¡Quieto todo el mundo!


Hoy se nos ha muerto el Nemesio, no sé si estoy triste o aliviado, el caso es que creo que con él se va el mejor representante del despropósito que hemos tenido en este pueblo.Considerado por muchos como un visionario, por otros el más tonto de los hijos de Toparriba de Abajo, yo, como párroco, debo dedicarle unas palabras y no sé como enfocarlo, creo que en el fondo le tenía cariño a pesar de todo, que Dios me perdone.

Ya sé Señor, que de buen cristiano es perdonar, que tengo bien presente aquello de “perdonad y seréis perdonados”, pero es que lo del Nemesio no tiene nombre lo mires por donde lo mires.
Aquél 23 de febrero que nos hizo pasar a la historia fue el peor de mis días, eso no me lo puedes discutir y si lo haces es porque estoy seguro de que mirabas para otro lado.

Sí, ya se, ya se, que tú lo ves todo y estás en todas partes, pero seguro que estabas más pendiente de la tele, como todo hijo de vecino, que de lo que pasaba en mi parroquia, si no, no habrías permitido que ninguno de los que estábamos en el casino jugando al tute perdiéramos de vista al Nemesio. Y si por un casual te creíste lo que me contó al día siguiente en secreto de confesión, mejor me callo.

Es mejor que te cuente yo lo que pasó realmente, luego tú verás que haces con él, si te lo quedas o se lo mandas al de rojo.

Cuando en la tele del casino nos pusieron que estábamos en pleno golpe de estado nadie se enteró de nada, fue el Nemesio el que con su grito de ¡hostia, eso lo soñé yo anoche!, nos hizo mirar primero a él y luego a su dedo señalando al televisor. En aquél instante estaba Tejero gritando el tan famoso “Todo el mundo al suelo”. Y fue en aquel momento cuando el Nemesio salió disparado del salón sin su inseparable boina, cosa que ya tendría que habernos dado la señal de que algo malo iba a pasar.

Entre la que se lió en el bar, con la tele a todo trapo, Faustino el alcalde pidiendo silencio a gritos, el Sebastián diciendo que todo el mundo fuese a buscar las escopetas y yo pidiendo calma y contención, ¿quién iba a pensar que la boina abandonada en el perchero nos estaba avisando del desastre?. Que nosotros, simples mortales, no nos fijásemos en eso vale, pero que Tú no salieses corriendo tras él, Tú que permitiste que le casara con la boina puesta con tal de que se casara de una vez y dejase de vivir en pecado. En fin, dejemos eso.
El caso es que el Nemesio soñaba mucho, más de lo normal a mi entender, y según él, su mujer y alguno más, todo lo que el Nemesio soñaba se cumplía tarde o temprano, no al pie de la letra, pero se cumplía.Y nos acababa de decir que la noche antes había soñado con el golpe de estado, lástima que con el follón que se lió y su salida precipitada, nadie se preocupó de preguntarle cómo acababa el sueño. Reconozco que ahí yo estuve torpe, que no se diga que no se reconocer mis fallos.
Mientras todos los hombres del pueblo discutíamos a gritos en el bar sobre qué debíamos hacer ante la amenaza de que aquello prosperara, nuestro Nemesio ya había ido casa por casa, amenazado a las mujeres con el fusilamiento cuando llegaran los Civiles y recopilado todos los papeles que hacían referencia a nuestro particular referendum por la III República.

Por lo visto en su sueño, esa misma noche, registraban casa por casa y al ver que todos, incluido yo, teníamos las papeletas preparadas, nos ponían delante del muro del camposanto y pum, fusilados.
Y no se le ocurre otra cosa que llevarse todo al ayuntamiento y prenderle fuego.
Considerando que lo que hacía las veces de ayuntamiento era a la vez sala de catequesis, biblioteca y sacristía, díme Tú. Justo cuando aparecía el Rey en la tele y todos soltábamos un suspiro de alivio nos llegó el olor a chamusquina. Cuando salimos a ver qué se quemaba ya era tarde, no sólo estaba ardiendo la iglesia-ayuntamiento, también ardía el poste de teléfonos y la tienda de la Emilia, a la vez estanco y oficina de correos.

Todo el pueblo congregado a la puerta del casino viendo como ardía el otro lado de la plaza, todos con la boca abierta y las manos en la cabeza. Todos menos el Nemesio, que con una sonrisa de oreja a oreja en su cara llena de hollín, nos miraba uno a uno y nos decía “ tamos salvaos, por los pelos, tamos salvaos, ¿alguien ha visto mi boina?”.
Entonces lo entendí.

El Nemesio había quemado mi iglesia. Y ahora me toca decir unas palabras en su funeral, bonitas a poder ser, ensalzando su honradez y diciendo lo bueno que era. Claro que bien mirado, si no llega a quemar la iglesia aún seguiría peleando con esta gente para arreglarla, que se caía a pedazos y nadie daba un duro. Y si no fuera por el Nemesio y sus sueños visionarios a saber si tendría iglesia. Creo que bien mirado se merece un funeral bonito, pobre Nemesio.
Señor, perdónale sus pecados y acógele en Tu seno.Amén.

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11 comentarios to “¡Quieto todo el mundo!”

  1. Tendríamos que ir a la Moncloa con una pancarta que dijera : “Todos somos Nemesio…”, y prenderle fuego a tanto ‘bicho’ que vive del cuento…..
    Ah… se me olvidaba…:
    ¡¡¡¡……Yo quiero la boina del Nemesio…¡¡¡….

    Guttaelo……¡ un 10 niña….¡¡

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