LA CAMISA DE SANSON

La crianza del ganado vacuno en la región más occidental de Afganistán para su posterior introducción en el mercado chino y, tendiendo como única referencia el deslizamiento que produce la suela de caucho sobre un elemento, llamémoslo “equis”, va a resultar un reto muy interesante, Carlos. – Oigo decir al bigotudo cincuentón que está en una mesa contigua a la mía, a un atento jovencito con pintas de intelectual, mientras apura su segundo café con hielo y le da una profunda calada a un puro de tremendas dimensiones.

-Lo importante, amigo mío, es que el grosor sea en todos los casos superior a 8 milímetros para así poder garantizar una temperatura exterior constante de 17º C y, consecuentemente, asegurar la supervivencia de los ornitorrincos durante las próximas vacaciones estivales de la familia Little & Stewart- Prosigue en un tono cada vez más pedante aquel encantador de serpientes mientras su rollizo cuerpo crece y crece- fundamentalmente a lo ancho- al ver como su interlocutor irremediablemente se encoge, hasta casi desaparecer, al sentirse embaucado por la elocuencia de la que, a mí personalmente, me parece una absurda exposición.

Después de escuchar durante un par de minutos más a aquellos dos individuos, y tras unos instantes de reflexión, pienso: ¡Qué mentes tan complejas! Y, en vista de que no entiendo ni una palabra de lo que dicen, doy un sorbo largo a mi cerveza y busco un nuevo objetivo.

Cuando me puedo escapar un rato, me gusta venir a este local porque el espacio existente entre mesa y mesa es tan ridículo que es posible estar un buen rato, de lo más entretenido, escuchando las más variopintas conversaciones ajenas. Por cierto, me pregunto yo, en qué estaría pensando mi querido amigo y compañero de habitación, Tomás Falhsas – exquisito decorador- cuando proyectó este local, porque hay que reconocer que el Palacio de Buckingham le quedó más espacioso y suntuoso que este pub. Se lo preguntaré en cuanto le vuelva a ver, que supongo que será de un momento a otro; cuando mis guardaespaldas se acuerden de mí y se apresuren a venir a recogerme en mi limousina particular.

-Nena, esta mañana he visto a B.B paseando a Pink Air y…¡¡Uff, casi muero al verlos tan súper geniales!! Él llevaba un cardigan verde selva Amazónica, ribeteado en marino Yatch Club, que conjuntaba ideal con el cuerpo de terciopelo de su Bichón Maltés. Estaban los dos que quitaban el hipo, créeme, my darling– Comentaba una joven de repelente voz a, su también rubia y lisa, tanto de pecho como de pelo, amiga.

-¿Síiíí, Mapy?… Ay, no seas tan cruel conmigo, porfaplís. La rabia me corroe en estos momentos, querida. No deberías de habérmelo contado…Jooo, hoy que estaba tan happy porque Lucho me ha invitado a su loft… Ahora mismo voy a ir a relajarme al Spa de Nenona porque me estoy poniendo enferma total.- Dice la más plana de las dos muchachas, mientras saca de su bolso de mano un pequeño espejo, y se retoca el gloss de sus abultados labios.

Inmediatamente decido que estas jovencitas tienen unas mentes muy básicas y que su conversación tampoco me aporta nada. Justo cuando voy a virar mi cabeza, para que las ondas que provienen de la mesa de atrás lleguen con claridad hasta mi pabellón auditivo derecho, veo a través del enorme ventanal de enfrente algo que no me gusta nada. Ese furgón, tan conocido por mí – al que llamo limousina -, aparca justo enfrente de la puerta de acceso al local y se bajan los tres de siempre: mis guardaspaldas.

Mario se queda en la puerta, custodiando la entrada. Roberto se acerca a mí con esa camisa blanca que tanto odio y que, por mucho que intenten decirme lo contrario, no me favorece en absoluto, amén de que sea incomodísima de poner. Es Raúl el que me agarra del brazo con firmeza y me invita a levantarme de mi silla: “Vamos jovencito, hay que volver a casa con el resto de tus compañeros. Se acabó la excursión. Siempre estamos igual contigo, ¿eh, Sansón?…A la que nos descuidamos…”
Estos tipos me tiene harto. Deberían de vestir de blanco al bigotudo, a las nenas repelentes, etc… ¡Y olvidarde de vez en cuanto de mí, hostias ya!

Ahora únicamente oigo las voces de siempre dentro de mí. Son como murmullos y llantos de plañideras. No me divierten, no es una conversación, además esto ya me lo sé de memoria…¡Más de treinta años igual, ya aburre!

-En cuanto lleguemos, vas directo al barbero a que te corten otra vez ese pelo, ¿de acuerdo?
– Me dice Raúl.

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7 comentarios to “LA CAMISA DE SANSON”

  1. Me siento super idenficada con Sanson, algunas veces yo también necesitaría su camisa jejeje. Lo que está claro es que cada vez es más complicado entender muchas cosas que pasan a tu alrededor, o no tan alrededor jeje.

    ¡Genial relato, como siempre Linda!

    Besos

  2. ¡ Molt bon relat Linda !. Lástima que ya no quedan casi bares de estos.
    Besos

  3. Eres buena Linda…¡publica, publica…! ¡no te excuses!
    Besicos hermosa ¡ah! con babicas…

  4. Pues si Miren se siente identificada con Sansón ¡no te cuento yo!. Ayer sábado estaba tomándome mis churritos de media mañana con mi “revuelto” en una terraza de esas con estufa, a las que nos condena la ley a los fumadores y que por lo juntitos´, el escaso calor de los aparatitos obliga,se oyen todas las conversaciones de todos y pensando en tu relato me sonó el teléfono y mi “Dalila” particular me recordó que tenía hora en la peluquería…
    El espectacular ataque de risa tonta que me dió, hizo suponer a la concurrencia que estaba de atar. Eso sí, sin limusina y sin camisa, voy en moto, ja,jaa.
    Besicos, majica.

  5. Muchas gracias por los comentarios.
    Todos estamos un poco de atar…¿Y?
    Besos gordos.

    Patxi, te agradezco especialmente a tí que nos sigas. Saludicos.

  6. Muy bueno Linda!! a mi ya no me atan, dejaron de hacerlo cuando les hice creer que me tomaba las pastillas de colores…jajaj…Los locos son ellos! yo solo soy diferente, porque tengo sueños inalcanzables quizás, y sabiendo que la esperanza es una puta vestida de verde, pero nooooo nunca me podrán quitar poder seguir soñando!

    Besos y sin babas…agggg…jajjjaaaaaa

  7. Sigue soñando, Merit…¡Y sigue siendo la que eres!
    Gracias por leerme.
    Besos, como más te gusten…je,je,je.

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