Relatos diversos, episodio dos: La Rubia

(En el episodio anterior les contaba como de forma por demás aleatoria se me había reunido con un montón de peculiares individuos quienes para combatir el tedio resultado de estar encerrados bajo muchas toneladas de concreto, propusieron compartir historias para ir pasando el rato… Una desnudista sin brazo fue la primera en hablar)

Así que la rubia desbrazada se puso en pie. Empezó su narración con la mirada apuntando a un espacio vacío. Era su expresión la de alguien acostumbrada a no mirar a nadie a los ojos. Y al mismo tiempo acostumbrada a que todos evadieran mirarle de frente. Me fue imposible descubrir si se debía esto a su oficio o al muñón que inevitablemente la gente fingía no mirar…

-“La vida de puta es triste. Y las relaciones, de por sí complejas, son imposibles para una de nosotras. Los clientes con la cabeza llena de alcohol y lujuria se enamoran de nosotras perdidamente. Pero es solo una fantasía para ellos. Cuando no se trata de jugar con lo prohibido, de sentir que rompemos las reglas… entonces no les llama la atención. Y ahí es que se acuerdan que nos acostamos con otros hombres. Y ahí llega el asco. Llegan los insultos, los reproches. Por el lado de nosotras es lo mismo. Resulta ridículo imaginar una situación como ‘Hola amor, ¿te veo después del trabajo?’ o ‘Después de coger ¿qué te parece si nos vemos para tomar un café?’

Me cae que no funciona. Y el pobre enamorado que no sabe cuándo estamos fingiendo y cuándo estamos disfrutando hacer el amor con él. Sensación que por lo demás no sentimos nomás quienes nos dedicamos al talón…”

-Chale- pensé- qué azotada…

“Yo busqué trabajo acá en Puebla

chin, esta mensa ya reveló el nombre de la ciudad-

como por seis meses. Al final respondí un anuncio en el periódico que solicitaba chicas ‘de amplio criterio’ y de tallas de 3 a 7. Al principio solo bailaba.  Y me sentía segura. El club no permitía el ‘contacto’ con los clientes-

Fabiana enfatizó la palabra contacto para dejar claro que hablaba de coger.

–Pero de volada me volví una de las más solicitadas para los ‘privados’ y empecé a ganar muy buena lana aunque la administración nos cobraba prácticamente hasta por ir al baño…

En fin, la cosa es que mi popularidad creció casi a la par que mis gastos y fue entonces que lo conocí: típico panzón con pinta de judicial. Lentes oscuros, chamarra de piel, sombrero negro. Camioneta blindada con los cristales ahumados. Una bola de mal encarados a su alrededor siempre atentos a cualquier cosa. El tipo dizque se enamoró de mí. Entre sus pinchis gustos nacos no sé si eso me ofendía o me halagaba. Por mi parte empecé a sentir algo por él. Quizá no pasara de admiración por el respeto con que le trataban. Por el poder que desplegaba. Quizá fuera el despertar la envidia de las otras putas. Quizá me encantaban sus regalos caros y su forma arrogante de tirar el dinero. Para conquistarme y tenerme cerca llegaba a pagarme en una noche lo que yo ganaba en un mes. ¿Quién sabe? Quizás hasta lo amaba. Pero ni para saber; la verdad es que ni antes ni después me he sentido enamorada…-

Y acá hizo una pausa toda dramática durante la cual casi saco mi pañuelo para enjugar unas inexistentes lágrimas conmovido ante lo devastador del comentario… pero la verdad es que no quise ensuciarlo. Seguramente ya tenía la cara llena de polvo por los escombros del edificio que nos sepultaba.

Y bueno, él respetaba las reglas del lugar y nunca me tocó. Nunca se propasó conmigo. Y eso lo traía vuelto loco. Pero a mí me convenía. Sus ganas de convencerme de dejar ese lugar y volverme su amante lo hacían cada vez más generoso en términos monetarios.

