RECUERDOS IMBORRABLES

Hoy hace cuatro años que Paz y yo nos dimos el tradicional “sí quiero”…¡Memorable día!
Lo hicimos fundamentalmente por agradar a María de las Angustias y así evitar “vivir en pecado mortal y condenarnos al eterno fuego abrasador del infierno”. Según su particular y acojonante pronóstico, ese sería nuestro futuro si no poníamos medidas urgentes por evitarlo. A Paz aquello le pareció motivo suficiente para dar un paso más en nuestra relación y puso todo su empeño en arrastrarme hacia el frescor y el bienestar de una futura vida conjunta por las alturas celestiales.

El forzado acontecimiento tuvo lugar en la parroquia de Nuestra Señora de las Virtudes- segunda residencia de mi piadosa suegra-. Nos casamos ante la atenta -y, en algunos casos puntuales, también desaprobadora – mirada de las noventa y tres personas, incluido el búho, que nos acompañaron tan señalado día.
La señora Mari, mi permanente tortura desde aquel 14 de septiembre, todavía no sé como mantiene, a día de hoy, los ojos dentro de sus órbitas…Nadie se puede imaginar el esfuerzo sobrehumano que hizo la buena mujer para no perder detalle de lo que acontecía a cada instante. Es de admirar la capacidad que tuvo para retener en sus retinas todos los datos necesarios para descuartizar a conciencia y sin compasión alguna a nuestros invitados….Cosa que, al menos, hizo exclusivamente en la intimidad porque, como ella misma acostumbra a decir: “Una es una señora. No una chismosa cualquiera”.

No he referido todavía que, como era de imaginar, el día amaneció exactamente igual que si se tratara del día del Diluvio Universal…No hubiese sido lógico que fuese de otra manera tratándose de un día que, se suponía, iba a convertirse en “inolvidable” para mí.

La novia, fuera de todo pronóstico, llegó puntual a la cita. Según me comunicaron después, porque yo no lo vi en directo, una Paz bellísima y serena hizo acto de presencia en el templo a las 12 en punto del mediodía. Mi querida Mari fue la encargada de recalcarme machaconamente aquel sutil detalle durante las largas horas que duró el convite. El tono de su recriminación fue tan poco amigable que, he llegado a la conclusión de que, este hecho fue la causa de la indigestión que posteriormente sufrí y que me hizo pasar la noche de bodas donde jamás imaginé. Ese lugar no fue otro que alrededor de la fría taza del water de la suit que reservamos, se suponía que, para hacer “mil y un maldades” en nuestra primera noche una vez bendecidos por la Santa Madre Iglesia como marido y mujer…¡¡Mecagüentodoloquesemenea, joder!!

Yo llegué a la iglesia cuando y como pude…Y resultó ser: tarde y mal.
Lo cierto es que llevaba acumulados meses de gran nerviosismo que provocaron en mí cierta dificultad para conciliar el sueño – problema que, ¡cómo no!, quedó inoportunamente subsanado justo la noche anterior a mi boda- y, sobre todo, una acusadísima pérdida de peso.
Reconozco que fui poco previsor al no hacerme la conveniente prueba previa del frac mil rayas. Si hubiese tenido en cuenta que dado mi deterioro físico – provocado por la angustia existencial que llevaba a mis espaldas por el paso que iba a dar-, en vez de parecer una persona disfrazada de pingüino me iba a asemejar a un debilucho y enclenque pajarillo desplumado, el problema hubiese tenido fácil solución. Con meter tela de aquí y tela de allá, el asunto se hubiese arreglado y, en tan señalada ocasión, hubiese aparecido ante el respetable como lo que creo que soy: todo un galán…Pero no lo hice y me presenté a tan importante acto con un aspecto penoso.

Ahora tengo que resignarme, apechugar con mi error garrafal y escuchar- inexorablemente cada aniversario- como mi querida suegra me recuerda de la siguiente manera aquel 14 de septiembre:

-Ay Pruden, no te maté el día de tu boda porque soy religiosa y no me puedo permitir el lujo de pensarlo siquiera pero te aseguro que ganas no me faltaron…¡Qué poca vergüenza llegar a la iglesia veinte minutos después que la novia, por Dios!- El tono que emplea es fácilmente imaginable pero, como ya estoy acostumbrado a escuchar siempre lo mismo, he logrado conseguir que no me afecten sus palabras ni me provoquen indigestiones nunca más; aunque no descarto una úlcera de estómago a largo plazo…

-Si supieras “el gran dolor de corazón” que sentí cuando te vi entrar en la iglesia con ese aspecto de pobre desgraciadillo que va de prestado por la vida…¡Parecías el “espíritu de la golosina, querido”!… Y pensar que “aquello” se iba a convertir en mi yerno “hasta que la vida nos separe”…je,je – Palabras más o menos textuales acompañadas de sonora y despectiva carcajada del búho…Uy, de mi mamá política, quise decir.
-Te soy sincera, Pruden, me producía cierto reparo que entrases a formar parte de nuestra vidas ¿eh?- ¡Toma y a mí!… ¡Nos ha jodido la lumbreras de la Mari!

-Y etc, etc, etc…

¿He dicho anteriormente que mi adorable suegra, aparte de búho, es loro? Creo que esa conjunción de elementos en una misma persona es difícil de darse, pero ¡qué leches, soy así de afortunado!, y hace cuatro años puse en mi vida- concretamente en el piso de abajo- a un ser así…¡¡Mecagüentodoloquesemenea, joder!!

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21 comentarios to “RECUERDOS IMBORRABLES”

  1. Me has traido viejos y desagradables recuerdos. Nunca congeniamos con mi suegra, mecagüentodoloquesemenea…
    El relato me parece muy bien escrito y además con la originalidad de transformar en un desastre lo que tenía que ser el día más feliz en la vida de cualquier novio con el correspondiente nerviosismo del momento.
    También es meritorio el hecho de meterte en el pellejo de un hombre y acertar plenamente en sus pensamientos.
    Enhorabuena.

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