SALGA EL SOL POR ANTEQUERA

Apenas son las nueve de la mañana cuando Mario, cargado pero sin beber, sale con sigilo de su apartamento en Miramar II. Luce el cómodo uniforme playero – el que se impuso el día de su jubilación anticipada – con la camiseta de tirantes gris y el amplio y cómodo bañador azul. Baja las estrechas escaleras del exiguo apartamento con una sombrilla colgada en cada brazo, dos sillas plegables y una honorable hamaca. Así, mientras pisa con cuidado cada peldaño, repasa aquel doloroso día en que el banco le birló su empresa familiar. Después salta a la página de hoy, el día en que por fin se revelará contra doña austeridad, que se concederá un subidón de adrenalina si antes de torcerse la vida “no pierdo las puñeteras chanclas” murmura al tropezar.

Una vez en la calle, ya más tranquilo y con paso casi entusiasta, Mario se encamina a las puertas del supermercado. Acaban de subir la verja y su colega Dimitri, el alemán que vino un día como joven turista y decidió quedarse a la aventura, se instala en su rincón junto a la serpiente de carros. Entonces Mario le saluda y le entrega el euro diario aunque hoy , muy humilde, le pide como favor que le custodie la hamaca y una sombrilla que más tarde recogerá.
Como era lógico, Dimitri se muestra encantado de serle útil aunque un poco decepcionado cuando Mario le rechaza una porción de carne de su lata especial. En ese momento el abuelo se resiente, de nervios en el estómago, pero logra enderezarse  y se dirige a la playa, como todos los días a la orilla, exactamente enfrente de su terraza. Hinca la sombrilla que se ha quedado y coloca los bártulos que le restan, a dos metros de las sillas ya desplegadas de Manel  y a un espacio similar de la sombrilla de Julián. Cuando estos tres amigos – vecinos también de bloque y arena- se tuvieron que jubilar, se amoldaron juntos a las costumbres locales : los largos paseos; las incursiones a las  zonas naturistas ; las pujas en la lonja del pescado; las partidas de petanca …;  a recibir allí a los nietos y, a veces,  hasta a los pijos que tienen por hijos con sus respectivas nueras.
Mario, Manel y Julián  se han vuelto con los años muy metódicos. Precisamente por eso, Mario piensa que su estrategia para un día de agosto con muchos veraneantes, puede salirle redonda. Los patriarcas suelen coger un sitio exacto donde llega la marea, marcan su territorio y emprenden el paseo hasta el faro. Cuando vuelven, revisan que nadie haya invadido sus dominios y suben a desayunar con la familia. Después vuelven a bajar cargados con la segunda sombrilla, las hamacas de las abuelas y algún que otro cachivache de los pequeños. Hoy han quedado en verse más tarde porque los niños complican la rutina pero, hasta este inconveniente, le servirá a él de coartada.
Mario esta cada vez más convencido de que el plan saldrá bien… Cuando trabajaban juntos los tres amigos eran muy distintos. Bueno, tampoco quiere perderse en aquella época pero siempre se ha sentido responsable de los despidos fulminantes que tuvo que emprender por caer en una estafa multinacional. “En fin, hoy les gratificaré, aunque sólo sea un día, ojalá que hasta el alba …”
Un par de horas más tarde, al pisar de nuevo las tablas del camino ya divisa entre el gentío a: los críos que chapotean en la orilla; la abuela que reordena zapatillas esparcidas por la arena. “Bien, bien” dice y sigue las líneas de toallas hasta el punto donde clavará la segunda sombrilla y la preciada hamaca de su mujer, los útiles que le han servido para pasar desapercibido en un aluvión humano.
En un par de minutos ha alcanzado su parcela, su rostro arde como la arena; no se atreve a mirar atrás. Saluda y contesta con una discreta mueca cuando su esposa le pregunta por la camiseta. Después, con los brazos en jarras, suspira hondo y contempla entonces el largo de la playa, el mar de sombrillas y la calma del agua. No sabe entonces que su mujer le observa y, al girarse, cruza con ella la última mirada.
-“Llegas tarde, ¿dónde te metes? -le pregunta, de pronto, su amigo Julián que sale del agua a trompicones con Manel.
-He ido a echar la quiniela; luego hay mucha gente.
-Si lo sé te doy mis números, que falta me hace- añade Manel
-Tranquilos, a lo mejor con un golpe de suerte os salpica algo mío- palabras que suelta sin pensar y que… según las pronuncia ¡no se explica! “¿Cómo han podido salir de mi boca?” Como si mentir fuera algo cotidiano en él. Como si la experiencia que acababa de vivir  fuera moco de pavo o baba de caracol. Como si aún pudiera vivir en paz unas cuantas temporadas más…

