Contra*luces

Hoy me he arrancado los ojos.
Los he cogido con mis propias manos y los he puesto frente a mí para que, como última imagen, retuviesen cada fotograma de mis espasmos. No. No los causados por el dolor físico que en este momento aún me invade, sino los causados por cada vez que me afirmabas de forma acusadora que  no quería ver la realidad. Creo que tenías razón y yo no lo aceptaba.

He tratado de verme tal y como tu me ves:

Desde el otro lado.Sin orillas.

Desde el tuyo.Frente a frente.

O desde la pesadilla

En la que habita mi mente.

Mis ojos  han dejado de formar parte de mí, y ahora presiento que me miran cual famélico crítico de revista del corazón; sí, esos a los que tanto hemos criticado incondicionalmente, pero en los que sin reparos nos hemos ido convirtiendo a nivel vulgar en nuestra particular reflexión sobre la vida misma…¡Que gran diferencia entre tu visión y la mía!.
Si , es cierto. Desde estas, mis oquedades, lo veo todo tan claro como la luz de aquel sol cegador que me abrió de cuajo los ojos, mientras miles de hormigas iban recorriendo mis brazos dando pequeños pero punzantes mordiscos queriendo que del dolor los cerrase, a la par que las hojas de los árboles aplaudían al unísono y un pájaro de chirriante canto picoteaba en mi sien instándome a mirar sin ver.
En carrera hacia no sé muy bien donde, esta mañana, he descubierto nuestro punto de encuentro. Si la luz no nos ciega, seguiremos en mundos tangencialmente opuestos, y no quiero que así sea.

Aquella solemne figura aparecida a contraluz de la nada sin necesitar palabras me lo confirmó.

Por eso, tras esta aparentemente absurda, aunque enriquecedora, experiencia, cuando entres por la puerta, cariño ( por todo lo que te quiero), voy a arrancarte los ojos.

No olvides que, habitualmente,  el ciego es el que mejor ve la realidad. Y no dudes , confía en mí. Desde nuestra oscuridad llegaremos a conocernos de verdad y alcanzaremos la luz.
Deseo que nunca puedas leer esto, pero si alguien, algún día, te lo lee, que perdone las faltas e incongruencias.

Recuerda…

HOY ME  HE ARRANCADO LOS OJOS… DESPUÉS, TE LOS ARRANQUÉ A TÍ.

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8 comentarios to “Contra*luces”

  1. Durísimo relato de a lo que se puede llegar cuando los sentimientos rebasan unos límites, me gusta la ídea del “arrancarse los ojos” en el sentído poético de la palabra. Por eso me quedo con esa frase encubierta que dejas caer:

    “Hoy corazón, sin reparos te quiero ciego de deseo”

    ¡Enhorabuena Anna!

    Besos

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