Terroris Nox

La Noche de Difuntos es una noche especial. Suele ser una noche divertida en la que pasas las horas rodeado de amigos y familiares conmemorando una tradición milenaria de recuerdo a tus seres queridos que ya no están. Pero también es una noche oscura y misteriosa en la que las cosas no parecen lo que son, ni son lo que parecen. Sobre todo cuando te quedas solo en casa, ya porque se haya acabado la fiesta, ya porque simplemente has preferido celebrar la fiesta por tu cuenta… Entonces, puede que estés delante del ordenador seleccionando música o alguna película que ver, mientras tu gato y tu perro se enroscan entre tus pies. De repente, la luz del pasillo se apaga, te has dado cuenta porque el reflejo en tu pantalla LCD ha desaparecido, y tu gato se queda mirando fijamente a la puerta de entrada a la habitación, que está a tu espalda. Notas cómo desde el pasillo comienza a bajar la temperatura hasta transformar la estancia en una cámara gélida que te cala hasta los huesos. “Se habrá roto el termostato”, piensas, pero confirmas que el termostato funciona perfectamente. “Mejor me voy a la cama”, pero tu gato se niega a salir al pasillo, y tu perro comienza a aullar, totalmente erizado. Al salir al pasillo, crees ver una sombra por el rabillo del ojo que te hace retroceder. Al fin y al cabo estás solo en casa. “¿Hola? ¿Hay alguien ahí?” preguntas nervioso, pero no obtienes respuesta. Decides volver al ordenador a leer algo mientras se te pasa lo que crees que es una simple sugestión. Pero tu fuero interno sabe que no estás sugestionado. Algo está pasando y no sabes lo que es. Por un momento consigues concentrarte en lo que lees mientras haces caso omiso a los bufidos de tu gato y la intranquilidad de tu perro, que se han refugiado los dos debajo del sofá de la habitación e intentas ignorar el frío que se te clava en las entrañas. Entonces, oyes unos pasos en el pasillo, y un murmullo te llega a los oídos transformándose en un escalofrío que te recorre toda la espalda. Quieres salir nuevamente al pasillo, pero tu cerebro se niega a dar la orden a las piernas para que te levantes. Estás atenazado y no puedes articular palabra. Tu perro aúlla desesperado y tu gato no para de maullar de pánico. Y el frío, el frío es insoportable, hasta el punto de que comienzas a exhalar vaho cuando respiras. Los pasos se acercan lentamente a la puerta de la habitación, los murmullos se hacen cada vez más fuertes. Tu perro comienza a ladrar hacia la puerta, erizado, y en un arrebato decide salir al pasillo en posición de ataque, pero al llegar allí, sale corriendo despavorido y gritando de terror hasta chocar con el inodoro del fondo del pasillo. De repente, se calla. Sigues sin poder moverte, aun cuando necesitas saber si le ha pasado algo a tu perro. Eso te pone todavía más tenso. Tu gato ha salido disparado del sofá y se ha ido a refugiar en lo alto de un armario, entre las mantas que todavía están dobladas allí. Sólo ves sus ojos iluminados por la claridad de la pantalla, sus orejas están bajas y emite un gruñido de miedo que se refleja en su cara. Y tú no puedes moverte. Tus ojos miran hacia un lado y el otro sin poder girar el cuello. Tu cerebro no te lo permite. Los pasos han llegado al umbral de la puerta. Ahora puedes distinguir mejor el murmullo: no es una voz; son varias voces entrelazadas que emiten gemidos ininteligibles. Casi podrías jurar que no parecen humanos… Sigues sin poder moverte, quieres hacerlo, pero tu cerebro está bloqueado y a duras penas puedes respirar sin que se te entrecorte. Cuando escuchas el primer paso dentro de la habitación, la lámpara de pie que iluminaba la estancia se apaga. Ahora sólo tienes la luz que emite la pantalla del ordenador. Los pasos se acercan por tu espalda, hasta que se detienen justo detrás de ti. Notas un aliento aún más gélido que te llega a la nuca, y una mano igual de fría se te posa en el hombro. Continúas sin poder moverte, pero entonces, tomas el último vestigio que queda de valor en tu cuerpo y te dices a ti mismo “¡Vamos, mira hacia atrás! ¡Date la vuelta!”… Ahora, que estás solo en tu casa leyendo esto,

date la vuelta y mira.



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5 comentarios to “Terroris Nox”

  1. Buenas noches o malas…. Grrrrrrrrrrr Creo que ya se me ha pasado el impacto; no creo que me queden secuelas ¿verdad? Después de respirar hondo… te digo que me ha gustado. Un abrazo

  2. Mágnifico Rhay!!! El miedo se puede cortar. Esta noche me veo como en mis mejores tiempos, tapada con el nórdico hasta las oreja y sin atreverme a moverme jajaja.

    Besos

  3. De miedo!

    La vez que lo leí… tu lo sabes… nada en este mundo me hizo voltear jajajajaja

    Que miedoooo!!! eran 2 am! nonononononono ni loca volteaba XD

    Muy muy bueno =)

  4. jajajaja, la verdad es que si se lee de noche y a media luz…la cosa asusta

  5. jajajaja!
    super ingenioso!

    terror psicológico en estado puro!

    babaaaaaas!!!

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