OLOR A TOMILLO Y ROMERO

“¡Mari!” A pesar de los años transcurridos aún recuerdo con total nitidez la voz de mi madre llamándome. También podría repetir con total exactitud la frase que venía a continuación: “¡Que guapa está mi niña con su vestido nuevo! ¡Vamos que ya llegamos tarde a la misa de las 12:00, la que hacen siempre en el patio al aire libre!

El Domingo de Ramos todo el mundo tenía que estrenar algo aunque fuesen unas tristes medias. La tradición lo decía, “En Domingo de Ramos si no estrenas algo se te caen las manos”. Mi familia nunca fue excesivamente religiosa, de hecho creo recordar que era el único domingo que íbamos a misa. Siempre he tenido la sospecha que en realidad lo que a mi madre le gustaba era el olor. Si, el olor a tomillo y romero que penetraba por la nariz inundando cada resquicio de nuestro cuerpo con ese ligero aroma de campo a pesar de vivir en plena ciudad. Recuerdo que esos manojitos, que mi madre compraba a los gitanos apostados en la puerta de la iglesia, luego terminaban en pequeñas ramitas que – metidas en saquitos de tela – iba repartiendo estratégicamente entre la ropa de los armarios.

Todo era idílico. Día soleado, una semana sin colegio… Una niña de ocho años tenía que sentirse feliz, pero yo no. Pasado ese domingo sabía que todo cambiaría. La memoria de mis pocos años vividos me recordaba que esos días eran tristes y aburridos. No se podía cantar, no se podía bailar, cerraban cines, teatros… Con la televisión machacona entre procesiones y música sacra, todo era pecado. Yo me aburría de preguntar a mi madre “Mamá, si todo es pecado y la gente en estos días no puede divertirse ¿por qué papá tiene que ir a trabajar y no puede estar con nosotras? ¿por qué yo no puedo ver mis dibujos animados y la gente puede ir a reírse a los bares?”

Preguntas típicas de los niños, que siempre dejan a los adultos sin palabras poniéndoles en evidencia.

Temía la semana que se avecinaba, si hacía buen tiempo todo estaría solucionado, prepararíamos la merienda y todas las madres con los niños de la calle iríamos a jugar a La Casa de Campo, donde podríamos correr y gritar libres a nuestras anchas, lejos de los oídos de los típicos vecinos santurrones que siempre se echaban las manos a la cabeza si se nos ocurría olvidarnos de la semana en la que estábamos viviendo y nos aventurábamos a tararear alguna inocente canción infantil. Pero aún recordaba la Semana Santa del año anterior, lluviosa, fría y triste. Sin poder salir de casa, mirando las gotas de lluvia a través de la ventana, escuchando esa música fúnebre que me erizaba la piel. Tapándome la cara cuando ponía la televisión con la esperanza de ver a mi querido Oso Yogui, o a Juancho el lagarto, o a la Hormiga Atómica, pero encontrándome en cambio figuras dolientes de llanto y sangre.

Y por la noche tras el beso de buenas noches de mi madre sentía la oscuridad y la soledad plagada de temores abrazada a mi muñeca. Ni el aroma de las torrijas que con tanto amor cada año preparara mamá, ni el olor a tomillo y romero que emanaba de las sábanas conseguía aplacar mi miedo. Acurrucada en mi cama con los ojos abiertos, temiendo que el sueño ganase la partida, como recordaba desde que tenía uso de razón. Sabía que al cerrar los ojos comenzaría la pesadilla y volvería a ver al hombre semidesnudo, clavado en la cruz, con heridas sangrantes, corona de espinas, cabeza ladeada y ojos tristes y suplicantes que parecían decirme: “No temas pequeña, a mí tampoco me entusiasma todo esto, tampoco me gusta la forma que tiene el ser humano de recordarme cada primavera”.

FIN

11 comentarios to “OLOR A TOMILLO Y ROMERO”

  1. Nostálgico relato Miren, seguro que a más de uno nos trae recuerdos parecidos.

  2. Qué cosa más tierna, niña…

  3. Muchas gracias Miren, me has traído muchísimos recuerdos a la mente. Aunque algunos son muy tristes, es necesario no olvidarlos.
    Precioso relato.

  4. Muy bien, Miren. Esta serie huele bien. Siempre es un placer trasladarnos a otra época contigo. Muchas gracias y ¡enhorabuena”.

  5. Exquisito… Nostálgico y muy tierno 🙂

    Hermoso, preciosa.

  6. por cierto… la cancion me encanta!

  7. Gracias a todos. Es un placer escribir para tan buenos compañeros.

    Bueno la canción buscaba algo así religioso pero no quería saetas ni nada por el estilo jeje. Quería algo hippy acorde con aquellos años, a la vez que espiritual, y desde luego si alguien tuvo esa mezcla fue George Harrison, lástima que no encontrase un vídeo de él que estuviese bien. Bueno la canción en castellano tampoco está mal jejeje.

  8. no se poruqe me ha venido joselito a la cabeza!!!!

  9. ¡Eyyyyy que cuando el Joselito cantaba esto yo no había nacido aún! jajajajaja ¡eseeee Tiriiiii!

  10. ¡que bonito relato miren!
    por suerte para mi la samana santa, no me evoca recuerdos tristes. todo lo contrario.
    bueno, me has recodado la primera vez que mi abuela me puso un capirote , yo tendria 5 años, al mirarme al espejo pegue un salto de miedo, por que no sabia quien era aquel que estaba con la cara tapada mirandome. Despues de ese dia me encanta participar , y cuento los dias que faltan para que llegue la de año siguiente.

    besitos!

  11. Creo que muchas personas, sin duda, se sentirán identificadas con Mari. Mis recuerdos de niñez, de esta época del año, huelen a visita familiar y saben a “monas” y a caramelos.
    Noltálgico, tierno, precioso…¡Enhorabuena, Miren!
    Besazo enorme, querida.

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