LA NOVIA

En la vida de Laura había una constante, repasando sus recuerdos se dio cuenta de algo para ella asombroso, los mejores días de su vida habían coincidido con el día de San Valentín.

Un 14 de febrero de hacía diez años se le declaró Juan, aquel chico al que ella adoraba en silencio y que creía que jamás la había mirado.

Un año después, también un 14 de febrero, daba el si quiero en la ermita de su pueblo, vestida de princesa de cuento de hadas y rodeada de sus amigas de la infancia, la primera de ellas que realizaba su sueño.

Juan resultó el mas atento, cariñoso y complaciente de los maridos, mucho mas de lo que cualquier chica romántica podía desear, ella esperaba ansiosa el día de su aniversario, acostumbrada a recibir cada año un regalo mejor que el anterior, dos semanas antes se ponía nerviosa, tachaba día a día en el calendario imaginando qué sería, con qué la sorprendería esta vez.
Por fin llegaba, hoy era la fecha, debía prepararse ya, él no tardaría en volver del trabajo y tenía que darse prisa.

Durante aquellos diez años de matrimonio, cada aniversario, ella le esperaba vestida como el día de su boda, al principio era como un pequeño juego que con el tiempo se convirtió en tradición, un ritual que la hacía sentir bien, no todas las mujeres conseguían mantenerse hasta el punto de caber en su traje como si el tiempo no pasase.

Abrió el armario y se dispuso a vestirse. Algo no iba bien. El vestido no cerraba. ¿Se abría atorado la cremallera?, se lo quitó y comprobó que cerraba perfectamente, la cremallera estaba bien.
Le entró el pánico, eran casi las siete de la tarde, faltaba solo media hora para que Juan llegara y ella no conseguía meterse en el vestido.
No podía ser, aquello no podía estar pasando, necesitaba urgentemente una solución, debía ponerse aquel traje fuese como fuese, algo le decía que si no lo tenía puesto al llegar su marido, el hechizo se rompería.

Veía la catástrofe ceñirse sobre su vida, en un segundo imaginó todo tipo de desgracias a cual peor.

Si ella rompía la tradición podía pasar cualquier cosa, tal vez aquel día su marido no llegaría, tal vez tendría un accidente, quizás le diría que ya no la amaba, que tenía a otra mas joven y hermosa, o puede que él hubiese descubierto su pequeño secreto.

Presa del pánico corrió a revisar el pequeño joyero donde guardaba sus anticonceptivos, seguía cerrado con llave, lo abrió con mano temblorosa, sus pastillas seguían allí, tal como las guardaba cada mañana. Respiró hondo, él nunca sabría que los tomaba desde el principio, que no podía tener hijos, que no podía arriesgarse a traer al mundo a un niño que estaba segura, le robaría el amor de su marido, su atención, sus desvelos.

Ya está, tenía la solución, si conseguía vomitar la merienda y aguantar la respiración lo máximo posible durante los escasos 5 minutos que le duraría el vestido puesto lo conseguiría, total, solo eran un par de dedos los que impedían el cierre de la cremallera justo en la cintura.

Sonriente y orgullosa de su ingenio se fue derecha al baño a intentar expulsar fuera de su estómago todo lo que pudiese.
Juan llegó pronto, había cogido un taxi en lugar de esperar pacientemente el tren como solía hacer, un día es un día y se lo podía permitir, el collar le había costado menos de lo que él esperaba y su querida esposa se merecía una sorpresa.

Todos decían que la mimaba demasiado, pero él intentaba compensar así la falta de descendencia, toda mujer necesitaba hijos o al menos eso creía él. Al principio creyeron que uno de los dos tenía algún tipo de problema, pero después de todas las pruebas médicas todo parecía estar en orden, así que no entendían porqué ella no se quedaba encinta. Viendo que cada vez que trataba el tema ella se deprimía y entraba en un estado de apatía sexual, acabó por dejarla tranquila y seguir investigando él solo de médico en médico, convencido de que algo pasaba con su semen, estaba seguro que en algún lugar, algún día, encontraría la solución.

Entró con sigilo en la casa, la radio estaba puesta en la habitación. Se asomó y vio que ella estaba en el baño, sonrió al ver el vestido de novia sobre la cama y decidió esperarla en el salón para sorprenderla cuando saliese a esperarle.
Laura ya estaba lista, se vistió con cuidado, su plan había servido, apenas podía respirar pero el vestido cerraba, se dijo mentalmente que a partir de ahora suprimiría la merienda.

Al abrir la puerta del dormitorio se sobresaltó y dio unos pasos atrás, Juan estaba allí de pie con un precioso collar de perlas en sus manos extendidas.

_No te muevas cariño, yo te lo pondré.

Mientras luchaba por respirar y liberarse de aquellas perlas que le asfixiaban, pudo ver a través del espejo el tocador con su joyero abierto y a Juan con los ojos tintados en sangre, apretando con fuerza su cuello al tiempo que le gritaba “¡puta mentirosa!”.

4 comentarios to “LA NOVIA”

  1. Un relato perfecto, Elo.
    Me gustaaaaaaaaaaa.
    Besote.

  2. Que tipaaaaaaaaaaaaaaaa!!!genial el relato, Elo. Besotes

  3. asiasssssssssssssss

  4. genial,…me esncanta como nos paseas en el tiempo
    y al final reMATAS

    babaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssssss!!!!!

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