TriZiana

TriZiana

Nuestras esperadas vacaciones de primavera recorriendo a pie los Pirineos se truncaron cuando visitábamos el Ibón de Acherito. Nos tocó un Abril de aguas mil desde que saliéramos de Irún camino de Barcelona por la GR-11.

Nos habíamos quedado a cuadros cuando alguien que venía en dirección contraria nos dijo;

-Hay que ver la que han liado los rastas!- y  que en el refugio de Góriz había oído por la radio que un tal Robet Ahamed Marley había declarado la guerra al mundo desde Jamaica en una especie de jihad rastafari.

Eso fue dos días antes de que nos pillara la tormenta  de diosescristo en Acherito.

Conseguimos refugiarnos en uno de los bunkers de Franco antes del camino hacia Hecho; allí, con la radio del teléfono móvil, conseguimos enterarnos del resto.

Un potente virus, al que sólamente eran inmunes aquellas personas que consumieran marihuana en grandes cantidades de manera continua, asolaba La Tierra, la humanidad. Al parecer, los afectados andaban como sin rumbo, pálidos, con los ojos enrojecidos y no eran capaces de razonar ni de hablar. Parecía acuciarles un hambre atroz, y atacaban a las personas devorándolas como aquel que atacara una nevera tras intoxicarse con esa planta maldita.

Tras un par de jornadas de nieve, lluvia, viento, y frío intensos, vimos como un vehículo oruga se precipitaba al vacío habiéndose desviado bruscamente hacia el precipicio.

Al acercarnos para ver, un hombre desfigurado nos atacó. En la huída me retorcí el tobillo. Mi madre consiguió detenerlo de un estacazo en la cabeza.

Preocupados, Padre y Madre fueron en busca de ayuda, dejándome la mayoría de los víveres, y el teléfono con más batería.

No debieron pasar ni tres días, cuando las radios dejaron de emitir antes de que se me acabara la batería. No pude contactar con mis padres, no había línea; ni de emergencia…

Por suerte, el tiempo mejoró, y apoyada en una robusta muleta de haya me encaminé valle abajo.

En la primera jornada conseguí llegar a la carretera, donde encontré un viejo cuatro por cuatro encaramado en un terraplén con la puerta abierta, y las llaves puestas.  No tenía batería.

Di gracias a que me enseñaron a conducir muy joven, y no sin esfuerzo conseguí empujarlo, haciendo palanca con la muleta, hacia la carretera, parándose con un golpe seco contra la roca que la flanqueaba.

Me levanté toda llena de barro. Entonces  vino lo difícil; tenía que enderezarlo hacia la carretera, cuesta abajo, y montarme antes de que tomara demasiada velocidad.

Empezó a rodar y me pude subir con un grito de dolor por mi pie cuando escuché un gruñido no muy lejos. Alguien corría hacia mí con toda la cara que se había descrito en la radio, pero yo ya estaba alejada cuando conseguí arrancar el motor.

Hecho estaba más desolador que de costumbre. Accidentes, casas quemadas, sangre…unos cuantos “zumaos”-como había escuchado en la radio- se giraron hacia el coche y trataron de alcanzarlo, pero esta vez con lentitud, como perdidos,…Decidí seguir valle abajo.

El viejo Lada me dejó tirada justo al lado de una pista que llevaba hacia el Este, – “Ésta máquina, un mechero”,  oí  a un vendedor decirle a mi padre hacía años…- y hacia allá me encaminé sin dudarlo. “Siempre hacia la izquierda”.

Al final de la pista, sobre un pequeño repecho había una casita, se divisaba un coche negro junto a un árbol y tanto la puerta de éste como la de la casa parecían abiertas…

El coche era un viejo Volvo ranchera, …no era negro, estaba calcinado; y aún salía algo de humo de aquí y allá. En el maletero, botes y latas de alimentos reventados, y un amasijo de plástico que parecían haber sido cassettes antes de la hoguera.

