EL ENTIERRO

Llegué a este pueblo un día a finales de febrero, con mi 600 recién comprado. Me había cansado de la vida de cuidad, del tumulto, las prisas y sin meditarlo mucho, en una semana tenía mi coche, había cerrado mi piso de toda la vida en la capital y puesto rumbo hacia no sabía donde.

Mi objetivo era simplemente recorrer el país a mi aire, escribir sobre los sitios que visitaba, sus gentes y las sensaciones que provocaban en mi.

Al cabo de tres meses de ciudad en ciudad, comprendí que todos los lugares eran parecidos, si no iguales en su fondo. Desencantado y sopesando la idea de volver a mi rutina de siempre, decidí retornar por caminos menos comunes, abandonar las carreteras principales y aventurarme por los caminos rurales, esos que no salen en los mapas.

Después de un interminable camino de tierra, mas indicado para los burros y las cabras que para mi flamante utilitario, topé con un pueblecito a simple vista típico y encantador.

Dejé el coche en el camino y recorrí el último kilómetro a pie para estirar las piernas y observar el paisaje. Los campos aparecían cuidados, las fachadas de las casas adornadas con flores y guirnaldas de fiesta mayor. Pero el pueblo parecía desierto, no se oía nada, ni una mosca, silencio absoluto y extraño.

En el centro de la plaza se erigía un pequeño campanario, en la puerta de la iglesia una corona de difuntos. Pegué mi oído a la puerta, nada, ni un susurro. Pensé que ya habrían terminado el oficio y encontraría a la gente en el cementerio.

Salí de la plaza sin saber muy bien hacia dónde dirigirme, entonces me di cuenta que todas las puertas por las que pasaba lucían crespones negros, el muerto debía ser alguien muy querido en aquel lugar.

A lo lejos divisé los cipreses, señal inequívoca de que allí se ubicaba el camposanto y con paso rápido me acerqué. La imagen era sobrecogedora, fuera de los muros, en la parte de atrás, todo el pueblo congregado, en silencio y de riguroso luto, las mujeres con mantilla, los hombres con una banda negra rodeando el brazo y la cabeza descubierta en señal de respeto. Y los niños, los niños en el centro, mirando hacia el suelo, todos con una sonrisita en los labios.
Varias preguntas se agolparon en mi mente.

¿Por qué estaban enterrando al pobre difunto fuera de las tapias del cementerio? Si era tan apreciado por sus conciudadanos como para vestir el pueblo entero de luto, ¿qué impedía su entierro en suelo sagrado? ¿Por qué los niños sonreían de aquél modo tan extraño?

Me moría de ganas por preguntar, pero algo me decía que si me acercaba demasiado y rompía el silencio, lo tomarían como una falta de respeto a su dolor, así que esperé pacientemente a que empezaran a separarse de la tumba.
Un aldeano se caló la boina mientras me miraba curioso y se acercaba a mí.

– Buenos días forastero, se ha perdido usted por lo que veo.

-Buenos días, en realidad no me he perdido, voy de vuelta a casa y busco un lugar para pasar dos o tres días antes de seguir mi camino.

Mientras intentaba explicarle por encima mi situación y quién era, el silencio se tornó algarabía, risas, niños correteando a mi alrededor y caras sonrientes al grito de “venga, todos pal casino”.

-Venga usted con nosotros, hay que seguir la fiesta, qué pena que llegue hoy que es el último día.

– No entiendo, acaban ustedes de enterrar a alguien muy apreciado, ¿y van a seguir la fiesta? Ya he visto que el pueblo está en su fiesta mayor, normalmente se suspende cuando ocurre un óbito…

-¡Qué óbito ni que niño muerto!, lo que hemos enterrado es la sardina, ¿no ve que es el último día de carnaval?

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12 comentarios to “EL ENTIERRO”

  1. ¡Fenomenal Gutta! Si es que eres la “leshe” niña. Hasta me imagino la cara del turistas jajajaja.

    Besos

  2. ¡Qué bueno! ¡Sí señor! Qué gran colofón a nuestro “Lamedores de Carnaval”, amiga. ¡Enhorabuena!

  3. Genial Elo! yo como M.J. también me imagino la cara del buen señor,jajajaaj!te felicito! un besote

  4. Una excelente opción, salir de la gran ciudad y volver al pueblo, no obstante. Es un enfoque precioso.
    Gracias por tu buena imaginación.

  5. hasta el último momento me has mantenido en vilo ,eres perversa,j,aja,ja,ja,ja

  6. Isa hija, que hoy es el entierro de la sardina…si estaba cantao mujer jajaja

  7. Es cierto, posiblemente lo del entierro de la sardina sea una coincidencia, el relato está lleno de significado y a mí me ha traído algunos recuerdos nostálgicos.

  8. Estupendo remate a este especial, Elo.
    Je,je,je…¡Buenooooo!
    Lametorro.

  9. Buenas tardes, a tus pies , Guttaelo. Brillante final para estas jornadas de Relatos de Carnaval. Prueba conseguida con nota . Lamedores, campeones!!

  10. Pues eso! Que siga la fiesta y las sardinas, en la playa como esta mandao, ya las enterraremos donde sea, a ver si se van a pensar que porque haya acabado el carnaval y se haya enterrado la sardina vamos a dejar de hacer moragas..faltaría mas!!

    Divertido…lo del 600 me trajo montón de recuerdos…

    Lametorros Gutta!

  11. ¡Ay aquel 600! ¡que recuerdos me ha traido tu relato! Muy bueno…con final previsible, ja,jaaa ¡lo que no ocurria con el 600!
    Siempre he tenido una duda ¿porqué el entierro de la sardina al final del carnaval? ¿no sería más lógico el de la costilla? en fin…
    Eres buena, amiga…y no soy Gallardón
    B abaaas

  12. Ya lo había leído, pero no había comentado…

    Excelente remate de carnaval!!!

    Un abrazo =)

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