AL BRILLO DEL LUCERO

Su madre admira al chico así, vestido con la túnica heredada e impecable como la llevaba su abuelo. Sin embargo  el joven no manifiesta tanta satisfacción, gira impaciente el capirote con las yemas de sus dedos como si con cada vuelta, pudiera adelantar  esas horas que le restan para cumplir su objetivo.

La hermana aún cansada, y de vuelta de pasar la noche feliz con los amigos,  de cenar migas a la brasa entre los  olivos como es tradición en este pueblo andaluz, le mira con recelo. Definitivamente a María de las Nieves no le gusta el desasosiego que percibe en el semblante de Mario al llegar a casa.

María de las Nieves ha sido siempre atenta en el trato con su hermano.  Solía decir que había cumplido su mayoría de edad por dos.  Había aceptado, y hasta de buen grado, ser siempre ella la responsable aun siendo él  mayor. Ahora,  mientras su padre le increpa por venir desgreñada, una voz en su interior le vaticina que ella debiera evitar  un  gran fracaso .

Por el contrario el matrimonio parece feliz, colmado y bendecido, por una bondad  inmensa y divina. Ninguno de los dos está dispuesto a aceptar las impertinencias de su hija, la que, siempre obstinada, les recuerda que su hijo es diferente y que nunca percibirá  la realidad como ellos quisieran. Para ellos es ya irremediable que el joven  cumpla el relevo en ese puesto de honor que tras generaciones ha gozado, en este viernes tan señalado, la familia De la Serna-Castrejón.

Son las seis de la mañana, los vecinos que han pernoctado en sus  casas y los jóvenes que la pasaron en la era y en vela,  salen a la calle, todos menos Nieves. Mario está listo también  y con su padre se acerca al alba para dirigirse a la Ermita del Cristo de las Angustias. Una vez allí, según lo previsto, él se colocaría, junto a otros hermanos, dispuesto a transportar el trono…

Las calles rezuman frescor, los balcones  lucen engalanados y esplendorosos pero los pasos que Mario roza por el empedrado le atormentan aún más el alma. Repasa entonces, a su modo, cómo había llegado a sus dieciocho años tan solo a medias, encerrado en su cuarto demasiados días, harto de soledad e impotencia para relacionarse con el mundo. Por eso esta Semana había planeado santificar su pena. “¿Y su hermana?  ¿Qué hará?” se pregunta por un momento. ¿Sentirá  pena? ¿Se alegrará también por él? ¿Le echará de menos? No, definitivamente no.  Hará lo que tiene que hacer. Después del Domingo de Ramos  aquellas calles encierran ya demasiado dolor para él:  el del Cristo sangrante;  el de los hermanos  flagelados;  el de las mujeres descalzas;  la voz  que por saetas siempre lograba quebrar el aire y el repique de esos tambores que tanto daño hacían a sus oídos y han acrecentado ese miedo que espera zanjar hoy.

En casa, ya sola, Nieves opta por una ducha para aplacar sus temores pero justo al salir del baño divisa un papel redoblado en el suelo; según se agacha a cogerlo siente esa punzada en su interior que a modo de alarma le estremeció en una ocasión anterior. Con cuidado deslía el papel y ahora es un estruendo sordo el que le oprime los oídos, es el tosco zumbido del peligro ya eminente como el de una noche, en que deslió las notas de su hermano y se lo encontró desfallecido, autolesionado…

Sin perder más tiempo sale de la casa en busca de Mario. Primero encuentra a su madre y a sus tías, les hace leer el mensaje que comienza  “La muerte no es el final “. Pero ellas perseveran en su recogimiento y la acusan a ella de avivar el mal en  su hermano. No le hacen ningún caso,  no les causa temor su rostro transmutado y permanecen entregadas a la devoción colectiva. Entonces Nieves, indignada y cada instante más preocupada, sigue el recorrido de la procesión hasta alcanzar el arco de la muralla. Justo en ese momento reina un silencio de solemnidad. Los tambores están mudos,  más de un millar de fieles parecen aguantar la respiración. María asoma a divisar el alba entre los capirotes morados,  el primer halo de luz por el hueco de la muralla y va a ser testigo de un fenómeno extraordinario y de belleza singular.

Es el primer rayo solar, el que enciende los dorados repujados barrocos,  el único en iluminar así la blancura de las calas, las azucenas y los jazmines, el que convierte en nube mágica el dolor superado, el sudor del esfuerzo compartido, la adrenalina previa a la extenuación. Respira hondo y siente como una revelación que su hermano ya no está bajo la canastilla. Entonces, también como la multitud, con la respiración contenida,  ruega a ese dios que ahora todo lo invade que salve a su hermano.

Cuando ese único resplandor invade las piedras de la Catedral, Nieves sale de su estupor. Dolorida y maltrecha de la carrera, con el aliento aún entrecortado, deja pasar a los últimos cofrades anónimos por la calle de la Platería. Entre zapatos negros divisa los más relucientes, apuesta que serán los de su padre pero nada le importa. Ya ni siquiera  piensa en detenerle, teme que sea tarde.

Así María camina lenta hasta llegar a los pilares de su casa, se detiene ante el portalón y empuja la pesada puerta entreabierta. No da crédito a la estampa que encuentra. Mario se ha liberado, ya se ha quitado la túnica, la ha depositado en el armario  junto a su capirote, la mira y remira y exclama en alto “Ya les dije que no me sentaba bien el color morado”

Juntos rompen a reír, llorar y reír, sus impulsos actúan solos y no ven  el momento de dominarlos. Mario no se ha convertido en un mártir,  sólo se ha escapado de la procesión y es un irreverente más. ¡La Muerte no es el final, es el principio de mi  libertad!” gritan ahora a los muros.

Los padres de Mario y Nieves, no asimilarán la Semana Santa del 2011. Redoblarán su aportación económica a la Hermandad del Cristo de las Angustias, pero no podrán restituir el honor de la familia De la Serna-Castrejón.

10 comentarios to “AL BRILLO DEL LUCERO”

  1. Magnífico, Sole.

  2. Precioso relato Sole.

    Besos

  3. ¡Como siempre, guapa! =)

    Hermoso.

    ¡Enhorabuena Solé!

  4. Buen relato pero…hasta Machado tuvo que unir a ambos:el del madero y el de la mar sabiendo que no eran distintos, je je… ni un caso de personalidad ” bipolar” Cosa que no entendíeron ni el prota del relato…¡ni su familia!
    Como siempre siempre Sole ¡estupenda!

  5. ¡¡estupendo!!! enhorabuena!

  6. Esa Sole que siempre brilla con sus aportaciones…¡Biennn!
    Estupendo relato, querida.
    Besos gordos.

  7. […] a comenzar con nuestra amiga y lamedora Soledad Gallardo que hace unos años nos deleitó con este “AL BRILLO DEL LUCERO ”, que esperamos, que si en su día no lo leísteis,  os acompañe en este lunes y os haga pasar un […]

  8. Muchas gracias, lamedores, por sacar de paseo este relato

  9. Brillante… Para cuándo esa recopilación?

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