BIFASE

Mi casa , mi cueva, aquel agujero de cincuenta metros tan bien distribuido que nunca quise cambiar por ningún cuchitril con vistas al mar.

El agujero perfecto de soltero,…bueno de emparejado a distancia.

El cubil con temperatura estable todo el año, ni siquiera subía de los 20 grados en los agostos más calurosos.

Un ecosistema en perfecto equilibrio.

Los fermentos y hongos de los restos de la encimera daban de comer a las drosófilas; diminutas moscas de la fruta. Éstas y los pocos mosquitos que pasaban la mosquitera alimentaban a las arañas, …hasta diez especies distintas llegué a contar distribuidas casi de forma uniforme,claro que del baño eran dueñas y señoras las arañas lobo y sus imponentes saltos predadores en miniatura.

Éstos artrópodos, junto con las cucarachas que no perecían por las venenosas trampas, caían el las pegajosas fauces de las tres salamanquesas de una misma estirpe, que a lo largo de los años se veían cada vez más grandes tras cada hibernación.

Salamanquesas que tenían vetado salir, ya que fuera en el jardín de mi casera moraban los mirlos, caracoles y los siempre hambrientos y voraces felinos domésticos, Los cuales mantenían a raya a los insaciables roedores salidos de las entrañas de la tierra o caídos de los penachos de las palmas donde anidaban. Malditas ratas.

Pero el rey de la casa era el sofá; irresistible para la siesta, incansable compañero de horas muertas, viendo documentales, películas mejores y peores.Me mecía en sus insaciables cojines alimentados con arena, migas, piel muerta, pelos y sudor.

Fue en una siesta de un caluroso Julio, que con la puerta y ventanas abiertas para que hiciera corriente con el poniente; me desperté de repente y vi, como una caprichosa pelusa, cayó de un libro de Kafka que nunca ley, hacia la cara de ZP de la portada de un “Jueves” tirado en el suelo; para de manera descarada, como una culebra de agua, rodar contracorriente, cruzando la estancia , y bajo la barra americana; hasta la entrada del hueco entre la lavadora y el armarito de la basura; amenazando con meterse dentro.

De un brinco decidido, traté de alcanzarla en vano, pues la muy astuta fue a refugiarse en las oscuras rendijas tras los muebles y electrodomésticos.

Claro que la bribona no contaba con mi navarra cabezonería, y de un continuo y eficaz tirón saqué la lavadora de su hueco, con cuidado de no arrancar la toma de agua.

Allí estaba ella, entre otras basuras, detritus y porquerías; la mas esbelta y altiva, apunto de meterse por un pequeño respiradero abierto entre dos azulejos. Pero zas! De un estirón tipo Arconada conseguí meter mis dedillos por el hueco triangular.

Ahora bien , no conseguí alcanzar mi objetivo , y no solo no conseguí sacar nada del hueco sino que por el contrario, perecía que el ínfimo hueco quisiera tragarme.El pánico me inundó cuando de manera inverosímilmente indolora mi brazo se introdujo por succión, y arrastrando detrás de sí el resto de mi pesado cuerpo, hasta el mismísimo hombro.

Estaba apunto de gritar y pedir ayuda, cuando en un plop como de descorche de champán, aparecí en lo que se suponía el otro lado.

Ni rastro de la dichosa pelusa. Pero a la altura de mi cara se encontraba el último calcetín, que; como los demás anteriormente, se había separado indefectiblemente de su pareja. Un calcetín amarillo de más de cinco años comprado en un H y M de alguna ciudad polaca.

Al poco me di cuenta de que yo también flotaba casi inerte, de que respiraba ese líquido acuoso que nos envolvía a mi calcetín y a mi. Y que el amarillo del calcetín reflejaba una luz que no era tal, una luz sin origen que sin embargo le confería a éste un color muy vivo , mucho más que al otro lado del triangular hueco que inexplicáblemente no conseguía divisar.

Mirando mis brazos, las uñas centelleaban con un halo blanco en la raíz y el borde, así como las curvas de lo que antes serían rubios vellos, como en una discoteca. El movimiento de los brazos al nadar sonaban como un quieto batir de alas. Y comencé a moverme, buceando; en tres dimensiones, sin fuerzas que me impulsasen hacia un arriba ni me arrastrasen hacia un abajo, sin necesidad de respirar aire. Pero; cual fue mi asombro al darme cuenta de que !No pude emitir sonido alguno de exclamación al emocionarme!

Así fue, como maravillado fui avanzando en un espacio incombustible rodeado de calcetines de todo tipo, todos con ese brillo característico, a veces los encontraba solitarios, otras veces en pequeños grupos, pero ninguno era igual que el de al lado.

Llevaba ya un tiempo indefinido inmerso en ese fluido, aburrido ya de ver calcetines y más calcetines, siempre distintos; cuando me asaltó la idea de que aún no había tenido hambre, ni ganas de otras necesidades más excusadas de índole excretora. Y un pensamiento llevó al otro y acordándome de los potajes de quien no hay más que una, aborrecí la sensación de acordarme de sabores y olores sin sentir hambre alguna.

Una nostalgia brutal me invadió, al, quizás; unirse ésta terrible sensación con el pensamiento de no volver a ver a mis seres queridos, y la idea;de quedarme en semejante lugar quien sabe por cuanto y sin nadie,se me introdujo abriéndome las entrañas cual cuchillo roñoso y sin filo alguno.
La tristeza me arrastró hacia un profundo sueño.

Tras un tiempo indefinido me desperté con una firme decisión de encontrar una salida a aquella situación y comencé a bucear sin parar hasta que llegué a lo que parecía ser una corriente llena de calcetines que se dirigían desde una posición mas allá de mi cabeza para describir un gran tirabuzón y perpendicularmente dirigirse hacia la lejanía perdiéndose en la vista más allá de mis pies.

Y entonces descubrí aquella figura extraña a lo lejos,..tanto tiempo sin ver más que calcetines,… Aquella imagen lejana de algo con distintos brillos y con otras formas,…decidí acercarme sin demora.

La figura se acercaba más y más; y más rápido de lo que yo creía avanzar, ..y al rato discerní una figura humana nadando hacia mí luciendo una fulgurante sonrisa.

Fulgurante sonrisa que más me hacía sonreír a mí cuanto más se acercaba al ver que era la de una bellísima joven, de agradable cara y curvosa figura.

De pura alegría nos fundimos en un abrazo y comenzamos a besarnos, acariciándonos como si nunca jamás hubiéramos tocado antes cuerpo alguno.

Comenzamos a quitarnos la ropa, ella una pequeña camiseta que le tapaba poco más que el tórax.
Yo un fino pantalón de algodón que alguien me trajo de Jerusalén.

Los dos nos miramos fijamente a los ojos. Como platos los suyos, de un violeta intenso casi tan luminiscente como los dientes,…calculo que los míos debían verse de una especie de verde stabilo-boss, … sorprendidos, cuando la ropa que nos habíamos quitado cayó como si hubiese cobrado un peso específico añadido.

Automáticamente los dos miramos en dirección contraria hacia la que caían las prendas.

Abismo.

Comenzamos a nadar ferozmente, yo desnudo , ella con unos cortísimos pantalones de corte vaquero. Claro que tras un tiempo tuvimos que bajar el ritmo. A veces se veían más bien luminiscentes líneas lejanas de colores, otras, más cercanas, se distinguían corrientes similares llenas de calcetines , parecidas a la que vimos anteriormente.

En general , la temperatura era bastante agradable y estable , pero si nos acercábamos a una de esas corrientes , que la mayoría iban en dirección contraria a la nuestra, la temperatura bajaba bastante.
Fue así como tuvimos que volver a juntar nuestros cuerpos, para darnos calor. Ya que estábamos exhaustos justo cerca de una de esas corrientes descendentes; algo más lenta que las demás.

Nos juntamos y abrazamos nos amamos, reímos y lloramos, para acabar enlazados de tal manera que parecíamos uno solo. Y así nos quedamos dormidos a pesar del destello que desaprendían los miles de calcetines que pasaban sobre nosotros.

Cuando despertamos, sorprendentemente la corriente había desaparecido, y no pude más que tratar de volver a amar a aquella diosa que provocaba en mi unas sensaciones increíbles. Ella en cambio, en ese momento, pensaba más en avanzar, avanzar…pero¿A donde?

Lo único que le quedaba por quitarse eran los calcetines, que se quedaron flotando a nuestro al rededor en cuanto se los quitó, así que no sabíamos bien a donde tirar.

Ella fue la que me advirtió , y recordó, la pulsera de cuentas azules y blancas, tipo ojo turco, que llevaba en el tobillo, recuerdo de las enormes olas de Samoa.

Y así pudimos ir subiendo cada vez que no teníamos referencias de corrientes que quedasen cerca, …claro que cada día estábamos más agotados del esfuerzo, aunque siempre antes de quedarnos dormidos nos amábamos largo rato enterrando las ansias y los temores que ennegrecían nuestro ánimo mientras ascendíamos.

Cuando ya sólo quedaban cuatro cuentas, vimos por primera vez una corriente ascendente, con intensísimos destellos en tal vorágine que no se distinguían los calcetines que subían por ella.

Tuve que detenerla al presentir que se lanzaría al centro de la corriente para poder ascender con ella, e hice bien; tras pocos segundos a unos dos metros del borde de la corriente tubular la temperatura era abrasadora.

A una distancia prudente de la hirviente corriente seguimos ascendiendo durante varias jornadas sin tanta necesidad de abrazarnos por el frío; y jornada tras jornada, el calor y la monotonía hicieron que no pareciese tan necesario ni siquiera para amarnos.

A la quinta calurosa jornada, la corriente desapareció, y tuvimos que usar otra vez las cuentas, ya tan escasas.

A falta de dos, tardamos una jornada entera en acercarnos a una corriente descendente, y nadamos en dirección contraria hasta quedar exhaustos otra vez, Otra vez nos abrazamos para darnos calor, pero nos besamos y amamos al despertar y ver con alegría que la corriente seguía a nuestro lado, fresca , brillante, lenta; hacia el abismo del que veníamos.

Se nos ocurrió tratar de comunicarnos escribiendo sobre la piel, pero estaba claro que no coincidíamos en el idioma.

La esperanza se veía casi perdida en su mirada la mayoría de las veces , otras era ella la que me tenía que animar a seguir buscando corrientes, guardando las dos últimas cuentas que nos quedaban…

Hasta que una vez al despertar me besó la cara una y otra vez; los ojos, las mejillas, …casi me recordaba a un cachorro cuando recibe a alguien a lametazos.
Tras de mí; había una gran corriente ascendente. Se veía que el diámetro era enorme y la densidad de calcetines y su velocidad de ascensión baja, ..no lo dudamos; nos pusimos en pleno centro,…aquello si que parecía volar, pero me di cuenta, que era en la periferia donde la corriente iba algo mas lenta donde se respiraba mejor; sin idea de porque. Nos dejamos subir tratando de quedarnos en la periferia.

Al no cansarnos apenas, estuvimos muchísimo tiempo despiertos jugando con los calcetines, haciendo ñoñerías y monerías diversas, ..también hicimos el amor muchas veces , sin darnos cuenta que la luminosidad era cada vez mayor, casi cegadora si se miraba hacia arriba.

Y unidos como estábamos empezamos a sentir el giro más ancho de la corriente que nos expelió centrífugamente junto con diversos calcetines, de tal manera que unos quedaban mas abajo que otros y otros subían como si flotasen hacia una cúpula luminiscente que quedaba sobre nuestras cabezas, de un blanco que no era blanco.

Sin dudarlo seguimos nadando hacia la cúpula sonrientes, agarrados de la mano.Pero no llegábamos a ningún lado; subíamos y subíamos.
Estábamos en medio de la nada, y cada vez se respiraba peor y la temperatura era mayor.

Nos empezamos a dar cuenta que cada vez la mayoría de los calcetines tenían fibras sintéticas… y que no solo respirar, sino que avanzar, también era más tedioso,…el medio parecía m´más aceitoso.

Las corrientes que veíamos ahora con mayor frecuencia eran de aquellas hirvientes, aunque había alguna que casi uno se atrevería a entrar….

Fue entonces cuando se le ocurrió la idea; empezó a deshilachar calcetines y a hacer cuerda, yo la imité.

Tras largas jornadas de unir cordón y más cordón empezó a juntar calcetines y más calcetines, y a unirlos de manera un tanto precaria, ..yo trataba de imitarla.

Tras largo rato así , tomó varias piezas y empezó a envolverme con ellas, y con la cuerda.Me dejo libres manos y cabeza y yo hice lo mismo con ella.
Como pudimos nos pusimos varias capas de medias en la cabeza y varias de calcetines con el mayor porcentaje de algodón posible sobre éstas y sobre las manos.

Ya estábamos preparados para saltar a una de esas corrientes y llegar a la cúpula, …como pude le expliqué que creía mejor idea que cuando estuviésemos cerca de la cúpula tratásemos de salir de la corriente y acercarnos a verla de cerca.

Pero al igual que la otra corriente, sólo que con una fuerza infernal, nos escupió la corriente centrífugamente y hacia arriba de tal manera que ella se incrustó en la cúspide, que no era más que una gran capa de calcetines de nylon y una especie de manteca de cerdo más arriba, ..como pude tire y tire de ella hasta que pude sacarla, ..conseguí hacerla respirar aunque justo bajo la cúspide era bien difícil hacerlo, teniendo que forzar mucho el tórax y teniendo aun y todo una sensación de asfixia continua.

Con grumos de nylon fundido pegados a la piel de las orejas, el prepucio y los escrotos ;bajaba resignado hacia la zona donde se respiraba mejor. Sin saber que hacer nos quedamos abrazados junto a una corriente descendente, y cerca de ésta pasamos el tiempo jugando a lo que podíamos y tratando de entretenernos sin enloquecer.

Como no dormíamos bien debido a la claridad, descendimos un par de jornadas en una descendente, y fue allí cuando de repente me desperté sólo y sin corriente a mi vera.
Seguramente se la habría llevado la corriente mientras dormía…

Sin parar de descender cuando siempre que podía, buscándola, buscando una salida , buscando algo
encontré a la descarada pelusa que describía rápidos círculos a mi alrededor, lanzándose en tangente
cuando intenté alcanzarla,…la seguí, y no pude creerlo cuando la vi acercarse al hueco triangular de donde entraba luz natural.

Tal como entré, salí en un plop.

Aturdido eché un vistazo al hogar. La cesta de las patatas llena de mosquitas y un líquido pestilente y casi negro en la base. Semillas de melón germinadas en el desagüe del fregadero, asomando los cotiledones entre los vasos. Una larga fila de hormigas que iban y venían de la rendija del horno hacia la puerta.

Parecía como si no hubiera pasado el tiempo; que desastre de piso.

Bueno, mañana lo limpiaré; ahora mismo me voy a contarles a mis colegas que ya se donde se meten los calcetines perdidos, ..un gran universo bifásico.

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13 comentarios to “BIFASE”

  1. Excelente “ensayo” de biología , muy entretenido ,con un final racional , felicitaciones.

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