HAZME REIR

-¡¡La luuuuuuuuuuuuz!! –grita una voz apurada.
-Otra vez la abuela. No te preocupes, mamá, que ya voy yo-dice Rita-¿Qué pasa abuelita?
-¿Qué qué pasa? ¡Que como te coja…!
-Venga, no seas gruñona, que te haces pis fuera y mamá se enfada. ¡Je! ¡Je! ¡Olvidaste encender la luz, solo eso!
-¡Grrrrrrrrrrr!.

En la cocina, la madre de la bromista, con la hora pegada al trasero sonríe y se dispone a beberse una taza de café. Para entonces, la pequeña arpía se encuentra debajo de la mesa con la intención de no perder detalle de lo que se avecina, la siguiente broma tras apagar la luz.

-Gloup,¡Gloup! ¡Buagh! ¡Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrr …! ¡Mierdaaaa…!- Unos segundos, silencio.- Mmmm … Bueno, te perdono porque es el día que es. Anda, dame un beso…

Ambas se abrazan y se ríen. La madre se enjuaga hasta tres veces la boca; no es fácil librarse del café salado. Ya en la puerta grita “¡adiós y buen día!” a la abuela y sale de estampida hacia la calle.
Cuando Rita ve salir a su abuela del cuarto de baño, se le acerca con intención de ofrecerle un cálido achuchón con besazo en el cuello, como a ella le gusta. Sin embargo, a punto de rozar sus labios en la suave y blandita piel, se estira y le dice en el mejor de sus oídos “creo que han llamado a la puerta”. Entonces a la abuela le chisporrotean los ojos, se retoca la falda y se encamina a ver quién le visita a esa hora tan temprana de la mañana.

Al paso que le permiten las pantuflas, la señora llega a la puerta con toda una imagen idílica sobre el sujeto que llama. Ha llegado a pensar que pudiera ser el cartero, ese caballero de pelo cano -como ella- que con voz de barítono siempre le recuerda que no tiene aspecto de ser abuela. “¡Ay! ¡Si es que es tan fácil dejarse querer!! Esta vez le ofreceré café, recién hechito, con el resto del bizcocho de ayer, sí señor” piensa tan convencida.

La señora abre y cierra la puerta, la vuelve abrir y confirma que no hay nadie en el rellano de la escalera, ni rastro de un caballero, ni de un joven repartidor de propaganda, ni siquiera del señor de arriba que siempre escupe al pasar… Ya ha dudado incluso de si su nieta es humana. No hay nadie, luego está claro.” ¡Niñaaa!”

-¿Otra vez? ¿Me has vuelto a engañar otra vez? -pregunta la abuela, herida un poquito en su orgullo; por supuesto no espera escuchar una contestación, sería otra mofa. Sólo pregunta como un mecanismo de defensa, contra el pudor de saberse vencida una vez más por una mocosa de diez años. Ahora toca pensar en vengarse, “ ¡Je! ¡Je! ¡Je!” no se reprimirá.

La nieta entontes oye el teléfono y corre a capturarlo. Es su padre, su paciente padre, que llama todos los días desde la oficina para desear a su hija un buen día y confirmar que ha vencido el calor de la cama. Hoy es diferente, más divertida la conversación.

-Papá, la abuela dice que no te comes nunca la papilla de fruta en la merienda. La abuelita tiene esa enfermedad rara que…
-¿Pero qué dices? ¡Je! ¡Je! ¡Anda que si no te conociera… ¡ ¡Ya sé qué día es hoy! Venga , dile a tu abuela que se ponga . Diviértete pero pórtate bien, chinchilla.

La abuela, que ya estaba a su lado, le arrebata el auricular y solloza a la línea para que su hijo venga hoy a visitarlas. “No puedo con ella, snif,a ver si la educáis de una vez. Tú dices que vuestra separación no le afecta pero yo no estoy tan segura. Tu mujer le ríe las gracias y tú tan campante. ¡Snif! Bueno, hijo, ya pensaré algo para tu pequeña. Un beso, hasta luego.
-Un beso grande, madre, cuídese. ¿Acaso usted no nos gastaba bromas todos los años en la misma fecha?
-Bueno sí, pero eran otros tiempos.
-Claro, madre. Un abrazo, las veo luego

Llega el momento en que nieta y abuela se despiden por un rato, con un cálido abrazo, es la hora de jugar en la calle. La mayor no le guarda rencor, ya se ha desfogado con su hijo. “Claro que te perdono. Dame un abrazo y ríe mucho, que seas la más divertida de las tres, corre”.

Cuando Rita sube, se encuentra entreabierta la puerta de la calle. Extrañada entra muy despacito. “Abuela, abuelita, mamá, ¡mamaaaa!, ¡papaaaaaaa! ¿No hay nadie?” Ya con temor se adentra en la casa y llega a la cocina, allí no ve a nadie;

Le parece raro ver un puchero en ebullición abandonado. Sigue haciéndose preguntas, sin respuesta, cuando llega a su habitación se queda inmóvil ante la puerta. El cuadro a la vista es desolador, la abuela con una soga alrededor del cuerpo y durmiendo sobre la alfombra. Sus padres también medio atados, sobre su propia cama infantil, tumbados boca abajo para controlar los ataques de risa. Éstos, cuando ya les parece abusivo el susto provocado en su hija, quizás décimas de segundo, saltan a sus brazos para cantarle “¡Inocente! ¡Inocente! “

Rita , se ha quedado sin palabras por unos instantes. Cuando recupera la voz, promete que tardará en gastar una broma pesada a sus padres y a su abuela. Se ha convencido que le es más divertido, al menos durante un tiempo, limitarse a inocentes jugarretas contra los compañeros del colegio y a amigos, en igualdad de condiciones. Contra los mayores piensa ahora que tiene muchas, pero que muchas … inocentadas que aprender.

httpv://www.youtube.com/watch?v=orcASctyXJo

4 comentarios to “HAZME REIR”

  1. Creo que Rita aprendió la lección. Un buen cuento que nos recuerda una de nuestras antiguas tradiciones. Ojito mañana je,je,je.

    Besos

  2. ¿Donde las dan, las toman? je,je. Rita aprendió la lección. Segurísimo…
    Muacksss, Sole.

  3. Encantadora Rita. Me ha puesto una sonrisa en la cara.

  4. Buenos días. Gracias a todos los que os habéis pasado por aquí en este primer especial de Navidad . Si continuúa esta participación, suponemos que habrá más sorpresas en la República Caracolera.Un saludo y que perdure el buen humor en todos los ámbitos.

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