Entre un rastro que salía de la parte del conductor, de sangre seca y cenizas, se adivinaban las huellas de goma derretida hacia el prado de al lado.

Una vaca y un perro desollados daban las últimas pinceladas a aquel bucólico paisaje,…Ni los buitres se atrevían a bajar a comer.

La casa era mas bien como de veraneo, con pocas pero grandes ventanas rematadas por fuera con gruesas contraventanas de madera reforzadas con planchas de hierro, y grandes goznes de fragua …la maciza puerta, también reforzada, gozaba de cierres antiosos.

Pase terror al entrar pero en la escueta casita no había nadie, una pequeña habitación, un aseo diminuto, cocinita con barra americana, una salita con chimenea, sin áticos ni sótano. Me apresuré cojeando a cerrar la puerta, y me estremecí al quedarme en casi total oscuridad.

Aún con algo de batería en el móvil encontré cerillas cerca de la chimenea y papel de periódico.

En los cuadros de la luz, se podía leer en un fusible aparte;“viento”. Lo encendí; no ocurrió nada.

Ya, con un par de velitas, investigué los armaritos de la cocina, aquello parecía la casa de la viejita del anuncio; “Dai prisa, dai prisa!”, a lo obsesivo.

El himno a la alegría resonó en mi cabeza como, en alguna peli que viera de niña, cuando se abría una gran caja fuerte.

Aquella silenciosa noche  escuchaba chisporrotear el fuego, y las burbujas de la lata, el humo de la chimenea revocó un poco cuando, sobresaltada, vi mi sombra proyectada hacia la chimenea que aparecía y desaparecía a la vez que sonaba una siniestra canción a mis espaldas con voz grave como en baja velocidad; “ Aaabrwe la pweertaa nwiñwaaaa… ”

Se hizo la luz, y empezó a sonar Triana de fondo …!!El “viento” venía en mi ayuda !!

Curiosamente el radiocassette del año de la pera, tenía una TDK de 90 minutos, con la misma canción una y otra vez,…aquella canción les encantaba a mis padres, así que la deje puesta.

Por la mañana un hilo de reluciente sol entraba por entre las contraventanas, y por la chimenea, no hubo más luz, ni más Triana. Hasta la noche siguiente cuando volvió a revocar la chimenea por un instante y la luz vino con fuerza, la canción parecía incluso alegre, y no se si por el hambre o por la esperanza por tener luz, me hinché de comer fabada.

Ya había parado la música por la mañana  cuando decidí racionarme la fabada y la música; no más de tres veces la canción seguida, y no más de una lata al día. Aquellos dolores de tripa y aquel malestar,…

Fui al baño, y entonces me di cuenta de que no eran gases ni diarreas, ya casi se me había olvidado, al menos cinco meses cuando había tenido la regla por última vez. ¡Y sólo papel higiénico como compresas en la casa!

Como en un arrebato, avivé el fuego, me puse el único trapo de cocina en las bragas, lavé mis pantalones, y tras ponerlos a secar en la chimenea me di una cortante ducha helada.

Al lado de la chimenea con medio rollo de papel bajo mi “tete”, desnuda de cintura para abajo, la música volvió otra vez, pero ahora alguien pegaba en la puerta, como con desgana, “pum ssrsrsrsr”, pegaba y dejaba caer los brazos,…¿Me habrían olido? -“¿A que huelen las nubes?”¡¡Mecagüen tu puta madre!!-y la canción era de coña, “…abre la puerta niña…”. El cabrón que prepararía aquel refugio, -porque estaba claro que fue cabrón, y no cabrona-se olvidó de llevarse al menos una escopeta de caza, …ahora ¿qué coño podía hacer?.

Apagar la música , avivar el fuego, cambiarme la “compresa”, y liarme la manta a la cintura con una cuerda por si tenía que salir pitando.