Para salir del aprieto palmea a sus amigos en los hombros y se arriesga a mirar hasta el paseo marítimo. Comprueba entonces que el bullicio en la arena es el habitual, y dentro de él, todo en orden, como a su esposa María del Mar  le gusta.
-Parece mentira, oye, cuánta gente y seguimos en primera línea -comenta satisfecho Julián.
– Esta mañana lo hemos conseguido pero no ha sido fácil ¿eh?? – exclama Manel.
-Que hace un rato han llegado unos nuevos, así muy pálidos, y ya estaban colocando la toalla cuando les he tenido que decir: ¡Quietos parados! Oye y… se han ido, vayan si se han ido, que te lo cuente éste, para allá adelante…
-La mujer parecía enferma y algo decía de un susto tremendo pero, la verdad, con los niños no hemos podido escuchar- concluyó Julián.
Entonces Mario desiste en colocar la segunda sombrilla,  teme no controlar el esfínter. Opta por el chapuzón sin saber si recobrará el autocontrol.
Al salir del agua, no puede evitar que los gemelos de cinco años le salten al cuello y con cariño se deshace de ellos. A María del Mar  le extraña esta actitud; él lo presupone pero necesita contraer unos músculos, después estirar otros y hacer esos ejercicios de respiración que causan siempre la risa contagiosa de los chavales. A continuación, intenta divisar a sus nietos mayores. Quiere invitarles cuanto antes a montar en el patín, antes de que surja la marejadilla. Algo así es lo que había planeado para los suyos, el último día de playa, todo lo que desde hace unos años ha otorgado con cuentagotas.” Lo que les guste, a discreción” pensaba. . Hoy no miraría los euros e irían todos de buffet, a la feria, abuelos y nietos, tomarían helado, horchatas y cubalibres las abuelas.
-¿Qué piensas? -le pregunta María del Mar
¡Y no puede contestar! Porque no la mira, no se atreve y porque alguien acaba de encender una radio y hablan de robos… 

-Cuando piensas en tu futuro profesional … ¿imaginas trabajar en una firma internacional?; ¿desarrollar tus conocimientos con los mejores medios, las más novedosas técnicas y por supuesto … acompañado de un personal joven, entusiasta y altamente cualificado?
-De nuevo, seguimos con las noticas del día …
La Policía Local de Bellamar,  ha detenido esta mañana a un hombre de 78 años que asegura haber atracado con una pistola, de juguete, la sucursal del Banco de la Luz, ubicada en la avenida Prosperidad de esta localidad. Al parecer, el indigente que habitaba hasta hoy en el centro comercial situado a unos metros de la misma sucursal se ha entregado voluntariamente a los mismos dependientes de la entidad.
Tras el atraco, dos administrativos y una clienta salieron corriendo de la sucursal y  segundos después se fijaron en un señor mayor, alto y rubio que les izaba los brazos para llamar la atención y entregarse. Allí mismo, en medio del gran bullicio estival, los curiosos y el personal del banco esperaron junto al presunto atracador la llegada de la policía. Tal y como han coincidido todos los testigos en señalar, los agentes municipales saludaron con sorpresa y cariño a este sujeto muy conocido por casi todos los vecinos y veraneantes habituales de Bellamar.
De acuerdo con las primeras estimaciones del banco, el botín podía ascender a unos seis mil euros. El protagonista, de iniciales D.H. ha asegurado que el dinero lo ha repartido entre los clientes del supermercado como respuesta a la generosidad que  durante años ellos  le han  demostrado.

Un corrillo de adultos atónitos se ha quedado ahora clavado  en torno a la radio. El dueño del aparato sintoniza otra emisora con la misma noticia.

-El varón que actualmente presta declaración ante el juez es un indigente de nacionalidad alemana  que vestía en el momento del robo una camiseta gris y un pantalón corto azul. Los policías locales le hallaron eufórico cuando enseñaba su pistola de juguete. Por el momento se desconoce el paradero del botín ya que según fuentes de la investigación…

María del Mar se acerca a su marido y le acaricia la espalda. “Habrá muchas mejores pero… ¿ésta es nuestra playa, verdad? –le dice ella con voz temblorosa.
-Claro que sí, – contesta Mario aún sin poderla mirar pero la adrenalina le ha provocado unos deseos tremendos de abrazarla, de rodar con ella por las dunas, de hacer el cabra por última vez. Sabe que los prejuicios y sobre todo la artrosis de ambos se lo impiden pero caramba, “¡Me gustaría tanto hacer otra locura más…!” lo piensa con fervor y sin querer, lo dice en voz alta.

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17 comentarios to “SALGA EL SOL POR ANTEQUERA”

  1. Un esplendido debut Sole. Un texto que nos mantiene a la expectativa hasta el final, con una fina ironía y bastante humor.

    ¡¡Bienvenida!!

    Besos

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