Sin perdón

Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación que entonces sería fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre, y cada mujer un fantasma más o menos concreto de hombre.(Gregorio Marañon)
No seas un fantasma del pasado, sé un sobreviviente del presente. (Anónimo)
Hay vidas que no son vidas. Sólo son el fantasma de una ilusión. (Anónimo)
Toda dificultad eludida se convertirá más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo.(Frédéric Chopin)


Jazmín seguía mirando fijamente a través de la ventana. ¿Qué era lo que esperaba, si su amor la aguardaba en la recámara? Por fin, despertó de su letargo y decidió regresar a la cama donde la esperaba su pareja.

Se recostó a su lado y lo acarició tiernamente. Héctor la tomó de la cintura y la besó ferozmente. Jazmín no se resistió. Quería entregarse con la furia que alguna vez sintió. Así que se montó sobre su amado dispuesta a luchar contra los demonios que tenía dentro.

El incomprensible meneo de su vientre sobre Héctor, lo excitó de tal manera que la despojó de la poca ropa que tenía. Le mordió los pechos, y las manos sobre su cuerpo, recorrían ansiosas lo que le pertenecía. La penetró como si fuera la primera vez y Jazmín se rindió. Moría por sentirse viva nuevamente entre los brazos del hombre que la había hecho mujer.

¿Por qué habría de esperar a un ángel clandestino y fugitivo?

Sin parar, la joven mujer dio rienda suelta a sus instintos. Más… más… más…

De repente los ojos de la triste mujer se volvieron un mar de lágrimas, al recordar el pasado. Héctor al ver a la dueña de su corazón en ese estado se detuvo e indagó:

– ¿Qué pasa amor?
– Nada cariño, continúa.
– ¿Segura que estás bien?- preguntó nuevamente
– Segura, sólo quiero y necesito que me hagas el amor.

Aquella noche, Héctor la trató como una princesa; jamás habían tenido sexo como esa vez. Jazmín sollozó al compás de sus movimientos. El llanto se confundió con sus suaves gemidos. La sinfonía que emanaba de su piel hubiera cautivado a cualquiera… Jaz se convirtió en sirena nadando entre la profundidad del cuerpo de Héctor.

Una y otra vez los amantes deseosos, se compenetraban de tal forma que no cabía ninguna duda de que él era el amor de su vida. La pasión olvidada regresó como volcán en erupción. Con estremeciento mutuo, concluyó el acto de amor que la pareja había comenzado.

Completamente fatigados al borde del alba, aquél hombre dijo tres palabras que helaron la sangre de Jazmín.

– Pequeña… Cásate conmigo.

En silencio y sin responder, Jazmín salió de la cama, tomó su bata y se la puso (como si el frío que ahora recorría su ser pudiera quitarlo solo con vestirse). Caminó lentamente y acabó recargada en la ventana donde seguía aguardando a un fantasma.

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15 comentarios to “Sin perdón”

  1. Bueníiiiiiisimo hermanita, tus relatos siempre me llevan a ser espectadora de las historias, mueven mucho mi imaginación, felicitaciones, te quiero mucho.

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