Aquella fue la primera, pero no sería la última.

Aquella fue la primera, pero no sería la última. La recuerdo tan vívidamente como si hubiera ocurrido ayer, pero de aquello han pasado ya más de cinco años. Cinco años de violencia, de dolor, de tortura, de sufrimiento, de silencio. Cinco años viendo como el hombre de mi vida, la persona a la que tanto amaba, con la que esperaba compartir tantos sueños, se convertía poco a poco en mi peor enemigo, en el monstruo al que tanto he temido, en un ser del que ahora tan solo siento lástima, en ti.

Aquella fue mi primera paliza. No recuerdo exactamente el motivo, probablemente tú tampoco. Supongo que cualquier banalidad que te hiciera enfurecer. Lo que sí recuerdo son todos y cada uno de los golpes que me propinaste aquella tarde de otoño. Terminé tendida en el suelo, sin poder levantarme por mi propio pie, suplicándote por Dios que pararas y preguntándote una y otra vez por qué. Qué había hecho yo para merecer aquello.

A aquella primera paliza, siguieron muchas más. Con el tiempo aprendí a no preguntarte el porqué. Sabía que si lo hacía, si te preguntaba el motivo, aquello te enfurecía todavía más y los golpes eran más violentos todavía. Simplemente terminé asumiendo un castigo que no sabía ni entendía por qué merecía.

Y después de aquello, tus lágrimas, tus ruegos, tus súplicas pidiendo un perdón que no merecías y que te concedí en demasiadas ocasiones. Diciendo que me querías, que te perdonara, que no lo volverías a hacer. Pidiéndome perdón por el dolor que me causabas, por los golpes que me infligías, cubriendo de besos cada uno de mis moratones y acariciando suavemente cada una de mis heridas.

Y mi silencio. Ni yo misma entiendo como he podido aguantar callada tantos años. Sufriendo día tras día en mis propias carnes tu desprecio y tu humillación cada vez que me maltratabas.  Mi voz se perdía en mi garganta. Mi propio silencio me encerraba en una cárcel de la que cada vez era más difícil escapar.

Pero todo aquello ha terminado. Mírate ahora. Se han cambiado las tornas. Hace ya tiempo que esperaba tener esta oportunidad, el momento en que te despistaras y que yo pudiera aprovechar. El cuchillo que está ahora clavado en tu pecho es el pago por el dolor que he soportado, por cada uno de los golpes que he recibido.

El que está ahora en el suelo eres tú. No me pidas clemencia porque tú conmigo nunca la tuviste. Me he cansado. No quiero seguir soportando tu desprecio ni tus golpes porque no los merezco. No quiero tus promesas porque ya no las creo.

Lo siento cariño; aunque pensándolo bien, no lo siento tanto. A mi hijo no lo tocarás, no le harás lo mismo que me has estado haciendo a mí. Ésta no ha sido la primera, pero sin lugar a dudas ha sido la última.

Anuncios

11 comentarios to “Aquella fue la primera, pero no sería la última.”

  1. !Qué triste que sea posible escribir sobre temas que jamás debieron de existir!…Y un día sí y otro también aparecen nuevos casos, ¿eh?

    Enhorabuena por tu aportación, guapa. Me alegra leerte.
    Un beso gordo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: