La noche silente

Mentira. Es mentira que un susto de muerte te baje la borrachera. El hombre lo sabía ahora. Caminaba a pesar de la lluvia persistente pues sabía que a veces la mejor manera de huir era a pie. Incluso arrastrando el pie derecho como lo hacía ahora. Era muy tarde para un autobús. Ni siquiera consideró tomar un taxi. Era muy riesgoso. Además ningún chófer lo recogería en ese estado. Cada tanto pasaba su mano temblorosa por su rostro para enjugar el agua de lluvia mezclada con su sudor que le irritaba los ojos. Aún sentía su corazón latir agitado por la ira. Quería llegar lo antes posible a la parte norte del centro de la ciudad. Ahí buscaría un hotel barato donde pasar la noche y aclarar la mente. Con suerte le conseguirían algo de café. Los tres días de tequila y rencor le tenían deshechos los nervios y solo había dormido un par de horas, con su cabeza sobre sus brazos, sentado a la mesa del bar.

Después de caminar unos cuarenta minutos llegó a un hotel. Oscuro, sucio y maloliente. Traficantes de poca monta y prostitutas: los clientes usuales. Entró directo a la recepción. Ni una de las putas le ofreció compañía. Sin duda no sería el mejor prospecto de cliente; borracho, con la ropa arrugada y empapada, dejando charquitos de agua sucia a cada pasó. La poca luz del lugar no dejaba ver que el agua que escurría de la ropa del hombre tenía un tenue color rojizo. Hilitos de sangre se diluían con el agua de lluvia.

El hombre sacó su billetera para pagar por la noche. La tarifa era por hora así que tuvo que desembolsar más de lo que hubiera pagado por un lugar mejor, pero en este tipo de hoteluchos nadie hace preguntas. Firmó el registro con un nombre falso y guardó el cambio en la billetera. Una solapa de la cartera se desplegó para mostrar una foto de su mujer. Su cabello negro hasta los hombros, su mirada dulce y una sonrisa que él no veía hacía mucho, mucho tiempo. Las cosas eran distintas ahora, ella lo fulminaba con su mirada. Le hacía sentir a cada momento su frustración por estar con él, un hombre perturbado en una eterna pelea consigo mismo desde que perdió el sentido del oído en la explosión.

Miró sus manos. La piel oscurecida y arrugada como cartón mojado. Sin sensibilidad en los dedos. Recordó la construcción del túnel en que trabajaba. Perforaban un cerro para atravesarlo en vez de rodearlo. El proyecto les había garantizado la construcción y operación concesionada de la autopista a Oaxaca. Era la oportunidad de su vida. Después del proyecto podría retirarse a los treinta y cinco años y dedicar su vida a su esposa; a quien amó desde el colegio, con sus coletas y sus calcetas blancas y su falda tableada. Con quien tuvo su primer beso, su primera juerga y su primera escapada a un motel, en el auto de su padre, para, con risitas nerviosas y caricias torpes, hacer el amor por primera vez.  Entonces distraído por los planes de viajes por el mundo y buen dinero en las bolsas, el hombre, quien era el ingeniero a cargo de la construcción, echó a perder todo. Unos cuantos cartuchos de dinamita mal colocados, un detonador accionado antes de tiempo. El corolario: tres hombres muertos por la explosión, dos más sepultados bajo toneladas de tierra y piedras del cerro. Y el hombre que además de serias quemaduras se vio envuelto para siempre en un mundo de silencio.

Lo perdió todo: el contrato de la construcción, sus propiedades que debieron ser vendidas para indemnizar a los trabajadores perecidos, sus sueños y sus planes, su confianza en sí mismo y gradualmente, a causa del asfixiante silencio, la cordura. El alcohol se volvió su medicina. Le curaba el insomnio y a veces le permitía olvidar el dolor y el remordimiento.

La paciencia de ella le duró bien poco. No estaba acostumbrada a verlo fracasar. No estaba acostumbrada a apaciguar a un hombre derrotado. Y fue peor cuando las ausencias físicas y de las otras se hicieron cada vez más frecuentes en él.

Así que esa fue la causa. Aunque él apenas parecía darse cuenta de que ella existía, supo lo que tenía que hacer cuando la descubrió. Porque era ella lo único que a él le quedaba. Voluntariamente o no.

Se enteró que su mujer se veía con otro hombre cada dos días. En su propia casa. La misma a la que él solo iba por un cambio de ropas y algo de dinero para beber. Empezó a espiarlos. Aprendió sus hábitos, sus horarios. Hasta que se sintió seguro. En el cajón de su despacho, bajo llave, había un arma. Pero usarla lo incriminaría. Así que mejor buscó su caja de herramientas y de ahí tomó un artículo con mango de plástico con una hoja de metal plana y con los bordes afilados. Era suerte de cepillo para raspar la madera. No es que alguna vez la hubiera usado o que supiera incluso como hacerlo. Pero era perfecta para lo que tenía en mente.

Esa noche esperó al amante furtivo por más de dos horas. Estaba tomando más tiempo de lo normal. Le imaginó besando los pechos de ella. Esos que fueron su refugio tibio en tiempos mejores. El coraje lo hizo llorar. Dos lagrimitas más amargas que el tequila que bebía de una anforita que guardaba dentro de su saco. Después un llanto seco, gemiditos callados salían de sus labios apretados. Finalmente su enemigo salió. Por una suerte de discreción, el tipo que se acostaba con su esposa dejaba su auto a media calle de la casa de ella para no levantar sospechas de los vecinos. Ahí es donde el frío acero de la venganza le aguardaba impaciente. Al acercarse a su auto emergió la figura de un hombre desarrapado que golpeó la ventanilla e hizo que se accionara la alarma del vehículo.

-¿Qué te pasa cabrón?  -El dueño del auto gritó furioso.

-Lo sé todo- contestó una voz extraña, una voz no consciente de sí misma.

-¿De qué madres hablas?

-Lo sé todo- en ese mismo tono raro y como si no hubiera escuchado la pregunta. Como si no hubiera escuchado… y el dueño del auto adivinó de quien se trataba. Rió cínicamente.

-Pinche sordito, tu vieja es una salvaje en la cama. Que mal que no me escuchas, pero estoy seguro de que lo sabes ¿no, wey?

El sordo no pudo leer los labios de su rival pero su sonrisa descarada le dijo más que cualquier palabra. Entonces se lanzó sobre él con toda su fuerza, con toda su ira y frustración. Con todo su dolor.  El amante de su mujer dio un paso atrás y lo tomó con ambos brazos evitando el ataque. El hombre con la cuchilla en la mano quería ver temor y sorpresa en su enemigo. Lo que vio fue una especie de burla compasiva. Y después orgullo, cinismo. El amante lo sometió fácilmente y en el forcejeo usó el arma de su enemigo contra él. El hombre sintió el frío del acero en su vientre y se dobló de dolor. Cayó al piso.

-Pendejo- dijo el amante, pero como si no lo hubiera dicho. Nadie más ahí que lo pudiera escuchar. Empezó a caminar de vuelta a casa de ella para contarle lo sucedido y acaso llamar una ambulancia. Pero el hombre que yacía en el piso no soportaría una humillación más. Ni una más. Así que sacó de su cintura, bien metida en el pantalón, la escuadra calibre .22 que había decidido no usar por miedo a ser descubierto. Pero ahora qué más daba. Si todo se había ido al carajo de por sí. Apuntó con mano palpitante y accionó el gatillo. Dos, tres detonaciones silentes. Estallidos que solo pudo imaginar en el fondo de su mente.  Dos balazos más y el amante cayó al suelo inmóvil. El sordo se levantó y vació un buen trago de tequila blanco sobre su herida. Uno más pasó abriendo fuego por su garganta. La adrenalina te puede dar fuerzas, pero no te quita la borrachera. De cualquier modo con esa fuerza que le ayudó a soportar el dolor el sordo echó a correr. Al llegar a la esquina un taxi hizo sonar en vano su bocina. Apenas tuvo tiempo de frenar pero de cualquier modo golpeó al sordo en la cadera derecha. Se levantó sin chistar y siguió huyendo. Huyendo de todo. Pero su paso se hizo más lento con todo el peso de sus fracasos, de su rencor; el peso de un muerto y una pata maltrecha.

14 comentarios to “La noche silente”

  1. Me ha recordado muchisimo en la forma narrativa a Stephen King, autor que no sé si serás devoto suyo. Muy buen relato. Enhorabuena.

  2. Las vueltas que puede dar la vida, y como en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar de la noche a la mañana. No hay nada atado cuando las circunstancias se cruzan en nuestro camino. Me ha gustado mucho.

    ¡¡Bienvenido Uri!!!!

  3. En realidad es poco lo que he leído de King, de hecho solo he visto algunas de sus obras hechas película… gracias por la desmedida analogía

  4. PLAS , PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS!(APLAUSOS)ME HA GUSTADO UN MONTÓN , LA ESCENIFICACIÓN , LA NARRATIVA…LA HISTORIA.

    UNA PASADA, WEY!
    JAJAJAJA!

    ME HE QUEDADO CON LAS GANAS DE LA VENGANZA SOBRE ELLA, ..PERO EN FIN, SUPONGO QUE AÚN LA AMA.

    SALUD, Y BABAS!

  5. Gracias, wey, jajajajja. Pues supongo también que la ama… de alguna torcida manera pero la ama.

  6. Uriel, me ha encantado. Prefecto en cuanto a fondo y forma.
    Por cierto, wey (je,je,je), leyendo tu relato me he transportado mentalmente a tu país y he visualizado el ambiente en tonos cálidos ( entre anaranjado y rojo granate). Imagino que la sangre algo habrá tenido que ver…

    Un saludo y bienvenido.

  7. No había tenido tiempo de pasar hasta ahorita…. pero simplemente puedo decirte que me fascinó. Gran escrito!

    Muy bueno Uri. Bienvenido a los lamedores… por acá nos encontraremos.

    Un beso.

  8. Te mantiene en vilo, estremece. El sordo desgraciado es un canalla. Y creo que también los lectores sois una panda de salvajes estupendos. ¡Enhorabuena!.

  9. Gracias Omsi, Sole. sus comentarios siguen proporcionándome las ganas de escribir y compartir.

  10. Ahi se conjugan varias emociones como el amor, las ilusiones, las frustaciones, la ira, los celos, rencor, venganza, etc. Lo visualize tan claramente como si hubiera visto una pelicula Felicidades. TWO THUMBS UP

  11. Bienvenido Uriel.

    Me ha encantado este relato donde nos coges por la solapa para meternos en la historia. SóLo me queda añadir:

    VIVA MÉXICO CABRONES!!!!!!

  12. Ya sabes que me encanta como escribes, asi que es tonteria decir mucho más.
    Es cierto que es de los relatos más duros y sangrantes que he leido de tí, pero a mi me gustan así, si a Frank le recordaste a king…yo estoy pensando más en una onda más Tarantino…lo visualizo más que lo leo y sobre todo ese final, arrastrandose practicamente con el peso de una muerte a sus espaldas y con la pata maltrecha…y sonando por ejemplo…

    Bienvenido Uri, un placer!

  13. Gracias a todos, las comparaciones me tienen con el ego en las nubes. Viva México en su cumpleaños doscientos. Gracias padre, Anna, Ferran y Lindasta y gracias a los futuros lectores

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