Viernes

Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con su fuerte voz “Elí, Elí, lemá sabactani?” (“¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!”) Mt 27,46

Después de esto, Jesús, sabiendo que todo se había consumado, para que se cumpliera la escritura dijo “tengo sed”. Había allí un vaso lleno de vinagre; empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús lo probó, dijo “todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, expiró. Jn 19,28-30

No podía parar de reír. La Muerte acababa de ganarle una apuesta al mismísimo Dios, y sus carcajadas eran tan fuertes que el suelo tembló y hasta se rasgó el velo del Templo. Había ganado. Ni Dios podía escapar a su voluntad, al destino que La Muerte tenía para todos los seres vivientes. Esa bellísima, blanca y dulcísima mujer ataviada con una larga túnica blanca y una guadaña se había convertido en el ser más poderoso del Universo. Nada había por encima de Ella. El cielo se estremeció entonces, porque su dueño había cambiado. Ya no era ese Dios filántropo que fue capaz de encarnarse en uno de ellos para sacrificarse por su salvación el que gobernaba el mundo. Nunca más. Por primera vez desde la Creación, La Muerte tomó el lugar que le correspondía en la jerarquía, y los hombres por fin supieron que nada, ni siquiera los dioses, escapan a la mortalidad.

El pánico cundía entre los hombres, abrazaban a sus mujeres y a sus hijos como si fuera la última vez que lo hicieran. Y La Muerte no podía dejar de reír. Sentía especial cariño por la raza humana, la única que había sido capaz de deducir su existencia al darse cuenta de su propia caducidad vital, pero no podía evitar esa sensación de victoria ante tal desesperación, mientras veía a Dios mismo inerte en la cruz. No era partidaria de la tortura, nunca lo fue, sin embargo tenía preparado un especial calvario en la agonía de los soldados que torturaron y vejaron a Jesús. La Muerte es implacable, pero justa. Longinos sería proclamado santo, pero expiaría sus pecados antes de morir. En cambio a Prócula la trataría bien. Dios se había servido de ella para intentar disuadir a su marido Pilato… pero la sed de sangre humana implantada en los corazones de los hombres era demasiado grande como para que accediera a dejarlo libre. La Muerte había tejido este final desde el inicio de los tiempos, y sólo Ella, La Parca, era capaz de acabar esta labor. Sólo Ella conocía el final de antemano, y eso le provocaba aún más risas, porque desde un principio apostaba sobre seguro. Se había aprovechado de la ingenuidad de Dios, y le había ocultado que también tenía un plan para Él.

Solemnemente, La Muerte fue subiendo los peldaños que le conducían al trono de los Cielos. Las cohortes de ángeles y almas miraban horrorizadas el paso de la legítima Señora del Universo, mientras se preguntaban “¿Dónde está Dios?”. “Dios ha muerto”, contestó La Parca mientras tomaba asiento en su trono. “Ha muerto porque nada escapa a Mi poder, porque nada puede escapar a su destino, porque nada puede burlar la hoja afilada de mi guadaña”. Estas palabras resonaron en los corazones de los hombres, que sintieron el terror de su mortalidad por primera vez en su vida, y la desesperanza comenzó a campar a sus anchas por el mundo. La Muerte veía desde su trono tal consternación, y vio que no quería castigar de esa manera al mundo. Apenada, tomó el paño de la vida de Dios cortado por Ella misma y comenzó a tejerlo nuevamente. Tomó una aguja de oro, y se sirvió de estrellas, de nubes y de amor para fabricar el hilo con el que restauraría el paño. A los tres días, lo hubo acabado, y Dios resucitó de entre los muertos. Pletórico, subió hasta los Cielos a reclamar su trono. “Vives porque Yo he querido. No reclames aquello que no te pertenece” le dijo La Muerte. “Anuncia al mundo que Dios ha vencido a La Parca, no quiero ver a los hombres sufrir de esa manera” prosiguió. “Vivirás eternamente, y tu leyenda llenará el corazón de los hombres de esperanza, pero sólo será un espejismo. Siempre estaré por encima de ti. Tú creaste la vida, Yo soy la única capaz de destruirla” concluyó. Dios bajó la cabeza en señal de respeto y dijo “El viernes de esta semana será recordado por la Humanidad como el día en que La Muerte venció a Dios, y serás honrada como corresponde por toda la Eternidad”. Acto seguido, tomó la forma carnal de su Hijo y bajó a la Tierra a hablar con sus discípulos acompañado de dos ángeles. El júbilo se hizo hueco en los corazones humanos y la consternación pasó a ser esperanza en el futuro, pero desde ese mismo instante, el ser humano se sintió más mortal que nunca, y desde entonces rendimos homenaje a La Muerte como la verdadera y única Señora del Universo.

10 comentarios to “Viernes”

  1. Espectacular. Sin palabras Rhay. Un magnífico trabajo el tuyo.

    Enhorabuena.

    Lametorros.

  2. Buenas días de Viernes Santo. Un relato muy sorprendente y cuidado. Enhorabuena Rhay!!

  3. Perfecto Rhay, un texto ¡IM-PRE-SIO-NAN-TE!

    Besos

  4. Me has dejado sin palabras. Un texto realmente precioso.

  5. Como siempre Rhay, extraordinario en prosa y en verso. ¡Estupendo! pero no es ese el mayor triunfo de La Muerte, el mayor triunfo es ¡el hacer que nadie se acuerde de ella!
    salut,Rhay.
    ¡Ah! y babaasss múltiples, je,jeee

  6. Cómo te pasas!
    Sobrau!!

    jajajaj

    muy bueno Rhay, gracias!!

    salut y babes!

  7. ¿Qué te puedo decir si sabes de sobra que con este relato insuperable me has dejado sin palabras?…¡¡MAESTRO!!
    Lametorros, Rhay.

  8. Ricardo Corazón de León Says:

    Es la primera vez que leo algo de tí, pero me has fascinado…
    Todo parece tan lógico que ni siquiera hay lugar para la fantasía cuando todo es pura fantasía…
    Me gusta cómo escribes y la forma en qué utilizas tus palabras.
    Desde ahora procuraré seguirte en en los relamidos.
    Felicidades!!!.

  9. Ostras,muchas gracias, Ricardo, y al resto también. Es un gusto saber que a alguien le gusta lo que escribo.

    Un abrazo.

  10. […] Nosotros no pensamos dejaros sin vuestra ración de lectura.  Así que aquí tenéis la  particular visión de la Muerte que nos ofreció Rhay para festejar este VIERNES. […]

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