Una vez le pregunté que de dónde salía tanta plata. Él se puso muy serio y me respondió con unos ojos que daban miedo: ‘No preguntes preciosa.’ Y hasta ahí llegó mi curiosidad. Sucede que, como les contaba, hasta ahí yo era teibolera y no puta… todavía. De hecho sólo me acosté con él una vez. Pero la etiqueta se me quedó para siempre y en la transición perdí más que sólo el brazo. El dueño del congal cada vez me cobraba más ‘comisiones’ por trabajar ahí y se aprovechaba porque sabía todo el varo que me dejaba el panzón. Una noche ya toda encabronada le dije que no le iba a pagar nada y que me iba a largar con mis nalgas a otro lado. Y conmigo el panzón que tanto alcohol consumía en el club con toda la bola de cabrones de sus amigos, guaruras y hasta meseros gorrones. Al oír esto me soltó una cachetada con el dorso de la mano y me dejó el labio hinchado. Cuando más tarde llegó el panzón se puso como demonio porque le conté y sus escoltas le pusieron una madriza al administrador que no se podía levantar del suelo. Esa noche quise estar con él aunque no me diera ni un peso. Entramos él y yo a un motel en la carretera a Santa Ana. Afuera una camioneta idéntica a la suya nos resguardaba. Hicimos el amor. Luego me pasó la mano por la mejilla mientras me miraba a los ojos y me dijo: ‘Mira nomás como te dejo ese hijo de la chingada…’ Yo comencé a acariciar su pecho, a morder despacito su cuello… y entonces entró hecho la madre uno de sus escoltas y que le dice: ‘jefe, ya nos cayeron, vámonos a la chingada de acá’ Él como que se chiveó un poco y cerrándose la camisa le preguntó: ‘¿Los federales? Si sabes que son mis cuates wey…’ El otro todo nervioso le gritó: ‘No, es el pinchi ejército. Rodearon todo el pendejo motel… a ver por dónde chingaos salimos.’ El panzón se puso a maldecir y se levantó en chinga. Me pidió que me vistiera y yo como pendeja sin saber qué hacer. No entendía ni madres de lo que estaba pasando. Media encuerada y sin zapatos me treparon a la camioneta. Lo siguiente que supe fue que íbamos sobre la carretera esquivando los plomazos que parecían venir de todos lados. Yo iba toda paniqueada y gritaba como pinchi loca y él me gritaba ‘cállate pendeja que me pones nervioso’ y esquivó muy bien los plomazos pero lo que no miró fue un pinche trailer que se nos atravesó salido de quién sabe dónde. Nomás escuché un estallido, como otro balazo pero más cerca y más largo. Luego sonido de cristal estrellándose. La camioneta se metió debajo de la caja del tráiler y quedamos prensados bajo no sé cuántas toneladas de metal. La mitad izquierda de la troca quedó hecha mierda. Con todo y mi panzón. Cuando acabó todo el relajo los inútiles paramédicos llegaron como media hora después. Y les tomó otra media hora sacarme de entre fierros retorcidos y cristales rotos. Desperté en urgencias en un camastro apestoso y sucio. Ni unas pinches flores, ni un pinche globito de ‘mejórate pronto’. Ni madres. Un hombre en bata me informó, mientras se tragaba unos cacahuates japoneses, que no habían podido hacer nada por mi brazo. Por el panzón ya ni pregunté. Un día después me daban de alta. Salí con una mano adelante y la otra atrás. Lo cual es un decir porque en realidad solo me quedaba una mano. Sin nadie a quién ver en el mundo que me trepo a un camión y que me voy con una gasa donde debía estar mi brazo izquierdo derechito al club. Nadie dijo una palabra. Nadie hizo ni una pregunta. El administrador le hizo un gesto al guardia de la puerta para que me dejara pasar. Ya adentro me dijo sin voltear a mirarme: ‘come algo y prepárate, la variedad empieza hoy a las 10 y eres la segunda’ Las chicas me miraban de reojo y susurraban al verme pasar. Pero igual callaron. A las once salí a bailar con el atuendo de vaquerita y una tanga roja. Creo que ese día la gente dejó de mirarme a los ojos…

Otra pausa. Esta vez parecía indicar que su relato había terminado. Nadie comentaba nada. Una vez satisfecho el morbo de saber cómo esa preciosa chica perdió el brazo parecía que ya no querían saber más sobre ella. Por cierto, nadie la miro de frente durante su narración. Unos segundos después un hilito de voz se escuchó en la sala.

-¿…y no te duele?

¡Era el niño que abrazaba a su madre! La situación era tan tensa y la historia tan entretenida que nadie recordó que estaba ahí. ¡Una historia tan violenta y nadie se había detenido a censurarla! Ella lo miró y él sostuvo su mirada.

-Leí que cuando pierdes un miembro la sensación más que de dolor es como de seguir teniéndolo. Como si mi brazo siguiera acá. Y si fue algo repentino como un accidente queda la sensación de seguir agarrando lo que tenías en la mano. A mí lo que me hubiera gustado sería haber tenido a qué aferrarme y así llenar ahora el vacío con algo, una ilusión o lo que sea. Aunque bien sepa que no hay nada ahí…

El niño como que no entendió bien la respuesta. Ni yo tampoco. ¿O sea que no le duele? Al médico parece que se le olvidó su caballerosidad de antes porque sin saber cómo continuar solo atinó a preguntar que quién se animaba a contar la siguiente historia. Mientras, yo sentía que algo de la historia de Fabiana me era familiar. ¿Sería que la historia era toda mentira y lo había copiado de alguna película de Mario Almada? En eso andaba pensando cuando el guardia de seguridad sin decir ‘agua va’ se paró en frente y empezó a decirnos que así como lo veían la neta él era luchador…

Solté una sonora carcajada que de inmediato fue censurada por los presentes. El guardia me miró con recelo y continuó:

“Y en este tipo de ambiente a uno le sobran las viejas. Yo a estas alturas ya me chingué a las que me tuve que chingar. Y tal vez hasta unas a las que no debía haberme chingado. Pero como en todo hay límites. Solo que no todos los respetan…”

(No se pierda la emocionante continuación de esta bonita colección de relatos el siguiente mes acá mismo… bueno, no acá mismo pero cerca de acá)

6 comentarios to “Relatos diversos, episodio dos: La Rubia”

  1. Tremenda la historia de Fabiana, bueno ahora a esperar la historia del guardia jurado luchador, que seguro tampoco nos deja indiferentes.

    Besos

  2. Muy mordaz y con un humor muy negro. De las mias. Un abrazo.

  3. Excelente Uri!!! En serio que me agrada =)

    Un beso.

  4. Me encanta el cariz que va tomando esto, la historia de la rubia me ha hecho imaginar escena tras escena como en una película.
    Ahora a ver si tienes misericordia con nosotros y no tardas tanto en la siguiente entrega…o tendré que enfadarme…

  5. Ah, me encanta sobre todo la presentación de la chavala, …por supuesto los comentarios del cínico personaje principal,…
    para cuando más???

    salud y babas

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