Delante se según que situaciones, aun me considero en cierta manera un galán, por lo que creo que hubiese actuado de la misma forma y más si la persona en cuestión me gusta.
    Creo que quiere ligar contigo, “novembre”.
    Me ha gustado mucho y el comienzo de antaño me ha traído muy buenos recuerdos.

  7. Jajaja muy bueno Gotzon es cierto para que vamos a hacernos ilusiones con galanes de cine o a pasar un mal rato pensando en psicópatas, cuando lo que realmente puede ser es lo más sencillo jajajaja.

    Me encanta verte por aquí y leer tus comentarios.

    Besos

  8. me parece magistral!
    sencillamente la descriptiva de la situación una auténtica lección, ..espero aprender algo de éste relato.

    La historia por supuesto me ha gustado pero creo que no podía ser contada mejor.

    dicen que el “amor sin locura no es amor”, …

  9. yo creo que no hubiera sido tan avispado Pep…:))

  10. Muy bonita historia, claro que más prometedor aún es cómo podría continuar la historia, da para mucho juego!! Algo tan sencillo como es la trama, que en realidad podría resumirse en una sola frase, podría dar para una verdadera historia. Muy buen relato, sin embargo, como crítica constructiva, te sugeriría que centrases la descripción en los personajes, que es lo realmente importante, antes que en el lugar.

    saludos

  11. Yo creo que lo bueno de este relato (que me encanta) es que da lugar a imaginar lo que ocurre después, (por supuesto la autora podría desvelarlo en otro relato si es lo que tiene planeado) pero asi las puertas estan abiertas a que cada lector cree su continuación en la mente…

  12. Espero que si a manos frias, corazón caliente, con los guantes de su talla no le deje el corazón ni frio ni indiferente…

    Me gustan las historias de minutos que nunca olvidas y te pasan donde y cuando menos te lo esperas.

    Creo que esta bien que no tenga un final definido y que me dejes imaginar lo que me de la gana, que nunca se volvieron a ver, que todos los miercoles se veian en el mismo bar, que terminan en un hotel, que es su padre, su tio, o su hermano, lo que quiera imaginar.

    Lametorros.

  13. Novembre, me has hecho “ver” perfectamente lo que tú has querido y, a partir de ahí, me dejas libertad absoluta para imaginar lo que yo quiera.

    Enhorabuena por tu relato.

    Besazos gordos.

  14. Es muy bonito, aunque parezca una tontería me ha hecho sentir como si estuviera sentada frente a una chimenea, leyendo mientras fuera nieva. Una sensación muy agradable y acogedora.
    Besos!!

  15. ai Annalammer que razón tienes!

  16. Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios.

    “A los de siempre”, daros las gracias por dejarme participar en este blog con un relatito tan humilde como el mío y dejar comentarios sobre él.

    F.M. Espinosa. Muchísimas gracias por tu comentario. Agradezco también tu crítica, pero mi intención es que todo el mundo pudiera verse reconocido en el relato, por eso intenté a propósito no profundizar en la descripción física de los personajes.

    Gotzon. Gracias también por tus comentarios y por tu sentido del humor. La verdad es que, que el galán pudiera ser vendedor de guantes, no se me había pasado ni por la cabeza jejeje.

    Peptrempat. La persona a la que le regalaras (o quizá ya se los regalaste) los guantes debe sentirse muy afortunada. Molts petons.

  17. Me ha encantado Novembre.

    Y eran de tu talla o qué??? Ummmm!!!! Veamos si el pájaro es buen observador y mejor medido!!!!

    Jejejeje

    Gracias Novembre…. Lametorros

  18. Que bonito!!! Lo estaba viviendo mientras lo leía!! Genial Novem!!

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