Pero la puerta era fuerte, muy fuerte. Toda la tarde y la noche se la pasaron pegando, cada vez más, debía de haber al menos cinco.

“Pumpum schsrhshrhsrh, pumpum schsrsrsrsrsss”. Encendí la música.

Pasaron tres días sonando la música, tronando los cielos, tronando la puerta y las ventanas con los golpes de esos hijos de puta que no se cansaban; ardiendo el papel cada vez menos ensangrentado en la chimenea. Debía dormir, y pensar algo, pero estaba aterrada…

Por fin Morfeo llegó tras la siguiente lata de fabada, y se me ocurrió algo al despertar; debía salir y bajar por el río,  mi tobillo estaba mejor.

Algunos debieron irse, la música ya no sonaba.

Fui al baño, estuve sentada en el váter hasta que ya no tenía nada que cagar.

Me hice un petate con latas y la manta, y me lo até a la cintura. La chimenea era lo suficientemente ancha para poder salir por ella; y trepé.

Luz, mucha luz. Y el cantar de un carbonero al fondo, en los árboles, me dio fuerzas.

Los cabrones se estaban disputando algunos restos de la vaca, otros seguían pegando en la puerta.

Até un cabo alrededor de la chimenea, tiré el petate y me descolgué.

Un primer cabrón dobló la esquina y recibió un revés de latas de fabada que sonó más a crac que a clanc.

Eché a correr hacia el río cuando miré atrás de reojo; Padre y Madre dejaron de aporrear la puerta al verme y corrieron hacia mí, otros dos les seguían,…el tobillo empezó a dolerme, la vista se me nubló, la última fabada salió a chorro por mi boca y trastabilleé al resbalarme en la salsa con mis botas,…esos cabrones me iban a  alcanzar antes de llegar al soto,…el soto, el soto.

Un golpe, un desgarro,…un empujón. Caí a una poza.

Me desperté empapada,  helada, dolorida, embotada, en la orilla…Sin pensarlo,eché a andar.

No sabía a dónde ir…no sé a dónde voy,…sueño despierta con ríos de fabes arrugadas.

Triana no deja de sonar en mi mente, …el estómago me duele del hambre, …pero es peor cuando pisándome el intestino tiro de él, todavía está fresco.

6 comentarios to “TriZiana”

  1. Original y fresco comos siempre Tiri, y con ese ritmo trepidante ¡enhorabuena! siempre es un lujo leerte.

    Besos

  2. KE GUSTO DA KE ME DIGAS ESO, …YO CREÍA QUE PUBLICABA MAÑANA…
    (claro como ayer tuve fiesta y sabía que salía el Martes, pensaba qie tenía un día más)

    venía dispuesto o a cortar por aqui y por alli y ponerlo patas arriba, …
    o directamente tirarlo a la basura y empezar con una hoja en blanco desde el principio, …

    ESKERRIK ASKO

  3. Exquisito Triana, exquisita la fabada, y si me apuras, exquisito ese intestino fresco. Como mujer sé a qué huelen las nubes y espero no verme en una como la que has contado…sssumm,summ, summ..Me he reido mogollón! (Ser mujer es duro, verdad, Tiri).Me ha encantado pinchar en las palabritas en negrilla y encontrarme la sorpresa o la aclaración. Eres un crack, mi txiko! Slurpsmuaks, siempre estás ahí para sacarme una sonrisa, una carcajada y un beso!

  4. Un gusto , Tiri. Eres el rey lamedor de la imaginación.
    Besazossssss.

  5. killa! Linda que soy anti aristocrático

  6. Joerrr Tiri ¿qué tomas con la fabada? ¡impresionante! lo mío no es tan fuerte… y ese intestino ¿qué tendrá que hasta sueño con él? si, sí, ya sé que me llaman pervertido aunque no sé porqué, va ¡infundios!.
    Te felicito y admiro tu imaginación, ¡buen relato!
    Un baboso abrazo Tiri.

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