EL HIJO DE LA LOBA

Rómulo y RemoNo tendría aún ni cinco años cuando el pequeño Marcio comenzó a escuchar a sus hermanastros llamarle “Hijo de Loba”. Él era el fruto no deseado de su padre, que jamás se perdonó sofocar la pena por la pérdida de su esposa en el lecho de una ramera que meses más tarde dejó su particular “regalo” en la puerta de su mansión.

Saber de boca de su esclavo griego Cneo, la verdad sobre los orígenes de sus ídolos Rómulo y Remo le ayudó a superar la vergüenza inicial. Los míticos gemelos habían sido recogidos por un porquerizo y su mujer, que en sus años mozos había sido ramera. Una de las fiestas más sagradas de los romanos tiene su origen en una travesura de los dos gemelos, que hartos de las burlas, se cubrieron la cara con una piel de lobo, aullando y golpeando con una tira de piel iban golpeando y asustando a todas la mujeres con quien se cruzaban: “Lo demás hijo mío es pura fantasía de la gente que inventa pasados gloriosos para sus reyes y festividades religiosas para exaltar sus carencias”.

Mientras corría por la calles el muchacho comprobó que la observación de Cneo era completamente cierta, aquella travesura infantil había degenerado en un acto absurdo, donde muchos aprovechaban la ocasión para dar rienda suelta a sus instinto lujuriosos. Y algo amargo subió a su garganta cuando vio como un hombre sin preocuparse que iba completamente desnudo, ya que en el fragor de la fiesta había perdido su piel de lobo, arrastraba a una muchacha asustada hacia un rincón oscuro.

En medio de aquel sin sentido Marcio vio a una niña, no tendría más de diez años que lloraba desconsolada, abrazada a una mujer. Ambas se habían perdido del séquito familiar y sin querer se habían visto rodeadas por las turbas enardecidas. Sin pensarlo dos veces Marcio agarró de la mano a la pequeña e hizo una seña a la mujer para que le siguiese, su instinto encaminó sus pasos hacía su refugio particular, lejos del gentío y los gritos los tres se calmarían. En las afueras de la ciudad a penas se encontraron a nadie, lentamente ascendieron por la Colina Capitolina y allí se cobijaron bajo las ramas protectoras de la Rumalis, la enorme higuera donde Rómulo y Remo fueron amamantados por la mujer que les recogió. Desde aquel día Marcio y la pequeña Claudia iniciaron su particular fiesta de lupercales, cada año se daban cita bajo la Rumalis y allí lejos de todo y de todos contemplaban la belleza de las siete colinas y admiraban lo hermosa que resultaba Roma lejos del ambiente agobiante de aquel ritual. Hasta que un día tuvieron que despedirse, sabían que ese día llegarían, ninguno había hablado explícitamente sobre ello pero sabían que sus escapadas infantiles terminarían algún día.

Sin darse cuenta se habían ido transformando en un hombre y una mujer, y el reloj seguía su cuenta hacía delante. En su despedida no hubo un adiós, tan sólo un cruce de miradas. Marcio no se había atrevido a decirla que al día siguiente celebraría su boda con una desconocida. Cuando aún no había cumplido los dos años su padre, como si se tratase de una vulgar transacción comercial, había concertado su matrimonio. Tras una noche insomne el joven contemplaba como el séquito de su novia se acercaba a la puerta de su casa, ya podía distinguir su silueta rodeada de sus parientes. Como un autómata Marcio se prestó al antiguo ritual de boda romana, fingió el rapto de la novia de los brazos de su madre y tomándola en los suyos dando la esperada patada a la puerta penetró con su, ya esposa, a lo que sería su nuevo hogar. Una vez en el aposento se dispuso a pronunciar la frase tradicional.

– ¿Quién es la recién llegada a mi casa? Ella apartándose el velo de su rostro le dio la respuesta ritual.

– Cuando y donde tú estés, Marcio, allí y entonces estará Marcia.

Así la joven Claudia hacía el primer regalo de amor renunciando a su nombre y tomando el de su esposo. Marcio Plubio Valentino se juró en aquel instante devolver con creces la felicidad otorgada por la Diosa Fortuna. Nadie en su casa se casaría jamás sin amor.

FIN

Acueducto

4 comentarios to “EL HIJO DE LA LOBA”

  1. Buenas tardes, Miren. Encantada de leerte, siempre tan agradable y en tu estilo. Aportas el toque elegante. Un abrazo.

  2. Suscribo todas las palabras del comentario de Sole.
    Como siempre, leerte es un placer.
    Besos.

  3. Precioso, muy bien escrito; me ha encantado Miren. Felicidades!

  4. Ooooh!que domántico! Con esas pinceladas tuyas características!

    Un par de cosillas, ..pero sobre tododonde cuentas lo del matrimonio concertado repites “su padre”

    babaaaaaaaaaaaass!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: