Cruel Diana

Capítulo Final: El gran problema del gran hombre.

– La putada de todo esto, es que sólo yo quedaré vivo para contar la historia. Y la putada de este tipo de historias es que cambia mucho según quién la cuente.
– ¿Cariño, que significa todo esto?
– Diana, mi amor, no te contengas. Dale un beso a Ray, los dos lo estáis deseando. ¿O si no estáis en mi casa no tiene tanto morbo?

El gran hombre sopesa el impacto de sus palabras y se ríe, saca un cigarrillo de la chaqueta y lo enciende. También se saca una pistola y no tarda ni un segundo en apuntarnos, a Diana y a mí. El gran hombre no es tan grande en persona, pero algo en su personalidad impone de verdad. Se me encogen los huevos con cada palabra que sale de su boca.

– Diana, cariño, me has hecho daño. Pero no te guardo rencor. Te lo juro, te lo juro por la tumba de mi querida madre.
– No sé de qué va todo esto…
– ¡Tú calla la puta boca!

El gran hombre se acerca a grandes zancadas hacia mí y me propina una hostia con todas sus fuerzas. Caigo al suelo y la sangre de la herida de mi ceja gotea por todo el suelo. Me apunta con el arma antes de que pueda levantarme.

– Supongo que desde esa perspectiva- dice, haciendo un gesto con la pistola- esto parece una putada de las que hacen historia. Si te sirve de algo, no te queda mucho de vida. Y será rápido.
– Cariño, de qué….
– Diana, mi amor, mi dulce Diana. Pongamos las cartas sobre la mesa, ¿de acuerdo? Esos dos imbéciles que habéis matado te han secuestrado por orden mía para que pudiésemos encontrarnos hoy aquí. Mi amigo Ray se ha encargado de traerme hasta aquí, y así no dejar huellas.
– No lo entiendo.
– Diana, eres una modela famosa. Yo te he hecho famosa. Y aunque soy un hombre poderoso, quizás el más poderoso de esta podrida ciudad, pero no puedo permitirme que la opinión pública me relacione con tu inevitable muerte, querida.
– Pero…
– Ray y tú os entendéis muy bien, cariño. No me mires así, lo sé todo, hace tiempo que lo sé todo. Os habéis estado acostando en mi propia casa, eres una esposa muy desagradecida, querida, pero entiendo que no pudieras contenerte. Ray, amigo mío, levántate, eres todo un sex symbol. Es una lástima cómo vas a terminar, y no me refiero a muerto, me refiero a que tú vas a matar a Diana.
– ¡Y una mierda!

El gran hombre me mete la pistola en la boca. El cañón está frío y sucio, sabe a grasa de coche. Diana está empezando a temblar. Y yo también.

– Claro que no, querido Ray, no te pediría que matases a la mujer a la que amas. Porque yo la amo más, y tengo más derecho a matarla. Además, es a mí al que han engañado, me merezco mi gratificación. No, yo mataré a Diana, a mi querida Diana, pero sobre ti y sobre tu cadáver putrefacto caerán todas las culpas. Tú eras el cerebro de la operación de secuestro de la modelo más famosa del mundo, y yo el pobre marido sufridor y millonario que clamará justicia. Así que la policía encontrará tu cadáver en una cuneta, en el maletero de un coche. Un ajuste de cuentas. Tranquilo, tranquilo, yo tengo una coartada maravillosa. No sufras por mí.

El gran hombre se acerca a Diana. Intento levantarme, pero me propina otro duro golpe y la cabeza me da vueltas. Me siento como una mierda en este momento y el gran hombre aprovecha para clavarme una aguja en el brazo. La reacción es instantánea, se me va la cabeza.

– Es para que estés más tranquilo, Ray. No quiero que eches a perder el plan.

Se arrodilla ante Diana. La delicada Diana, su figura maravillosamente moldeada tiembla ante la mirada del gran hombre, que acerca la pistola a su cara y le acaricia la mejilla. Intento ponerme en pie, pero no lo consigo, empiezo a dormirme lentamente y el cuerpo ya no me responde.

– Diana, mi amor, mi querida Diana, lo sacrifiqué todo por ti, te convertí en una estrella y te di la vida que toda mujer desearía haber tenido. Sólo quiero saber por qué.
– Yo…yo… lo siento…
– No, querida, no. No quiero saber que lo sientes, sé que lo sientes, pero ya no hay vuelta atrás. No puedo pararlo, me has traicionado, has traicionado mi amor y me has utilizado, ¿no lo ves? No puedo dejar pasar esto, por mucho que me duele, soy el gran hombre, y no me he ganado ese mote por nada. Tengo que acabar con esto, y seguir adelante. Tengo que matarte, Diana. Has sido tú la que me ha traicionado. Tú. Mi cruel Diana, tu muerte me va a pesar. Pero mucho más me pesaría tu vida.

Los ojos se me cierran, definitivamente. Y el sueño me lleva.

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5 comentarios to “Cruel Diana”

  1. Buen trabajo, Fran. Enhorabuena!!

  2. Excelente… me hiciste adicta a Cruel Diana…

    Un abrazo =)

  3. Muy bien Fran, una serie que a la vez que la lees la puedes ir visualizando perfecta y facilmente, algo que no pasa con muchos textos a los que hay que echar más imaginación de lo normal.

    ¡Enhorabuena!

    Besos

  4. No podría haber imaginado un final mejor para el relato, es de lo mejor que he leído en mucho tiempo!

  5. muy buen y dramático final para ésta serie Tarantitniana!

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