PAUVRE FOU

París se desperezaba ante sus ojos. Era el viaje de sus sueños, era el viaje de su vida. Les había costado un gran esfuerzo poder reunir el dinero suficiente, pero por fin, el gran día había llegado.

El viaje había sido duro, largo y cansado; pero lo emprendió con una sonrisa. A su lado, ella. La mujer de su vida, su esposa, su amiga, su amante, su compañera de viaje.

Llegaron a París de noche. Nunca imaginó que fuera tan hermoso, o quizá le parecía hermoso porque por fin su sueño se había hecho realidad. Permaneció despierto en la habitación del hotel hasta el amanecer. Un amanecer como nunca antes había visto, un amanecer en uno de los mejores hoteles de París y junto a la persona que más amaba en este mundo.

Salieron del hotel como una pareja más y se perdieron entre el gentío. Nada importaba excepto ellos. París les recibía con los brazos abiertos y un agradable sol primaveral.

“Pauvre fou…” murmuraba la gente.

Pasearon tranquilamente, sin ninguna prisa por las calles de su ciudad soñada, intentado retener cada aroma, cada imagen, cada rincón. Llegaron casi sin quererlo a una de las partes más bonitas de la ciudad, que aquel día aparecía más bonita si cabe: Montmartre. Callejuelas serpenteantes donde perderse es un placer y donde pararon a descansar en una acogedora cafetería.

“Pauvre fou…” murmuraba la gente.

Caminaron y caminaron. Tenían todo el tiempo del mundo. Nada ni nadie osaba molestarles, nada ni nadie hubiera sido capaz de romper el encanto de aquellos momentos. Sus pasos les condujeron esta vez hasta las puertas de la catedral de Notre-Dame, donde él le juró amor eterno bajo sus arcos góticos.

“Pauvre fou… ” Pobre loco… murmuraba la gente a su paso.

Él era feliz y sabía que ella también lo era. Poco importaba ya que ella hubiera fallecido en un accidente de tráfico unos meses atrás. Su sueño se había cumplido al fin. Una gran emoción inundaba su alma mientras paseaba, con una sonrisa en los labios, portando amorosamente una urna funeraria con sus cenizas por las calles de París.

7 comentarios to “PAUVRE FOU”

  1. Te digo lo mismo de anoche:
    Paris, ciudad de la luz, quiza de la lucidez ..Paris,ciudad de los que creen en el amor eterno…Paris…siempre nos quedará Paris y no se lo llevará el viento.

    Me encanta, genial Roser…prodigate más.

  2. ¿Pouvre fou? Uhmmm, el amor auténtico no entiende de locuras. Lástima que , en muchas ocasiones, sólo nos quedemos con lo que vemos y no profundicemos más en el interior y en los sentimientos de esos que aman eternamente…de los enamorados del amor…

    ¡Enternecedor y precioso relato, niña! Pelín triste…

    Muacksss, Roser.

  3. Precioso relato Roser, el amor cuando se encuentra es para siempre. Para mí los pobres locos son los que no entienden la fuerza del amor, porque seguramente no lo han conocido nunca.

    Besos

  4. Tremendamente romántico y trágico.
    Hay amores que no mueren aunque la persona física no esté.

  5. Precioso y verdaderamente nostálquico, que no sentimental.Para mí, extraordinario relato digno de Becker o de cualquier otro de los románticos del XIX.
    ¡Me encantó!

  6. Uy, perdón.Quise poner NOSTÁLGICO, no nostálquico…¡esas birras…!
    ¡Ah! también me recuerda, pero esta vez en prosa, el útimo verso del mejor soneto del inmortal Quevedo en su “Amor constante más allá de la muerte” :
    Polvo serán, mas polvo enamorado.
    Repito, ¡estupendo relato, Novembre!

  7. Ay el amor… qué haríamos sin él.

    Hermosísimo Roser.

    Babas!

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