La última vez

A veces me preguntaba ¿Por qué no me largaba? ¿Por qué permitía tanto?, simplemente porque el amor es ciego, y yo alcanzaba a ver en qué grado él atormentaba y lastimaba mi vida. Aquella tarde no soporté un grito más. No quería saber más nada de su horrible persona. Fui pisoteada, pateada en el orgullo, fui golpeada tantas y tantas veces, muchas de ellas, al borde del desmayo, y yo no entendía. La mayoría de las ocasiones creía que lo hacía porque me amaba ¡Qué equivocada estaba! Siempre enclaustrada en cuatro espantosas paredes, era su prisionera, era su esclava sexual. Cuidadito si pretendía salir a la calle sin su permiso. Josué y sus malditos celos. Una vez más, ya no… O huía saliendo por mi propio pié o moría y salía con los pies por delante. Tomé la primera opción. Agarré la maleta que se encontraba arrumbada debajo de la cama y eché las pocas pertenencias que encontré a la mano. Esta vez no sería igual… Esto iba en serio.

Jajajajajaaaa- escuché la risa irónica y sarcástica de quien alguna vez fue mi compañero de vida.

– ¿A dónde fregados crees que vas con esa maleta, Marian?- me reclamó.
– Me voy ¿qué no estás viendo?- dije sin mucha convicción.
– ¿A dónde vas a ir, con tu madre? no tienes donde caerte muerta, sin mí no eres nada, ni siquiera tienes amigos.
– Ese es mi maldito problema- respondí tomando fuerza.
– Ja! Ja! Ja! Ja!- reía y aplaudía- ¿Eso crees estúpida? Siempre vuelves, y volverás en cuanto yo truene los dedos ¿entendiste?
– Lo único que entiendo es que no toleraré un golpe más y no estaré a tu disposición nunca más- levanté la voz. Déjame pasar.
– Pase usted Mademoiselle- Se inclinó y me hizo una reverencia. ¿Qué te pasa inútil? Levantó la mano para golpearme, pero la detuve a unos centímetros de mi rostro. El movimiento lo tomó por sorpresa, lo único que logró hacer fue tomarme del brazo, donde una marca amoratada, hacía evidente la anterior golpiza. Me acercó a su cuerpo y a pesar de ser mediodía su aliento seguía apestando a alcohol por la borrachera que se había puesto la noche anterior. Me solté como pude y me alejé lo más que pude.

– Ya no más Josué, no más!- repetí señalándolo con el dedo índice- Jamás imaginé que nuestra relación terminaría de esta manera.
– ¡Me das hueva! ¿Acaso sigues pensando en tu mundo color de rosa Marian? ¡Reacciona ilusa!
– No, tarde me di cuenta de que el mundo no lo es, y menos con “personas” como tú. Afortunadamente reaccioné, es por eso que me largo.

Cambiando su tono de voz me suplicó:

– No te vayas Mary.
– Demasiado tarde para pedirlo ¿no crees?- repliqué.
– Por favor amor, prometo que voy a cambiar.
– ¿Amor? Jajajajajaaa- ahora la de la risa sarcástica era yo- ¿Cuántas veces he escuchado eso? ¿Cuántos años tendrán que pasar para que cambies? Perdón, pero YO no estoy dispuesta a ver tu cambio. A ver si ya haces algo productivo de tu infeliz vida. Consigue un oficio que bien te hace falta.
– Si sales de ésa puerta no regreses perra.- fue lo último que escuché de sus labios.
– No te preocupes, no lo haré… Esta es la última vez.

Tomé la valija sin siquiera mirar atrás, abrí la puerta y comencé a cerrar las heridas. Abrí los ojos y cerré mi corazón.

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6 comentarios to “La última vez”

  1. Desde fuera parece cosa fácil tomar la decisión de marchar, pero cuando estás dentro es muy difícil, el miedo paraliza.

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