Cruel Diana

Capítulo 3: La manera menos elegante de acabar con un gilipollas.

– ¿Has oído eso?
– No.
– ¿Seguro?
– Claro que sí. Acércame la botella.
– Estoy seguro de que en tu maletero hay algo.
– Ya, bueno, tengo a alguien encerrado en el maletero. Tú ni caso. La cosa no va contigo.
– No me jodas…
– ¿Me estás juzgando?
– No, no.
– No me juzgues. No soy una mala persona. Sólo soy bueno en mi trabajo.

El silenciador amortigua la bala que entra en el cráneo del pobre desgraciado y un chorro de sangre salpica la oscuridad de la calle. Nadie se ha dado cuenta de nada. El callejón es un sitio tan jodidamente apartado que podría haber liquidado a este tío con una ametralladora y nadie lo habría notado. Pero tenía razón, los ruidos del maletero son imposibles de disimular. El hijo de puta debe estar golpeando el maletero por dentro con la cabeza. Abro el coche, dejo en el asiento del copiloto la pistola, y abro el maletero. El hijo de puta se queda quieto en cuanto me ve, figura recortada por la luz de la luna en la oscuridad de la ciudad, traje inmaculado, corbata roja. Adoro mi corbata roja.

– Así que no puedes estar calladito, ¿eh? Vas a tener compañía, siento que este no sea muy hablador.

El coche ronronea bajo los gritos de la carga que llevo atrás. Gritos ahogados por la cinta aislante alrededor de su boca. En realidad, lo del que segundo estuviese muerto era una opción. El cerebro de la operación me dijo que podía matarlo si quería, pero claro, eso supone un extra en mis ingresos, y un extra en mis ingresos es lo que me hace sonreír por las mañanas. El GPS dice algo pero no le hago caso, sé perfectamente a dónde tengo que ir, porque esa es la premisa del progreso: saber siempre hacia dónde voy.

– Esta tía es un auténtico coñazo.
– Joder, el gran hombre no coge el teléfono.
– Vuelve a llamar.
– He llamado ocho putas veces, Dick. No va a coger el teléfono.
– Estará follándose a otra.
– ¿Estás casado con Diana, la diosa de la moda según la revista Vanity Fair, y te tiras a alguna otra? No me jodas.
– ¿Lees esas mariconadas?
– ¿Cómo?
– Eso. Vanity Fair. ¿Lees esa mierda?
– Joder, yo no leo esa mierda.
– ¿Y cómo sabes que llaman a esta zorra “diosa de la moda”.
– Tengo un amigo que trabaja en la revista.
– Sí, una mierda.
– Que te den.

Odio tener que destrozar este coche. Pero el cliente paga y el cliente manda. Atravieso la puerta de la nave empotrándome contra ella a ciento 140 kilómetros por hora. Doc. Brown estaría orgulloso de mí. Hay un estruendo. Luego un silencio. Y lo demás es historia. Salgo del coche, esperando no haber matado a nadie que no debía matar. Hay dos tipos con trajes negros y una figura más pequeña, atada a una silla. Levanto la pistola y mato a uno de los dos, me da lo mismo cual, quizás subconscientemente haya matado al que más se parezca a mi padre. O quizás no, esas cosas nunca se pueden predecir con acierto.

– ¡Dick!- grita el que queda vivo.

Trata de dispararme pero le doy antes en el estómago. Disparar a alguien en el estómago es una putada, tardará un buen rato en morir. Su amigo ya va de camino al infierno por autopista de peaje. Entonces, la voz más familiar que haya oído en mi vida dice:

– ¿Ray?

Y me asomo al otro lado del coche destrozado, atónito.

– ¿Diana?

Y por primera vez en mi vida, no entiendo nada.

– Bueno-dice una voz a mis espaldas. El hijo de puta que llevaba en el maletero, no sé cómo, se ha desatado, a abierto el maletero y nos está hablando-. Ahora que ya estamos todos reunidos, podemos empezar la terapia de grupo.
Y Diana dice:

– ¿Cariño? ¿Eres tú?

E imagino que por “cariño”, se refiere al gran hombre, su marido, que acaba de salir de mi maletero y se está riendo en nuestras putas caras.

7 comentarios to “Cruel Diana”

  1. Wooooooooooooooooow!!! Sabes… no había tenido oportunidad de leerlo allá, pero sabes que soy adica a Cruel Diana!!!

    Queremos más!

    Babas!
    Om.

  2. ostias! que finalón de capítulo! queremos maaaaaaas, me he quedado con muuuchas ganas de leer como sigue!

  3. ¡Jo-der!

    ¡Quiero más!

  4. A mi me vas a tener mordiéndome las uñas hasta ver que pasa con Diana y su maridín. Ainss me está recordando a “Durmiendo con su enemigo”, claro con una Julia Roberts mucho más moderada que nuestra Diana, que con el genio que se gasta no sé… no sé.

    Besos

  5. Vale, no nos pongamos nerviosos, no nos pongamos nerviosos, no nos pongamoooos nerviooooooosooooooosssss!!! Respirar, expirar, respirar, expirar… Mucho mejor.

    Quiero otra entrega y la quiero ya. No me hagas encañonarte para escribirla.

  6. Fran, tu Cruel Diana me tiene enganchada.
    No te preocupes, yo no te encañonaré…¿O sí? ,je,je.
    Estaré esperando.
    Besotes.

  7. O sea…. que tendremos que formar un club de adictos a Cruel Diana?

    @_@

    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?
    El otro para cuándo?

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